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Rafael Carrión es médico e historiador. Vive en Madrid. En el viaje reciente por Argentina se impregnó, entre otros aromas, con el furor por la película del Juicio a las Juntas. De regreso a España se metió en el cine para verla y comparte con La Retaguardia su opinión, entre las memorias de aquí y de allá. Además de pasar un mes entre vosotros, este verano he tenido ocasión de leer el libro del profesor Álvarez Junco “Qué hacer con un pasado sucio” (Editorial Galaxia Gutenberg, 2022), absolutamente recomendable. También, en setiembre culminó en España la aprobación parlamentaria de la nueva Ley de Memoria Democrática, al mismo tiempo que la película “Argentina, 1985” se exhibía en el festival de Venecia. A mi vuelta a Madrid, pude ver la película y sobre ella quiero escribirles. Es evidente que a uno y otro lado del Atlántico hemos podido reflexionar sobre dolorosas vivencias. De un pasado remoto en el caso de España y de uno más próximo para los argentinos. Y, sin embargo, es un pasado insistente y muy presente. He podido percibir que está más presente en España que en Argentina y tengo que reconocer que el esfuerzo para impedir la impunidad de los responsables de aquellos macabros crímenes, tal y cómo se refleja en la película, me ha resultado admirable. Solo puedo hacer comparaciones, quizá mi texto apenas pueda justificarse por eso, por la comparación.  tengo que reconocer que el esfuerzo para impedir la impunidad de los responsables de aquellos macabros crímenes, tal y cómo se refleja en la película, me ha resultado admirable” Los abusos de los victoriosos militares que con el apoyo de algunas élites derrocaron a la República española y condujeron a una guerra cruel, se prolongaron durante décadas. El sistema político dictatorial fue adaptándose a la política internacional y el desarrollo económico permitió su “maquillaje” hasta la muerte de Franco, pero los que ganaron se sabían ganadores y permitieron el cambio (o Transición) hacia una monarquía, manteniendo muchos de los resortes del poder y pasando de puntillas por las responsabilidades políticas. Todo este esfuerzo se comprende por el tiempo trascurrido y la necesidad de construir un proyecto de futuro. Pero queda pendiente el cambio en el relato histórico para sectores muy importantes de la clase política de este país, y no me refiero solo a la ultraderecha. Confío que la nueva ley permita un reconocimiento de aquellos que lo perdieron todo y a los que se impuso el olvido. Entretanto, la película de Mitre me da envidia, sana envidia. La narración de la peripecia de unos funcionarios de la ley que, a pocos años de la vuelta a la democracia, pretenden inculpar a los máximos responsables de los crímenes cometidos por las fuerzas militares es valiente y honesta. Más allá de algunas concesiones a la dramatización, el relato es transparente y contenido. Es sincero porque señala cómo el objetivo que justifica tal esfuerzo es evitar la impunidad. Ya no importa tanto la consecución de un castigo proporcionado (¿puede haber alguno?), lo que importa es el señalamiento, la identificación y el reconocimiento. Esa es la base de la justicia y de la convivencia: saber, ver, reconocer.  Es ese el mensaje nuclear de la obra de Saramago, “Ensayo sobre la ceguera” (1995). Ese es el motor que sé que anima vuestro trabajo periodístico. Un emocionado abrazo desde Madrid

Carlos “El Sueco” Lordkipanidse, sobreviviente de la ESMA, brindó su opinión sobre la película Argentina-1985. Expuso la ausencia en el relato del film del poder económico y de la Iglesia. Describió la relación que tuvo con Víctor Basterra, con quien compartió cautiverio en la Escuela de Mecánica de la Armada: “Estuvimos juntos y solos durante un año y medio, y fuimos los últimos en salir”, contó el programa radial La Retaguardia. Se enojó por cómo se muestra el testimonio de quien aportara tanta información a la Justicia. Y sumó una crítica por no haber contactado a los familiares o sobrevivientes. Entrevista: Fernando Tebele/Pedro Ramírez OteroRedacción: Nicolás RosalesEdición: Fernando TebeleFoto: Archivo Natalia Bernades / La Retaguardia “Lo ocurrido con el Juicio a las Juntas me llegaba por los medios de comunicación de esa época. Estaba al tanto aproximadamente. Entre otras cosas yo no conocía a Adriana Calvo todavía, la conocí recién en 1987 cuando fui a declarar en la causa ESMA. Al que sí conocí fue a Víctor Basterra, con quien compartí cautiverio en la Escuela Mecánica de la Armada, más precisamente en el “sótano” durante una año y medio, en soledad, los dos solos. O sea que lo conozco muy profundamente. Estos son los antecedentes que puedo marcar antes de ver la película”, comenzó la charla Carlos “El Sueco” Lordkipanise. Además agregó: “También vi las opiniones a la salida del cine de las hijas de Adriana y de Víctor. O sea que ya fui a ver la película con esto también. Lo que más me impresionó es que una de ellas es Teresa Laborde, que es la nena que nace en el patrullero, y cuando sale del cine lo primero que dice es: ’Me extraña que a mí no me hayan llamado para preguntarme nada, ni siquiera para avisarme de que me iban a nombrar en la película’. Esas libertades se las puede tomar cualquier cineasta, lógicamente, pero bueno esto al tratar de ser una película de carácter documental ficcionada merecía digamos de que los partícipes directos hubiesen sido consultados”. Algo similar dijo sobre la opinión de la hija de Basterra: “En el caso de Eva Basterra, lo mismo, tampoco la consultaron en lo más mínimo. Y eso, lamentablemente se refleja en la película. Y las chicas lo dicen. Esto redunda en las inexactitudes respecto a los actores centrales en todos los juicios, que son los sobrevivientes”, continuó.  También insistió con que “Tergiversa los hechos al punto de que, no es que hace increíble al testimonio, si no que pone en duda un montón de cuestiones. Por ejemplo, la decisión de carácter político tanto de Adriana como de Víctor de no salir del país después de haber estado secuestrados en condiciones de detenidos-desaparecidos. Es de un valor inconmensurable, y lo digo yo que me fui a Suecia. Había que tener mucho ovario y mucho huevo para decir: mi decisión es quedarme. En la película esto no está reflejado en estos términos. Es más, dicen que Adriana se va fuera del país con toda su familia y eso es una falsedad”. Tergiversa los hechos al punto de que, no es que hace increíble al testimonio, si no que pone en duda un montón de cuestiones. Por ejemplo, la decisión de carácter político tanto de Adriana como de Víctor de no salir del país después de haber estado secuestrados en condiciones de detenidos-desaparecidos. Es de un valor inconmensurable, y lo digo yo que me fui a Suecia. Había que tener mucho ovario y mucho huevo para decir: mi decisión es quedarme” Lo que falta “Creo que esta hubiese sido una película ideal para proyectar en 1986, considerando que se narran hechos de 1985. Hoy está completamente desactualizada. El hecho en sí delJuicio a las Juntas, nos costó a los argentinos en general, y sobre todo a los que en particular luchamos contra la impunidad, muchos años de lucha para revertir una situación en la que se pretendió justamente con ese juicio condenar a Massera y a Videla, penas leves para Galtieri y compañía, penas ridículas para Agosti de 4 años y excarcelaciones. Y el resto de la oficialidad joven y partícipe del genocidio como torturadores, secuestradores, y los actores que no aparecen en la película como los económicos y civiles del golpe cívico militar eclesiástico como nosotros lo llamamos. Tampoco aparece la Iglesia, no están en la película”. El valor de 150 negativos Por último y respecto al testimonio de Víctor Basterra en la película expresó: “Con Víctor compartí desde el momento que lo capturaron junto con el grupo “Villaflor” hasta el día que yo me fui de la ESMA.  Eso fue durante un período de 2 años, de los cuales 1 año y medio estuvimos solos. El resto de los prisioneros los habían trasladado (eufemismo de la muerte en los CCDTyE) o liberado. La conducta de él fue siempre ejemplar, dentro de los que en aquellos tiempos se pretendía de un militante político y sobre todo de uno que abrazaba un proyecto revolucionario. Muestra de ello, y que en la película no queda claro, son esas fotos que aparecen arriba de una mesa. Es que Víctor tuvo el valor de exponer su vida 150 veces, que fueron las veces que sacó 150 negativos del centro clandestino de la ESMA para ponerlo a buen resguardo afuera. Aquellas fotos que permitieron identificar a todo y cada uno de los represores de allí y que fueron a juicio. En la película muestran que Víctor hacía eso porque la Marina le pagaba, lo cual es una cosa absurda”, recordó. También señaló que se eligió mostrar la estrategia de las defensas: “Además, en los juicios, todas las defensas de los milicos hacen el mismo planteo con respecto a todos los sobrevivientes: que todos sobrevivimos porque encima nos daban un sueldo. Y eso me parece insultante, sobre todo agraviante a todos aquellos que sobrevivieron como Víctor. Y no hay réplica a lo que ahí hay expuesto”, se quejó. El próximo martes, Lordkipanidse participará del Cine-Debate de la

La primera cantante del rock nacional publicó su libro autobiográfico “Las mil vidas de Gabriela”. En su paso por el programa Estás Muteadx, de Radio La Retaguardia, habló acerca de su carrera musical y del libro que cuenta su historia como pionera del rock en Argentina y relatos de su vida en el exterior. Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Julián BouvierRedacción: Julián BouvierEdición: Pedro Ramírez OteroFoto: Laura Tenenbaum Los años 70 comenzaron con un rock nacional creciente y rebelde. Con pelos largos y pantalones que se ensanchaban llegando a los pies. Aunque sobrevolaban vientos de represión, la juventud se reunía alrededor de guitarras y poesías. Una joven daba sus primeros pasos en escenarios llenos de varones. Aunque lo sentía como algo normal y se divertía, todavía no había caído en la cuenta de que ella, Gabriela, era la primera cantante del rock nacional. La primera voz femenina que se subía a esos escenarios a contar lo que sentía, con las palabras que quería. En 1972, sacó su primer disco, “Gabriela”, de la mano de algunos jóvenes que también estaban escribiendo la historia de nuestro rock: David Lebón, Edelmiro Molinari y Oscar Moro.Hace algunas semanas, la multinacional Sony Music remasterizó ese disco en vinilo y ya está en distribuído en las disquerías. “Para mí este disco es el comienzo de todo. A todos mis discos los tengo como si fueran hijos, los amo. Pero el hecho de que haya sido el primero es muy importante, porque fueron mis primeras canciones, fue mi primera vez en un estudio, mi primera grabación. Eran los años de predictadura y había una oscuridad en el aire, entonces lo que hacía era cantar toda la furia que se vivía en ese momento. Y venía mucha gente a escucharnos, justamente, para sacarse esa mochila de encima de que te pararan en la calle, por ejemplo. Así que para mí no es solo un disco, significa toda una época de la Argentina, también. Y todo ese movimiento de rock progresivo, que fue fascinante musicalmente, de mucha creatividad”, comentó Gabriela Parodi. En ese mismo año, Gabriela formó parte de recitales históricos como el Acusticazo, donde compartió escenario con Litto Nebbia, León Gieco, Raúl Porchetto, entre otros; y el Buenos Aires Rock, que está registrado audiovisualmente por Daniel Ripoll, y donde también cantaron Arco Iris, Billy Bond y la pesada, Sui Generis, Pescado Rabioso, Vox Dei. Gabriela fue la única mujer en ese escenario. Es conocida por mucha gente como “la primera cantante del rock nacional”. Título que le costó asumir pero que, con el tiempo, se fue amigando. “Pionera es una palabra muy fuerte, por más de que ya la tengo integrada a mi ser. Para mí pionero es San Martín. En su momento me fue raro el título. Pero bueno, después de todo soy una chica que subió a los escenarios y cantó e hizo música. No hice ninguna proeza. Fue mi momento, me tocó. Y no había otras mujeres en el escenario con quien compartir, lo cual a mí me hubiera encantado. Después vino Carola Cutaia, que grabó su disco. Mi carrera en Argentina fue muy cortita, porque fue de 1970 a 1974. Y después emigré. Ahí vinieron muchas otras mujeres a los escenarios, por supuesto. Estoy reconciliada con el término ‘pionera’”, dijo. Gabriela contó su experiencia como mujer en los escenarios de esos años. “Algo bueno que tiene la juventud es la inconsciencia. Después nos vamos volviendo más analíticos, más conscientes, y hay cosas que no haríamos. Pero te mentiría si te dijera que fui maltratada, o que me discriminaron. Me sentía como una especie de mascota, lo cual me encantaba. Estaba todo bien, eramos todos amigotes. Con los pibes de Vox Dei, de Orions Beethoven, que quizá los veías en la calle y cruzabas de vereda, y eran chicos que iban a comer ravioles con la abuela el domingo. Hubo un mito que se formó alrededor del machismo y las mujeres en el rock. Hablo por mi experiencia, no sé cómo la habrán pasado las que vinieron después de mí. Pero yo la pasé bárbaro”, recordó. Recientemente, la cantante presentó su libro “Las mil vidas de Gabriela’”, donde cuenta relatos de su vida. La artista nació en Argentina, donde vivió hasta los 8 años. Su padre era diplomático y, por eso, vivió su infancia en distintos países y continentes: Portugal, Turquía, Irlanda, Brasil. La autora habló acerca de cómo recuerda esa infancia: “Fue como si te hubieran metido en el ciclo de centrifugado de un lavarropas, porque nada paraba. Cuando lograba echar raíces en un lugar y hacer amistades, nos estábamos yendo. Eso no fue lindo. Lo viví como algo doloroso. Después, con el tiempo, porque todo se va acomodando, empecé a sacar provecho de haber tenido esa vida. Porque fue un privilegio haber podido vivir en distintas culturas, haber hecho amigos de diferentes nacionalidades, eso fue apareciendo después en mi música”. Luego de su partida de Argentina en 1974, su carrera musical continuó. Su segundo disco fue “Ubalé” (1981). Gabriela lo reconoció como un disco importante para ella pero también para el rock, porque fue la primera vez que se unieron los músicos de la costa oeste norteamericana, con los músicos argentinos que vivían en Los Ángeles, como León Gieco, Gustavo Santaolalla, Pino Marrone. “Creo que logré hacer una fusión que tiene mucha emotividad”, dijo. En 1983, Gabriela sacó su único disco en inglés, “Friendship”, íntegramente grabado en Suecia, que se distribuyó nada más que en los países escandinavos. Luego vino “Altas Planicies”, que comenzó a grabarlo en Estados Unidos, pero lo concluyó en Argentina, en 1991. Allí compartió con músicos como Pedro Aznar, Juan Carlos “ Mono” Fontana, Dino Saluzzi. “Fue un bálsamo tocar con Dino, porque su bandoneón tiene algo campestre, no es tanguero. Suena a mañanas de campo, con aire fresco. Grabar con él fue un gran triunfo para mí”, contó. Después vino la trilogía que grabó con el guitarrista norteamericano Bill Frisell, que Gabriela considera ‘uno de los músicos más reconocidos

Pese a las fuertes críticas de la oposición respecto a su alcance, la norma aprobada esta semana por amplia mayoría del Senado extiende las asignaciones específicas para financiar el cine, la música, el teatro, las radios comunitarias y las bibliotecas populares, entre otros espacios culturales por 50 años. Redacción: Julieta GaleraEdición: Fernando TebeleFotos: Nicolás Rosales / La Retaguardia La ley de asignaciones específicas para industrias culturales aprobada por amplia mayoría de 57 votos a favor, 2 en contra y 9 abstenciones, de senadores del PRO,  puso fin al nerviosismo y las expectativas desfavorables que se palpitaban en la calle entre los actores de los diferentes ámbitos de la cultura por la fuerte oposición que había tenido la ley en sectores de derecha en la Cámara de diputados/ss y el discurso rancio pro mercado y antiestado en materia de industrias culturales de Mauricio Macri y su escriba y ex Ministro de Cultura, Pablo Avelluto, a partir del lanzamiento del libro “Para qué”. La norma extiende hasta el 31 de diciembre de 2072 la vigencia de las asignaciones específicas previstas en los incisos b), e) e i) del artículo 4 de la ley 27.432 de gravamen de emergencia a los premios de determinados juegos de sorteo y concursos deportivos previsto en la ley 20.630; en el impuesto a las entradas de espectáculos cinematográficos e impuesto sobre los videogramas grabados previstos en la ley 17.741; y en el impuesto a los servicios de comunicación audiovisual previsto en la ley 26.522. Esos recursos destinados al fomento de espacios culturales y diferentes expresiones artísticas, iban a ser reutilizados desde 2023 si no se hubiera aprobado este nuevo proyecto. La senadora por el Frente de Todos de San Juan, Cristina López Valverde, inició el debate argumentando que “la cultura es una dimensión vital de la democracia”, expresó que “debemos trabajar en aras de la democratización de la cultura y de una cultura democrática”, y destacó que la importancia del financiamiento para “industria cultural (es que) consolida la soberanía cultural”. En ese sentido, y con el fin de paliar las críticas  de sectores del PRO respecto a la cantidad de años que la norma compromete el financiamiento para las industrias culturales, así como las críticas simplistas y maniqueas respecto a la concentración de las industrias culturales en CABA y a la inconstitucionalidad de comprometer fondos de coparticipación federal para tales fines que excluye del argumento el financiamiento a la producción cultural local y a las bibliotecas populares que tienen presencia en pueblos muy pequeños y son espacios fundamentales  para niñeces, adolescencias y adultos mayores,  la vicepresidente del bloque del Frente de Todos, senadora por Mendoza, Anabel Fernández Sagasti, destacó el carácter transversal de la ley y la necesidad de que “el financiamiento de la cultura sea una política de Estado”.  La senadora explicó que la importancia de esta ley para el sustento de las industrias culturales radica en que “la cultura es 2,38 puntos del PBI, el 1,8% del total del empleo en la Argentina. Solo los servicios audiovisuales son el 0,4% del PBI”. Fernández Sagasti argumentó que las industrias culturales constituyen un círculo virtuoso en la economía porque generan mucho empleo, que genera ingresos, que promueven el consumo y, además, lo que se invierte es devuelto al Estado en tributación impositiva. Por eso, la senadora Anabel Fernández Sagasti, indicó que “desde diferentes bancadas pedimos el compromiso del Ejecutivo Nacional para que se comprometa a que en la reglamentación haya un piso del 30% de los recursos para que sea distribuido entre las provincias”. Por su parte, en declaraciones a La Retaguardia, Juan Palomino, ex delegado sindical de la Asociación Argentina de Actores, que presenció la sesión en el Senado, celebró la sanción de la norma como logro colectivo de los trabajadores de la cultura y expresó que “que se haya generado un punto de encuentro para sancionar esta ley me parece positivo. Que (todos los partidos políticos) hayan entendido que este financiamiento es necesario habla de la gran responsabilidad que tenemos aquellos y aquellas personas que nos dedicamos a contar el tiempo que nos toca vivir. La clave está ahí. Y hay que celebrarlo”. 

Una nueva manifestación se dio ayer frente al Congreso de la Nación para decirle NO al apagón cultural. La demanda es por una prórroga de 50 años para una ley deriva en el desfinanciamiento de la cultura en general a fin de 2022. Todo indica que se votará hoy en la Cámara de Senadores. Se aguarda otra jornada de aguante en el mismo punto de encuentro con mucha ansiedad, y con la esperanza de que la política y el Estado continúen apoyando a la cultura entendida como un derecho humano. Radios comunitarias, bibliotecas populares, proyectos cinematográficos y centros culturales, entre otros espacios sociales, tienen sus futuros pendientes de cómo termine este debate. Fotos: Nicolás Rosales

Ignacio Quesada, actor de las series El Marginal, Puerta 7 y Días de Gallos, pasó por el programa radial Estás Muteadx de La Retaguardia. Allí habló de sus comienzos en el teatro y su actuación en series mainstream, donde interpretó a personajes de gran importancia como Brian, uno de los favoritos de las últimas temporadas de El Marginal. Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Julián BouvierRedacción: Pedro Ramírez OteroEdición: Fernando Tebele Un pibe de 19 años camina por Palermo como cualquier otro. De la mano de su novia, busca un lugar donde tomar una birra y picar algo. En la zona de Plaza Serrano está lleno de gente y ellos interrumpen alguna charla pidiendo permiso para pasar. Una piba lo mira fijo y entrecierra los ojos, como si se tratara de un amigo que hace muchos años no ve. Una pareja lo sigue con la mirada y se preguntan por lo bajo: “¿es él?”. Nacho y su novia siguen mezclándose en el tumulto sin advertir lo que está pasando hasta que una señora con su hija se paran adelante y lo felicitan: “Que bien estuviste en El Marginal. ¡Qué genio! Te queremos mucho”. En cuestión de segundos, Ignacio Quesada, el joven que interpreta a Brian en una las series argentinas del momento, está rodeado de personas que le piden fotos, lo felicitan y abrazan sin parar. Su vida está empezando a cambiar.  —La gente te empieza a reconocer por la calle, ¿cómo lo vivís?  —Es hermoso. La gente es muy cariñosa y siempre me tira buena onda. Todavía no me reconocen en todos lados pero cuando pasa no me molesta, porque siempre es con mucho respeto y cariñosamente.  Quesada todavía no cumplió 20 y ya participó en dos producciones de Netflix, con personajes muy importantes. En 2020 encarnó a Mario en la serie Puerta 7, de Adrián Caetano. Dos años más tarde, Sebastián Ortega y Caetano lo convocaron para ponerse en la piel de Brian en las temporadas 4 y 5 de El Marginal. Su infancia estuvo alejada del mundo de la televisión y el cine, pero siempre muy ligada al arte y la cultura. Empezó a interesarse por la actuación de chico, a modo de hobby: “Mis primeros acercamientos al teatro fueron de la mano de mi madre, ella se dedica a la actuación desde muy chiquita. Hizo teatro hasta tenerme a mí. Y después me ha llevado a ver obras, he participado siempre, tuve muchas ganas de participar en las obras del colegio, en la primaria, en el jardín”, dice. Ya en la escuela secundaria, su mamá lo acercó a “El Excéntrico de la 18”, donde hizo teatro por primera vez. Valentina Fernández de Rosa, su profesora, le llevó a él y otros compañeros la propuesta de un casting donde buscaban a pibes de su edad. No quedó, pero al tiempo lo llamaron desde el mismo lugar para formar parte de otra producción: Puerta 7.  En ese primer trabajo, cuenta el joven, se encontró con un universo muy diferente a lo que transitaba cotidianamente en sus clases de teatro. “Yo no sabía lo que era una cámara, una producción de esa magnitud, y fue muy lindo encontrarse con todo eso”, recuerda. Y agrega que lo que más lo sorprendió a la hora de desempeñar su tarea fue la infraestructura: “En una obra de teatro uno tiene los recursos que tiene ahí y alcanza con imaginar, pero acá tenía todo tan físico, tan palpable que lo tocas las paredes, me encantaba eso, me encantaba”. En la serie, Quesada trabajó con actores y actrices de renombre en Argentina, como Dolores Fonzi, Carlos Belloso, Daniel Aráoz, Juan Gil Navarro y Esteban Lamothe.  —¿Cómo te sentiste trabajando por primera vez con gente de larga trayectoria?  —Me sentía bastante contenido. Y el hecho de estar actuando con gente que tiene más experiencia es hermoso. A mí de chiquito me decían: “Te conviene jugar con gente que juega mejor que vos a la pelota porque así aprendés a jugar mejor. Así ves lo que hacen, las herramientas que tienen”. Cada uno tiene lo suyo, porque esto de la actuación tiene como algo medio de ir agarrando lo que a cada uno le sirve en el momento, lo que aprendió y lo que vio o lo que descubre. Para continuar con su carrera como actor, siguió complementando su experiencia a través del teatro. Empezó a tomar clases con el director teatral Diego Burzomi, que lo ayudó a ver la actuación de otra manera: “Me hizo interesar mucho en el análisis de la actuación, en cómo encarar un personaje o una situación, cómo labura la cabeza, cómo estudiar la cabeza de un personaje. Cuando voy a clases de teatro voy a entrenar, a descubrir trabas y a seguir destrabando todo lo que hay por descubrir para poder mejorar”, explica. Cuando lo convocaron para El Marginal, la apuesta era aún más grande: una superproducción de Netflix que ya lleva tres temporadas exitosas y, además, le tocaba interpretar a un personaje que tomaría protagonismo y se convertiría en uno de los favoritos del público. Para personificar a Brian, Quesada tuvo el desafío de ponerse en la piel de una persona privada de su libertad, se puso a investigar e imaginar cómo sería esa vida: “Sabía que el personaje era un pibe muy chiquito, el más chico de toda la cárcel. Y toda esa desprotección llevada al afuera también me hizo pensar mucho en el miedo de una persona que está atravesando esa situación. Me lo imaginaba muy crédulo con el tema de la policía, pensaba en lo que te puede pasar si caés preso. Es tremendo cómo se vive ahí, la violencia, cómo reciben a veces a ciertas personas”. Si bien las ficciones sobre la marginalidad, cárceles o villas parecen estar de moda en los últimos tiempos, El Marginal tuvo un impacto muy alto. La cuarta temporada tuvo casi 30 millones de vistas en menos de diez días en países de habla hispana. A pesar de esta popularidad, no se salvó

Así se llama la obra que actualmente está en cartelera en  el Teatro Azul de la avenida Corrientes en el barrio de  Villa Crespo. Se trata de una propuesta para hinchas de Huracán y amantes del mundo futbolero. Fernando Álvarez, el protagonista de un monologo en la piel de un hincha fanático del globo de Parque Patricios, pasó por el programa radial La Retaguardia.    Entrevista: Fernando Tebele/Pedro Ramírez OteroRedacción: Nicolás RosalesEdición: Pedro Ramírez Otero Fernando Álvarez, el actor y protagonista de “¿Quién dijo que la H es muda?” empezó explicando cómo surgió la idea de la obra: “Es un proyecto que fue soñado desde hace varios años. El 5 de enero empecé a escribir algo, y llamé al director, Antonio Célico, hincha de Huracán también, y le pregunté: ¿Tenés ganas de que armemos esto?. Me dijo: ‘Sí, vamos para adelante’. Así fue como empezamos. No había un texto, porque yo había escrito 20 líneas nomás. Empezamos a juntarnos dos veces por semana a escribir, charlar, y recordar. Y pudimos. Acá estamos, transitando esta fiesta. Porque armamos un espectáculo, y lo remarco mucho, que trata de Huracán, pero que está pensado desde lo teatral y lo artístico. Y esta es un poco la devolución de toda la gente que pasa por la sala y que no es hincha de Huracán”.  Álvarez también detalló que es lo que ofrece la obra: “Lo que se ve es a un hincha de fútbol transitando a un actor que ama a su equipo y que a lo largo de la historia te cuenta sobre el Huracán en el momento del 76, que para mí fue el mejor equipo del club y que merecíamos ser campeones. Estaba la dictadura y nosotros damos cuenta de eso en la obra. Y el 73, que es la gloria más conocida, donde sí salimos campeones y llegaba el gobierno de (Héctor) Cámpora y (Juan Domingo) Perón”.  Por otra lado, el actor agregó: “Además en la obra hablamos de la globalización y en cómo todo se transformó en plata, y el fútbol también, o como los réferis dirigen para los equipos grandes, el tema del VAR, que los jugadores juegan por la plata y no por el amor a la camiseta. Sin embargo, el hincha en algún momento se olvida de todo esto, incluso cómo se puede pasar a odiar a tu equipo y amarlo en cuestión de minutos, como si fuera lo mejor que te pasó en la vida”.  Por último, Álvarez destacó que no existen muchos antecedentes de obras al respecto y también volvió a remarcar lo artístico más allá de lo meramente futbolero. “Te vas a conmover aunque no seas de Huracán, y creo que hemos trascendido un poco por esto de que el espectáculo habla de fútbol”, insistió.  “¿Quién dijo que la H es muda?” se puede ver los jueves a las 20.30 y domingos a las 15.30 en septiembre. “Un detalle muy importante: si juega Huracán no hay función. Y esto lo cumplimos. Y no es chiste. Los hinchas van a ir a ver a Huracán, no al teatro. Socios y socias, tienen un 20% de descuento”, aclaró.

Los días 5, 6 y 7 de agosto se llevó a cabo una nueva edición de la Feria de Editores (FED) en el complejo Art Media, en el barrio porteño de Chacarita. Santiago Kahn, editor y responsable de la editorial La Parte Maldita pasó por el programa radial Hora Libre de La Retaguardia. Allí habló acerca de la historia de la feria, el hábito de la lectura y el universo editorial independiente. Entrevista: Natacha Bianchi / Rodrigo FerreiroRedacción: Gabriela Suárez LópezEdición: Diego Adur / Pedro Ramírez OteroFoto de portada: Gabriela Suárez López / La Retaguardia Como parte de un movimiento que presenta características particulares, podríamos pensar que en la Feria de Editores (FED) se ven cumplidos algunos sueños colectivos como el acceso a la lectura plural y diversa y, al mismo tiempo, el desarrollo de las editoriales comunitarias, alternativas e independientes. Por un lado, el fomento a la actividad editorial autogestiva que propone otra organización, articulación y financiamiento de las editoriales, desde sus economías hasta sus catálogos. Por otro lado, un abanico temático y artístico abierto, vinculado a las posibilidades, demandas e interrogantes que surgen conforme va cambiando el mundo y también la sociedad, en este caso, argentina.  En la 11ª edición de la FED, el editor Santiago Khan reflexionó: “Este es un evento que fue creciendo año a año. Había comenzado en lo que era el bar de La Tribu hace más de 10 años y fue creciendo de a poquito. Después, por medio del boca a boca, se fueron sumando más editores y más público que venía. También se diferencia de la Feria del Libro de Buenos Aires, que suele ser un evento en el que hay stands más tradicionales y están las editoriales multinacionales; acá quienes atienden en el puesto son los mismos editores, son editoriales  independientes. Nos conocemos las caras los que estamos detrás de los libros y también se da el contacto con autores o autoras que quieren publicar”. Justamente la distancia con respecto a la Feria del Libro de Buenos Aires está marcada desde el inicio. Lo dejó en claro, por ejemplo, el discurso de apertura de Guillermo Saccomanno en la última edición del evento, quién realizó una dura crítica a la organización, las grandes editoriales, el mercado del papel, el rol y honorario del escritor, entre otros temas. En la Feria de Editores el clima es otro, el modo de creación en el mundo editorial independiente propone una organización alternativa a las grandes empresas editoriales. Fiesta, comunidad, cooperación, conexión, federalización, son algunas de las palabras que emergen para describir a este movimiento que se fue forjando de a poco y en esta edición tuvo un nuevo récord: “Este año participan más de 250 editoriales, que es un montón, y muchas veces a las editoriales independientes las caracteriza que son a una pequeña escala, que tienen menos cantidad de títulos que publican por año y que muchas veces es el tema, el recorte y el acercamiento que hacen a las obras. Tenés editoriales que publican poesía, editoriales que publican teatro, editoriales que publican historieta y si pensamos en la lógica más industrial mainstream, ahí tenés Random o Planeta que publican todo eso junto. Bueno, acá hay pequeñas editoriales que son de distintos temas, de distintos intereses y de distintas provincias y ciudades. Eso es otra cosa muy interesante que se da acá. También hay muchas editoriales de las provincias y este año hubo un programa del Ministerio de Cultura por el cual se podían presentar editoriales que estuvieran a más de 300 km de Buenos Aires para conseguir un subsidio y poder participar , agregó Khan. Respecto a la historia de la FED, que tiene entrada libre y gratuita, Santiago Khan recordó: “Acá la promovieron y desarrollaron desde Ediciones Godot, que es una editorial independiente, y a partir de ahí se fue armando un grupo de gente. Tienen mucho feedback de las distintas editoriales que participamos y hay constantemente encuentros y formas de intercambio para pensar qué cosas estuvieron buenas y qué cosas no. Muchos lectores y lectoras que ya tienen incorporado el hábito de la lectura se van interesando en estas editoriales que quizás no leerían, De repente vienen, se interesan y siguen buscando. Además, los libreros y las libreras del país no ven una competencia desleal con lo que venden día a día y vienen a comprar libros acá, con descuentos especiales para las librerías y también para ser parte de este mismo movimiento que se arma. Al mismo momento, si nos va bien a las editoriales y a las librerías nos favorece a todes, que sea como una cosa colectiva”. En la Feria del Libro de Buenos Aires pueden ver que, por ejemplo, se vende muchísimo, pero también hay un montón de cosas que no son libros. Hay stands de cosas que no tienen nada que ver, en un lugar bastante polémico como es La Rural, y tienen otros objetivos que no son solamente vender libros o al menos no de la manera en que habitualmente pasa en este tipo de eventos“ El editor de La Parte Maldita también se refirió a la relación entre la pandemia, el hábito de la lectura y el mundo editorial independiente: “La pandemia fue horrible desde lo social, económico y humano, pero a nivel de la difusión y la venta de libros fue muy buena. Todas las restricciones para la circulación jugaron a favor de que mucha gente se quedara en su casa, que laburara desde su casa. Quienes tuvieron el privilegio de seguir cobrando un sueldo y poder laburar desde su casa modificaron sus consumos y muchos y muchas los derivaron al libro y algo de eso quedó, ese hábito recuperado de la lectura y pensar en una alternativa para los consumos culturales de leer. Quedó y eso generó una ola muy importante, a las librerías les fue bien”. Sin romantizar la situación de las editoriales independientes y con una mirada desde la economía sobre la gestión editorial, Khan agregó: “Lo que nos suele ocurrir es que

El artista Fernando Salimbene, “Nandon”, quien llenó de carteles las calles de Buenos Aires con la frase “Vendo mi ego” y otras leyendas, visitó el estudio de Radio La Retaguardia. En diálogo con el programa Estás Muteadx, habló acerca de su obra y de la convocatoria que le hicieron desde la AMIA en el 28 aniversario del atentado para realizar la muestra “Mi memoria no se vende”. La exposición puede verse en Pasteur 633 hasta el 16 de agosto.  Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Catalina Goldszmidt/Julián BouvierRedacción: Julián BouvierEdición: Pedro Ramírez Otero Hace un tiempo, el artista Fernando Salimbene vendía su Instagram “completo”. Eso veíamos, tanto en los carteles en las calles, como en sus redes sociales: “Vendo mi Instagram @N.a.n.d.on”, podía leerse en una superficie color azulado con letra roja manuscrita. Se generó toda una mística alrededor. Ahora vende su ego. Si caminás por las calles de la Ciudad de Buenos Aires —aunque también por las de Mar del Plata y algunos lugares como Bariloche, Alemania, o Brasil— podes encontrarte con esos carteles. También tiene merchandising propio y ese azulado del fondo de los carteles tiene su propio nombre en la carta de colores: “Aguamarina Nandon”. Toda la producción y el montaje de sus obras en las calles es realizado por él. Desde encontrar la madera, cortarla, agujerearla, pintarla, escribirla y la acción de salir a la calle a colgarlos. “Todo muy manual, a la vieja escuela. Pero a su vez, cada vez más de manera casi fabril, en masa”, dice el artista. “Mucha gente se copa en otras partes del proceso, tanto como la difusión o el colgado, hasta la gente que viaja para otras partes del país o del mundo, y se llevan carteles y los cuelgan. Eso está muy bueno. Tiene mucho que ver con la esencia del graffiti, eso de estar en todos lados. De abarcar gran parte del territorio. Eso genera un poco de posverdad, porque la Provincia (de Buenos Aires), el país, el mundo, es muy grande. Pero hay tanto por abarcar que hace que el juego sea más ilimitado”, cuenta. La obra de Nandon se completa cuando la gente  fotografía los carteles y los sube a sus redes. A veces etiquetándolo. O otras veces no, porque ni siquiera saben quién lo hizo. “La foto está muy presente, porque creo que la frase sola excede al autor. Entonces que la gente lo suba es la otra gran parte. Al principio me sorprendía que haya gente que no me conocía pero llegue a etiquetarme. Ahora ya es parte del día a día. Me llegan solicitudes de mensaje a Instagram, gente que ni me sigue. Es loco”, dice. El artista del barrio de Mataderos comenzó a finales de 2018 con esta obra. Antes trabajaba en otras formas de artes visuales. Si bien su obra ya estaba relacionada con su cuenta de Instagram, cuenta que los carteles fueron lo que más se viralizó. Lo anterior había sido la difusión del “Vendo mi Instagram”. “En verdad, el planteo era vender todo el contenido que tenía dentro de la plataforma, como si fuera una galería, donde yo vendía la cuenta con contenido, historias, seguidores, mensajes. Todo lo que queda guardado dentro de la cuenta. Por eso el valor que tenía. La cuenta se veía más bien desde el feed, no publicación por publicación. Porque entre todas las imágenes, conformaban un gran collage. Lo llegué a vender a un poquito más de 80 mil pesos, a una panadería”, cuenta.  Antes de la pandemia por Covid-19, cuenta Nandon, trabajaba principalmente en el arte digital: “Lo pensaba como un nuevo mercado por fuera de los espacios hegemónicos de visibilidad del arte, que ya desde antes de la pandemia estaban en crisis. Y teníamos que salir de manera urgente a mostrar lo que estábamos haciendo porque nadie nos estaba viendo. Existe tanta oferta, y tanta saturación de imagen y de contenido. Entonces la idea era salir de ahí, y volver a las raíces: las calles”. Hoy el concepto que más rodea la obra es “Vendo mi ego”. “El ego para mí es algo que está muy asociado al Instagram, es un sinónimo. Esa red es como la representación del ego de uno. Y la frase es un poco más corta, pega un poco más”, dice. —Y si alguien viene y dice “te compro el ego”, ¿a cuánto se lo venderías? —Y, por lo menos tengo que cambiarlo por una propiedad en la Ciudad de Buenos Aires. —Pero te quedas sin ego. —Sí, quedo muy chiquito. —Aunque también el ego tiene una connotación bastante negativa, ¿no? —Trato de darle la vuelta y no verlo siempre del lado malo. Es algo que se necesita. Sobre todo en este contexto de sociedad capitalista, en la que tenes que pisar cabezas para escalar un poco, ¿no? Si fuéramos budistas, por ejemplo, quizá mejor deshacerse. —¿Te gustaría vivir del arte?  —Sí, es mi idea. Haciendo algo honesto y algo bueno. Siento que todavía no llegué a la parte más alta de la obra que estoy construyendo, pero se va armando. Ahora estoy haciendo collares, pines, stickers, remeras, todo lo que es mi merchandising. Se que no es algo que no me va a permitir vivir de eso. Pero bueno, de a poco, creciendo en las redes, a modo de influencer.  Su obra genera polémica. Hay quienes la celebran. También están sus detractores. “Siempre hay una búsqueda de polemizar. A mí me gusta mucho todo lo que tenga que ver con el humor, la ironía, la sátira. Y también pienso que encontrarse algo repetidas veces en la ciudad puede ser hincha pelotas. Lo entiendo, pero también es parte del juego, esto de estar insistiendo e insistiendo, metiendo el dedo en la llaga. Eso hace que se reproduzca y viralice, a su vez. También hay mucho hateeo, mucha gente que bardea, que dice que es una mierda lo que hago. Pero bueno, es parte del juego. Está bien que la gente piense y opine. Igual, por lo general, hay muy

Les Payases, grupo de teatro para toda la familia con perspectiva de género y diversidades, pasaron por el programa Estás Muteade, de Radio La Retaguardia. Hablaron acerca del nacimiento del proyecto y su trabajo durante la pandemia. También anunciaron las fechas que se vienen. Se acaban de presentar en La Usina de Arte y estas semanas estarán en El Teatro Border, durante las vacaciones de invierno. Entrevista: Julián Bouvier/Pedro Ramírez OteroEdición: María Eugenia Otero/Fernando Tebele