Canción actual

Título

Artista


Arte y Cultura

Página: 6


Después de más de diez años de lucha, el histórico Cine El Plata del barrio porteño de Mataderos reabrió sus puertas definitivamente en octubre pasado, como parte del Complejo Teatral Buenos Aires. En esta crónica repasamos la historia del cine, desde el cierre hasta la reapertura, en las voces de los vecinos y vecinas, protagonistas de este logro. (Por La Retaguardia) ✍️ Redacción: Pedro Ramírez Otero/Catalina Goldszmidt 💻 Edición: Fernando Tebele 📷 Fotos: Julián Bouvier/Bárbara Barros/La Retaguardia Con el calor de octubre empiezan a intensificarse los olores. En Mataderos, por si fuera poco con los frigoríficos, el olor a cuero quemado de las curtiembres produce náuseas. Roberto tiene 19 años y cuando no trabaja se interesa por el teatro independiente. Es 1945 y lo nuevo en el barrio es el Cine El Plata, “El Gran Rex de Mataderos”. Sobre la Avenida Alberdi, la cartelera anuncia “Los Miserables” y el joven saca cuatro entradas. Horas más tarde, caminará quince cuadras para buscar a la novia, a la suegra y a la hermanita. Roberto no podrá elegir los asientos del fondo, donde “podría robarle un beso”. Pero se las rebuscará para besar a la novia, con su suegra en el asiento contiguo, mientras Jean Valjean escapa de la policía en la pantalla grande.  En 2008 el cine ya es casi escombros. A partir de un amparo judicial presentado por el Centro de comerciantes del barrio, logran que el lugar no sea demolido. Es de noche. La avenida más transitada de Mataderos está en completo silencio y un grupo de vecinos y vecinas corta la cadena que el Gobierno de la Ciudad había puesto en las puertas del edificio. El escenario principal ya no está. La platea no existe. Todo parece un enorme baldío y la luz de la luna que pasa por donde antes había un techo es lo único que permite que quienes entraron se vean las caras. El Gobierno porteño quería derribar todo para instalar un Consejo de Gestión Participativa (CGP). Pero sería ilícito: el edificio del cine está bajo una ley de protección estructural arquitectónica. Además está destinado para ser utilizado como espacio cultural. Eso dicen los papeles de compra del Gobierno de la Ciudad. Roberto Gutiérrez tiene 78 años y sigue viviendo en el barrio. Ese cine al que iba de joven ahora es sólo una anécdota. Zulema Luján, de 78, recuerda el Cine El Plata como lugar de encuentro de su juventud, en los años 50. “Cuando tenía 13 fui a ver Drácula. Al lado teníamos la ‘La Santa María’ donde íbamos a comer pizza todos los chicos del barrio”, dice. La arquitectura era muy similar a la del cine Gaumont: escalinatas con mármoles en la parte de las escaleras y las barandas. A partir de la venta e intento de demolición, Luján se sumó a la organización vecinal que en 2007 se constituyó como Coordinadora en Defensa del Cine El Plata. “Viví toda mi vida en Mataderos, vivo a seis cuadras del cine. Toda mi juventud estuvo trazada por ese lugar, hasta que lo perdimos”, cuenta.   Aunque digan “lo perdimos”, no se resignan. El edificio está abandonado. Ni rastros de lo que fue. Pero con una carga histórica que no permite que el barrio se olvide de qué es ese lugar. Con las cadenas rotas, las cuatro personas que están dentro de lo que alguna vez fue “el Gran Rex de Mataderos” no saben por dónde empezar. No se puede caminar entre la mierda de palomas. Ponen cadenas nuevas, con candado propio y se van. Salió el sol y se escucha el abrir de las tres puertas de un colectivo. Un auto patina en el asfalto ardiente en un semáforo en rojo. La gente pasa. Murmullos. Los “quince o veinte locos” que pelean por el cine, abren con su llave y empiezan las jornadas de limpieza. Uno es plomero y hace unos arreglos. Instala un baño. El hormigón antiguo resiste y el pullman y el superpullman todavía aguantan. Esperan a que el público pueda volver a habitar el lugar.  Del proyector “de alguien” al apoyo del INCAA Corre el año 2009. Llega gente al histórico edificio. Ya no están las butacas de siempre. Desde afuera, el brillo de la pantalla proyectada invita a entrar. Volvieron las películas. Pero esta vez de la mano del barrio y de algún vecino que tenía un proyector. Cintas que ya no estaban en cartelera. El audio latoso y la imagen a veces sobreexpuesta. Pero una buena alianza con el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) sube el nivel de lo que empezó como una proyección armada con lo que había para convertirse en un ciclo de películas —ya no tan viejas— con sonido y luces de calidad. “Nos empezaron a traer de todo. Todo lo que necesitábamos. No teníamos las de estreno, que estaban en el Gaumont, pero nos traían la tecnología para poder pasar algunas”, cuenta María Denti, una de las referentes de la Coordinadora en Defensa del Cine El Plata. Y recuerda cuando los vecinos y vecinas pudieron sentarse a ver El secreto de sus ojos, la misma noche que del otro lado del continente ganaba el premio Oscar a mejor película internacional. Promesas de campaña El interlocutor entre el Gobierno de la Ciudad y la Coordinadora es Hernán Lombardi, ministro de Cultura. El PRO es oficialismo desde 2007. Lombardi: el nombre más repetido por los vecinos que pelean por el cine. En la Legislatura, con acompañamiento de diputadas y diputados, la gente de Mataderos intenta avanzar con la reapertura. Aparece otro nombre sumamente repetido: Cristian Ritondo. Legislador. Nacido en el barrio del Cine El Plata. La “gente de Ritondo”, recuerda Denti, los amenazaba en las sesiones: “Se ponían uno de cada lado cuando tenías que hablar y te decían bajito ‘si hablás vas a aparecer una zanja. Si hablás, vamos a reventar a tu hija’”.  2011. Mauricio Macri busca la reelección como jefe de Gobierno. Habían empezado a planificar obras en el cine e hicieron una inauguración parcial.

El tanque de la plataforma Netflix y su final abierto, una segunda parte sería posible. Incluso una tercera o cuarta. Terminator tiene seis o siete y el apocalipsis bien gracias. El destino de la raza humana es siempre el mismo. La posibilidad de ver películas sin elegirlas. (Por La Retaguardia) ✍️ Redacción: Paulo Giacobbe 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero La N roja. Así comienza Don’t look up, o sea: No mires arriba. Eso me sorprendió. Hacía un tiempo ya que había dejado de consumir películas de Netflix, solo porque eran de esa plataforma. No sé si vale la pena desarrollar.  No mires arriba la vi en una cueva de películas online gratuitas, generalmente hago eso. O se las pido a mi dealer de películas. Vende estrenos y clásicos. Tiene muy buen catálogo y sabe lo que me gusta. Se le puede encargar pero no siempre te graba lo que le pediste, aunque como el catálogo es bueno, la peli va. Ahora mismo estoy lidiando con la película de Meteoro, de 2008. Me grabó Los sospechosos de siempre. No sé si fue a propósito. No se lo voy a decir porque no se toma bien las críticas. Ahora tengo que encargarle Los sospechosos de siempre y puede venir Meteoro. Si viene otra tengo que pedirle esa… y así hasta alcanzar al Rey de las Pistas.  Pero volviendo a No mires arriba, una vez superado el impacto de la aparición en pantalla de la N roja, lo que sigue es la aceptación. O al menos eso me pasó a mí. Que no hice lo de siempre, sacar la peli. Acepté que quería verla y la dejé. El primer chiste no tardó en llegar. Una frase de Jack Handey sobre fondo negro nos hace reflexionar sobre cómo desearíamos morir. Durmiendo plácidamente o angustiados y a los gritos. De eso trata la película en definitiva, de cómo enfrentaríamos nuestra muerte.  Alerta. Voy a contarles el final. Así que… en el próximo renglón cuento el final. En este no. En el otro. Por las dudas, último aviso. El meteorito cae. Hace mierda todo. Pero la raza humana no muere. Como toda peli de ciencia ficción, siempre, pero siempre al apocalipsis sobrevive alguien. A mí me lo dijo Fernando Bonsembiante y, hasta la fecha, no sé en qué peli se extingue por completo la raza humana. Capaz que hay alguna, no sé.  En No mires arriba probablemente sean dos grupos. Las personas que escaparon de la Tierra, después de 22.740 años, llegan a otro planeta, en apariencia habitable, pero se ven rodeadas de bronterocs. Unos simpáticos bichos aparentemente carnívoros. Así muere la presidenta Orlean (Meryl Streep). A la peli le caen los títulos finales y no sabemos si van a seguir con vida o no. Podemos suponer que no, que sí, que más o menos. Ya de entrada, si solo viajaron las y  los más poderosos, no me los imagino trabajando,  cazando, haciendo pan o construyendo una casa. O lo que sea. Además del tema de la reproducción, me parecieron mayores. Pero bueno, en la última escena están con vida, rodeados de bronterocs, pero con vida. Sobrevivieron. Pasados los títulos, retrocedemos 22.740 años y estamos en la Tierra de nuevo, para que Jason Orlean, el hijo de la presidenta (Jonah Hill), salga con vida del búnker de donde  el resto escapó. Pide ayuda por radio. No sabemos si va a seguir con vida o no. Podemos suponer que no, que sí, que más o menos. Ya de entrada, si no tiene ningún alimento se le puede complicar, pero capaz hay más humanos con latas de arvejas, cerveza, papas, mayonesa y armas. Y si fuera el único humano en el planeta Tierra capaz sobrevive igual, ¿o acaso no recordamos la historia de ese náufrago que cayó el avión en el que viajaba y pasó como cuatro años en una isla desierta gracias a los paquetes de correo con cosas que le llegaban flotando? ¡Hasta una muela se sacó con un patín de hielo! Así que nuestro querido Jason tranquilamente puede sobrevivir, pero lo concreto es que en la última escena estaba vivo. Distinto es el caso de quienes mueren en la Tierra. El que más tristeza me causó fue el Dr. Teddy Oglethorpe (Rob Morgan), un personaje que su último momento de vida decide pasarlo en la casa de unas personas que conoció hace apenas seis meses, cenando con ellos, y eso es porque le debe su existencia a la necesidad del guión de crear un enlace entre los científicos que descubren el meteorito y la Casa Blanca. Alguien de ciencia que les crea y ese resulta ser el buen Dr. Teddy. Pobre hombre: no tiene familia, ni pareja, ni amante, ni amigos, ni vecinos, ni alguien que lo quiera en el trabajo. Termina muriendo con esa gente de la cual no sabe nada de nada. Y acá lo peor: abandona a su mascota. Porque en una escena se lo ve en un sillón, mirando la tele, en lo que se supone es su domicilio… junto a un gato peludo. Y a último momento, se lo ve entrar sigiloso en la cocina de esos extraños y extrañas, con dos botellas de vino o licor. ¿Y tu querida familia de cuatro patas, buen Dr. Teddy? Eres capaz de abandonar a tu gato buen Dr. Teddy, por eso no tienes a nadie que te quiera. La figura del meteorito aniquilándonos debería servir como punto de partida para reflexionar sobre el rol que ocupamos en el planeta que vamos destruyendo. ¿Nos pasó eso? Somos habitantes hostiles.    Pese a que le sobra media hora, por lo menos, la vi dos veces. Me resulta entretenida. Y mañana se la encargo a mi dealer porque quiero ver 12 hombres en pugna.  

El domingo 5 de diciembre no fue un día más para el Hospital Borda: se celebró el Festival de Variedades N° 93. La Retaguardia entrevistó a Rodrigo Peiretti, coordinador y encargado de la organización del evento. Peiretti es artista de las tablas disidentes y, en busca de nuevos desafíos, se acercó al Borda hace ya once años con una pregunta inquietante: ¿Qué es la verdadera inclusión? (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Bárbara Barros  ✍️ Redacción: Marilina Contreras 💻 Edición: Diego Adur 📷 Fotos: Bárbara Barros/Emiliano Rojas Salinas “El principal objetivo del Festival de Variedades, es la integración entre pacientes —actualmente se denominan usuarios de salud—, artistas y público. Es un festival creado principalmente para los usuarios”, comenzó a explicar Rodrigo Peiretti, coordinador y encargado del Festival de Variedades del Borda. —¿Qué significa el festival para los pacientes-usuarios? —Lo que noto, lo que veo en los pacientes y lo que me comentan, es que lo esperan. Para ellos es un día de fiesta, un día de encuentro, es un día para sociabilizar, es un día de diversión. Lo esperan todo el tiempo. —¿Cuál es el objetivo del Festival? —La intención del Dr. Daniel Camarero (Director del Centro Cultural Borda) cuando abrió el Centro Cultural hace once años, era que no fuera una cuestión interna, es decir que sea nada más para los usuarios del hospital y algunos allegados, sino que tuviese un intercambio con el afuera importante: Pudiera venir público. Pudieran venir otros artistas. —¿Cómo te acercaste al C.C. Borda? ¿Qué te llevó a querer ser el coordinador de este espacio? —Apenas abrió el Centro Cultural fui a ver de qué se trataba el espacio. En ese momento estaban convocando artistas plásticos que fueran a pintar con los pacientes. Los días jueves era el único día que se abría. Entonces fui. En una oportunidad fui y no porque sea artista plástico sino porque soy actor, me disfracé de artista plástico. Fui porque quería tener la experiencia. Con el paso del tiempo me fui enganchando con lo que sucedía ahí y terminé de entender lo que el doctor quería y buscaba con este proyecto. Al cumplirse un año el Centro Cultural hizo una fiesta con performance y demás. Eso trajo un montón de gente y fue una fiesta. Fue ver todo el proceso que realizaron los pacientes-usuarios, poder socializar, aprender a construir cosas, a expresarse. Si bien yo no soy de la idea de que el arte cura, digamos, pero sí creo que ayuda a una mejor calidad de vida. Si te vas a curar o no, no dependería del arte, depende de una enorme cantidad de cosas, a veces quizás inexplicables. Entonces ahí fue cuando le propuse al doctor hacer el festival. Le dije que para mi tiene que tener una periodicidad mensual para que toda la gente sepa que los primeros domingos del mes siempre está esto, para que se corra el boca en boca, porque además todo esto es voluntario, sin presupuesto. No es que iba a tener grandes publicidades. Entonces, hacer este festival para mí tenía una cosa triple: Poder tener esas experiencias me generaron muchas preguntas. Por ahí eran preguntas que tenía desde antes, pero en este espacio, en un Centro Cultural, en un Hospital neuropsiquiátrico, de qué se trata la inclusión era mi pregunta en aquellos años. ¿Qué es exactamente la inclusión? De qué se trata esta cosa, del compartir. Preguntas que por supuesto no tienen respuestas todavía, porque son temas súper complejos y enormes. Pero tener esta experiencia, una especie de experimentación en este tipo de espacio, es una experiencia muy única. Por otro lado a les artistas que siempre nos cuesta encontrar espacios, estaba este espacio gigante y con todo por hacer, y yo podía hacerlo. Soy una persona de teatro, de muchos años de estar conectado con muchas actividades artísticas de toda la vida. Entonces también me daba cuenta de que era una buena oportunidad para traer gente que haga el espacio. Podía ser ese nexo entre gente, artistas de diferentes índoles, disciplinas, y el Hospital y el Centro Cultural. Entonces estaba la fiesta para los pacientes, el intercambio y la idea del público. Era una cosa que cerraba bien por todos lados, se fueron agregando muchos colaboradores, a hacer talleres y cosas. El Festival se convirtió en la muestra, en el que todos los talleres que funcionaban en el Centro Cultural, una vez por mes mostraban las creaciones de los usuarios-pacientes, las cosas que hacían y así se fue armando. Una cosa increíble. El Festival tiene un poquito más de nueve años. El que hicimos ahora fue el número 93, así que bueno, pasamos la pandemia. —¿Cómo transitaron la pandemia el Hospital, el Centro Cultural y el Festival de Variedades? ¿Se sostuvieron las actividades? —El año de la pandemia íbamos a tener el festival número 100. Justo en diciembre de 2020. Esperamos tenerlo el año que viene. Durante la pandemia se detuvo todo, por supuesto. El Hospital cerró el ingreso. Se cerró el Centro Cultural porque los usuarios quedaron en sus pabellones, pero no podían utilizar este espacio libremente. Y ahora, más de un año y medio después, se reabrió. Lo que sobrevivió fue el taller de pintura y el taller de serigrafía de “Unidas por el Borda”. Sobrevivió el festival porque pudimos hacerlo ahora, en diciembre, pero estuvo suspendido. Lo demás hay que rearmarlo. Todo esto es súper voluntario. La vida de las personas que venían a dar talleres cambió con la pandemia, nuevos trabajos, con otras ocupaciones. Si el año que viene va todo bien, se rearmará. En cuanto al contacto en la época de la pandemia, fue muy poco. Por suerte algunas personas, de los colaboradores del Centro Cultural por contacto del doctor o por contacto de algunos enfermeros o enfermeras que conocen, pudieron hacer llegar novedades y saludos a los pacientes. Los usuarios estuvieron mucho tiempo preguntando cuándo podría volver. Como sucede en el ámbito de afuera, adentro también hay quienes tenían más miedo. Todas esas cosas que

En una de las jornadas más emotivas que se recuerden en los últimos años en el barrio porteño de Mataderos, con una gran fiesta en las calles se reabrieron las puertas del mítico cine. La presencia del grupo artístico Choque Urbano impactó desde lo visual y lo sonoro. Compartimos las fotos de una jornada tan esperada como memorable. (Por La Retaguardia) 📷 Fotoinforme: Nicolás Rosales/La Retaguardia 

Después de varios anuncios fallidos, todo indica que esta vez el histórico cine del barrio porteño de Mataderos abrirá sus puertas al público tras 14 años de lucha del vecindario y la mirada siempre oportunista del Gobierno local. Natalia Márques, integrante de la Coordinadora en Defensa del Cine El Plata, dialogó con el programa radial La Retaguardia y contó cómo viven este momento de alegría. La reapertura será el próximo sábado con un festival en la calle. La lucha de la Coordinadora continúa con la búsqueda de que allí no solo funcione un cine, sino un centro cultural que incluya otras actividades artísticas. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Fernando Tebele ✍️ Redacción: Nicolás Rosales 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto de portada: Fernando Salimbene El Cine El Plata, ubicado en Avenida Alberdi al 5700 , en el barrio porteño de Mataderos, finalmente abrirá sus puertas al público tras una extensa lucha que vecinos y vecinas organizadas supieron sostener. La espera se hizo larga, pero el día llegó. Será este sábado 16 de octubre. Natalia Márques, vecina del barrio e integrante de la Coordinadora en Defensa del Cine El Plata contó cómo recibieron esta noticia. “Todo indicaba que esta vez la reapertura sí era en serio”, comenzó. Por un espacio cultural “Pudimos constatar que la obra efectivamente existía y que tenía dimensiones importantes. Porque en la planta baja hay una sala de teatro con capacidad de más o menos 500 personas. El avance lo habíamos visto en noviembre de 2020. Vale admitir que los plazos son más o menos los que se especulaba. Este año pudimos volver a repetir otra visita institucional como coordinadora y efectivamente el avance era mucho mayor. Hay un compromiso manifiesto de construir una mesa de trabajo conjunta con la coordinadora, las instituciones barriales, las comunidades artísticas, los colectivos artísticos. Para no solamente tener un cine teatro bajo la órbita del Complejo Teatral Buenos Aires,  sino que además en un barrio como el nuestro que tenemos un montón de escuelas artísticas, podrían nutrir al espacio. Un espacio cultural”, describió.  Festival en la calle Márques también reflexionó acerca del festejo que se viene. “Estamos en un contexto electoral y no quisiéramos que se transforme en un acto de campaña. Va a ser un festival cultural con distintos números artísticos, vamos a estar sumándonos en una jornada extensa que arrancará a las 16 y que va a terminar alrededor de las 20 o 21 con “El choque urbano”. La Coordinadora va a tener un espacio físico en el festejo, en una suerte de stand donde vamos a estar compartiendo a modo de síntesis el recorrido de tanto tiempo de lucha, con algunas imágenes y objetos. El domingo ya hay una primera función inaugural y de ahí en adelante queda habilitada la programación. Por lo pronto sujeta a lo que vaya determinando el Complejo Teatral Buenos Aires, con la perspectiva de ir construyendo también una pata más comunitaria, más barrial. Dependerá también que seamos muchos y muchas organizando”, dijo. Arriba el telón y el cine para la barriada La voz de Walter Ordóñez hablando del Cine El Plata se ha escuchado muchas veces en La Retaguardia. Walter falleció a principios de septiembre y Márques lo recordó junto a otros compañeros y compañeras que lucharon desde 2007, cuando se constituyó la Coordinadora, y que no podrán estar presentes en el festejo. “Hay otro compañero también muy histórico que lo tenemos con nosotros. Tiene más de 95 años, es Roberto, que siempre dice ‘arriba el telón’, ese es su deseo. Ahora diremos finalmente ‘arriba el telón’ y también ‘abierta la puerta’. Va a ser uno de los mejores homenajes a la lucha de Walter”, dijo. “Un cine para la barriada”, solía decir Ordóñez al finalizar las entrevistas. Aquel cine que él imaginaba, hoy dejó de ser un sueño. 

En medio del apogeo de la autogestión, el crecimiento de las plataformas de stream como Twitch o YouTube y con una ola feminista que envuelve todo en una mirada crítica, hay una creadora de contenido que se presenta como  “arruinadora de todo”. Pero, ¿qué es arruinarlo todo? ¿Desde qué lugar nacen sus cuestionamientos? ¿Qué se logra con “arruinarlo”? En diálogo con el programa de radio A mí no me importa, Natalia Maldini de “Natalia lo arruina todo” intenta responder estas preguntas. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero/Valentina Maccarone/Julián Bouvier ✍️ Redacción: Catalina Goldszmidt 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero Natalia Maldini eligió YouTube para saldar una deuda personal. Un proyecto personal donde volcar sus inspiraciones artísticas. Hoy tiene unos 80 mil suscriptores y sube videos a diario que, según ella, intentan cuestionar algo de lo preestablecido. Grabador en mano y un fondo de biblioteca colorido, Maldini se para frente a la cámara para hacer su tesis arruinadora sobre los consumos culturales que marcaron a la generación de los años 90, principalmente. Sus videos, además, acompañan la narrativa con escenas o imágenes conocidas por la cultura del internet que le dan un tinte de humor a las temáticas que plantea.  “Me pude apropiar y formar una identidad”, empezó a decir sobre el canal que abrió el 7 de enero del 2020 y que le trajo la posibilidad de autogestionar y crear contenido sin depender de las megaproductoras. “Traté de buscar un intermedio entre lo que es hacer una gran producción audiovisual y algo que podría llegar a hacer desde mi casa, con pocos recursos y sin plata. Ahí apareció el primer episodio que justamente habla un poco de mi vínculo con el arte y el dolor”, agregó. Es este video sobre si hay que sufrir para ser buena artista el que empieza a delimitar el estilo cuestionador del canal: ¿Por qué pensamos lo que pensamos?  Pero antes de lanzarse sola, la actriz había pasado por la experiencia de producir una serie exclusiva para YouTube. Junto a Jorge Pinarello, su pareja, quien también es conocido en el ámbito de los creadores de contenido como “Te lo resumo así nomás”, hicieron la serie web “La obra de mi vida”, que la tenía a ella como productora y protagonista. —¿Cómo surgió la idea de hacer una serie web? —”La obra de mi vida” parte un poco de lo que es casi mi esencia de estar continuamente en crisis, cuestionando lo que estoy haciendo todo el tiempo. Partió de una crisis de antes de cumplir los 30. Desde el planteo super egocéntrico de querer trascender y hacer algo que muestre toda mi formación de bailarina y actriz. Sentía que todo lo que estaba haciendo era una mierda y que hacía cosas que ya existían. Empecé a charlar toda esta crisis con Jor. El estaba arrancando más estable con Te lo resumo. Estábamos viendo muchas series web y dijimos “vamos a producir algo audiovisual”. Pensábamos que lo íbamos a poder resolver con el celular, desde nuestras casas, con pocos recursos. Después nos dimos cuenta de que nos habíamos ido a la mierda con los guiones y que era imposible. Ahí convocamos a los Tangram e hicimos la coproducción. Así que parte de todo esto, del planteo de qué es ser artista, qué es ser mujer y artista o ser artista independiente y crecer en los años 90.  Estas preguntas, que recorren los videos de Maldini desde ese entonces, nacen desde una perspectiva feminista. La actriz también contó cómo llevó sus deconstrucciones hacia metodologías de trabajo tanto desde su canal como en la producción de su serie web: “Con los chicos nos dimos cuenta de que a veces estamos atravesados por una cuestión un poco jerárquica o vertical, y tenemos ciertos comportamientos medio patriarcales”, dijo.  En el —no tan— submundo de YouTube, los y las jóvenes de entre 20 y 35 años parecerían haber tomado el control de las cosas. En muchos casos, con sus recientes veintes enseñan desde lo que conocen y, en otros, con una carrera profesional encima, comparten ideas y pensamientos más practicados. Maldini se encuentra de este lado: además de ser una artista multifacética, es docente y sus videos no pretenden bajar línea pero sí abrir caminos para el aprendizaje. Y si se habla de aprender, hay una fuerte Educación Sexual Integral (ESI) que es constante en los videos de la actriz sobre los consumos culturales.  —¿Cómo es el proceso de mezclar la ESI con tu contenido sobre consumos culturales? —Creo que esta ESI que aparece en los videos está atravesada por la ola feminista que cuestiona nuestros consumos. Cada peli que veía, cada serie, cada cosa que había en mi vida de repente aparecía con ese filtro de cuestionamiento, de análisis. También, paralelamente, como docente tuve que hacer cursos vinculados a la ESI, así que todo encastró perfectamente bien. Después me dijeron que usaron los episodios de “Natalia lo arruina todo” en las escuelas y me puso muy contenta. Tiene que ver con esa combinación de lo pedagógico y de mi necesidad de cuestionar absolutamente todo.  Pero repensar los consumos culturales no viene solo. La actriz también contó cómo es seguir consumiendo cosas en el 2021 y con una cultura de la cancelación en auge que se ocupa de deschavar a cualquier galán que admirabas en tu adolescencia. Sin embargo, no todo es cancelable y en especial si se trata de producciones infantiles que nacieron en otro paradigma: “Últimamente estoy en una postura de tratar de tomar lo bueno y analizar lo malo pero no para sacármelo de encima… Este año arranqué haciendo dos episodios sobre Disney y traté de jugar con eso: no todo es malo. Jugar más con los grises. Las cosas no son cien por ciento una mierda, ni tampoco todo lo que está bien. Trato de sacarle el jugo y analizar profundamente para que no quede en la demonización de las cosas o en un análisis superficial”, planteó. —¿Qué pasa con los artistas más polémicos? ¿Los sacamos de nuestra vida

Presentación en #Tecnópolis del libro de 200 ex presas políticas, mujeres, que estuvieron presas en el Penal de Villa Devoto durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica, que asoló la Argentina entre 1976-1983.

El sociólogo Daniel Feierstein publicó recientemente el libro “Pandemia, un balance social y político de la crisis del Covid-19”. Allí hace un balance del proceso que comenzó hace ya más de un año. En su paso por el programa radial La Retaguardia, reflexionó acerca de la coyuntura actual, los posibles escenarios en el horizonte local y cómo se configura el mapa político y social de cara a lo que sigue de la pandemia en un año electoral. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Fernando Tebele ✍️ Redacción: Pedro Tato 💻 Edición: Fernando Tebele —La Retaguardia: Escribir sobre la pandemia en tiempo real es una apuesta y más en formato libro. ¿Hay una necesidad urgente de reflexionar sobre la pandemia? —Daniel Feierstein: Sí, es un ejercicio complejo pero la idea era esa. No hacer futurología, cosa que sería medio inútil en este contexto, sino parar la pelota y tratar de pensar. Proponernos un balance de lo que pasó es una herramienta fundamental para poder abordar lo que viene. El eje del libro es un poco ese: por un lado una pandemia, que es un fenómeno evidentemente social y depende de los comportamientos. A su vez los comportamientos se basan en lo que podríamos llamar una disputa por las representaciones, cómo nos contamos lo que está pasando. Entonces el objetivo del libro no es solo entender sino incidir en esa disputa, para entender cómo nos estamos contando lo que está pasando y qué influencias tienen esas representaciones en lo que somos o no somos capaces de hacer. —LR: El contexto es complejo no solo desde lo sanitario sino también desde lo económico. En las barriadas populares la están pasando muy mal y el Estado está prácticamente ausente ¿Cómo se resuelve esta crisis desde lo político? —DF: A ver, el problema de fondo es no haber entendido el nivel de catástrofe con el que confrontamos y, entonces, no tomar medidas suficientes ni a nivel sanitario, ni a nivel político, ni económico. A mí me sorprende realmente el nivel de responsabilidad y de solidaridad de los sectores populares, que pese a estar pasándola muy mal, no estamos teniendo ni grandes explosiones, ni saqueos, ni respuestas de ese tipo. Con lo que está mostrando paradójicamente un enorme nivel de responsabilidad, que está en contradicción con la irresponsabilidad que muestran los sectores que más tienen, que incluso han buscado en algunos casos judicializar la mínima contribución extraordinaria que se propuso el año pasado y que es totalmente insuficiente en relación a la situación que requiere pensar seriamente una redistribución del ingreso, que es la única manera de poder afrontar esta situación en un sentido socio-político y con alguna chance de ir superándola. Después tenemos toda la parte más técnica, si querés, de las distintas respuestas sanitarias. Pero, la complejidad sociopolítica y económica te complejiza esa respuesta, porque de pronto algunas de las más costosas, como una cuarentena muy firme y prolongada por seis o siete semanas, que es lo que realmente en algunos lugares ha logrado una reversión muy significativa de la curva de contagios, requiere un nivel de inversión económica que es imposible sin plantear formas de redistribución del ingreso. Son totalmente posibles en la sociedad argentina, porque tenemos sectores que se están enriqueciendo como nunca, ni que hablar el precio de los commodities o las empresas de comunicaciones, pero requiere poner esas cuestiones sobre la mesa. —LR: Vos decías recién que el gobierno no asume la catástrofe en la que estamos. Ahora, justamente quienes están en el Gobierno nacional son los no negadores de la pandemia, todo el tiempo están diciendo que esto es grave y que tenemos que cuidarnos. Es raro porque se entendería lo que vos decís si estuviera el macrismo en el poder… —DF: Es muy bueno lo que decís, y yo en el libro planteo que esto genera en la sociedad argentina una de las situaciones más difíciles. Igual yo no me refería solo al gobierno, sino a la enorme mayoría de la estructura política, que incluye al gobierno y a la oposición de manera distinta. Porque tal como decís, tenés sectores de la oposición cada vez más importantes que están en una actitud de negacionismo absoluto y no fue así al comienzo de la pandemia. Entonces, pareciera que si analizas lo discursivo, los sectores del gobierno son los que le dan algún lugar a la comunicación de la gravedad de la situación como al intento de tomar algunas medidas. Pero, si sacas eso de la discusión de la grieta y de la discusión con los negacionistas, te das cuenta que en el tipo, en el modo, en el estilo y en la inversión de las medidas adoptadas, hay también un nivel muy grande de negación en el sentido de realmente no poder observar la gravedad de la situación y lo que ello requiere. Por supuesto todo es relativo en ese sentido, si lo comparás con una persona que te están diciendo que esto es una gripecita, que no existe o que podemos seguir haciendo todas las cosas como si no pasara nada y que total no va a pasar nada, podríamos decir que no es negador tratar de implementar algunas restricciones. Pero, el problema es este, incluso comparando con respuestas de Estados más negacionistas, como los casos de Estados Unidos o Brasil, vos tenías gobiernos que optaron hacer como que la situación no existía, pero entonces también tenías una enorme reacción social que se enfrentaba a esto buscando mostrar y denunciar la gravedad de la situación. En una situación como la actual, donde a un gobierno que no reconoce la gravedad en sus acciones que lo corren desde el negacionismo, casi que no te deja espacio para aquellas fuerzas que podrían plantear poner sobre la mesa la gravedad de la situación. Quizás ese lugar lo tendrían que ocupar las organizaciones sociales o las fuerzas de izquierda. No se ve una gran reacción que le esté exigiendo al gobierno otro tipo de medidas, tanto desde lo sanitario como desde lo económico. —LR: Año electoral,

Lucas Bragan, docente de la Escuela de Danza N°2 “Jorge Donn”, del barrio porteño de Vélez Sarsfield, dialogó con el programa radial La Retaguardia. Allí habló sobre la deplorable situación edilicia y la suspensión de la construcción de un nuevo edificio, por decisión del Ministerio de Educación de la Ciudad. Además, mencionó la imposibilidad de sostener la vuelta a la presencialidad con protocolos y cuidados en el edificio actual que comparten con la Escuela de Cerámica “Fernando Arranz”. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Fernando Tebele/María Eugenia Otero ✍️ Redacción: Nicolás Rosales 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero Con el retorno a las clases presenciales, en medio de una carrera acelerada por parte del Ministerio de Educación de la Ciudad para que esto se lleve a cabo, lo cierto es que la realidad de muchas de las escuelas plantea un escenario complejo, donde las condiciones no están dadas para que esto suceda con el cumplimiento de un protocolo sanitario y una planificación adecuada.  Recorte presupuestario La construcción de la Escuela de Danza N°2 “Jorge Donn” ubicada en el barrio Vélez Sarsfield, fue prevista por ley en el año 2008. Comenzó en el año 2015 y estuvo tres años parada.    Lucas Bragan, docente de la escuela, explicó la situación edilicia y el particular contexto que viven, ya que hace años comparten edificio con otra institución artística: “Es un problema histórico en nuestra escuela, como en tantas otras de la Ciudad. Nosotros estamos en un edificio en Margariño Cervantes y Lope de Vega que compartimos con otra escuela, que es la de Cerámica Fernando Arranz y es un edificio realmente en condiciones deplorables”, comenzó. “Como para graficar esto, desde el año 2014 no funcionan los enchufes en las aulas del piso superior, hay goteras que cada vez que llueve cae agua sobre los piso de madera de las aulas de danza. Hay roedores y todo tipo de problemas de infraestructura y de mantenimiento también. Hace años que estamos esperando la construcción de un nuevo edificio. De hecho hay una ley de la venta de los edificios de Catalina Sur, en la cual se asignó una partida presupuestaria del 2008 para la construcción de escuelas, entre ellas la nuestra. Efectivamente la construcción del edificio empezó en el año 2015 con un montón de idas y venidas entre el Gobierno y las empresas que  contrataba por medio de licitaciones. Ahora, hace tres años que la obra estaba paralizada y a través de una resolución y con la excusa de la crisis  sanitaria y económica, la ministra (de Educación de la Ciudad) Soledad Acuña decide directamente suspender el llamado a licitación”, continuó.   El escenario de la vuelta a las clases presenciales Ambas instituciones, el Jorge Donn y el Arranz, por ser Escuelas Superiores de Educación Artística, tienen doble turno por las clases del bachiller y de la especialización, además de  dos profesorados. En este nuevo ciclo lectivo, al reclamo histórico de un nuevo edificio se le suma la situación de los protocolos y cuidados por la pandemia de Covid-19. “Con  lo complejo que es la vuelta a la presencialidad, a la que nos están forzando ahora, ni siquiera tenemos en el horizonte poder vislumbrar si vamos a tener un edificio en condiciones dignas. Ahora, agravado por la situación de la pandemia, es imposible garantizar un protocolo con el distanciamiento y todas las cuestiones sanitarias y de higiene necesarias en el edificio en el que estamos”, aseguró. Bragan contó más detalles de las pocas garantías para comenzar la presencialidad: “Por empezar, las aulas son insuficientes. Convivimos, además de dos escuelas, distintas modalidades. Está el bachillerato, y la carrera de danza. Los chicos y chicas cursan las dos modalidades. Pero además hay un terciario, donde pueden culminar sus estudios después de terminar el nivel medio. Y muchas veces las aulas no alcanzan para la convivencia de los dos niveles. Hay aulas, como las de danza, que no tienen ningún tipo de ventilación, es decir, no tienen ninguna ventana. Aulas del piso superior tampoco. Las paredes son muy finas, son de durlock, hay una contaminación sonora tremenda. Es imposible imaginarse cómo garantizar ese protocolo en esas condiciones”. “Formar artistas no sirve” Respecto a las pésimas condiciones edilicias que tienen las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, Bragan marcó algunas diferencias de las artísticas: “Estamos en la mira del Gobierno en los últimos años, se ha ido desfinanciado. Con una gestión que tiene una lógica empresarial como la actual, desde hace ya 14 años, la educación pública no es redituable, y la educación artística mucho menos. Porque formar artistas no les sirve, no les cierran los números. Y los avances son sistemáticos. De desgastar a las comunidades e intentar avanzar contra las condiciones de trabajo y aprendizaje de las escuelas artísticas”.  Por último, reflexionó: “No tenemos precisiones de retorno, ni en nuestra escuela y prácticamente en ninguna. Nuestros directivos y la supervisión no tienen aún directivas claras de más arriba. Estamos viviendo una incertidumbre total. En lo personal, como docente y padre tengo un deseo muy grande de volver a la presencialidad, pero es muy difícil dar clases en la situación que nos están proponiendo. La certidumbre es que las condiciones no están dadas desde lo sanitario, lo edilicio y lo pedagógico”.

“Vamos los pibes” es una orquesta infantil que funciona en el Club Atlanta, ubicado en el barrio porteño de Villa Crespo. El proyecto surgió a partir de la recuperación del club por parte de vecinos y vecinas, luego de la quiebra en los años 90. Gastón Gelblung, psicólogo y cofundador del proyecto, dialogó con el programa radial La Retaguardia. Allí contó la historia de la orquesta y se refirió al documental de Liv Zaretzky “Pibas del Viento”, que retrata el proceso y el día a día de tres de sus integrantes. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Fernando Tebele/Pedro Ramírez Otero ✍️ Redacción: Pedro Tato 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto de portada: Orquesta Vamos Los Pibes “La orquesta nace hace siete años en el centro cultural de un club que está renaciendo de las cenizas porque en los ’90 quebró y hubo que vender la sede. En la década siguiente con marchas y juntadas de firmas, los socios recuperan la sede y vuelven a darle vida. El barrio vuelve a habitar el club:. aparecen muchas actividades y gente que empezó a colaborar, a militar y a participar”, comenzó Gastón Gelblung, socio de Atlanta, sostén principal del medio Sentimiento Bohemio y uno de los fundadores de “Vamos los Pibes”. En ese contexto de recuperación del club barrial, a Gastón y a otros socios les surgió la idea de crear una orquesta infantil. Gelblung destaca el rol de un socio que estuvo a cargo del Centro Cultural Los Bohemios: “De la cabeza de Julio Winnicki, que era un compañero muy importante que ya no está más, se suma el músico Hugo Lobo, trompetista de Dancing Mood y Mimi Maura, y aparezco también yo. Un día en una mesa dijimos ‘hagamos una orquesta’. Cada uno más o menos tenía alguna idea, yo traía la experiencia de un trabajo parecido en Bariloche y un día soñando dijimos: ‘que la meta sea que los chicos toquen la marcha del club en la cancha’, y eso lo hicimos a los tres años y fuimos por más”, recordó. Ir por más no tenía que ver con aspirar a un teatro más grande, sino a ocupar un lugar en la vida de quienes pasan por la orquesta. Se transformó en un proyecto colectivo, apropiado por voluntarios, voluntarias, docentes y familias, pero sobre todo por la juventud. “Fueron llegando, no son todos del club, no son todos de Atlanta, hay gente que viene de González Catán, de San Miguel. Que terminan haciéndose de Atlanta, yendo a la cancha, pero que además terminan haciendo deporte y a medida que van creciendo y avanzando en la orquesta terminan ellos dando clases”, explicó Gelblung. En el documental “Pibas del viento”, de Liv Zaretzky, se destaca la importancia que tiene la voz de las pibas, quienes participan y toman decisiones acerca de qué y cómo tocar. El psicólogo planteó que una de las cosas que son transversales en el proyecto es la participación protagónica: “Los chicos son tan protagonistas como los adultos. Porque el proyecto es compartido y ellos además de ser protagonistas tienen los mismos derechos que cualquiera a opinar qué se hace y qué no se hace. Entonces, así como el repertorio musical lo votamos entre todos y se decide que se toca y que no, otras situaciones que surgían se resolvían siempre de una manera horizontal. Muchas cosas en referencia a la peli fueron así también, más allá que había un guión”. En el documental se muestra principalmente la historia de Guada, Maite y Sofi, tres chicas que transitan la preadolescencia en medio de la crisis social y encuentran en la orquesta un lugar propio, para ser y constituir su identidad. Gastón . trabajó en El Alto en Bariloche, donde se ubican los barrios populares y el rol social en la comunidad era fundamental. Trazando un paralelo entre ambos lugares, remarcó el valor que tienen estos proyectos para los pibes y las pibas. “Alojar en términos subjetivos es fundamental, porque si no hay otro que te resignifica estas al horno. Si uno no puede generar algo más y que sea propio, en términos subjetivos, saber lo que quiero y lo que no quiero se hace difícil”, expresó. La realización del documental significó abrir las puertas a la intimidad del grupo.  Pero el resultado es contundente, decanta la importancia social que tienen los clubes barriales, que parecen ir a contracorriente de la dinámica de la Ciudad. “Todo este proceso es la importancia de estos proyectos, de los clubes sociales, de evitar que sean sociedades anónimas y el rol fundamental de estas instancias en clubes de barrios, en instituciones sociales y comunitarias. Por supuesto nunca saldrán en la tapa de ningún lado porque no vende, pero le cambian la vida a muchas personas. Hay gente que estaba en el margen de todo, y que encontró un lugar ahí, y no un lugar para comer en términos asistencialistas, sino para ser. Para sentirse orgullosos, crear, dar todo lo que pueden dar, para que los viejos los miren con orgullo cuando toca en vivo, para hacer cosas que no pudieron hacer en el colegio o en otros ámbitos de la vida. Salir de la calle o de situaciones de vulnerabilidad total y saber que ahí hay un grupo de personas que lo aloja”, manifestó. Al cierre de la entrevista sonó  la orquesta, con una presencia fundamental de las trompetas y trombones. Al escucharlas, Gastón enfatizó: “Para mí es magia. Porque esos vientos, ese sonido empieza siendo un ruido, y uno va los primeros días, las primeras semanas a la clase y se vuelve con dolor de cabeza porque es una cosa que no se puede creer, porque es ruido. Pero termina confluyendo en una canción,  hay una conexión que va más allá de las notas, entonces esos vientos salen del alma: es magia”. El documental “Pibas del viento” que captura la experiencia de la orquesta suspendió su estreno en el BAFICI por la pandemia de Covid-19. La directora Liv Zaretzky y Florencia Franco, productora del film, decidieron