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Ana Fraile, co-directora de ¿Quién mató a mi hermano?, la película sobre la desaparición seguida de muerte de Luciano Arruga, recibió la mención especial en la competencia Derechos Humanos del BAFICI.  En charla con Fernando Tebele y Pedro Ramírez Otero en el programa radial La Retaguardia, Fraile compartió lo que significó el estreno del documental en el marco del festival y los objetivos que alcanzó la película. (Por La Retaguardia) Foto: Ana Fraile habla ante la atenta mirada de Vanesa Orieta la noche del estreno en el BAFICI. (Captura de video)Es de madrugada en Nûremberg, Alemania. Son casi las dos de la mañana. Ana Fraile está del otro lado del teléfono y del mundo. Su segunda película, ¿Quién mató a mi hermano?, esta vez en codirección junto a Lucas Scavino, ha pasado por el BAFICI haciendo bastante ruido. Se llevó la Mención Especial del jurado en la sección de Derechos Humanos del festival. Una suerte de segundo premio entre las diez competidoras. Tres funciones a sala llena y mucha curiosidad por ver cómo habían conseguido contar una historia tan dramática como la de Luciano Arruga, un joven desparecido a manos de la policía, con cuidado y parados en un lugar claro: al lado de la familia. Con tono bajo para no despertar a sus hijos/as, Fraile se conecta con la charla y con la obra que tantos años de realización le llevó. —La Retaguardia: ¿Qué sensaciones te dejó el estreno de la película? —Ana Fraile: A la mañana del domingo hubo una proyección de prensa. Uno de los periodistas se acercó muy interesado. Los chicos que estaban organizando las proyecciones del BAFICI se metieron a ver la película. Era la primera vez que con Lucas (Scavino) la veíamos en una pantalla grande. Fue bastante movilizante. —LR: La conmoción que generó la película se sintió también en las dos funciones posteriores. —AF: También hubo como una suerte de satisfacción. Con Eugenia (Otero) y con vos (Fernando Tebele) trabajamos juntos en la película. Verla proyectada e ir recolectando los momentos que pasaron fue muy importante. Era como poder cerrar una parte de todo el ciclo que tiene una película. Hacer una película cuesta un montón. Sobre este tema fue bastante costoso también desde lo emocional. Tenerla terminada ahí me parecía algo emotivo. Viajé ese día solo para estar ahí. Al otro día me volví (a Nûremberg, Alemania, donde vive temporariamente). No quería perderme esa sensación de satisfacción por algo logrado.—LR: ¿Qué tanta carga llevaban ustedes antes del estreno de la película? —AF: Es un proceso. No sé si es ese día o el último, cuando ya sabemos que la vamos a terminar. Es como una sensación de vértigo. Yo trabajé mucho el tema de los subtítulos. Cada vez que la vi me emocioné, pero no sabía si mi emoción era porque era yo o porque la película funcionaba como estructura. Es un tema muy complicado de tratar. Lo que elegimos contar también era muy difícil: salirse un poco de ciertos formatos y ciertas formas de mostrar la vulnerabilidad o la pobreza y al mismo tiempo ponerse en un lugar donde se podía mostrar la lucha de Familiares y Amigos de Luciano Arruga durante un montón de años. Todo sin perder de vista que estaba Luciano, había un caso de desaparición forzada que también teníamos que contar. Fue un desafío, pero fue un proceso bastante colectivo. Todo el proceso de pensar la estructura fue un ida y vuelta muy dialéctico con ustedes (en la investigación periodística), entre Lucas y yo, y también escuchando mucho al grupo de Familiares y Amigos cada vez que interactuábamos. Eso nos fue ayudando a buscarle la vuelta a cómo contarlo” —LR: ¿Cómo manejaron el tema de mostrar sin dar golpes bajos en la película? —AF: Lo hablamos un montón de veces. A mí me atormentaba el tema de la no revictimización ytener mucho cuidado en proteger todo lo que sea Luciano y también el grupo de Familiares y Amigos. Es un golpe bajo en el sentido que es una cachetada a la historia. Ese es el golpe que uno tiene que recibir. Cada vez que íbamos aprendiendo más cosas sobre el caso, eran cada vez peores. Cualquier cosa que uno dijera no era suficiente. A mí los golpes bajos no me gustan. Me parece que no es la manera de tratar a las personas que están mirando la película. Sí buscar la manera para que después de mirar la película sintieran algún tipo de conmoción. En un momento lo que queríamos hacer es que se prendiera la luz a la mitad de la película, que es cuando aparece la cara de Luciano. Después todo se pone blanco. Fue la forma que encontramos de hacer eso. Queríamos que todos se vieran la cara y se cortara un poco eso de la negrura del cine para verse y ver al que está al lado. Nos parecía importante que el cine estuviera iluminado en ese momento para que uno se pueda reconocer. Nos pasaba más por ahí, no tanto por el golpe bajo o por contar alguna atrocidad. Las atrocidades que se pueden contar son tan atroces que no tiene sentido contarlas de esa manera para movilizar al otro. La idea con la película era poder contar una historia para contagiar todo eso que tiene Familiares y Amigos y poder trasladarlo a tu propia vida. —LR: ¿Tenés esperanzas de que la película pueda mover un poco la causa de Luciano? —AF: Las causas, el juez o el sistema judicial pueden llegar a recibir cierta presión por lo que sucede en los medios de comunicación. Pero no lo sé, estoy muy descreída de todo eso. Lo que sí puede llegar a recibir un empuje es al trabajo que se puede hacer con todos los familiares de desaparecidos en democracia y familiares de asesinados. Me parece que es una herramienta para cambiar y ayudar en todo el trabajo que se pueda hacer con jóvenes y con familiares. A nivel de la causa no sé.

Cualquier represión nos genera indignación. También se juega por allí, siempre, algo de tristeza; pocas cosas impulsan más a sentir rabia que las fuerzas de seguridad desatadas de furia. Pero la represión de ayer a los artesanos y artesanas de San Telmo duele más, mucho más. Conviene repasar la historia del conflicto para entender por qué no fue simplemente otra represión. (Por Fernando Tebele para La Retaguardia) En la última semana de enero, recibimos a Mónica Alegre, la mamá de Luciano Arruga, para un programa especial de Radio La Retaguardia. Estaba triste. Hace 10 años que le secuestraron, asesinaron y desaparecieron a su hijo ¿Cómo iba a estar? Nos aclaró, en todo caso, que no estaba triste solo por eso. Hacía ya varias semanas que no podía trabajar en su puesto de la Feria de San Telmo, donde desde hace 7 años, cada domingo, abre su paño y vende unos muñecos hermosos, tejidos con la técnica amigurumi. Arreglamos para que a la semana siguiente nos visitara de nuevo, pero ya para contar el conflicto. Cuando hizo su relato de la situación, nos sorprendimos bastante. Lo más lógico era pensar que el enfrentamiento fuera con el Gobierno de la Ciudad, a cargo de Horacio Rodríguez Larreta; de hecho es lo que piensa mucha gente después de la represión de ayer. Por supuesto que él está del otro lado. Pero la sorpresa mayor fue cuando nos contó que detrás de un acuerdo que pudo haber culminado con la legalización de los puestos de la feria, se esconde en realidad una disputa sectorial que ensucia todo. Mónica se sumó a la Cooperativa El Adoquín (integrantes de la CTEP) hace 5 años, casi tantos como los que lleva en la Feria. Seguramente lo hizo pensando en que con otros y otras estaría más protegida; algo de eso aprendió a la fuerza. A la cooperativa también le venía bien su ingreso: la mamá de Luciano Arruga adentro de una coope del Movimiento Evita, mirá vos. En su relato desilusionado, Mónica explicó que cuando les contaron que se había conseguido un acuerdo entre el Gobierno de la Ciudad y El Adoquín, nadie dudó en alegrarse. Sin embargo, un domingo de enero en el que fueron a trabajar a su nueva ubicación, Defensa al 1000, se enteraron de que temprano, esa misma mañana, la Policía de la Ciudad había corrido a quienes históricamente ocuparon esa cuadra. En ese momento, a Mónica se le vino toda su historia personal a la cabeza. Le pasó cuadro por cuadro, como si fuera una película. Seguramente no linkeó en el momento una cosa con otra, pero dijo NO, igual que Luciano. Cuando comenzó a charlar con otras y otros, eran muchas personas las que sentían lo mismo: no podían ganar un derecho avanzando contra el de un par. Aparece como básico pensarlo de ese modo. Sin embargo, en esas situaciones límite, así como a casi un centenar de feriantes les salió poner la comunidad por encima de la individualidad, muchas otras personas dentro de El Adoquín decidieron seguir adelante. Desde hace 10 domingos, quienes permanecen en la cooperativa, con Gabriela Olguín como referente, se instalan en la calle Chile, dejando de lado la chance de ocupar el 700 de Defensa. “Como gesto para con los compañeros y compañeras, hasta que no se resuelva la situación, solo vamos a trabajar sobre Chile”, dicen desde el sector de Olguín. Dejan la resolución del conflicto en manos del gobierno porteño, que con naturalidad lo resuelve como ayer.Mientras tanto, el sector disidente se niega a abandonar el 800, 900 y el 1000 de Defensa, donde los empresarios de negocios de antigüedades no los quieren ni ver, aunque sea notoria la baja de público en esas cuadras desde que no está la feria en la calle. Los y las feriantes interpusieron un recurso de amparo que intenta dejar las cosas como estaban y obligar al Gobierno de la Ciudad a retroceder y sentarse a negociar con todos y todas.Los domingos anteriores fueron de tensión entre los dos sectores. Ocurrieron algunos hechos poco felices, pero que no pasaron a mayores. Ayer la tensión se desbordó. Y en ese contexto la policía y el gobierno CABA hicieron lo que les encanta hacer: avanzaron con las botas firmes, los machetes erguidos y el gas siempre a mano. En su paso no distinguieron entre feriantes o paseantes solidarios que se acercaron a ver qué sucedía e incluso les pegaron a turistas por sacar fotos. Detuvieron a 18 personas y las dividieron en tres alcaidías, para provocar desmovilización. Hoy, después del mediodía comenzaron a recuperar su libertad.En el Facebook de la CTEP Capital, pudo leerse anoche un breve posteo: “Libertad inmediata a lxs trabajadorxs detenidxs en San Telmo”. Frío. De compromiso. Poco solidario. La Confederación de Trabajadores de la Economía Popular consiguió en pocos años convertirse en una importante referencia de reagrupamiento de un sector que estaba ninguneado: el de las cooperativas y el de quienes trabajan en la economía popular. Hicieron un gran laburo. Este conflicto no está a esa altura. Mancha la construcción. Es imprescindible que busquen los caminos para borrar una palabra que está en el aire, y de la que no se vuelve: traición. Es claro que sus dirigentes están ocupados en jugar en las grandes ligas electorales. Seguramente estará bien que así sea; no lo tengo claro. De lo que no tengo dudas es de que cada vez se hace más tarde para resolver este conflicto. Dejarlo en manos de Rodríguez Larreta solo se puede entender de un modo: quieren que les saquen a sus excompas de encima. Queda para otro análisis entender cómo fue que el Estado ha conseguido que cada sector negocie la suya, sin el más mínimo interés por su propio sector en general. Uno puede esperar eso de los gordos de la CGT, y quizá ni de ellos, porque cuando un sindicato va a un acuerdo, lo hace para todos y todas, estén afiliados o no. El poder divide y reina. Todavía se

Continúa el conflicto con la feria de artesanos/as de San Telmo, que se profundizó cuando la Cooperativa El Adoquín firmó un acuerdo con el Gobierno de la Ciudad para legalizar 220 puestos en lugares que históricamente ocuparon otros/as, que quedarían reubicados sin su consentimiento. El domingo pasado la Policía de la Ciudad reprimió a un grupo de feriantes que se fueron de El Adoquín rechazando el acuerdo, entre quienes está Mónica Alegre, la mamá de Luciano Arruga. Ahora la cuestión está judicializada y es una incógnita saber qué ocurrirá el próximo domingo. En el programa radial La Retaguardia, Fernando Tebele y Pedro Ramírez Otero dialogaron con Gabriela Olguín, la presidenta de la Cooperativa El Adoquín (CTEP), muy cuestionada tras el acuerdo con el gobierno de Rodríguez Larreta. Olguín explicó la situación general y reconoció como poco feliz haber publicado un comunicado luego de la represión, sin mencionarla. (Por La Retaguardia) Gabriela Olguín, presidenta de la cooperativa El Adoquín habla con total seguridad. El momento es incómodo. Está respondiendo a duras críticas por el acuerdo que firmó la cooperativa con el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, que regulariza la situación de 220 artesanos y artesanas. El problema es que cerca de 70 se negaron a ser parte del acuerdo cuando se enteraron de que las personas que venían trabajando en el 700 de la calle Defensa -una de las cuadras acordadas con el gobierno para mudar a los feriantes del 800 al 1000- habían sido desalojadas por la fuerza unas horas antes, el domingo 13 de enero, cuando comenzaba a regir el acuerdo. A partir de allí, quienes se reconocen como El Adoquín disidente, se presentaron ante el gobierno de la ciudad para desafectarse del acuerdo. En paralelo, un grupo de feriantes que históricamente trabajan en el 700 de Defensa, presentaron un amparo en la justicia porteña, que se está tramitando en el Juzgado en lo Contencioso Administrativo Nº1, a cargo de la jueza Romina Tesone, que pidió informes al gobierno y abrió el amparo para la participación de quienes se sientan damnificados.Olguín comienza la charla repasando la historia de la organización, aunque la pregunta no fuera para ese lado: “Llevamos muchos años de lucha y de organización. Empezamos siendo asambleas. Primero nos constituimos en grupo y después en cooperativa. En septiembre de 2011 decidimos sumarnos al a CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular). Desde entonces, pasamos lo que pasan todos los trabajadores de la economía popular en el espacio público: operativos, decomisos, detenciones, causas y ser tratados como delincuentes. Siempre buscamos organizarnos a través de una fuerte identidad de clase como trabajadores”. —LR: ¿Cómo fue el acuerdo entre El Adoquín y el Gobierno de la Ciudad? —GO: Llegamos a construir canales de diálogo con el gobierno a través de muchas vías, como la Legislatura y Defensoría. Generalmente encontrábamos un punto muerto y se frustraba. De hecho, estuvimos muy cerca de obtener la legalización de las cuadras que nosotros llegamos a ocupar después de 10 años de organización, en el 800, 900 y 1000 de la calle Defensa, entre Av. Independencia y el pasaje Bethlem. Antes estábamos hasta San Juan, pero ahí perdimos una cuadra que fue muy difícil de conservar. El 21 de septiembre en el programa de Lanata hubo una crítica muy fuerte al gobierno en el acercamiento que podían tener en cualquier mesa de diálogo con nosotros y se nos cayó cualquier posibilidad de tener una feria en esas cuadras que estábamos buscando. Sabemos que hay un poder real, fáctico, con intereses económicos que incluso, a veces, tiene mayor peso que el propio Ejecutivo de la Ciudad. —LR: ¿Los anticuarios? —GO: Hay intereses inmobiliarios y de todo tipo. Si uno dice anticuario, mete en la bolsa al pequeño anticuario y la verdad es que no. El pequeño empresario y comerciante no es el culpable. Al contrario, son las víctimas de la misma crisis y el mismo proyecto de ciudad excluyente que sufrimos nosotros. Más que uno gremio son un grupo de poder real. —LR: Tras el acuerdo, hubo un conflicto con un grupo de feriantes que formaban parte de El Adoquín porque se negaron a ocupar el 700 de la calle Defensa, donde históricamente tenían sus puestos de trabajo aquellos otros y otras feriantes ¿Cómo fue ese proceso?—GO: Nosotros no esperábamos en ningún momento que lograr un convenio laboral surgido de una negociación colectiva de trabajo pasara por encima del laburo y de la presencia de otros compañeros, de otros trabajadores. Es cierto que íbamos por caminos diferentes -nosotros laburando como sindicato-. Siempre decimos que el camino a la revolución es ancho y largo y en esos caminos nos encontramos y nos volvemos a encontrar porque todos tenemos un objetivo de clase. Sobre todo en la cotidianeidad reivindicativa de que nuestros compañeros tengan laburo, vivan mejor y tengan más dignidad. No imaginábamos el escenario que se presentó después. Por eso, tratamos de tener gestos. El primer domingo (13/1) nos encontramos con la presencia policial y con compañeros que no estaban informados. No estaba garantizada la integridad física de los integrantes de El Adoquín ni la integridad física ni laboral de los trabajadores que se estaban oponiendo. El gobierno tiene proyectado legalizar toda la parte de ferias y predios feriales desde Av. Independencia hasta Plaza de Mayo. No quieren a ninguno trabajando en las cuadras anteriores. Es el Estado el que tiene la responsabilidad de cumplir con nosotros como trabajadores y también con los trabajadores que estaban en el 700. Nos hubiera gustado no llegar a esta situación. Estamos tratando de resolverla sin violencia y sin enfrentamiento. Por eso, ese primer domingo decidimos irnos a nuestra casa, como un gesto. El siguiente domingo también fue muy duro. Desde ese entonces, decidimos armar en la calle Chile, que fue la otra cuadra que nos fue adjudicada por convenio. No queremos ser justificación de represión ni tampoco justificación de desalojo y desocupación de otros trabajadores. A pesar de que se ha puesto un poco virulenta y bastante agresiva esta

La construcción de un estadio cubierto en los terrenos de la sede del Club Atlanta, en Villa Crespo, preocupa a un grupo de vecinos y vecinas que piensan que el barrio no está preparado para ese tipo de emprendimiento y temen por las consecuencias que pudiera traer aparejadas. Desde el club aseguran que el “miniestadio” cumple con todas las normas legales e impactos ambientales, además de traer beneficios para Atlanta y para el barrio. En Radio La Retaguardia decidimos escuchar a una de las vecinas, Leila, en el programa Otras Voces Otras Propuestas; y también al actual vicepresidente de Atlanta, Alejandro Korz, en el programa La Retaguardia. (Por La Retaguardia)Fotos: la obra avanza a toda velocidad (Fotos de Luis Angió) Las noticias acerca de la construcción de un estadio cubierto en terrenos en desuso de la vieja sede social del Club Atlanta, dan cuenta de que esta historia comenzó en 2014. En realidad, conviene irse a los ’90.El 25 de septiembre de 1991 es una fecha que nadie que quiera a ese club olvidará jamás. Ese día, la justicia declaró la quiebra. La sede fue inmediatamente clausurada. Un club social que en los ’80 debatía acerca de si estaba bien que en ese lugar hubiera canchas de tenis en lugar de canchas de fútbol, ya no tenía debate posible. Fue la muerte. Con el correr del tiempo, y gracias a una Comisión de Apoyo que se conformó para intentar salvar al club, pudieron reabrir el Estadio de la calle Humboldt. En las sombras, había una figura tan oscura que costó bastante tiempo divisar: Miguel Ángel Broda, operador financiero encumbrado; la persona a la que Carlos Menem iría a buscar poco tiempo después para remplazar a Domingo Cavallo. Broda, con especial apego por construir poder desde el perfil bajo, diría que no. Volvamos a Atlanta. A cambio de seguir funcionando, Atlanta entregó su sede a una empresa llamada Consucont, perteneciente mayoritariamente a la familia Peirano, por entonces dueña de Su Supermercados, que luego se convertiría en la cadena Disco. La empresa se encargó de negociar con los deudores el pago de las deudas. Durante años la vieja sede permaneció cerrada, a la espera de que pudiera cambiarse el código urbanístico que impedía allí levantar un complejo de torres de departamentos.Con el nuevo siglo ya instalado, un grupo de socios organizados, y también los directivos a cargo, consiguieron reabrir la sede. No fue tan fácil. Debieron movilizarse varias veces a la legislatura porteña, hasta que consiguieron que el Gobierno de la Ciudad expropiara los terrenos y se los entregara al club en comodato. La misma gente que lloraba en 1991 sobre la calle Humboldt, desconsolada por el diágnostico de agonía para el club, volvió a llorar, pero esta vez de alegría, el 27 de mayo de 2007. Entre los escombros, el efímero jefe de gobierno porteño Jorge Telerman, dio un discurso de reapertura del lugar. Había también una nueva generación que no vivió la quiebra y que se esperanzaba con la nueva vieja sede. Allí también estaba, como presidente, Alejandro Korz, un joven trabajador bancario, alto y flaco, con mucha capacidad discursiva y evidentemente hábil para la política.¿Qué tiene que ver todo esto con el estadio cubierto que hoy enfrenta al club con un grupo de vecinos y vecinas? Todo. Porque hace 30 años, esas puertas parecían cerradas para siempre. Hoy, la discusión pasa por si es poco o mucho lo que la empresa pagará, y si el barrio está dispuesto a cambiar su fisonomía y seguramente alguna costumbre. Es una discusión que merece ser dada, pero al menos hay sobre qué discutir futuro.La obra de construcción de un estadio cubierto en parte de los terrenos de la sede del Club Atlanta comenzó en el año 2014 y avanzó hasta su detención en 2015 debido a falta de financiamiento de la empresa constructora y un accidente en la obra. Se vino abajo una parte de lo que intentaba ser un techo, por suerte sin consecuencias para las personas que estaban allí, más allá del enorme susto. Originalmente, el proyecto hablaba de un microestadio para eventos deportivos y artísticos con capacidad para 10 mil personas. Cuando se retomó el proyecto en 2017, se incrementó la capacidad a 11.500 sentadas y un total de 16 mil ocupando el campo. También se aumentó el tamaño de 17 mil metros cuadrados a 28 mil. Tras una votación en la Legislatura porteña, el terreno fue cedido al Club Altanta en comodato, y este decidió rentarlo a un concesionario para la construcción del Estado, con capacidad mayor a la del Luna Park. El financiamiento está a cargo de capitales norteamericanos -la empresa AEG Worldwide- y el diario La Nación, que firmaron con el club un contrato por 40 años. Ya están pagando un canon mensual de 30 mil dólares mensuales al club, que se incrementarían a 50 mil cuando comience la explotación. Algunos vecinos y vecinas de Villa Crespo temen que la construcción de esta obra pueda impactar ambientalmente en el barrio, trayendo problemas como falta de luz, ruidos molestos, un mayor caudal de tránsito y la contaminación que deviene de tener más autos circulando por las calles. También presienten que podría ser el inicio de una oleada de negocios gastronómicos que lleguen a asentarse en la zona y otros negocios inmobiliarios que traerían mayores complicaciones al barrio, que ya no está tan tranquilo como antes.Lo cierto es que la obra está en marcha –supuestamente se terminaría en abril de este año- y para el Club Atlanta es la solución económica a los problemas financieros que tiene, pero también la oportunidad de generar más y nuevos espacios para que vecinos y vecinas del barrio puedan disfrutar. Los miedos del vecindario Leila es una vecina del barrio. Está preocupada y comenzó a juntarse con más gente. Arrancó relatando la historia de esta obra que para ella traerá muchos problemas al barrio: “Había un esqueleto de ese estadio que hizo la empresa Lugones Center SA, pero se frenó la construcción

La disputa es por las calles que van desde Defensa al 1000 hasta el 700. Los propietarios de negocios de antigüedades pretenden que los y la feriantes se vayan. La cooperativa El Adoquín (CTEP) firmó un acuerdo para regularizar a un grupo de feriantes, pero los propios miembros de la cooperativa se opusieron ya que de esa manera les sacarían el puesto de trabajo a otros feriantes que no forman parte de El Adoquín. Entre las personas afectadas está Mónica Alegre, la mamá de Luciano Arruga, que contó acerca del conflicto a Fernando Tebele y Pedro Ramírez Otero, en Radio La Retaguardia. Cuando decir NO a las injusticias se hereda de hijo a madre. (Por La Retaguardia)Foto: la feria de San Telmo recibe multitudes los domingos (Diaría El Día) “Hace tres semanas, ya casi va a ser un mes, que no trabajo. Somos 70 feriantes que prácticamente quedamos en la calle por un acuerdo que hizo la cooperativa El Adoquín, que en su momento nos asoció diciendo que dentro de la cooperativa podíamos pelear la legalidad de las calles donde trabajábamos”, comenzó Mónica Alegre explicando el inicio del conflicto. “Hace un mes se llamó a una reunión y se nos dijo que se había legalizado la feria. Fue una alegría muy grande. Se nos legalizaba en la calle Defensa al 700. A esa altura, hay una parte de la feria que está legalizada, se ven los tolditos de la Ciudad de Buenos Aires. Hay otra parte que tiene puestos, pero no están legalizados. Son feriantes, artesanos, que hace 15 0 20 años que están y que la vienen peleando como nosotras para tener la legalización”, contó Mónica y luego detalló: “La legalización que se nos daba era en Defensa al 700. Íbamos a tener un puesto legal, pero a esos feriantes se los iba a sacar de ahí. Hubo un enfrentamiento entre artesanos. Tuvimos que salir y dar la cara para decir que parte de El Adoquín no estamos de acuerdo. Queremos la legalización, no queremos trabajar por izquierda. Somos trabajadores y nos ganamos el mango honestamente. Somos 70 compañeros que quedamos sin cuadra y sin puesto. Estamos haciendo acampes todos los domingos, haciendo el aguante pacífico. Tenemos a la policía que nos amenaza con reprimirnos si tiramos paño”, expresó, intentanto resumir una posición ética y solidaria clara. Quieren ser legales, pero no a costa de que otras personas, que llevan en algunos casos mucho más tiempo que algunas de ellas en el lugar, se queden como ilegales en un escenario público de legalización.Durante el programa radial La Retaguardia, también participó Ana, otra feriante que está en la misma situación. “El conflicto está sucediendo. Domingo a domingo nosotros estamos defendiendo nuestro espacio de trabajo, que venimos ocupando hace más de 10, 15 o 20 años según la antigüedad de cada artista, artesano o manualista que haya llegado a la calle Defensa. La feria empezó a crecer desde la Plaza Dorrego hacia la zona de Plaza de Mayo. Las cuadras que están en conflicto en este momento son las calles más antiguas, el 1000, 900, 800 y 700”, señaló Ana y destacó que la imposibilidad de armar la feria también afecta a los negocios cercanos del barrio, como restaurantes, heladerías y otros: “Históricamente, el conflicto siempre fue con los anticuarios y no con los negocios para turistas porque ellos abren sus comercios en base a que los turistas vienen a la feria artesanal. En estos tres o cuatro domingos que venimos en conflicto y no podemos armar la feria, los locales tienen un 60% de baja del consumo ese día. A ellos también los afecta porque la feria atrae mucho turismo”, expresó.El verdadero motivo del conflicto es que los dueños de los negocios de antigüedades pretenden mantener la calle Defensa libre de feriantes para obtener más ventas, incluso a costa de la pérdida del puesto de trabajo de esas otras personas: “El conflicto siempre fue con los anticuarios, gente muy poderosa que por cuestiones más de clase necesitan la calle Defensa ‘limpia’ para hacer sus propios negocios. Son gente que tiene inversiones y su lucro en eso. Hace muchos años que lo sufrimos y lo enfrenamos. Todos esos años se mantuvo la feria mostrando su cultura, su arte, sus artesanías, productos que todas las semanas los artistas y artesanos hacemos con nuestras manos y con mucho amor para poder ofrecer en la feria los domingos. Los anticuarios son revendedores de objetos ya manufacturados”, apuntó Ana. Patear El adoquín En el polémico acuerdo firmado por Gabriela Olguín, presidenta de la Cooperativa El Adoquín, al que muchos miembros como Mónica y Ana se opusieron, se convino trasladar a los y las trabajadoras de la cooperativa hacia Defensa al 700, sacando de allí a los feriantes que históricamente ocupan esos lugares de trabajo. Además, se arregló desocupar la calle Defensa al 1000 para el beneficio de los comerciantes de antigüedades: “Este conflicto con los anticuarios lo termina zanjando este acuerdo nefasto que acepta El Adoquín. La solución para resolverle el conflicto a esta gente adinerada es enfrentarnos a los artesanos y trabajadores unos contra otros, aceptando ocupar el lugar de gente que no estaba dentro de la cooperativa. Quieren ocupar ese espacio que por derecho le corresponde a un artesano que está hace 10 años”, se solidarizó Ana, aun pudiendo tener un puesto de trabajo asegurado.Olguín firmó el acuerdo para garantizar la legalidad de la feria, pero artistas y artesanas/os se opusieron rotundamente porque no quisieron “ser legales” sacándole el puesto de trabajo a sus compañeros y compañeras. Según destacó Ana, no hubo una asamblea previa a la firma del acuerdo y se decidió sin consultarles. Ana expresó que seguirán resistiendo en el lugar, defendiendo sus puestos de trabajo: “Estamos luchando en el lugar. No nos vamos a ir. Creemos que es un derecho. No se le puede adjudicar un delito a la venta de arte y artesanías. Esa feria dio inicio a la feria que ocupa ahora el gobierno de la Ciudad del

El Jefe de Gobierno porteño relizó una reunión con vecinos/as en el Club José Hernández que debió ser interrumpida por las protestas. Larreta salió por la puerta de atrás para evitar una manifestación contra el cierre del turno noche de la única escuela media del barrio. Lo relató en diálogo con Fernando Tebele, por Radio La Retaguardia, Lorena “Tana”Crespo, integrante de La Cámpora en la Comuna 9. Se trató de una de las clásicas convocatorias con cupos y temas limitados que impulsa el jefe de Gobierno porteño en distintas comunas. En el caso de Mataderos, en los últimos años, se incrementaron el rechazo y los reclamos. (Por La Retaguardia)Foto: resistenciaurbana.com “El jefe de Gobierno convocó a una reunión vecinal para la que hay que inscribirse a través de la web. En esta oportunidad era con temario abierto. La última vez hizo una reunión de mujeres justo frente a la Recova en el Club Social Chicago sobre Lisandro De La Torre. Ahí hay familias en conflicto con sus viviendas, pero restringió el temario a género y en varias de las intervenciones, aún siendo mujeres, no dejaban expresar cosas que no tuvieran que ver con esa temática específica”, explicó la Tana. “En esta oportunidad, parece de un cinismo muy grande que haga la reunión geográficamente donde aparecen los problemas en el barrio pero que no quiera que sean expresados. Ahora hizo la reunión en el Club José Hernández, a dos cuadras del Liceo 8 en el que están cerrando el turno noche, y quedaron muchísimos docentes sin poder hablar y con esa actitud que tiene de despachar los temas cuando son incómodos”, graficó Crespo.La militante focalizó: “En educación en particular se están cerrando los turnos noche, los de la población más vulnerable. Es la que ha tenido previamente algún tipo de fracaso escolar o trabaja durante el día y por eso asiste a la noche a partir de los 15 años. En el caso del Liceo 8 ya para primer año de turno noche la gente no se puede inscribir online. La legislatura tiene una composición complicada para cualquier medida de oposición y la gente expresa su descontento”.“En la reunión, reclamos hubo de todo, incluso por derecha. Esa perspectiva se expresó ayer en lo que son los policías exonerados de la Federal, que plantean que se quedaron sin trabajo ni obra social. También se expresó lo que tiene que ver con veredas, con reclamos particulares, cosas que deberían pasar por el Centro de Gestión y Participación comunal, que no está respondiendo. Y luego se habló de conflictos profundos que está teniendo el barrio, como es el cierre del turno noche en el Liceo 8, el tema del Mercado de Hacienda y la Recova, el Cine El Plata, todos conflictos sin solucionar”, enumeró la integrante de La Cámpora. “Cuando fuimos a la reunión había ya una manifestación afuera de docentes, y se hizo a puertas cerradas con los docentes manifestándose en la puerta y se los escuchaba desde adentro. Había un clima de tensión. Hubo varios docentes que pudieron tomar la palabra y el jefe de Gobierno, más que tener cintura, miente”, denunció. “Dice que las escuelas no se van a cerrar, haciendo alusión a que no va a cerrar el edificio, y dice que hubo un acuerdo firmado en una reunión con los gremios, y ellos dicen que no hubo acuerdo sino un acta de registro de lo que ocurrió. Los docentes le pidieron que anule la resolución que implica el cierre del turno noche. A eso se niega. A nadie de los que estaban anotados para hablar del Mercado de Hacienda y la Recova les dieron la palabra. A muchos docentes tampoco. Sí se destinó prácticamente toda la reunión a hablar de temas de vereda y seguridad, lo cual es un acto de censura”, advirtió Crespo.Cerrar escuelas no es gratis “Fue bastante displicente, desde el micrófono le decía a una docente que no le grite cuando no le daba la palabra y monopolizaba el micrófono. Diciendo directamente, ‘bueno, a ver si me dejan hablar con los vecinos’. Como si cualquier cosa que se le plantea y no le agrada, no es dicha por vecinos. En un momento, sin previo aviso decidió irse, cortó la reunión. Nos quedamos sin hablar y sin plantear temas gravísimos y se fue por la puerta de atrás porque en la calle Oliden estaba la manifestación docente cantando que no cierren escuelas”, describió Crespo sobre el escrache ocurrido sobre el final. “Evidentemente rápidamente los docentes dieron la vuelta. Él se subió al auto, fue rodeado por vecinos, por docentes, etcétera. Estuvo como quince minutos detenido el auto rodeado por la gente manifestándose en torno a las escuelas nocturnas, a ‘Mataderos no se vende’. Fue un bochorno. Después de quince minutos vino la policía y recién ahí y después de un rato que estuviera la policía se pudo ir el auto”, contó Crespo. “La gente quedó festejando su huida. En algún sentido, que es lo único que le queda, estaba contenta de poder mostrar su disconformidad. Respuestas no hubo ninguna. Ni para los temas graves ni para los temas más cotidiano. Cuando alguien planteaba que hacía dos o tres años que estaba reclamando una vereda decía ‘Sí, sí, acá toma nota la jefa comunal’”, denunció.Por último, Crespo se refirió a la cobertura del escrache: “Este episodio circula en páginas de Facebook, medios alternativos. Los videos circularon, tanto de vecinos como de los gremios. En los medios, son muy pocos tanto los vecinales como los grandes que lo cubrieron. Sí lo hicieron medios alternativos y algunas páginas web levantaron algo. Las dos últimas veces que vino a Mataderos tuvo enfrentamientos por el tema del diálogo. Los vecinos le pedían que lo habilite y él se negó sistemáticamente. En el primer caso, cuando vino frente a la Recova. Después salió publicado que ya había estado en el Bonafide de Emilio Castro y había tenido problemas, también cuando vino a Lisandro De La Torre”, recordó.“Es una acumulación de conflictos y una

El intendente de Mar del Plata, Carlos Arroyo, envió una carta documento para desalojar la Casa de la Memoria en un plazo de 5 días, que ya transcurrieron. La casa está ubicado en Santa Fe 2946, pertenece a todos los organismos de Derechos Humanos de la ciudad desde que fuera cedido por el municipio para ese fin hace más de 20 años. El miércoles 21 se llevó a cabo un abrazo simbólico para defender este lugar de resistencia para muchos de los marplatenses. (Por Nicolás Rosales para La Retaguardia) La bella ciudad de Mar del Plata tiene muchas particularidades. Algunas no tan felices. El intendente Carlos Arroyo, de Cambiemos, cumplió funciones en la dictadura. De ideas neofascistas explícitas en su discurso y en sus acciones de gobierno, mandó una carta de documento a la Casa de la Memoria, tratando de “okupas” a los organismos de derechos humanos que funcionan allí.Un trámite En 2007 Arroyo integró la lista de candidatos del represor Luis Abelardo Patti. Durante sus 6 años como concejal del distrito se ausentó en cada sesión especial por el Día de la Memoria, los 24 de marzo. Ya como intendente, vetó la iniciativa de los vecinos del barrio Bosque Peralta Ramos de rebautizar un espacio verde como ´Plazoleta de los Lápices´.La Casa de la Memoria fue cedida en la década del ’90 por la Municipalidad a los organismos locales de derechos humanos. Con los años, se convirtió en un lugar de referencia y fue, por ejemplo, sede de los juicios por la verdad cuando todavía reinaba la impunidad de los genocidas.Para Arroyo, este sitio de resistencia genera un gasto para el municipio y no quiere que esto perjudique su gestión, según declaró en algunos medios locales. Lo que intenta mostrar como un mero trámite legal y burocrático, en realidad denota una intención puramente ideológica en contra de los derechos humanos.Hace un par de semanas llegó un telegrama a la Casa de la Memoria firmado por un apoderado del Municipio, donde les daban cinco días hábiles para presentar la documentación que los habilita a usar el espacio. Una casa llena de vida En una reacción inmediata, las organizaciones involucradas convocaron a un abrazo simbólico. Bajo un calor agobiante, banderas de todos los colores, miles de personas se congregaron para defender a la casa, en un día que quedará marcado en la historia de la ciudad.En la Casa, funcionan entre otras organizaciones, Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo, Hijos, la APDH, la Comisión Provincial por la Memoria, la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos, la Asociación de ex Detenidos Rodolfo Walsh y el colectivo del Faro de la Memoria.En la actualidad, funciona la Comisión permanente por la verdad, la memoria y la justicia del distrito de General Pueyrredón, que fue creada por una ordenanza municipal 14364 en el año 2001 y está integrada por el ejecutivo municipal, representantes del concejo deliberante y los organismos locales.Se hicieron presentes al abrazo simbólico, referentes de organismos de derechos humanos, organizaciones sociales, políticas y culturales, y un número importante de vecinos y vecinas  marplatenses. La Retaguardia dialogó con algunos referentes que nos expresaron sus sensaciones. Algunas voces del abrazo En diálogo con Eleonora Alais, hija de desaparecidos, integrante de HIJOS, nos comentó de la importancia de esta jornada, “Teníamos que estar acá, porque este es un lugar de resistencia, es el lugar de las Abuelas, de los sobrevivientes, de los hijos. Es el lugar donde se dan un montón de actividades que tienen que ver no solamente con reivindicar y recordar lo que fue la última dictadura militar sino también con las políticas de derechos humanos de la actualidad. Po este lugar pasan las organizaciones feministas, de la diversidad. Trabajamos con compañeros de discapacidad que se encuentran presentes en el lugar. También, hemos trabajado con los compañeros de materno infantiles. Acá se dan clases de piano, guitarra, clases de yoga, de artes marciales, presentación de libros, se pasan películas permanentemente. Les damos clases a los chicos del secundario, trabajan también los abogados que nos representan en los tres juicios de lesa humanidad que llevamos adelante en este momento. Estamos desde que funcionaban los juicios por la verdad, cuando todavía teníamos las leyes de impunidad que impedían tener siquiera la ilusión de llevar adelante los juicios”.Eleonara también se encargó en destacar una particularidad de la ciudad en cuanto a la lucha de los derechos humanos: “Acá convivimos todos a diferencia de otras ciudades del país. Nos juntamos con la comunidad en general, con las organizaciones de izquierda, con los compañeros anarquistas, de distintos sectores del kirchnerismo”.En relación a los genocidas que aún no tienen condena, Eleonora expresó: “Es llamativo que acá hay 35 represores que pertenecen a la policía bonaerense y la Marina, que encuentran en Mar del Plata un lugar apto para convivir. Donde evidentemente tienen determinados acuerdos, porque no es casual, y no solo es el hecho de Etchecolatz. A los que hoy tienen la domiciliaria, les dan la oportunidad de vacacionar acá y parar en el hotel de la Marina”.En este sentido, desde Hijos Mar del Plata, Eleonora nos comentó que, están trabajando una serie de acciones, del tipo escrache. Una demarcación de los lugares donde viven los genocidas.También conversamos con Yamila Zabala Rodríguez, hija de desaparecidos, abogada de Abuelas de Plaza de Mayo y miembro de la Comisión Provincial por la Memoria. Con un tono más esperanzador, destacó bajo sus impresiones, lo positivo de la jornada.“Lo que pasó hoy es algo muy importante en cuanto a la reacción de la sociedad y de muchos sectores. Esto es muy bueno porque lo que es memoria verdad y justicia es como el umbral de tolerancia. Ahí nos juntamos todos, porque es algo cultural que trasciende más allá de los tiempos. Con una carta de documento no se resuelven los temas de derechos humanos, y bajo apercibimiento, que es un concepto muy violento”.Para Yamila, la ciudad también es el refugio o el aguantadero de los genocidas. Hay más de 15 nos contó.

El autor de la famosa canción ‘Mi viejo’ se refirió de ese modo a lo que considera su tarea. El tema, que recorrió todo el mundo y se versionó en varios idiomas, cumplirá 50 años el año que viene y Tcherkaski prepara junto a Piero, el coautor e intérprete, un importante homenaje. Además, el escritor presenta ahora un espectáculo llamado Yo judío. Será en Pista Urbana, Chacabuco 874, el 17 de noviembre a las 18. En diálogo con Fernando Tebele por Radio La Retaguardia, Tcherkaski habló sobre los frutos de su trabajo, sus proyectos y sus consideraciones sobre la situación del país. (Por La Retaguardia)Foto: elciudadanoweb.com “El trabajo nuestro es que se conozca lo que escribimos”. Cuando sice nuestro, se refiere a los autores, a quienes considera en peligro de extinción: “el autor está desapareciendo con la aparición del cantautor que hace la música, la letra y la canta. Lo importante es lo que hace la gente, la canción Mi viejo el año que viene va a cumplir 50 años. Se fue de las manos ya, de todas las personas que han hablado, que la han mencionado. Desde el hombre común, que es lo que a mí más me interesa, que se hizo un tatuaje, o verlo en un auto, en un colectivo, hasta que la mencione el Papa, Fidel, Guayasamín. Tiene un recorrido propio. Piero es transmisor, porque sigue haciendo giras y trabajando en el exterior y yo tratando de recopilar la historia para hacerla sensata el año que viene. Cuando se cumplan los 50 años vamos a hacer una presentación en un teatro, no sabemos exactamente cuál, de homenaje a la canción”, adelantó. “Vamos a tejer una historia, no sabemos si va a ser un video o un relato, si nosotros mismos lo vamos a contar, desde el comienzo hasta ahora. Me interesan los pueblos alejados a los que la canción llegó. No sólo en América, sino en el mundo. La canción está en muchos idiomas. Es muy fuerte, lo que tiene que tener uno es una distancia y tomarlo como un hecho bello sin volverse loco, sin retirar los pies de la tierra. En este oficio, mucha gente lo hace”, advirtió Tcherkaski.En relación a su proyecto actual, explicó: “El espectáculo Yo judío lo venimos haciendo con Luis María Serra, un músico muy interesante que hizo muchas bandas de sonido de (Leonardo) Favio. Somos muy amigos hace años y este proyecto, Yo judío, aunque parezca mentira, lo venimos trabajando hace 26 años. Por supuesto con interrupciones, viajes, hijos y todo lo que se puedan imaginar. Decidimos hace unos 2 años atrás terminar el trabajo. Es un recitatorio donde tomo la excusa de mi condición de judío asimilado, sin una cultura judía tradicional, cosa que lamento. Uno pierde mucha información por eso. Es el relato de una época, de una historia, de una Argentina, una Buenos Aires, que ha vivido y sentido novedades durante acontecimientos interesantes y antipáticos en lo personal, no hablo de cosas sociales”, aclaró. “Nos criamos en barrios donde había italianos, españoles, judíos, rusos, una diáspora interesantísima que se entremezclaba y conjugaba en una dinámica cotidiana. Es la historia de esa época en la que vinimos sin tener idea a dónde, sin una historia salvo relatos muy cortados de mi padre o mi madre. Las mezclas sociales, las migraciones de los años ’29, ’30. Es un relato con cinco canciones que canta Valeria Blanco y termina con la dictadura. Tomo dos holocaustos: el holocausto judío en el que mataron a toda la familia de mi madre, y como elemento simbólico el asesinato de Miguel Ángel Bustos, un gran poeta. Fue muy amigo también. Tomo los dos puntos de la tragedia. En este trabajo se agregan dos cassettes con las voces de Cipe Lincovsky y Virginia Lago. Es un homenaje a ellas”, destacó Tcherkaski. Ay país, país, país  Por último, el autor se refirió a la situación actual: “Estamos viviendo una tragedia, un desastre. No me sorprende viendo quiénes son, de dónde vienen, quiénes eran cuando se inició esta locura. Me parece terrible, que van para más la violencia, la represión, el hambre. También hay una oposición que es muy frágil. Más allá de mis discrepancias con el kirchnerismo, es el único que tiene un caudal importante de votos. Lo mejor que le puede pasar a Argentina es que esto termine. Que terminen su mandato, no soy ningún golpista, pero que se vayan. Ahora, quién toma esta papa es algo que no sé. Este país va a quedar destrozado como si hubiera explotado una bomba atómica en el medio de la patria”, lamentó. DESCARGAR

Desde hoy y hasta mañana se realizará el V Encuentro Nacional de Escritura en la Cárcel. La jornada tendrá lugar en el Centro Cultural Paco Urondo, 25 de Mayo 201, CABA, con entrada libre y gratuita. Es el quinto año que se lleva a cabo el Encuentro, organizado por el Programa de Extensión en Cárceles (PEC) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. (Por La Retaguardia) Con el lema “La libertad es no tener miedo”, el PEC en conjunto con el C.C. Paco Urondo dio inicio al V Encuentro Nacional de Escritura en la Cárcel. La jornada que se desarrollará este jueves 11 y viernes 12 de octubre, desde el mediodía hasta las 20 horas, contará con diferentes talleres, lecturas, espectáculos, paneles y una feria. Se realizarán muestras constantes de cortos y publicaciones producidas en contextos de encierro en penales de distintos puntos del país.Asistirán al Encuentro liberados que participaron del PEC ya sea como espectadores o leyendo sus cuentos y poemas escritos en contexto de encierro. También habrá liberados presentando sus libros.Habrá mesas de investigación debatiendo sobre las condiciones de encierro en nuestro país y pensando qué lugar tiene la educación, el arte, la cultura y la escritura en los penales.Tendrá lugar una feria de cooperativas integradas por liberados que venderán comida y distintos tipos de productos. También se desarrollarán actividades artísticas, talleres de rap y bandas en vivo.La entrada es libre y gratuita en el Paco Urondo, 25 de Mayo 201, CABA, y con acreditación mediante se otorgarán certificados de asistencia.El Encuentro Nacional de Escritura en la Cárcel es un espacio artístico y cultural donde confluyen producciones de personas en contexto de encierro de todo el país. Es un lugar de encuentro y reflexión para conocer a un sector invisibilizado de la sociedad.

La Orquesta del grupo Catalinas Sur presenta hasta el primer sábado de octubre su espectáculo Década, con nombre que referencia a los 10 años de la Atípica, que tiene 70 integrantes. Su director, Gonzalo Domínguez, dialogó con Fernando Tebele y María Eugenia Otero en el programa La Retaguardia. El espectáculo comenzó el sábado 11 de agosto y se realiza en el galpón de Catalinas, en la avenida Benito Pérez Galdos 93. Las entradas se pueden sacar a través de catalinasur.com.ar o alternativateatral.com.ar (Por La Retaguardia)¿Qué tiene de atípica? “El nombre de la orquesta salió de sus integrantes. Una de las cosas principales es que es una orquesta formada en el seno de un grupo de teatro comunitario, la forma de trabajar y de pensar la música y el arte en general es comunitaria. Todos podemos ser parte, todos podemos ser artistas, todos tenemos algo para dar, el arte es transformador. La convocatoria siempre está abierta. No es una orquesta cerrada a un estilo ni a una formación en particular. Es una orquesta que mezcla la música y el teatro, utiliza la herramienta teatral para contar más allá de la música y la letra de los temas. También recurre a poner en escena situaciones y somos conscientes de que, en el escenario, además de escucharnos nos están viendo”, destacó Domínguez. “Siempre pensamos en una puesta y tratamos de cuidarla. En la forma de trabajo también es atípica por esta idea de la creación colectiva. Por el recibimiento de la gente, la posibilidad de transmitir. Lo que se ve en el escenario no son artistas alejados y separados del público sino que también se ve la posibilidad de ser parte de eso. Se muestra y se transmite también. La pasamos muy bien en el escenario”, aseguró.“No es fácil sostener cualquier proyecto, pero más que nada este tipo de proyecto, apostando a la participación, a las decisiones, al sostenimiento, poner mucho de uno. Se mezcla la vida personal con el proyecto, cada uno le pone el entusiasmo, las ganas, eso también hace que haya que ponerse de acuerdo, tomar decisiones en conjunto que a veces no son las que a uno más le gustan. Hay que consensuar, poner en juego todas esas cosas. Es una apuesta mucho más complicada y más jugada y por supuesto es la que vale y se justifica para nosotros. Diez años no es poco aunque parece que pasan rápido. Es un largo recorrido. Este año el grupo de teatro cumple 35 años que también es muchísimo y cada vez crece más”, contó el director de la Orquesta Atípica.