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Lesa Humanidad

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La apropiación de bebés y niñxs por el Terrorismo de Estado fue de las más perversas violaciones a los derechos humanos. Es de las que mayores secuelas psicosociales ha generado en nuestro país y en el mundo. Las mujeres secuestradas que estaban embarazadas fueron sometidas a formas diferenciales de vigilancia, control y violencia sobre sus cuerpos. Cuerpos que estaban atravesando uno de los mayores desafíos de la naturaleza humana. Quizás por la crudeza, tal vez por la escasez de testimonios, poco se habla de las maternidades en cautiverio, pero lo que no se puede esconder es lo que les negaron a esas mujeres y a sus hijxs. Una gestación cuidada, un parto respetado. Cobertura colaborativa con FeminacidaRedacción: Soledad Gori (Feminacida) Una de las más perversas violaciones a los derechos humanos en nuestro país fue la apropiación de niñxs durante la última brutal y genocida dictadura militar. Muchxs de ellxs comenzaron con su martirio meses antes de ser robados, cuando absorbían los restos de esa picana en los pezones de sus madres. Esa tortura que muchas veces antecedía a los partos, los cuales se daban en condiciones infrahumanas. En los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio (CCDTyE) muchas mujeres embarazadas se vieron sometidas a un repertorio diverso y específico de violencia por su condición de género y por ser consideradas “malas madres”. Las “delincuentes subversivas”, señaladas como “madres abandónicas”, suponían para los militares el punto cúlmine de la degeneración de la institución familiar, según el análisis que hacen lxs historiadores Victoria Álvarez y Fabricio Sanchis.Aunque se estima que faltan aún más de 300 nietxs por encontrar, no existe un registro completo de detenidas gestantes en cautiverio. La razón es lógica y por demás esperable. Por la clandestinidad de la militancia, muchas pueden haber estado embarazadas y que éste fuera un hecho desconocido por sus familiares. Otras pueden haber perdido sus embarazos, deseados o no, en manos de sus represores y sus técnicas de tortura. Muchas pueden haber parido atadas de pies y manos, con vendas en los ojos. Lo cierto es que no han sobrevivido para contarlo.Mucho se desconoce, pero lo que es razonable pensar y lo que se ha podido probar gracias al relato de sobrevivientes, es que esos embarazos y esos partos estuvieron lejos, muy lejos, de ser naturales, respetados. Y de eso, mucho no se habla y, menos aún, se pena.El embarazo es un proceso sumamente complejo; un real desafío de la naturaleza. Tal es así que solo 3 de cada 10 concepciones llegan a ser bebés. La reproducción humana es por demás imperfecta, pero a su vez presenta numerosos y complejos mecanismos que permiten que, una vez atravesados los primeros desafíos, las probabilidades de llegar a un embarazo a término sean muy altas. El camino es arduo; todos estos mecanismos deben estar estrictamente regulados.Diversos estudios han demostrado que el estrés y la depresión crónica materna, antes y durante el embarazo, afectan no solo a la salud de la madre sino también a la del feto y aumentan el riesgo de complicaciones gestacionales como, por ejemplo, el parto pre-término.Estas evidencias seguramente eran desconocidas para Estela de Carlotto cuando buscaba a su hija Laura, aunque estaba en lo cierto al tener miedo. El primer pensamiento que la azotó a Estela cuando se enteró que su hija Laura estaba embarazada de seis meses fue imaginar el destino de ese embarazo en condiciones tan terribles. Probablemente pocos lo sepan, pero Laura había perdido dos embarazos antes. Uno de ellos a los seis meses de gestación. ¿Qué podría esperar? Pensaba en la suerte de ese bebé, Guido, gestándose en un campo de concentración.Sin embargo, cuando décadas después encontró a su nieto, puso punto final a sus elucubraciones. No necesitó de evidencias científicas para convencerse del poder de la naturaleza o, en otras palabras, de la fuerza que debió tener su hija para llevar adelante esa gestación hasta el final. Una gestación rodeada de horror. Rosa Roisinblit, además de madre de Patricia, desaparecida embarazada en la última dictadura y abuela de Guillermo, su nieto restituido, era partera. Probablemente por eso fue por lo que le dio a Mariana Eva, también hija de Paty, el mejor regalo: un parto soberano, como el que su hija no pudo tener. Libre, sin cadenas. Sin más soberanía sobre su cuerpo que la suya propia.Un parto soberano, para Carolina Carrillo, científica del CONICET y doula, es un parto respetado, un derecho. En sus propias palabras: “Es un parto en libertad. En la libertad salvaje de parir, sin interrupciones ni interferencias, donde debe apagarse la zona racional del cerebro, el neocórtex. Parir soberanamente es poder elegir, en cada instante, respondiendo al deseo abismal. Ese deseo desconocido desde la propia conciencia pero que arrastra, desde la sabiduría ancestral del cuerpo que solo necesita llegar al borde de la vida (siendo una) para volver siendo dos”. Mariana Eva lo cuenta en su libro Diario de una Princesa Montonera: 110% verdad. “El primer impulso fue retener, hasta que lo dije en voz alta, siento que estoy reteniendo el pujo, ¿puede ser?, y Vendi me sugirió que me dejara atravesar por el dolor, que lo recorriera. El dolor me hacía pensar en Paty y lo dije, dije que no podía dejar de pensar en mi mamá. No aclaré que, en su parto, en su segundo parto, en la ESMA, pero no hizo falta”.De acuerdo con Vendi, la partera, y desde la contracara de lo que vivieron esas mujeres en cautiverio, Carolina dice: “Parir soberanamente es poder llegar hasta ese punto único, pudiendo fluir sin miedo a través de la dimensión del dolor físico que despierta a todas las señales en cascada, todos los neurotransmisores, las hormonas, para atravesar ese proceso y los que siguen. Un proceso mejorado por millones de años de evolución, intenso como ninguna otra experiencia”. Su aporte termina inmejorable: “Un parto soberano es un camino al límite de la propia vida, donde se puede re-vivir la experiencia vital del nacer, donde se puede reparar”. Quizás eso es lo

Julio Ramírez y sus hijos Carlos Alberto y Alejandro Mariano, participaron del cierre de la transmisión en la que se escucharon los alegatos de su querella y de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Desde Suecia, donde viven desde que su padre pudo rescatarlos en 1983 del Hogar de la Iglesia Católica en el que permanecieron durante más de 7 años, aportaron sus voces emocionadas y conmocionantes. Por La Retaguardia/Pulso Noticias El jueves fue un día muy emotivo para quienes participamos del juicio que denominamos “Hogar de Belén”. Al final de la audiencia en la que se escucharon los alegatos de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y de la querella de la familia Ramirez, Julio y sus hijos Carlos y Mariano Ramírez se conectaron con la transmisión de La Retaguardia y Pulso Noticias para expresar su gratitud y alegría de que el mundo haya conocido la terrible historia que protagonizaron tras el asesinato de Vicenta Orrego y la entrega por parte de la Justicia de sus 3 hijos al Hogar Casa de Belén, perteneciente a la Iglesia Católica. Todo indica, habrá justicia 46 años después de que comenzaron los sucesos trágicos en sus vidas. Marzo de 1977. Operativos de 200 efectivos conjuntos en dos casas de militantes. El disparo en la cabeza de su mamá “Chela”, y meses después la llegada al Hogar, donde sufrieron las peores vejaciones que puedan pensarse para niños de 3, 4 y 7 años. El Hogar de Belén fue un centro clandestino para niños y niñas apropiados y allí estuvieron unos 7 años estas tres personas hasta que su padre pudo rescatarlos y llevarlos a su exilio, en Suecia. El jueves, 46 años después, festejaron desde ese país con el dolor que aún representan sus recuerdos y ausencias. Desde allí 2 de de los hermanos y el padre charlaron con nuestros medios. Mirá el conmovedor encuentro.

Esas dos preguntas le realizó Victoria Donda Pérez a su tío Adolfo Donda Tigel, el genocida que está imputado por su participación en la apropiación de su sobrina. El testimonio de Victoria fue duro, conmovedor y de fuerte contenido político. Su relación con el apropiador Juan Azic, con su hermana de sangre y su hermana de crianza, también apropiada por el prefecto ya condenado por este caso. Las respuestas del acusado. Redacción: Camila Cataneo/Fernando TebeleEdición: Pedro Ramírez OteroFotos: Capturas de la transmisión en vivo de La Retaguardia Victoria Analía Donda Pérez nació en la maternidad clandestina de la ESMA durante el cautiverio de su mamá, María Hilda Pérez de Donda, quien continúa desaparecida. La beba fue apropiada por el prefecto Juan Antonio Azic, quien ya fuera condenado por el hecho en 2012, en el marco del juicio por el Plan sistemático de apropiación de niños y niñas durante la última dictadura cívico-militar-eclesiástica. En 2004 Victoria recuperó su identidad. El pasado lunes, Victoria declaró en el juicio donde se analiza la responsabilidad de Adolfo Donda Tigel, su tío, condenado por haber sido parte del grupo de tareas 3.3.2 de la ESMA. “Victoria Analia Donda Perez es el nombre que elegí tener después del 8 de octubre del 2004, cuando me dieron el resultado de ADN y me enteré que mi mamá estaba en la ESMA a punto de parir y ahí me puso Victoria. Analía es mi segundo nombre que me pusieron mis apropiadores”, explicó al comienzo de su testimonio. Mientras movía con sus manos un abanico cerrado, empezó a describir cómo eran sus padres. “Mi mamá se llamaba Hilda Pérez y tenía 23 años. Le decían Cori y era militante de la JP (Juventud Peronista) de la zona Oeste de la Provincia de Buenos Aires. Ingresó a la organización Montoneros y tenía otra hija, mi hermana Daniela. Era una joven solidaria”, expresó. Y continuó: “Mi padre se llama José María Donda, tenía 21 años, era alto y flaco, le decían Pato o Gabo (…) Él fumaba y le gustaba andar en bicicleta. Sabía escuchar, así lo recuerdan todos”. Tanto Hilda como José María fueron secuestrados. “Primero se llevaron a mi mamá en marzo de 1977 cuando estaba embarazada de mí de cinco meses. La subieron a una camioneta. Ella logró escapar, corrió por la calle y se le rompió un zapato, ahí la agarraron. El zapato quedó tirado en el piso”, dijo. En ese momento el papá de Victoria mantenía contacto con sus abuelas y buscaba a Hilda. Al desaparecer Jose María, Daniela quedó a cargo de su abuela materna, Leontina. Victoria contó que en una carta que su padre le escribió a Leontina, y que leería en el cierre de la testimonial, hablaba de su mamá y del embarazo, también pedía que las busquen y las críen juntas. Victoría mencionó una parte de la carta: “Vayan a buscar a Donda, su hermano, que creía que tenía la humanidad para buscarme”. Su relato continuó y se refirió a dónde pasó el cautiverio su mamá. “Se que la llevaron a la tercera de Castelar, ahí funciona una comisaría actualmente. Las políticas de memoria que se llevan a cabo desde el 2004 hicieron que ahora sea considerado un Sitio de la Memoria”, contó la actual funcionaria del Gobierno provincial. “Pude ir a las celdas donde estuvieron los desaparecidos”, recordó Victoria, y manifestó que pudo hablar con una importante cantidad de sobrevivientes que estuvieron con su madre. “Me contaron que mi mamá pedía una escoba para limpiar la celda (…) Mi mamá se la pasaba haciendo chistes, pero un día la llevaron arriba, a la sala de torturas. Todos creen que ahí vio a mi papá, y estuvo un día o dos días sin hablar. Luego se la llevan a ESMA”, dijo. Por otro lado, contó que un compañero de su papá vio a José María sentado en un banco de la plaza de Castelar. Estaba todo golpeado. Victoria cree que estaba ahí para que sus compañeros se acercaran y así los atrapaban. “Era una cacería”, agregó. El aporte de quienes sobrevivieron Luego comentó cómo fue la charla que tuvo con Lydia Vieyra, quien asistió el parto y ya dio testimonio en el juicio. “Cuando empezó con el trabajo de parto, pidió que una compañera la ayudara, la llevaron a la ‘salita de embarazadas’. Sé que fue por parto natural y que nací sobre una mesa de madera”, dijo. Victoria contó que a su madre le habían puesto suero. En el momento que nació, entró el médico militar que asistía los partos, José Luis Magnacco, y cuando se fue Hilda se sacó el suero y corrió a buscar a Victoria para abrazarla. También agregó que Sara Solarz de Osatinsky le contó que su mamá tenía un familiar que participaba en los grupos de tarea de la ESMA, por eso dejaban que camine por el pasillo con los grilletes y orinaba en un balde. También le daban dos mandarinas y una se la guardaba para dársela a una compañera que estaba muy golpeada. “Puedo hablar con casi todos los sobrevivientes que estuvieron con mi mamá. Gracias a ellos pude reconstruir el recuerdo de mi mamá que no pude conocer”, manifestó Donda. En otro pasaje de su conmovedor testimonio, dijo que su abuela paterna se encontró con el papá de Victoria: “Mi abuela iba adonde papá los citara, pero le decía que no le dijera a nadie, ni a Adolfo ni a nadie”. Su otra abuela, Leontina le contó que fue a ver a Adolfo Donda para decirle que la ayude a buscarlos para saber dónde estaban los padres de Victoria y él respondió que “ellos sabían lo que podía pasarles y que él quiso ayudarlos para que se vayan y que ellos decidieron quedarse sabiendo lo que les podía pasar”. El exilio de la abuela Leontina y la relación de Donda Tigel con Yabrán “Cuando se sancionan las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, ellas se van a vivir a Canadá porque

La defensa de Adolfo Donda Tigel pidió enfrentar al imputado con la sobreviviente Alicia Ruzkowski. Fue en el juicio por la apropiación de Victoria Donda. ¿Cómo terminó el insólito intento? Redacción: Fernando Tebele/Camila CataneoEdición: Pedro Ramírez OteroFotos: Transmisión de La Retaguardia En la octava jornada del juicio que investiga la participación del genocida Adolfo Donda Tigel en el secuestro de su sobrina Victoria Donda, el defensor Guillermo Jesús Fanego interrumpió el testimonio de la sobreviviente Alicia Ruszkowski para solicitar que su defendido fuera indagado para luego someter a la víctima a un careo entre ambos. Luego de un cuarto intermedio, el Tribunal Oral Federal (TOF) N°2 compuesto por los jueces Ricardo Basílico, Daniel Obligado y Gabriela López Iñiguez desechó la pretensión. “No observamos contradicciones en la testigo”, aseguraron. De todas maneras, Donda Tiguel tomó la palabra e intentó generar confusión aduciendo que Ruszkowski dijo “que yo maté a mi hermano y a mi cuñada”. Pero ella no había dicho eso hoy. “Me dijo que su hermano que era ‘monto’ (montonero) y que su cuñada fue llevada a la ESMA y trasladada. Esas fueron las palabras que él me dijo”, había asegurado Ruszkowski acerca de lo que Donda Tigel le comentó. “Yo la he visto, pero no sé por qué fue detenida y traída a la ESMA y tampoco de quien dependía. Estaba en un lugar especial, junto con otra señora que se llama Testa (Ana, quien declarará próximamente) y estaba cercano a un lugar que yo visitaba todos los días porque era parte de mi trabajo”, intentó responderle luego Donda Tigel. Al finalizar la audiencia, en diálogo con La Retaguardia, Ruszkowski aseveró: “Ese lugar especial que él dice era el sótano de la ESMA. Ahí estábamos con Testa”. Durante su ampliación de indagatoria, el acusado primero dijo: “Nunca hablé con Alicia Ruszkowski”. Pero minutos más tarde se contradijo: “He hablado con ella en una oportunidad”. Victoria Donda nació clandestinamente en la ESMA durante el cautiverio de Hilda “Cori” Pérez. Fue entregada al prefecto Juan Antonio Azic quien la crio con su identidad cambiada hasta 2004, cuando Victoria certificó su verdadera identidad tras el cruce de ADN. Tanto Cori como su esposo (hermano del acusado), permanecen desaparecidos. Donda Tigel asegura que no sabe quién los secuestró y desapareció, y asegura que él también quiere saberlo. Hoy estuvo a punto de decir que era familiar de desaparecidos, pero se cuidó de no hacerlo: sonaría algo extraño en boca de un condenado por crímenes de lesa humanidad. “Me horrorizó lo que dijo sobre su hermano y su cuñada” Antes de Ruszkowski declaró Adriana Marcus. La sobreviviente también aportó un diálogo con Donda Tigel. En esa conversación el represor le dijo que “él tenía un hermano y su cuñada que eran terroristas y subversivos” como ella. Adriana manifestó que en aquel momento sabía que la pareja tenía una hija y que estaba al cuidado de su tío (Donda). “Muchos años después me enteré de que existía otra niña que había nacido en la ESMA. Y que había sido entregada a personal también del campo de concentración”, expresó Adriana. Respecto a esa charla que tuvieron, Adriana la catalogó como de alto “dramatismo”. Y agregó: “No era una conversación anecdótica, pero fue como de la nada. No había un contexto que invitara a hablar de ese tema. De repente me contó eso y me sorprendió. Bueno, evidentemente sí me horrorizó. Quien pudiera hablar así de su hermano y de su cuñada. Y también me horrorizó el hecho de que dijera que estaba criando a su sobrina”. Donda Tigel crió a Daniela, la hija mayor de su cuñada Hilda y su hermano, José María Laureano Donda. Emanuel Lovelli, abogado de la querella de Abuelas de Plaza de Mayo, anunció al cierre de la audiencia que Victoria Donda “está dispuesta para declarar” el próximo 13 de marzo.

Luis Facundo Guerra, hijo del referente del Partido Comunista Revolucionario (PCR) Manuel Guerra, declaró por primera vez en el juicio por crímenes de lesa humanidad del Circuito ABO. Su opinión después del cruce con el juez Jorge Gorini. La presentación de los primeros Hábeas corpus y el hallazgo de una matriz de impresión en las excavaciones de El Atlético. Redacción: Camila Cataneo (La Retaguardia)/Alejandro Volkind (Radio Presente)Edición: Fernando Tebele (La Retaguardia)Foto de portada: Transmisión conjunta de Radio Presente y La Retaguardia Manuel Guerra desapareció el 1 de noviembre de 1977. Ese día fue interceptado por hombres vestidos de civil en un bar de la Ciudad de Buenos Aires. Tiempo después se supo que estuvo en “El Atlético” cuando Teresita, su esposa, logró contactarse con el sobreviviente Humberto Amaya. Guerra fue el primer secretario de la Juventud Comunista Revolucionaria (JCR), participó del Cordobazo y fue responsable de la comisión juvenil del SMATA Córdoba, que lideraba René Salamanca. Declarar después de 45 años En diferentes audiencias se dieron detalles de cómo fue su secuestro y el rol que cumplía en el partido. En esas instancias declararon: su esposa, Teresita Castrillejo; y Rosa Nassif, compañera de militancia de Guerra. También el sobreviviente Humberto Amaya y el testigo del secuestro, Federico Westerkamp, quienes lograron aportar datos clave acerca sobre lo qué sucedió. Pero esta audiencia era muy esperada. Su hijo logró declarar luego de 45 años. Allí dio detalles de cómo fueron los primeros años y cómo continuó la lucha de la familia y sus conocidos por saber qué pasó.En medio de su declaración, el presidente del TOF N°2, Jorge Gorini, le pidió que se limitara a responder sobre el “objeto procesal” para “optimizar su testimonio”. Guerra estaba pidiendo que se investigaran los Vuelos de la Muerte que hubieran podido darse en el contexto de este circuito; también solicitó que se abrieran los archivos “Le voy a pedir unos minutos más, nosotros esperamos 45 años para declarar”, le contestó Luis Facundo. El juez Gorini intentó bajarle el tono a la discusión: “Tal vez me expliqué mal, señor. No es que esté cercenando la palabra y entendemos perfectamente las circunstancias que usted relata, pero en todas las líneas de investigación que usted propone, en realidad están en curso”. Rehacer la historia Luis tenía 11 años cuando desapareció su papá. Mencionó en la audiencia que no tiene registro de ese momento pero que gracias a lo que le fue contando su mamá pudo armar su historia. Desde el primer día de la desaparición, su madre se puso al hombro la búsqueda y el pedido de justicia. Mientras tanto, Luis pasó el primer año con la familia materna, que vivía en Mendoza. Teresita se había contactado con Madres y ahí armaron la organización en Mendoza. “Recuerdo reuniones en iglesias, donde se intentaba presentar los Hábeas corpus, o solicitadas en los diarios”, declaró Luis y siguió: “En 2003, con la anulación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, comienzan las causas. En 2006 volvimos a presentarnos en la Justicia con mi madre. Lamentablemente eso no avanzó y hubo un cambio a partir del hallazgo del cliché. Es un juicio importante, nos hubiese gustado que sea presencial, verle la cara a los represores”. El hallazgo de la matriz de impresión de un periódico del Partido Comunista Revolucionario en una de las excavaciones en lo que fue el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio El Atlético terminó de cerrar el círculo. Ese cliché estaba en poder de Guerra. Luis manifestó que “es importante que se investigue el caso con situaciones que pasaron en Córdoba, quiero decir que, actuaron servicios de inteligencia de distintas provincias. También que se investigue al dueño del Taunus. Nosotros pedimos que se investigue su legajo”. Acerca de la presentación de los Hábeas Corpus que presentaron durante la dictadura, Luis contó que lo hacían en lo que antes era la Secretaria N°6. Además contó que al día siguiente del secuestro, en el mismo juzgado, la madre presentó un Hábeas corpus y expresó que “ese juzgado fue cómplice. En esas primeras horas, impidió y trabó la investigación”. Al finalizar pidió que se avance en la investigación de las triangulaciones que hacía el Ejército y la Prefectura, respecto al destino que se le daban a los desaparecidos con los Vuelos de la Muerte. “Seguimos solicitando la apertura de los archivos, donde dice quienes dieron la orden, quienes la ejecutaron, donde está el destino final”, manifestó con gran contundencia. La lucha por saber la verdad Luego de su declaración en la audiencia, Guerra pasó por la transmisión conjunta de La Retaguardia y Radio Presente. Allí se refirió a lo duro que fue que el caso de su padre recién se tomara en este juicio, que es el quinto que se realiza por Circuito ABO. “Hace mucho que venimos peleando este juicio. Era difícil efectivamente. Era una locura que uno tuviera tantas pruebas y que no lograra entrar a una causa que está conformada. Teníamos la prueba de que lo habían visto en El Atlético, del cliché, y teníamos el dato de cómo lo habían secuestrado. Había un conjunto de elementos, que por ahí comparándolo con otras desapariciones, parecía una montaña de datos y sin embargo, siempre el sabor agridulce de los juicios parecía que no era suficiente”, expresó. También hizo hincapié en la lucha que llevaron adelante para llegar al juicio. “Haber llegado después de todo este tiempo de la lucha con Habeas corpus de mi mamá, de haber tenido que soportar esas leyes de impunidad, de haber vuelto a los juicios después del nuevo milenio y llegar, es primero una sensación de no sé si es de reparación. Siempre hay discusión con esta palabra, pero es una sensación de haber logrado una pelea de tanto tiempo y tiene un grado de conquista que definitivamente los represores que hayan actuado vayan a la cárcel y sean condenados”, señaló. También se refirió a la realización de este juicio de manera totalmente virtual: “Después está el otro aspecto

La sobreviviente de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) dio testimonio en el juicio en el que se investiga la responsabilidad de Adolfo Donda Tigel en la apropiación de su sobrina de sangre, Victoria Donda, ocurrido en el cautiverio de su mamá, Hilda Pérez, en ese centro clandestino.

Lo dijo el documentalista Gustavo Marangoni, quien realizó una investigación sobre el caso de Julio César Schwartz. El pasado miércoles declaró en la 15° audiencia del juicio por crímenes de lesa humanidad del circuito de los ex Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio “Club Atlético”, “Banco” y “Olimpo”. Redacción: Camila Cataneo (La Retaguardia)/Alejandro Volkind (Radio Presente)Edición: Pedro Ramírez Otero (La Retaguardia)Foto de portada: Transmisión conjunta de Radio Presente y La Retaguardia Julio César Schwartz era trabajador del Banco Nación y militaba en el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) “22 de Agosto”. Fue uno de los fundadores de la Cámara de Turismo de El Bolsón. El 1 de abril de 1978 fue secuestrado cuando se estaba mudando a una casa en esa localidad. Un grupo de personas vestidas de civil se identificaron como Policía Federal y lo subieron a un auto. Años más tarde se supo que estuvo en el Centro Clandestino de Detención “El Banco”. En la 15° audiencia del juicio por crímenes de lesa humanidad del circuito de los ex Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio “Club Atlético”, “Banco” y “Olimpo” declaró Gustavo Marangoni, quien manifestó que el documental que realizó “trata de la desaparición de Julio Cesar Schawartz ocurrida en El Bolsón, del silencio de todo un pueblo y el costo de una familia”. El documentalista se refirió a cómo fue la vida de Julio cuando llegó al sur del país. “Ellos en 1975 se van de Buenos Aires por razones de seguridad, luego de que le allanaran la casa. Él trabajaba en el Banco Nacional y cuando se instalaron en Bariloche pidió el traslado”, dijo. Y continuó: “En 1977 llega a El Bolsón, deja su trabajo en el banco y pasa a ser gerente durante un año en un hotel importante de la localidad. Allí vivió junto a su familia”. Gustavo contó: “Después de un año, Julio rompió el acuerdo con los dueños del hotel. Ahí compraron una casa en un barrio llamado ‘Villa Turismo’ en El Bolsón. El día que se estaban mudando, un grupo de personas vestidas de civil se identificaron como Policía Federal, y lo secuestraron. Esa noche, los hijos se fueron a la casa de unos amigos. Hubo un solo testigo de la situación, que ya murió, Jorge Gogna, quien relató lo sucedido”. También informó como la esposa de Julio se enteró de la desaparición. “Fueron a la casa donde estaba Ana, identificándose nuevamente como Policía Federal. Allí le dijeron que se lo llevan a Buenos Aires y que lo busquen ahí”, relató. Gustavo aseguró que “en El Bolsón hubo detenidos ilegales pero aparecieron. Julio fue el único caso de secuestro y desaparecido en la localidad”. En la audiencia se le consultó si hubo otros desaparecidos en las localidades cercanas a El Bolson. Gustavo comentó que no lo tomaron en la película pero que está el caso de Carlos Surraco, quien fue secuestrado el 4 de abril de 1978 en el taller mecánico de Sartor, en Jacobacci. Llegando al final de la audiencia se reprodujeron fragmentos de un cassette que contenían audios de Julio. Esos cassette formaban parte de la familia, quienes tenían la costumbre de grabarse y enviarselos a los padres de Julio y Ana para mantener contacto. Gustavo contó que en una de las grabaciones se escucha una conversación con Eduardo Guasco, quien formaba parte de la sociedad. Allí se escucha los proyectos de turismo que tenían. También recordó que, cuando estaban realizando el documental, le mostró estos audios a la esposa y se conmocionó mucho. A Julio no lo escuchaba desde que fue secuestrado. La próxima audiencia será el miércoles 8 de febrero de manera virtual, como vienen desarrollándose desde el primer día. Podés seguir la transmisión conjunta de La Retaguardia y Radio Presente en el canal de YouTube de La Retaguardia.

Viviana Buscaglia, integrante del Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia, dio detalles del “Listado de Personas Desaparecidas y Asesinadas por el Terrorismo de Estado, relacionadas con Quilmes”. Fue presentado el 22 de diciembre junto a la Secretaría de Derechos Humanos de ese municipio, en donde funcionó el Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio Puesto Vasco, Don Bosco, Quilmes. Compartimos el listado para su consulta. Redacción: Paulo GiacobbeEdición: Pedro Ramírez Otero Puesto Vasco fue otro de los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio de Quilmes, dependía de la Policía de la Provincia de Buenos Aires y formaba parte del “Circuito Camps”. El lugar permaneció en manos de esa fuerza hasta 2021, cuando fue desafectado para ser convertido en Sitio de Memoria. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) estuvo trabajando en el predio porque se cree que se realizaron enterramientos clandestinos. En ese lugar se realizó la presentación del “Listado de Personas Desaparecidas y Asesinadas por el Terrorismo de Estado, relacionadas con Quilmes”.Viviana Buscaglia, integrante del Colectivo Quilmes Memoria, Verdad y Justicia, explicó a La Retaguardia que llegar a conformar el listado implicó una investigación de muchos años. “Ya desde la dictadura que en Quilmes hubo distintos organismos que fueron armando nóminas de compañeros y compañeras desaparecidos. Fuimos encontrando que algunas tenían errores y en otras no encontrábamos la relación que tenían con el territorio”, dijo. Un detalle importante para poder relacionar a las víctimas con el territorio fue tener en cuenta los apodos, y no solo el nombre y apellido, porque eran conocidas solo por su apodo. Además la investigación realizada implicó consultar varias fuentes, contrastar información y revisar el Registro Unificado de Víctimas de Terrorismo de Estado y el archivo de la Conadep. También “los juicios por la verdad, los testimonios dados en escenarios judiciales y los archivos de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos”. “Es un listado abierto para seguir aportando. Es el primer trabajo que recoge el aporte de todos los listados que circularon en el territorio. Los hemos tomado todos para constatar, para trabajar con ellos, por eso este es superador de todos porque tiene esa colectividad que tuvieron los otros. Uno de los últimos que se presenta en Quilmes, que fue en el año 2016, es el libro ‘Arquitectura del Terrorismo de Estado’, que es la primera vez que la Universidad de Quilmes da cuenta de los y las compañeras secuestradas desaparecidas”, detalló la militante de Derechos Humanos y destacó que después de eso se reeditaron distintos listados, destacando al blog “El quilmero” y otro listado del Colegio de Abogados. “El listado comienza en el año 72 con el primer compañero que es secuestrado, un trabajador de Peugeot, muy lastimado por las fuerzas parapoliciales, después lo abandonan y alguien lo lleva al hospital de Bernal y ahí fallece. Ahí inscribimos nuestro primer muerto producto de las torturas de las fuerzas represivas y llega hasta el año 1983”, dijo Buscaglia en relación al periodo que abarca el listado. Se trata de 389 personas que nacieron, vivieron, estudiaron, trabajaron, militaron, fueron secuestradas, asesinadas, recluidas en algún centro clandestino de detención o inhumadas en el partido de Quilmes. 103 son mujeres y 286 son hombres. El promedio de edad es de 27 años. Entre las víctimas se encuentran los militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) que cayeron en el copamiento al Batallón de Arsenales 601 “Domingo Viejobueno” el 23 de diciembre de 1975.

Lo dijo el sobreviviente Daniel Ricardo Mercogliano en la audiencia 14 del juicio por crímenes de lesa humanidad del circuito de los ex Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio “Club Atlético”, “Banco” y “Olimpo”. Redacción: Camila Cataneo (La Retaguardia)/Alejandro Volkind (Radio Presente)Edición: Pedro Ramírez Otero (La Retaguardia)Foto de portada: Transmisión conjunta de Radio Presente y La Retaguardia Su relato fue crudo y duró aproximadamente dos horas. En ese tiempo dio información tanto de las diferentes torturas que se llevaban dentro de los centros clandestinos, como también violaciones a las mujeres que estaban en cautiverio. Contó cómo era aquel lugar donde estuvo encerrado, cuál era el trato de los represores. Recuperó escenas como el momento previo a uno de los Vuelos de la Muerte. Daniel Ricardo Mercogliano fue secuestrado el 19 de abril de 1977 y liberado el 6 de julio de ese mismo año. Estuvo en cautiverio en el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio Puente 12, el Club Atletico, y luego fue trasladado a la Brigada de Investigaciones de Resistencia, Chaco y al Regimiento de Infantería de Monte 29 de Formosa. Ese día llegó a la casa de su padres y un grupo de personas que portaban armas largas lo estaban esperando adentro. “Siento que la puerta estaba abierta, cosa que no me preocupó porque normalmente mi madre nos esperaba cuando llegábamos tarde”, relató Mercogliano. Al ingresar prendió la luz y alguien le puso algo en la cabeza. Comenzaron a golpearlo, luego lo esposaron y le empezaron a preguntar por su nombre de guerra y la organización de la que formaba parte. El sobreviviente se negó a responder. En ese momento, lo semidesnudaron y le pasaron un cuchillo por la garganta hasta los genitales. “Simularon que me iban a castrar”, comentó Daniel. Mucho tiempo después se enteró que su abuela estaba encerrada en el baño de plata baja y sus padres y hermanos junto a su cuñada y un sobrino de tres años estaban atados y amordazados en un dormitorio. También supo que minutos antes de que llegara a la vivienda, su hermano ingresó a la casa cuando regresaba de la facultad y comenzaron a dispararle, pero logró sobrevivir. Es el día de hoy que la escalera y los muebles de esa casa tienen las perforaciones. Luego de la golpiza que le dieron en el interior de la vivienda lo subieron a un Fiat 128. “Me sientan atrás con un tipo grandote y me hacen recostar en el asiento. Fue un viaje de aproximadamente 30 o 40 minutos”, dijo. Al llegar al Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio Puente 12, lo metieron en una celda que “era totalmente ciega, sin iluminación ni ventilación. Estaba completamente sucio y había sangre”. Esa noche se quedó en vela pero al día siguiente fue anotando los movimientos del techo. Al otro día lo torturaron durante muchas horas con la picana eléctrica, le preguntaban qué estaba haciendo en el aeropuerto de Formosa el 5 de octubre de 1975. “Yo en ese momento no tenía militancia política (…) ahí la dictadura mostró su verdadera cara”, dijo en referencia a la tortura. Daniel manifestó que en ese momento “no podía concebir que un ser humano pudiera hacer eso”. “Cuando llegué a la celda, una chica me dijo que no tome agua por 24 horas porque si no me iba a morir. Me pasó un trapito húmedo por las muñecas y por los tobillos para tratar de calmarme”, expresó Daniel sobre los momentos posteriores a la primera vez que lo torturaron. Y continuó: “Cada vez que escuchaba que se abría el cerrojo de las celdas temblaba porque tenía miedo de que me lleven de vuelta a la sala de tortura”. Su relato siguió: “Éramos tantos que nos ponían de a dos. A mí me toca con un compañero que después supe que se llamaba Eduardo Pena. En un momento se quedó dormido y empezó a hablar. Él pedía que su mamá atendiera el teléfono y yo, a modo de consuelo, le digo: ‘Espera, espera, que ya te va a atender’. De repente alguien me levanta de los pelos y me tira contra una pared y me golpea, me sube como a una tarima o un escalón y me hace tomar una posición, donde tenía que apoyar la punta de los dedos sobre la pared en un ángulo de 45 grados. Ahí me comenzaron a pegar en la espalda, en el pecho y en todo el cuerpo. Se me acalambraban las piernas y me caía. Cada vez que me movía me pegaban”. Tiempo después se enteró de que era una práctica habitual de un represor llamado “Kung fu”. “Allí dentro, todos los privados de la libertad estábamos en total indefensión general. No había posibilidad de nada. Estaba todo el mundo maniatado y engrillado. Todos la pasábamos mal. Las mujeres y los judios la pasaban peor. Ni hablar si éramos mujer y judía”, manifestó Daniel. El 2 de mayo sacaron a todos de la Leonera y los sentaron en un patio interno. Allí les dijeron que los iban a meter en los tubos. “Mi celda era la 22 y tenía los camastros separados”, contó. Su compañero se llamaba Alberto Tomas Aguirre era correntino y militaba en la Juventud Peronista. “Días y noches escuchando constantemente gritos, llantos, golpes, obscenidades. Hoy tengo grabado muchos de esos gritos. Había compañeros sometidos a trabajo esclavo”, contó Daniel y mencionó a Laura Perez Rey, una compañera que lo atendía en la enfermería. Ella estaba en cautiverio y la hacían trabajar de manera esclava. En ese entonces la conoció como “Soledad”, que era su nombre de guerra. Recuerda a Ofelia Alicia Cassano y a Elizabeth Kasselman, entre las secuestradas que lo cuidaron luego de la tortura. Tercerizar la violencia El sobreviviente recuerda que una noche lo llevaron a las celdas y en ese momento se encontraba hablando con una compañera que se llamaba Maria Ines Lopez Gomez y le decían “la Negrita”. Su celda daba a un pasillo y ella siempre

Lo dijo la abogada francesa Sophie Thonon, quien representó a nuestro país en el pedido de extradición contra el genocida condenado esta semana a 15 años de prisión por el caso de Hernán Abriata. Redacción: Ailín BullentiniEdición: Fernando TebeleFoto de portada: Captura Transmisión La Retaguardia/La Colectiva El teléfono de Carlos Loza sonó minutos después de que el juez Fernando Canero, en su rol de presidente del Tribunal Oral Federal N°5 de la Ciudad de Buenos Aires, diera por concluído el sexto debate que, en la historia del proceso de juzgamiento de los crímenes de la dictadura, revisó aquellos que tuvieron lugar especialmente en la ESMA y con el caso de Hernán Abriata. Atendió.  –Lo logramos, Carlos –le dijo Sophie Thonon desde París. Lloraron juntos.  Algunas horas después del veredicto del tribunal argentino que condenó a 15 años de prisión a Mario Sandoval por el secuestro de Hernán Abriata, en octubre de 1976, y las torturas que sufrió en el centro clandestino desde el que la Armada gestionó el terror durante la última dictadura en plena ciudad de Buenos Aires, a metros de la General Paz, la abogada Thonon dijo, otra vez al teléfono, ahora con La Retaguardia, que está “muy feliz”. “Para mí fueron 12 años de espera por un juicio que lo condenara, pero para la familia de la víctima y para quienes como Carlos lucharon para que este momento llegara, fueron 46. Y eso es muchísimo tiempo. Siento una gran satisfacción por el trabajo realizado”, reflexionó.   Es que el trabajo de Thonon tuvo mucho que ver con la condena que el miércoles recibió el inspector de la Policía Federal que comandó la patota de la ESMA durante el operativo de secuestro de Abriata, la madrugada del 30 de octubre de 1976. Fue la abogada que llevó a cabo el proceso judicial de extradición de Sandoval desde París, Francia, una vez que el juez que entonces estaba a cargo de la causa que investiga los crímenes de lesa humanidad de la ESMA, Sergio Torres, solicitó juzgarlo por más de 500 casos de secuestros y torturas contra gente que allí estuvo cautiva durante el genocidio argentino. Finalmente, solo se lo envió a Argentina por el caso de Abriata, pero se lo pudo juzgar y condenar.  Thonon celebró que el fallo definiera los hechos como crímenes de lesa humanidad, algo que la mantenía preocupada. “La decisión de extradición fue muy clara y precisa: a Sandoval se lo extraditó por imposición de torturas, privación ilegal de la libertad agravada, crímenes contra la humanidad, cometidos contra Hernán Abriata”, subrayó. Festejó, además, ya que el fallo “confirma que Argentina no claudica y que a pesar de algunas excepciones sigue en su camino de ser ejemplo del mundo en juzgar genocidas”.  La abogada insistió en aclarar que si bien en 2019 solo se refirió al caso Abriata, el proceso de extradición no clausura que el represor pueda ser investigado, procesado, juzgado y condenado por los alrededor de 500 sobre los que hay sospechas. “Francia decidió que en el caso de Abriata las pruebas eran contundentes, no así las que acompañaron los otros casos. No obstante, no hay ningún impedimento para que abogados de esas víctimas y otros actores del proceso pidan a jueces argentinos que soliciten extender la extradición de Sandoval por esos otros casos, pruebas nuevas mediante, pruebas con sustento más sólido”, explicó.  Los obstáculos superados Desde 2012, fueron casi 8 años de sortear instancias judiciales en las que el represor se metió en el expediente para evitar que lo subieran a un avión y así enfrentar a la Justicia argentina. Sandoval llegó a París en 1987 donde, sin negar su pasado de Policía Federal en Argentina, vivió libre y tranquilo la vida de profesor universitario y experto en Seguridad que se inventó, que le permitió dar conferencias, participar de negociaciones en conflictos internacionales, integrar la nómina de profesores de la exclusiva universidad parisina Sorbonne. Todo bien para él, hasta que un artículo publicado en Página/12 en 2008 reveló esa otra parte de su pasado tan experto él en ocultar: su participación en el plan sistemático de secuestros, torturas y exterminio que sucedió en Argentina.  La noticia fue recogida por varios medios locales y regionales a los que, por supuesto, Sandoval se encargó de querellar por difamación. Thonon fue la representante legal de uno de esos medios. “Entonces conocí a Sandoval, quién era, de qué se lo acusaba. Hasta entonces, no sabía quién era”, contó. Aquel juicio duró unos dos años y se resolvió en favor del medio digital al que representó la abogada, que recordó la última audiencia: “Era un tribunal provincial que no estaba para nada acostumbrado a resolver este tipo de casos. De repente, se encontró con una sala repleta por 200 personas con pancartas, con fotos de Hernán Abriata, y falló en contra de Sandoval”.   Al poco tiempo, el juez federal Torres solicitó a Interpol una orden para que lo capturaran y al gobierno francés un pedido para que lo enviaran a Argentina: Torres quería indagarlo por haber formado parte del grupo de tareas 3.3.2. de la ESMA. El secretario judicial que trabajó la vinculación de Sandoval con el centro clandestino que funcionó en el Casino de Oficiales del predio de Avenida del Libertador fue Pablo Yadarola, hoy juez en lo Penal Económico N°2 y parte del viajecito que Clarín les pagó a miembros del Poder Judicial hasta la estancia de Joe Lewis, en la Patagonia, all inclusive.  Se sabía: Sandoval no la haría fácil. Entonces, Argentina contactó a Sophie Thonon para que llevara el proceso de extradición por los vericuetos en donde el represor lo intentara llevar con el objetivo de echarlo por tierra. El juicio por difamación que Thonon le ganó a Sandoval no era el único elemento dentro del currículum de la abogada que la convertía en la letrada perfecta para llevar adelante la batalla por la extradición. En 1990 fue la querellante en el juicio en ausencia que en Francia se llevó a cabo contra