Puente 12 III -día 4- Por detrás de mi voz otra voz canta

Carolina Llorens dio un testimonio conmovedor en el que recorrió las historias de su familia diezmada durante el genocidio. Entre las duras vivencias, la hija de Sebastián Llorens y Diana Triay contó cómo su abuela consiguió probar su relación a través de un vestidito, ya que casi no habían tenido contacto. Terminó cantando una canción popularizada por Viglietti cuyo fragmento compartimos. Redacción: Carlos RodríguezEdición: Fernando Tebele Luego de un emotivo relato sobre el secuestro de sus padres y la persecución que sufrió toda su familia, María Carolina Llorens reclamó que “la justicia llegue para los militantes populares” y para “los que luchamos por eso”.  Carolina leyó una carta escrita en 1972 por su madre, Diana Triay, en la que reivindicaba “la justicia revolucionaria, de los desposeídos” por encima de “la justicia de los que lo tienen todo, de los que asesinan y secuestran cobardemente a los militantes populares”.  María Carolina Llorens es hija de Sebastián Llorens y Diana Triay, militantes del PRT-ERP torturados y asesinados en Puente 12. Cuando secuestraron a sus padres, ella tenía un año y medio; y su hermano Joaquín, apenas cuatro meses.  Los dos fueron llevados a Casa Cuna y su abuela materna, que no tenía papeles para demostrar el parentesco, tuvo que describir en detalle, ante una jueza, el vestidito que ella le había hecho a su nieta y que la niña llevaba puesto en una foto que se había publicado en el diario La Razón para ubicar a los familiares “de dos chicos abandonados” tras el secuestro de sus padres.  Al declarar en el tercer juicio por los crímenes de lesa humanidad en Puente 12, Carolina Llorens hizo un dramático recorrido por los secuestros, asesinatos, allanamientos y atentados con bombas sufridos por sus familias maternas y paternas. También reivindicó “la lucha permanente de mis cuatro abuelos para buscar y pedir justicia por mis padres”.  Aunque eran nacidos en Córdoba, la familia vivía en  Mendoza, pero el 8 de diciembre de 1975, cuando se produjo el secuestro de sus padres, todos estaban en Buenos Aires.  “Mis padres eran militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y entre los años 1973 y 1975, sus actividades estaban centradas en Mendoza”. Sin embargo, en esa fecha su madre había viajado a la Capital Federal para “cubrir tareas de logística nacional” del PRT-ERP. Carolina reconstruyó lo sucedido con sus padres, con información que le dieron militantes amigos de la familia.  El día del secuestro, su madre estaba ilusionada porque la familia iba a estar junta en Buenos Aires después de algún tiempo separados. A la vez, estaba preocupada porque sabía del secuestro de algunos compañeros, entre ellos Ricardo Elías Abdón.  “Mi mamá estaba preocupada porque teníamos que mudarnos a un lugar seguro”. Diana Triay, mientras seguía buscando ese “lugar seguro”, reunió a su familia en un departamento del décimo piso de Callao 1158.  “En la madrugada del 9 de diciembre entró una patota que al principio no dijo a qué fuerza pertenecía, pero luego se identificaron como policías”, según el testimonio del portero del edificio. Luego de revolver todo el lugar, la patota se llevó a sus padres.  Los dos chicos, de cuatro meses y un año y medio, quedaron a cargo del portero, quien denunció la situación a la comisaría cercana. “A mí y a mi hermano nos llevaron a Casa Cuna” y se abrieron dos causas, una por el secuestro y otra por la situación de abandono en la que se encontraban los niños.  En medio de tal desgracia, tuvieron la suerte de que en el caso de los dos hermanos intervino la jueza de menores de la Capital Federal Alicia Oliveira. Años después, en 1979, Oliveira fue fundadora, junto con Emilio Mignone y otros abogados, del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS).  Carolina dijo que la actuación del juzgado de menores fue “una de las pocas acciones de justicia que nos amparó en ese momento”. El resto de la familia de los chicos seguía viviendo en Córdoba, y no tenía conocimiento de que los padres y los niños estaban en Buenos Aires. El juzgado decidió sacar una foto a los chicos y publicarla en la edición del sábado 13 de diciembre del diario La Razón. El texto informaba: “Se encuentran desamparados estos niños, ante el secuestro de sus padres”.  En Córdoba, los familiares de los chicos no leían La Razón. Tiempo después, tomaron conocimiento por dos llamados telefónicos. Uno fue de Ofelia Paz, quien había estado secuestrada en Puente 12, donde conoció a Diana Triay. Como la mamá de los chicos sabía que Ofelia iba a recuperar su libertad, le dijo que memorizara el número telefónico de un familiar, para que buscaran a los chicos. Ese llamado fue hecho “el 13 o el 14 de diciembre” de 1975.  El otro contacto telefónico fue de Yolanda Ripoll, que aportó en clave el dato publicado en el diario: “Ha sucedido un accidente, fíjense en el diario La Razón del 13 de diciembre”, fue lo que dijo.  Al tomar conocimiento de la situación, se trasladaron a Buenos Aires Carolina Durán de Triay, abuela materna, y Nilda Triay, tía de los chicos.  El 11 de diciembre María Nocetti de Angeleri, secretaria del juzgado de Oliveira, fue a Casa Cuna donde realizaba tareas comunitarias y aceptó asumir la guarda transitoria de los dos niños.  Cuando llegaron los familiares de Córdoba, el problema era que ellos no tenían forma de demostrar su parentesco con Carolina y Joaquín. La niña había sido anotada en el Registro Civil, pero su hermano bebé no tenía ningún papel. “No había ADN, no teníamos fotos con nuestros familiares”, a los que habían visto muy poco, no había forma de probar el parentesco. “A la edad que yo tenía, no podía reconocer a mi abuela porque no teníamos familiaridad”, porque se habían visto una vez en Mendoza.    Ante ese impedimento, “otra vez aparece lo fortuito, porque en la foto del diario yo tenía puesto un vestidito que había hecho mi abuela”. Esa fue “la prueba” que … Sigue leyendo Puente 12 III -día 4- Por detrás de mi voz otra voz canta