“TENÉS ESTA POSIBILIDAD O LA MUERTE, NO SEAS BOLUDO”
Por LR oficial en Derechos Humanos, Megacausa D2 de Mendoza - publicado el 24 junio 2025
El testimonio de Nelio Neirotti en la Megacausa D2 de Mendoza fue estremecedor. Sin perder nunca su tono pausado, el profesor universitario realizó un relato detallado de su paso por el Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio más grande de la provincia. Pasó por el horror, pero también por la solidaridad entre las personas secuestradas.
Redacción: Paulina Ramos Medina
Edición: Fernando Tebele
El Tribunal Oral Federal Nº1 de Mendoza lleva adelante el 13° juicio por crímenes de lesa humanidad cometidos en la provincia durante el último genocidio. Se trata de la Megacausa D2, que juzga a 28 ex integrantes del Departamento de Informaciones de la Policía de Mendoza, acusados por delitos perpetrados contra más de 300 personas entre 1974 y 1981.
El debate aborda de manera integral el papel del D2 en el plan represivo, desde sus inicios en la persecución a militantes y organizaciones políticas incluso antes del golpe de Estado. En su sede funcionó el principal centro clandestino de detención de Mendoza. Los imputados -15 son juzgados por primera vez por delitos de lesa humanidad- enfrentan cargos por secuestros, tormentos, homicidios, abusos sexuales y violaciones. Entre las víctimas, hay más de una docena de personas que eran menores de edad al momento de los hechos.
A lo largo de 47 audiencias, el juicio ha permitido reconstruir, a partir de testimonios de sobrevivientes, familiares y peritos, el funcionamiento del engranaje represivo y el impacto de la represión ilegal en la sociedad mendocina.
En la jornada del jueves 12 de junio prestó declaración de manera virtual, el sobreviviente Nelio Neirotti, secuestrado el 29 de marzo de 1976. Su testimonio recuperó escenas del cautiverio, las amenazas, los traslados arbitrarios, y la red de solidaridad que permitió a muchas personas resistir. “Colaborá o te vas a la tumba”, le decían sus torturadores, mientras intentaban quebrarlo con violencia física y psicológica.
La audiencia fue presidida por el juez Alberto Carelli, titular del TOF 1 de Mendoza, con la intervención del fiscal auxiliar Daniel Rodríguez Infante, a quien entrevistamos luego en La Retaguardia.
La voz de Nelio Neirotti, a 49 años de su secuestro
Nelio Neirotti tenía 23 años cuando lo secuestraron. Fue el 29 de marzo de 1976, en la ciudad de Mendoza, a pocas cuadras de su casa, en Garibaldi 23. Lo interceptaron civiles armados que lo subieron por la fuerza a un auto. Era dirigente universitario y militante en las facultades de Ciencias Sociales y Ciencias Políticas.
Fue llevado al “palacio policial”, como se conocía entonces a la sede del Departamento de Informaciones (D2) de la Policía de Mendoza, uno de los principales centros clandestinos de detención del país. Lo bajaron a un sótano, lo desnudaron y lo ataron a un banco con tiras de caucho. Le aplicaron picana eléctrica en el pecho, en la cara, en las piernas, en la boca y en los genitales. Le pedían nombres, movimientos, contactos, información política. La escena era delirante: gritos, amenazas, discursos supuestamente patrióticos. “Tenés esta posibilidad o la muerte, no seas boludo”, le decían, mientras otro justificaba la represión como un pedido de la presidenta: “Vinimos a salvar el país […] Venimos a terminar con la subversión”.
Durante su paso por el D2, compartió cautiverio con otros militantes. Recordó con emoción a José Nardi, Héctor Chávez, Alicia Peña. “Las canciones de Alicia me emocionaban”, dijo. Se refirió particularmente a Pueblo blanco, de Joan Manuel Serrat, que ella cantaba bajito en los momentos de calma. En ese infierno, la solidaridad fue refugio. A veces bastaba una mano en el hombro, un gesto, una palabra para sobrevivir.
Después vinieron los traslados. Primero al Liceo Militar, donde se negaron a recibirlo por el estado físico en que llegaba. Luego, a la cárcel de Mendoza. Más tarde La Plata, Resistencia, Rawson, Caseros. Pasó por pabellones de presos políticos, regímenes de aislamiento, calabozos conocidos como “los chanchos”, donde ni agua había. Allí, fue asesinado Marcos Ibañez, un compañero, denunció. También relató “boleos” constantes: traslados repentinos, sin previo aviso, para cortar lazos, quebrar ánimos y sembrar el terror.
Una mañana lo convocaron a una reunión inesperada, con el entonces ministro del Interior, Albano Harguindeguy. El general le informó que su salida del país había sido aprobada. Neirotti no quería irse y pidió garantías para quedarse. No se las dieron, porque “no había opción”. El 3 de octubre de 1980, partió al exilio en Estados Unidos, en el marco del programa de visas para refugiados políticos impulsado por el presidente Jimmy Carter. Antes de subir al avión, lo golpearon. Otra vez.
Neirotti declaró de manera virtual en la jornada 47 de la Megacausa D2 que se juzga en Mendoza. Al concluir su testimonio, agradeció la oportunidad de contribuir a la justicia y reafirmó su compromiso con la memoria, y la verdad.
“El D2 fue el engranaje más notable del aparato represivo en Mendoza”
Durante una entrevista con La Retaguardia, el fiscal auxiliar de la Unidad de Lesa Humanidad de Mendoza, Daniel Rodríguez Infante, subrayó la magnitud del juicio. Lo definió como un proceso clave, tanto por la cantidad de víctimas como por el carácter estructural que tuvo el D2 dentro del aparato represivo en Mendoza.
“Es central para nosotros porque es el de mayor envergadura”, explicó, en referencia a las más de 300 personas que pasaron por ese centro clandestino entre 1974 y 1981, y a los más de 50 acusados que tuvo la causa en su origen. En la actualidad, unos 30 imputados continúan en juicio. El D2, explicó Infante, funcionó de manera dual: como centro de detención y como núcleo de inteligencia y coordinación operativa en conjunto con el Ejército y las Fuerzas Aéreas.
Además de poner en evidencia la sistematicidad del plan represivo, la causa vuelve sobre patrones que han aparecido en juicios anteriores: la articulación entre fuerzas, la participación directa de la policía provincial bajo órdenes militares, y la aplicación de torturas, abusos y censura dentro de los centros clandestinos.
El fiscal remarcó que el juicio se encuentra en la fase testimonial y aclaró que, si bien Nelio Neirotti había declarado anteriormente, esta fue la primera vez que lo hizo como víctima directa. “Eso permitió incorporar nuevos elementos sobre su cautiverio. Además, sabemos que estos juicios son muchas veces una instancia de reparación para quienes declaran”, sostuvo.
Finalmente, comentó detalles sobre el escrito que la Fiscalía presentó, que reconoce formalmente a las infancias como víctimas directas de delitos de lesa humanidad. “En muchos operativos, los niños eran testigos, agredidos o llevados con sus madres a los centros clandestinos. Son delitos que deben ser juzgados. Esta presentación busca sistematizar esos casos que, históricamente, fueron relegados por otros de mayor prioridad”, concluyó.
Aunque este planteo no forma parte del juicio D2 en curso, busca abrir camino para una causa específica centrada en la violencia ejercida sobre las infancias durante el último genocidio .


