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El próximo 25 de junio Norita, la película que narra la historia de Nora Cortiñas, será estrenada a nivel mundial en el Festival de Cine Dances With Films 2024 de Los Ángeles. El film codirigido por el australiano Jayson McNamara y Andrea Tortonese es una maravilla de principio a fin, que podrá verse en nuestro país recién cuando termine la ronda de festivales. Mirá el trailer oficial. Redacción: Fernando Tebele Edición: Eugenia Otero La última vez que vimos a Nora Cortiñas fue hace algunas semanas, cuando le mostraron el corte final de la película que narra su historia de vida y de lucha. Se la notaba contenta por el resultado artístico. Norita, la película de Jayson Mc Namara en codirección con Andrea Tortonese, tiene producción de Gustavo Santaolla, Jane Fonda, Melissa Daniels, Sarah Schoellkopf y Francisco Villa, quien sobresale en la dirección de fotografía. Sin dudas el documental está a la altura de su protagonista. El mismo día de su partida, Mc Namara anunciaba en sus redes sociales el estreno mundial: “Murió Norita a sus 94 años. Se fue habiendo logrado mucho, menos encontrar a su hijo Gustavo desaparecido desde 1977. Parece irreal que el mismo día de su muerte se anuncia públicamente el estreno mundial de la película que hicimos junto a ella, la que tanto esperó y que felizmente pudo ver hace unos meses en BA. Nos toca una hermosa tarea ahora: gritar su nombre y compartir su historia en todos los rincones del mundo, para fortalecer el ‘Nunca Mas’ por el que tanto luchó”.   En tanto, en el bellísimo portal del film, se conocieron las coordenadas: “NORITA tendrá su estreno mundial en el Festival de Cine Dances With Films 2024 en Los Ángeles, CA. La película se proyectará en el mundialmente famoso Teatro Chino TCL.”. Hace unas horas, Mc Namara, quien ya dejó su huella con El Mensajero, un documental acerca de la vida del periodista Robert Cox, dejó otro mensaje conmovedor: “¡Como le hubiera gustado a Norita estar en la alfombra roja! Charlando sobre los secretos de la peli que aún no podíamos compartir públicamente, se refería a “la Fonda” y “la Klein” (Naomi Klein). Era la comandanta y había que pedirles a las compañeras una firma para solicitadas en contra de la deuda externa. !”. Luego de 5 años de intenso trabajo, que comenzó de manera artesanal y terminó con una producción envidiable, Norita inicia su recorrido por festivales en los que, para participar, la película no puede haber sido mostrada en cines. Habrá que contener la ansiedad y esperar varios meses para el estreno en Argentina. Para cuando eso suceda, el nivel de extrañarla será inocultable, pero aunque sea en las pantallas, volveremos a encontrarla viva, hermosa y brillante.

El poeta, escritor y periodista habló con La Retaguardia sobre su nuevo libro La revolución es un sueño eterno. Conversaciones con Eduardo Belliboni. También reflexionó acerca de la  cultura y del presente del país. El viernes 24 será reconocido en la Legislatura porteña como Personalidad Destacada de la Cultura. Entrevista: Fernando TebeleRedacción: Julián BouvierEdición: Valentina MaccaroneFoto: Archivo ANRED  José Tcherkaski es poeta, escritor y periodista, entre otras cosas. Es de esas personas que, aún a sus 81 años, toman y hacen muchas tareas. Escribió canciones emblemáticas para nuestro país, como ‘Para el pueblo lo que es del pueblo’, ‘Mi viejo’, o ‘Coplas de mi país’, que fueron instaladas en nuestro cancionero popular a partir de la voz y la guitarra de Piero. “A mí me cuesta mucho darme un título. Me siento periodista, me siento un entrevistador y creo que escribí canciones que han tenido y tienen su suceso. Y, para mí, la poesía es algo muy complicado, muy difícil. Por supuesto que la trabajo, pero es un título casi nobiliario. La poesía es muy compleja. Es un juego que a mí me interesa, pero me siento más un buen entrevistador y un tipo que ha hecho canciones que indudablemente tiene mucho éxito acá y a nivel internacional”, se presentó Tcherkaski. El viernes 24, se le hará un reconocimiento como Personalidad Destacada de la Cultura, en la Legislatura porteña, luego de haber sido propuesto por el dirigente piquetero Eduardo Belliboni y tomado por los legisladores del Frente de Izquierda y de Trabajadores – Unidad (FIT-U). “Según me explicaron, cuando te nombran es porque todos los diputados están de acuerdo. Tiene que ser por unanimidad. Ahora lo que más me interesa, es que en esa unanimidad está incluso la gente de Milei, debería preocuparme, ¿no?”, dijo entre risas José. Actualmente, el periodista está presentando un libro titulado La revolución es un sueño eterno. Conversaciones con Eduardo Belliboni. Tcherkaski dice tener cierta simpatía por el peronismo. Aunque no se considera militante, siente que el movimiento lo mira con simpatía. Con la intención de conocer más sobre este Belliboni, militante y piquetero,  comenzó a entrevistarlo y surgió la idea de publicar este libro. “A Belliboni no lo conocía, lo vi en televisión. Luego lo entrevisté y me resultó un tipo muy amable. El título del libro es el mismo que el de una novela de Andrés Rivera. Él es un gran fanático de la música, incluso toca la guitarra en un grupo de rock. Es un personaje muy llamativo. Y establecimos una relación cordial. Se podría decir que somos amigos, aunque yo lo provoco para que nazca la discusión política. Discrepamos en algunas cuestiones: creo que el pensamiento revolucionario está terminado. veo vocación revolucionaria en ningún pueblo del mundo. Pero yo tengo que respetar la ilusión de ellos, que es hacer la revolución. Por eso el título del libro: “La revolución es un sueño eterno”. Él me dice: ‘Yo voy a seguir soñando con la revolución después de muerto’. Son sueños respetables”, explicó el autor. Por otro lado, Tcherkaski agregó algunos datos que le interesan de Belliboni: “Es un hombre de bien. Vive en Burzaco, en un barrio que construyó Perón hace muchos años, en  un departamento de dos ambientes. Vive con su compañera y tienen una vida muy modesta. Ellos tienen convicción y además es mucha la gente que se mueve alrededor de este movimiento. No son dos gatos locos. Son muchos. Además, él es un luchador, que yo respeto eso. Hace poco estuvo internado, lleva un by-pass y 64 años. Tiene que cuidarse. Pero es un tipo que está absolutamente obsesionado con sus ideas y con sus piquetes y luchas. Eso no quita que yo crea que ideológicamente están en un lugar que no representa el paisaje de las ideologías actuales. Pero merece una conversación amable, que también es intensa como cualquier discusión”, contó el autor de La revolución es un sueño eterno. Además, La Retaguardia le consultó a Tcherkaski cómo analiza las denuncias realizadas por el Gobierno nacional a las organizaciones sociales sobre supuestos robos o extorsiones a quienes acceden a planes sociales por ser militantes de esas agrupaciones: “Con las características de movimientos como el Polo Obrero, con la cantidad de almas que mueven, puede ser que haya tres o cuatro descarriados que se quedan unos mangos. Bajo ningún punto de vista creo que Belliboni se enriquezca con dinero de la gente humilde. Conocí cómo vive, su departamento. Creo que es una provocación al pueblo, a los que trabajan para que la gente tenga comida. Milei le está cortando la posibilidad de comer a mucha gente, por su enojo con prácticamente todas las organizaciones sociales y políticas”, dijo el periodista. Para finalizar, Tcherkaski habló sobre la actualidad política y social del país: “Para mi es muy sorprendente lo que estamos viviendo. Tengo 81 años y recuerdo la época del 55, que es cuando le hacen el Golpe de Estado a Perón. De ahí en adelante tengo recuerdos. Sacando a los militares, veo esto y pienso que es un gran delirio, con una enorme aceptación de la gente. Creo que esto merece una lectura, porque va más allá de Milei. Creo que la gente, el pueblo, ha sido traicionado, está enojado, y con razón. Comparto ese enojo. Se interrumpieron muchas ilusiones. El kirchnerismo es muy responsable de lo que ha pasado en Argentina, en estos últimos 20 años. Del peronismo rescato cosas que son valiosas y otras que no. Básicamente, tengo un pensamiento nacional, argentino. Lo que veo hoy es que acá pasan las cosas más insólitas y nadie dice nada. La gente está pasando hambre. La gente se queda sin trabajo. Al tipo le importa tres pepinos, parece un emperador. Veo que hay una resignación de la dirigencia. Creo que la dirigencia política está muy desorientada, y este tipo hace lo que quiere. Por ejemplo, el tipo se toma un avión del Estado para ir a un Congreso particular donde todo lo que dice es absolutamente demencial. O,

Lo dijo Almudena González, protagonista de El viento que arrasa, séptima película de la directora argentina Paula Hernández. Esta road movie, adaptación de la novela homónima de la escritora Selva Almada, se estrenó en un contexto de fuertes recortes al cine nacional. La actriz conversó con La Retaguardia acerca de su experiencia durante la grabación de la película y sobre la importancia de continuar resistiendo desde el cine. Redacción: Valentina MaccaroneEdición: Pedro Ramírez Otero El viento que arrasa llegó a los cines durante marzo de este año, casi en simultáneo al anunció de la serie de recortes que atraviesa el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA). Luego de recorrer distintos festivales internacionales, la película llegó a las salas del Cine Gaumont, pero sin la certeza de que este espacio continúe funcionando. A pesar de tantos ataques e incertidumbre para el ámbito del cine nacional, es para festejar el estreno de una nueva película de la directora Paula Hernández. En esta coproducción argentina-uruguaya, se sigue de cerca (muy de cerca) la vida de Leni (Almudena González), una joven que acompaña a su padre, un reverendo evangélico (Alfredo Castro), en sus prédicas por distintos pueblos del litoral argentino durante los 90.  Almudena González, protagonista de la película, cuenta su experiencia en la piel de este personaje y delinea un panorama respecto del cine nacional. —¿Cómo llegas a El viento que arrasa? —Me llegó el casting en marzo de 2022. Al principio, tuve que mandar un monólogo filmado en mi casa y después empezaron una serie de encuentros presenciales con la directora y otros actores, hasta llegar a una última instancia donde viajé a Uruguay para encontrarme con el equipo entero. Fue un proceso largo que duró cinco meses en el que estuve muy nerviosa, ansiosa y con muchas ganas de quedar en el proyecto. En 2018, había leído la novela en la Universidad Nacional de Las Artes (UNA) donde hago la Licenciatura en Actuación. Ahí, me dieron El viento que arrasa y Ladrilleros, otra novela de Selva Almada, como material de texto. También  conocía a Paula Hernández por las películas que había visto de ella. Por eso me hacía mucha ilusión ese cruce entre literatura y cine, y de dos mujeres artistas que, genuinamente, admiro mucho. Almudena explicó que, como había leído la novela años antes de comenzar las grabaciones de la película, al leer el guión lo leyó como un texto nuevo, sin entrar en grandes comparaciones. “Los personajes tienen algo del mundo literario, porque son personajes de mucha composición. Pero me parece que puede ser un material en sí mismo el guión. Está basado en la novela, pero es una readaptación. Hay muchas cosas que están en el guión y en la novela no, y viceversa”, detalló la actriz. De hecho, el punto de vista desde el cual se narra la historia cambió. En la novela, se despliega el relato a partir de una charla entre Gringo (Sergio López) y el Reverendo. En cambio, en la película, es a partir de la perspectiva de Leni: cómo transita el hecho de acompañar a su padre sin tener una casa fija, sus incomodidades y cuestionamientos.    —Se suele decir que los papeles en los que un actor o una actriz quedan seleccionados siempre tienen algo que ver con sus propias historias. ¿Cómo fue el proceso de ponerte en la piel de Leni? ¿Alguna de las capas del personaje te interpela especialmente? —Para mí, interpretar a Leni fue algo muy novedoso y que me enseñó un montón de cosas. Algo del personaje es su simpleza, su observación y desconocimiento sobre el mundo. Es un personaje que tiene muchas menos herramientas que yo, Almudena en la vida real. Hay un texto en la película que dice: “Todo lo que sé, lo aprendí de mi papá”. Como que hay algo ahí mucho más precario en un imaginario. Eso me llevó a entrar en zonas súper desconocidas, sorprendentes e interesantes para mí. Después, también, meterme en el mundo de lo religioso. Yo soy una persona atea, no tengo educación religiosa. Fue súper interesante, porque al principio lo primero que me salía era juzgarlo y creo que el gran desafío de todo el proceso que atravesé fue no juzgarlo. Dejar que eso me tomé a mí, más que yo controlar a ese universo y a este personaje. Hubo un proceso de ensayos de un mes y medio previo a filmar la película donde trabajamos los acentos con una foniatra, porque es una piba (Leni) que está en la frontera. No está especificado en la película si es Chaco, Entre Ríos, con Uruguay. Y yo soy porteña, nací y viví en Capital Federal. Al principio, dije “Uh, bueno, tengo que llegar a hablar así”. Después, me di cuenta de que el acento era más un medio que un fin, que me metió en zonas desconocidas.   —¿Qué significó esta película en tu carrera? —En lo personal, sacando el lado más profesional, fue un antes y un después. Es la segunda película que filmo, la primera fue Argentina 1985. Lo viví con mucha intensidad. Fueron 33 días de rodaje. Me fui a vivir dos meses a Uruguay y estuve lejos de mí casa, de mí gente. Fue una experiencia no solo profesional, sino humana. Aprendí un montón de cosas. Me reencanté del cine que es una tarea muy intensa, demandante y hermosa. Cuando uno ve una película, no concibe la cantidad de gente que hay trabajando en esa película, además de los actores o el director que son las caras más visibles. También aprendí de la entrega que tenemos los actores, de que una vez que uno arranca un proceso ya entrás en algo medio incontrolable y misterioso que tiene la actuación. Y, a su vez, todo el trabajo y esfuerzo que requiere eso. En total, entre ensayos y rodaje, fueron cuatro meses de trabajo a fondo. A veces, volvía al hotel a dormir y seguía pensando en cosas de lo que habíamos hecho en el

El 8 de mayo se estrenará en el Cine Gaumont el documental “Amplificadas”, sobre la colonia de vacaciones de invierno para chicas y disidencias de entre 7 y 17 años que funciona en una escuela cooperativa en la Provincia de Buenos Aires. Sol Bembibre, una de las creadoras, pasó por el programa radial Escuchame una cosita y habló acerca del proyecto. Entrevista: Silvio Florio / Carla Zurrián / Braulio DomínguezRedacción: Braulio DomínguezEdición: Valentina Maccarone / Pedro Ramírez OteroFotos: Carla Zurrián Chicas amplificadas es una colonia de rock en vacaciones de invierno para chicas y disidencias de entre 7 y 17 años. Durante la semana en la que se desarrolla, cada una aprende a tocar un instrumento, arman bandas de rock, componen melodías y sus letras. El último día se presentan ante el público. Se realiza en una escuela cooperativa de Martín Coronado, Provincia de Buenos Aires. Cada banda tiene manager o asistente y productora. Incluso, diseñan su logo y estampan sus remeras.  Sol Bembibre, una de las creadoras,  explicó cómo es la dinámica de trabajo: “Usamos la música como una excusa para poder hablar y expresarnos de todas las violencias y desigualdades de género  que nos atraviesan”. Además, reflexionó: “En todas las series de Disney, nos hacen competir, a ver quién es la más linda, quién tiene el chico, o en el ámbito de la música Tini versus Lali. Nunca aparece cómo trabajar en conjunto, y juntas podemos hacer cosas increíbles”.  —¿Qué cosas que hayas visto en estos encuentros te sorprendieron particularmente? —Algo que me sigue llamando la atención es que cuando empezamos a hablar de las opiniones que nos pueden dar otras personas sobre nuestros cuerpos, es lamentable escuchar que chicas de 8, 9 o 10 años reciben “piropos”, que en realidad es acoso en la calle. Y hablando de eso descubren que no está bueno, porque está normalizado, o no saben bien qué es eso, qué le están diciendo. Duele saber que eso sigue sucediendo a pesar de la ESI (Educación Sexual Integral) y un montón de cambios sociales que estuvimos viendo. La cultura del acoso permanece.  —¿Cómo es la parte económica del proyecto? —No cobramos por este trabajo. Hay unas 50 voluntarias. Lo hacemos porque nos gusta el proyecto y estamos comprometidas socialmente en poder generar un cambio. El precio que cobramos es lo más amigable posible para cubrir la comida y nada más. Nosotras nunca recibimos ayuda de ningún subsidio ni ningún fondo. Siempre fue todo muy a pulmón: venta de remeras, rifas o por redes sociales pedimos un cafecito. Es súper difícil en estos tiempos, incluso armar un presupuesto, por ejemplo, cuánto nos puede salir la comida en julio. El 50% de las chicas que participan están becadas por la otra mitad, no pagan absolutamente nada. Escuchá la entrevista completa

María Zanetti construyó una película que toma elementos de su propia historia (un hermano con trastorno bipolar), para meterse con el tema de la salud mental con el ojo puesto en el entorno familiar y en una adolescente, encarnada por Maite Aguilar. La película se puede ver desde este jueves en el circuito de cines comerciales. “No podría haberse hecho sin el apoyo del INCAA”, dijo Zanetti sobre su opera prima en tiempos de demonización del apoyo del Estado a todo lo que no sea fuerzas de seguridad. Escuchá la entrevista completa

Las Juanas, una herejía cósmica es una obra de teatro protagonizada por Agustina Toia, que recorre diferentes momentos y circunstancias que atravesaron ocho mujeres  disruptivas de sus tiempos. Toia, quien también dirige la obra junto con Severo Callaci, conversó con La Retaguardia acerca de la creación y puesta en escena, y la importancia de recuperar “los legados de libertad, fe y lucha” de estas mujeres.  Redacción: Valentina MaccaroneEdición: Pedro Ramírez OteroFoto: Instagram Compañía Toia & Callaci Juana Manso, Juana La loca, Jeanne d’Arc, Juana Azurduy, La Papisa Juana, Giovanna Marturano, Juana de Ibarbourou y Sor Juana Inés de la Cruz. Ocho mujeres, cada cual con su lucha en distintos momentos sociohistóricos. En Las Juanas, una herejía cósmica, Agustina Toia protagoniza y dirige, junto con Severo Callaci, una obra que nos lleva a conocer la vida de estas mujeres. “Cada una de estas Juanas tuvo que afrontar el poder, el machismo y el patriarcado de diferentes maneras para poder torcer sus destinos”, las presenta Toia. Así, en esta tragicomedia vemos a estas mujeres que son herejes de sus contextos, ya que buscan más allá de lo permitido, confrontan el orden establecido y apuestan a algo distinto. Además, la directora señala que lo “cósmico” de la obra se relaciona con “lo universal, esa memoria histórica que viaja en nuestra sangre, que todas llevamos dentro, que nos emociona a todos”.  Las Juanas, una herejía cósmica se puede ver todos los sábados de marzo en La Carpintería Teatro (Jean Jaures 858). —¿Por qué Juanas? —Juana es un nombre poderoso como punto de partida para hablar de nosotras. Una vez, una mujer me dijo “Todas somos Juanas”. Eso es lo que genera la obra, mucha emoción e identificación, no solo en las mujeres. Retomamos la vida de estas mujeres, pero para dar un salto más grande, como fuerza inspiradora. No es una obra histórica-documental, es una obra viva. —¿Cómo fue el proceso de selección de estas ocho Juanas?  —Las Juanas están en mí desde siempre. Desde que era niña, cuando mi abuela del campo me recitaba de memoria las poesías de la Ibarbourou o de Sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpais…”.  La elección de las Juanas tiene que ver, además, con mi propia experiencia de vida como mujer. Eran ideas que las venía sintiendo hace mucho. De a poco las empecé a tejer, como las Juanas se van tejiendo a sí mismas durante el espectáculo por medio del vestido blanco. Cada Juana tiene algo muy importante que contarnos. La obra atraviesa varias épocas y siempre va cambiando. La Papisa pudo camuflarse muy fácilmente siendo mujer en el 800: se cortó el pelo, se fajó las tetas, aprendió un par de idiomas y ya nadie dudó de que era un hombre. Así vivió y llegó a ser “el primer papa con tetas”, como decimos en la obra. Era impensable que una mujer del 800 hable otro idioma que no fuera el propio. La mujer estaba condenada al recinto de las cuatro paredes de su casa.  —¿Cómo fue la experiencia de ponerle el cuerpo a estas mujeres?  —Fue un desafío muy grande, pero muy hermoso. Cada Juana está en un momento diferente de su vida y en una época y un lugar muy diferente. Plazas, cementerios, campos de batalla, claustros, habitaciones, torres. Son ocho cuerpos, ocho voces y ocho energías diferentes. Hay quien habla siendo apenas una joven, como la de Arco, que se disputa entre la hoguera y la vida. Otra regresa de la muerte, como La Papisa, que sale indignadisima de la tumba al haber sido enterrada como hombre. Otra está ya muy anciana en sus últimos días de vida. Construir todas esas voces y esos cuerpos fue mucho trabajo. Para anclarlas físicamente, por ejemplo,  me quedé todo un día siendo la Giovanna Marturano: salía a buscar leña y cocinaba todo como si fuera una anciana de 93 años. Otro día me quedé con La Loca, encerrada entre cuatro paredes. Y así, iban llegando esas mujeres, al invocarlas entre sí. Toia contó además cómo trabajaron junto con Callaci, compañero y director de la obra: “Algo que también nos ayudó a construirlas fue haber podido ir a sus lugares y acercarnos lo más posible a sus vidas. Una vez de gira por México fuimos a visitar el claustro de Sor Juana, donde vivió sus últimos años. También fuimos a la Plaza de Rouen, una pequeña ciudad medieval francesa, que aún conservaba algunas fachadas del 1400, donde quemaron a Juana de Arco. Hasta el Vaticano fuimos siguiendo las huellas de La Papisa y su historia. Todo esto ayudó mucho para la organicidad y la naturalidad de la escena a la hora de ponerle el cuerpo”. —La obra trabaja con distintos elementos cargados de simbolismo, principalmente, el vestido que usan todas las Juanas de distintas formas. ¿Cómo pensaste esas capas de significado en objetos “simples”? —A mí me gusta el desafío en el teatro, y en la vida también, de poder hacer lo máximo con lo mínimo. Es una premisa que en el teatro abre las puertas al juego y la imaginación. Además, como compañía viajamos por todo el mundo. Así que todo debe caber en una valija. En este caso, el espíritu de la obra es de mutación y transformación permanente. Todo tiene ese espíritu: la escenografía, el vestuario, los objetos escénicos. Todo va creciendo y resignificándose en la obra mientras transcurre. Y esa es la magia del teatro también para nosotros, que lo abordamos desde lo físico. Solo queda lo esencial.  —¿Cómo considerás que atraviesa “la locura” en las historias que se recuperan en la obra? —La mujer no tenía permitido opinar, manifestarse, ni mucho menos enojarse o ponerse a discutir. Solo asentía con la cabeza a los discursos, las opiniones e ideas de sus hombres (hijos, maridos, padres). Pero, cuando una mujer entraba en debate, se la callaba, se la colocaba en ese lugar de la “loca desquiciada”,

Franco Morales, docente de la escuela técnica Maestro Quinquela, denunció que el Gobierno porteño quiere cerrar la carrera de Fotografía que tiene más de 60 años de funcionamiento. Morales pasó por el programa Oíd Mortales de La Retaguardia y habló acerca del conflicto. Entrevista: Luis Angió / Cristina VarelaRedacción: Marilina ContrerasEdición: Pedro Ramírez OteroFotos: Emiliano Rojas Salinas / La Retaguardia La Escuela Maestro Quinquela funciona en el barrio porteño de La Boca y desde hace 60 años tienen un taller de fotografía, con una formación técnica, pública y gratuita. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a tres meses de la nueva gestión con Jorge Macri a la cabeza, intenta cerrar el curso de fotografía de la institución. Más de 200 estudiantes no pueden iniciar el ciclo lectivo 2024. Alumnes y docentes de Curso de Fotografía de la Quinquela, artesanos Vuelta de Rocha, Encuentro por la Memoria Boca Barracas, La Boca Resiste y Propone haciendo un “Camarazo” en Caminito para visibilizar el conflicto. “Nuevamente, así como se intentó en 2020, están dando curso al intento de cierre de este colegio, por lo menos del curso de fotografía que se dicta a la noche. Un detalle no menor, es que tenemos justamente una matrícula con alumnos arriba de los 150 a 200 alumnos anuales que se inscriben. Tenemos cinco divisiones, tres divisiones en primer año y dos divisiones en segundo año, con una cursada de lunes a viernes. Donde se ven no solo fotografía y la fotografía convencional, sino también lo que es la fotografía analógica, película rollo”, explicó Franco Morales, docente de la escuela. “Son muchas materias, que no hacen solo a lo que sería un aprendizaje básico de uso de cámara. Es bastante extenso, son más de 1700 horas. Estamos acá, en esta puja, justamente por tratar de seguir con el curso adelante”, agregó. —¿Cómo les llegó la noticia del cierre del curso? —El martes de la semana pasada nos mandan un acta diciendo que no podíamos seguir recibiendo alumnos y que el curso se cerraba básicamente. La misma razón fue en el 2020. ¿Cómo se siguió adelante en el 2020? Bueno, justamente por todo los alumnos, exalumnos que se hicieron presentes, gente del barrio de La Boca que también nos apoyaron, y pudimos salir de esa situación. Y ahora, vienen con un nuevo intento. Tanto los docentes, los alumnos y exalumnos están tratando de hacer por vías legales, tratar de agotar todos los recursos que podamos llegar a tener para poder seguir con esto. Porque no es solamente una fuente de trabajo para los docentes, es también es un lugar de educación bastante importante en el cual justamente tenemos alumnos y alumnas que están siendo reconocidos mundialmente en todo el país, reporteros gráficos, fotógrafos muy renombrados dentro de lo que es el ámbito de lo social, en lo que es publicidad. Y ahora, el martes pasado fue que nos bajan un acta informando justamente de que no podíamos seguir inscribiendo, y ya teníamos bastantes inscriptos. Nosotros tendríamos que estar, en pocos días, empezando con las clases formalmente.  —Hay que tener en cuenta que la Maestro Quinquela tiene formación de escuela técnica tradicional, que fundamentalmente tiene salida laboral. Desde el punto de vista de la fotografía mucho más, ¿no?   —Totalmente. Salen profesionales con mucha formación. Creo que también es una fuente de trabajo para ellos. Tengo colegas que han estudiado aquí e incluso yo que estudié en esta escuela. Por lo cual muchos viven de esto, viven de la fotografía fuera de la escuela. A nivel nacional hay muchísimos.  —La carrera dura dos años y tiene estudiantes que este año tendrían que recibirse.   —Exactamente. Y en esa lucha estamos justamente porque es una locura. Estamos tratando de ver cómo podemos hacer para que estos alumnos y alumnas que terminaron el año pasado, primer año puedan continuar con su segundo año. Tenemos gente de todas las edades, tenemos desde 16, 18, hasta 70, 80 años y muchas personas que salen de sus trabajos de estar todo el día a mil y vienen después al curso hasta las 22, y muchos viven lejos. Cabe aclarar que lo que se dice es que  el Gobierno de la Ciudad tiene cursos de este tipo de formación profesional en cuanto a fotografía, gratuitos también, pero no tienen, no se asemejan ni de cerca a lo que nosotros hacemos aquí. Nosotros desde lo que son las horas teóricas, desde que son las horas prácticas, nosotros tenemos sala de tomas, tenemos estudio fotográfico, trabajamos con iluminación profesional. Aparte hacemos salidas con viajes y demás, para hacer las prácticas de todo esto que venimos trabajando dentro del colegio. Hacemos muestras. Pero bueno, por eso digo que no hay una relación o no hay una similitud en lo que son los cursos cortos.   Morales contó además qué significa la escuela para sus estudiantes: “Acá sucede algo muy lindo, que es que el alumnado se ve a diario. Se genera un lazo. Hay gente que ya ha terminado y que salen haciendo su pequeño emprendimiento de fotografía social. Trabajan con compañeros o compañeras de la carrera. Siguen trabajando fuera de la escuela y siguen haciendo sus eventos, su fuente de trabajo. Por eso es que nosotros estamos en la puja de revertir la situación, de que el curso pueda seguir con su normal funcionamiento”.  —¿Qué sindicato está acompañando el reclamo? —Es Unión Docentes Argentinos. Están tratando de gestionar reuniones para ver qué solución encontrarle a este dilema. Básicamente es algo administrativo. Supuestamente ya hay una una orden como para que el curso pudiera seguir, pero tendría que ser firmada, y la firma nunca ha llegado. Y estamos ahí, en el aire. Entonces lo que queremos fuertemente es buscar lo antes posible una solución a todo esto y poder seguir con el curso de manera normal.  —¿En la escuela funcionan  otras carreras y talleres? —Es una escuela secundaria técnica de artes gráficas. El terreno fue donado por Quinquela Martín, justamente para hacer un colegio. A los pocos

Ayer por la tarde la Policía reprimió a las personas que estaban concentradas frente al Cine Gaumont, en defensa del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y de la cultura nacional. Las y los integrantes de La Retaguardia que estuvieron presentes también recibieron golpes y gases por parte de las fuerzas de seguridad, que avanzaban contra la gente al grito de “zurdos de mierda”. Hay 4 personas detenidas. Texto: Agustina Sandoval LernerEdición: Pedro Ramirez OteroFotos: Natalia Bernades Videos: Agustina Sandoval Lerner / Natalia Bernades Finalizando la conferencia de prensa que se realizó en las puertas del cine, con la participación de personas destacadas de la cultura, militantes, además de algunas y algunos dirigentes políticos, las personas que rodeamos el Gaumont, gritábamos y cantábamos en defensa de lo que es nuestro y quieren quitarnos. La convocatoria fue tan masiva, que fue imposible quedarse en la vereda, tal como establece el famoso protocolo antipiquetes. Tomamos la Avenida Rivadavia. La llenamos de banderas, consignas y gritos furiosos. Estudiantes, docentes, laburantes, cinéfilos/as, militantes, partidos políticos, actores y actrices, prensa de medios de comunicación y asambleas barriales, fuimos testigos de cuánta fuerza tiene la lucha por la cultura nacional. Al poco tiempo de tomar la avenida, fuimos empujados brutalmente para que volvamos a la vereda. No importó hubiera niños ni personas mayores. La gente, desesperada por la imagen repentina de las fuerzas policiales uniformadas y armadas en lo que era una concentración pacífica, corría y empujaba a cualquiera que tuviera adelante, hasta llegar a la vereda o cruzar a la Plaza del Congreso. 14 de Marzo 2023 Represion Cine Gaumont Foto Natalia Bernades 14 de Marzo 2023 Represion Cine Gaumont Foto Natalia Bernades Uno de los primeros detenidos. Repartieron gases y palos indiscriminadamente. No contentos con habernos atemorizado, y habiendo logrado lo que querían, desfilaban en motos, con las armas en mano, riéndose de quienes nos encontrábamos allí, al grito de “zurdos de mierda”. “Zurdos de mierda”, clarito se escuchó. Palabras que son un claro intento de provocación, pero que no podemos dejar pasar. No podemos permitir, ni hacer silencio acerca de ese trato. Ni las palabras, los modos, gases, golpes, patadas y palazos. 14 de Marzo 2024 Represion en Cine Gaumont Foto: Natalia Bernades 14 de Marzo 2024 Represion en Cine Gaumont Foto: Natalia Bernades Ayer el pueblo volvió a demostrar en las calles que no permitirá más avasallamiento. Ayer, el reclamo y la movilización fue en defensa de lo nuestro. Del cine nacional. Mañana seguiremos encontrándonos bajo otras consignas. Hasta que entiendan que no vamos a permitir más desmantelamiento, desempleo, hambre, pobreza. Dijimos basta, y lo seguiremos sosteniendo. Ni un paso atrás.

A días de que termine febrero y se lleve hasta el próximo año los brillos, plumas y tambores propios del Carnaval, aparecen algunas preguntas. ¿Cómo surge la cultura carnavalera en el mundo? ¿Por qué en Argentina hay ciertos sectores que le tienen tanto rechazo? ¿Qué motivos hay detrás del achicamiento de los corsos de la Ciudad de Buenos Aires? Redacción: Sergio ZalbaEdición: Pedro Ramírez Otero / Valentina Maccarone Foto: Bárbara Barros Se acaba febrero, mes del Carnaval, tiempo mítico del dios Momo. Se retira, diciendo adiós, con mucha pena y casi sin gloria. Tengo muy poca información de lo ocurrido en otras ciudades y regiones del país en las que el carnaval tiene un lugar destacado. Me refiero a Gualeguaychú, Corrientes, Jujuy, La Quebrada de Humahuaca, La Rioja, Lincoln. Pero en la Ciudad de Buenos Aires, salvo en los valiosísimos entornos murgueros, la fiesta popular devino en muchos brillos para pocas y pocos.  En la ciudad más opulenta del país y con intensa tradición carnavalera, los 22 corsos del año pasado se redujeron a 14: ocho realizados en las calles y seis en algunas plazas. No se trató de un achicamiento económico. Tampoco de una reducción de “ruidos molestoss” para los vecinos y vecinas. Fue una decisión política. Las Bacanales del año 200 antes de Cristo, el antecedente inmediato de nuestro Carnaval, eran las fiestas más populares del Imperio Romano. Prohombres y villanos bailaban y se daban la mano sin importarles su facha ni su origen. Y para evitar que los esclavos reconozcan a sus amos y los amos a sus esclavos, se ponían máscaras y antifaces; se disfrazaban para festejar tranquilos sin saberse observados. Ellas y ellos gozaban ilimitadamente sin saber con quién. Más allá de sus condiciones sociales, valían lo mismo. Pero no todo era orgía ni borrachera. Era el símbolo más acabado de la felicidad final y verdadera: nada de exclusiones, nada de sufrimientos, nada de obligaciones sin sentido. Así sería la vida eterna. 600 años después, tras la conversión de Constantino, el Imperio se hizo cristiano. Y la nueva moral no debía tolerar semejantes desviaciones. Sin embargo, la Iglesia no pudo someter por completo esa enorme carga cultural. Lo hizo muy sutilmente convirtiendo el carnaval en carnestolenda. ―Está bien ―dijo el Papa―. Festejen nomás, pero la joda se acaba el martes por la noche. El miércoles, que desde ahora se llamará “miércoles de ceniza”, comenzamos la cuaresma: no se permitirá ningún tipo de carne durante cuarenta días. Será un tiempo de ayuno, de reflexión, de reconocimiento de nuestros pecados. Ese tiempo terminará el domingo de Pascua, cuando celebremos la resurrección de Cristo.  Y así, se selló el vínculo temporal entre los carnavales y la liturgia cristiana. Aquí, como tantas otras tradiciones, llegó con la colonia: con la cruz y la espada. En la zona andina, sintetizada con costumbres ancestrales, desentierran al Diablo para hacer diabladas: durante esos días todo está permitido, hasta que lo vuelvan a enterrar. En algunas ciudades tomó otras formas: carrozas, desfiles, ropajes sensuales, plumas, movimientos casi convulsivos. En el puerto de Buenos Aires, tomó la suya. Los negros de origen africano hicieron un aporte fundamental. Los ritmos, la percusión y lo que se convirtió en la peculiar danza de las murgas porteñas. Según parece, los “tres saltos” que producen bailarines y bailarinas durante la “matanza”, representan el tironeo liberador de las cadenas esclavizantes. Toda la murga está repleta de simbolismos. En la murga porteña, amalgamada por negros y cabecitas negras, se utiliza la levita (del francés lévite) como traje fundamental. Era la prenda señorial por excelencia, la que usaban los varones aristocráticos para pavonearse en fiestas y casorios. Los murgueros la transformaron en un irónico disfraz. Se calzaron galeras hechas de cartón y fabricaron levitas con retazos. Les pusieron brillos y colores; las adornaron con imágenes identitarias y les pusieron flecos, porque la vida de los pobres se hace y se desfleca de esa manera, con luces y desazones. Los murgueros desafiaron a los señores burlando sus vestimentas. La murga porteña, bombo con platillo, zurdo, repique y redoblante, transita las calles con su música y su histrionismo. Canta sus pocos triunfos y sus muchas derrotas; su alegría festiva y su crítica filosa. La murga porteña trasciende el tachín, tachín. Sus bailes, mascaritas, músicos, músicas y cantantes se ponen al servicio de la fiesta popular. La fiesta que no deja a nadie afuera. La fiesta que simboliza el final de la utopía ―como en tiempos de los bacanales― aunque nunca se la alcance. La murga pobre le arrebata el traje a la riqueza y construye su futuro. Por eso goza, por eso reúne, por eso critica. Y por eso los poderes la soportan cada vez menos. No fue por motivos económicos. Tampoco lo hicieron para impedir cortes de tráfico. Ni para evitar que ciertas estridencias retumben en las paredes citadinas. Se trata de una opción intensamente política: los actuales usuarios de levita no quieren a las murgas. Y es lógico que no las quieran.  Es claro por qué no entienden  la necesidad murguera y popular de salir a las calles; de desfilar por el territorio en el que se juega la libertad verdadera, la que sólo se conquista con justicia social.

Convocadas por Unidxs por la Cultura, miles de personas se dieron cita el miércoles en el Congreso para participar del “Cacerolazo por la cultural nacional”. Con diversas expresiones artísticas, color y creatividad, protestaron contra el DNU, el protocolo represivo y la ley Ómnibus. La manifestación se replicó simultáneamente en muchos territorios del país con la consiga “Encendamos la lucha para que no apaguen la cultura”. Fotografías: Natalia Bernades Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de La Retaguardia (@laretaguardia) Ver esta publicación en Instagram Una publicación compartida de La Retaguardia (@laretaguardia)