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Ronda de las Madres

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El 30 de abril de 1977, un grupo de 14 mujeres se citaron en la Plaza de Mayo, frente al monumento a Manuel Belgrano, bien cerca de la Casa Rosada. Pretendían que las atendiera el dictador Jorge Rafael Videla. Clamaban por la aparición con vida de sus hijas e hijos. No sabían, entre tanto dolor, que estaban haciendo historia.

La caravana convocada por el Sitio para la Memoria ex Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio Pozo de Quilmes pasó por la puerta de la casa del ex médico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Jorge Bergés, quien pese a sus condenas por crímenes de Lesa Humanidad, goza del beneficio de la prisión domiciliaria en la localidad de Quilmes. “¿Dónde está Rosita?”, fue la consigna que las y los militantes exhibieron frente a su domicilio el 24 de marzo. El cartel colgado en la persiana de su casa llamó la atención. (Por La Retaguardia) ✍️ Redacción: Paulo Giacobbe 💻 Edición: Fernando Tebele Al lado del cartel celeste de la empresa de seguridad privada hay otro cartel, blanco y con letras negras: “ES BUENO ESTAR EN CASA”. Cualquier transeúnte podría pensar que desde esa ventana proponen cuidarse del Covid-19, pero no. Se trata de un mensaje siniestro de impunidad. Porque en esa casa de rejas verdes vive un torturador, violador y ladrón de bebés, el ex médico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, Jorge Bergés. El 22 de Mayo de 2001, por ordenanza municipal “para perpetuar la memoria de los desaparecidos durante la represión”, la calle donde Bergés actualmente goza de la prisión domiciliaria cambió de nombre y pasó a llamarse “Madres de Plaza de Mayo”. Sin embargo la casa conserva dos placas con el nombre incorrecto: “Magallanes 1441 ex 723” y “Magallanes 723”. El 24 de marzo, desde el consejo del Sitio para Memoria ex Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio Pozo de Quilmes, realizaron una caravana recorriendo el territorio. Unieron en su recorrido los Sitios de Memoria, ex centros clandestinos como El Infierno de Avellaneda, Pozo de Banfield y Pozo de Quilmes, actualmente en juicio, en el que Bergés ha sido ya varias veces reconocido por sobrevivientes. También fueron hasta Temperley, en el Barrio San José, recordando la Masacre de Pasco, ocurrida el 21 de marzo de 1975 a manos de la Triple A.  En Quilmes pasaron por la Comisaría 3ª que “durante el Rerrorismo de Estado albergó prisioneres ilegales” y por la Comisaría  1ª, que tuvo “detenidas ilegales en cautiverio” y donde “cuatro jóvenes fueron torturados y asesinados” en 2004, informaron desde el sitio en la invitación a la actividad. En un tramo del recorrido, pasaron cerca de la casa del represor y se realizaron una serie de intervenciones, como repintar el nombre de la calle Madres de Plaza de Mayo.  Rosita Una militante de la caravana bajó del auto y comenzó a tirar volantes y mariposas de papel para el otro lado de la reja verde de la casa del represor Jorge Bergés. A los pocos segundos, “Como a los nazis/les va a pasar/adonde vayan los iremos a buscar”, era el retumbar que sobresalía en las gargantas y la pregunta: “¿Dónde está Rosita?” atravesaba el viento en cartulinas blancas. Durante la actividad no solo se identificó el domicilio del torturador, violador y ladrón de bebés nacidos en cautiverio, también se repintó el nombre de la calle, se colgaron pañuelos blancos en los árboles y se habló con los vecinos y vecinas.   Viviana Buscaglia, del Colectivo Quilmes Memoria Verdad y Justicia, contó a La Retaguardia la historia de Rosita, una beba robada por el ex médico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires: “El caso de Rosita es emblemático para Quilmes. Cuando en diciembre del 1976 secuestran a Silvia Mabel Isabella Valenzi la llevan al pozo de Quilmes, en febrero de 1977 la reconoce María Kubik Marcoff, que estaba presa ahí y tenía a su hija también ahí, ella dice que estuvo con Silvia y que estaba embarazada. El 2 de abril la llevan a Silvia a parir al Hospital de Quilmes y atiende el parto el Doctor Blanco. Da a luz, la trasladan, y del Pozo de Quilmes la llevan al Pozo de Banfield. Silvia cuenta que había dado a luz estando en cautiverio en el Hospital de Quilmes y las presas que estaban ahí no le creían. La última vez que se la ve a Silvia es a fines de abril, y está desaparecida”. Quien llevó a Silvia a parir al Hospital de Quilmes fue Bergés, en ese momento médico de la Policía de la Provincia de Buenos Aires.   “El 2 de abril nace Rosita, la hija de Silvia”, retoma Buscaglia, “el Doctor Blanco lo echa a Bergés y Silvia puede contar que estaba secuestrada.  La partera era Norma Brola. Anotan en el libro de partos que había nacido Rosita y después lo tachan, lo borran, ese libro está en la Justicia”. La enfermera Generosa Fratassi y la partera María Luisa Martínez, trabajadoras del Hospital, se van a poner en contacto con la familia de Silvia para avisarles del nacimiento de Rosita. “No estaban de guardia en ese momento y al día siguiente, cuando van a trabajar, se enteran de que Bergés había traído a esta parturienta y que la beba no estaba en neonatología. Silvia y la beba habían desaparecido”.  Martínez y Fratassi escriben una carta a máquina de escribir y Emma Salas de Ciavaglia la deja en el correo con remitente anonino, así “avisan a la familia de Silvia que estaba viva, que había dado a luz en el Hospital de Quilmes una niña y le había puesto Rosita”. Fratassi y Martinez son secuestradas, “se las vio en Vesubio”, y sus cuerpos fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense.   “Por eso cada vez que hacemos una campaña de visibilización de que Bergés está cumpliendo prisión domiciliaria, para los y las quilmeñas, la pregunta es: “¿Dónde está Rosita?”, además de todos los bebés que este genocida se apropió”, concluyó  la integrante del Colectivo Quilmes Memoria Verdad y Justicia. 

Entre las actividades a 45 años del golpe de Estado, La Retaguardia participó de una movida cultural en el CuSam de la Unidad Penal 48 de San Martín. Compartimos la crónica de un día de libertad entre los muros. (Por La Retaguardia) ✍️ Redacción: Julián Bouvier 💻 Edición: Diego Adur 📷 Fotos: Mauro Martínez/Julián Bouvier/Lorenzo Dibiase Este 24 de marzo fue sin dudas especial. La pandemia de Covid-19 obligó a dividir las distintas actividades: se realizó una transmisión especial con las Madres, de manera virtual; se marchó en la Plaza de Mayo; se plantaron árboles en plazas y espacios de todo el país. Las formas de manifestación en nombre de la Memoria, por la Verdad y la Justicia fueron muchas. Otra actividad, de la que participó La Retaguardia, la realizaron las personas privadas de su libertad en la Unidad 48 del Penal de San Martín, en la Provincia de Buenos Aires. Allí funciona el CuSam (Centro Universitario San Martín), donde las pibas y los pibes se encuentran y construyen un espacio de libertad. “Acá somos libres”, se escuchaba cada vez que alguien agarraba el micrófono. Es emocionante imaginar lo que significa ese lugar para personas privadas de su libertad, que sienten que, luego de recorrer diferentes unidades a lo largo y ancho de la Provincia, son libres por un rato Hay un edificio principal, emplazado en un lugar verde, no muy grande, pero lleno de actividades y de vida. Allí funcionan una biblioteca, la “Juan Gelman”; una sala de computación, la “Paulo Freire”; una sala de música; aulas para las cursadas de las materias de la Universidad; y también funcionaba una radio hasta hace algunos meses, Radio Mosquito. En octubre del año pasado, durante una protesta de los internos, la policía reprimió brutalmente el penal y terminó por destruir parte del CuSam. La sala de música y la radio son las que más lo sufrieron. Instrumentos musicales y elementos de la radio fueron destrozados. Los pibes aseguran que Radio Mosquito pronto volverá a sonar. No piensan permitir que nadie les robe la voz. En las afueras del edificio hay una pequeña casilla con un horno, donde se producen artesanías en cerámica. En otro lado, una huerta, con ganas de convertirse en agroecológica. Todo esto gestionado por las pibas y los pibes del CuSam, y acompañado por coordinadores de la Universidad de San Martín, muchos de ellos presentes durante la actividad. La actividad central se realizó en el patio del CuSam. El día lo ameritaba. Las sillas se colocaron frente a la entrada del centro universitario. El piso de cemento que anticipa la entrada al edificio hacía de escenario, con varios micrófonos, equipos de sonido, una batería e instrumentos musicales esperando a ser utilizados. Los pañuelos de las Madres y Abuelas bailaban al son del viento, colgados de una media sombra que amenizaba el sol. En una de las paredes del CuSam estaban las imágenes de las y los desaparecidos de San Martín. Y había también un hueco en la tierra, que invitaba a sembrar memoria. Toda la decoración y la escenografía de la jornada fue armada y montada por las y los pibes.  A eso de las 11, Abel Díaz, integrante del Centro de Estudiantes del CuSam “Azucena Villaflor”, tomó el micrófono y dio la bienvenida a las muchas personas invitadas a compartir esta jornada. Invitó a sentarnos, recordó que hay que tener puestos los barbijos y arrancó con la lectura del comunicado. Un comunicado lleno de memoria activa, que planteó la lucha por la justicia de ayer y también de hoy. Que habló de los y las 30.000, pero también de Johana Ramallo y de Luciano Arruga. Que denunció la violación de los derechos humanos tanto adentro, como afuera de los penales. Pero que, además, recordó a las personas desaparecidas con mucha vida, con ese amor a la militancia, a la construcción de un mundo más justo, a las artes, las lecturas. Y eso fue algo que rondó por toda la jornada: aun sabiendo que el 24 es un día de reflexión y de memoria, todo estuvo rodeado de alegría, arte, risas, baile y música.  Luego pasaron por el micrófono Daniela Gaona, familiar de desaparecidos/as; Leonardo Grosso, diputado nacional por el Frente de Todos; Mariel Fernández, intendenta de Moreno; algunos integrantes del Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires; Carlos Greco, rector de la Universidad de San Martín; Silvana Ortíz, integrante del Centro de Estudiantes del CuSam; entre otros/as. También tuvimos la posibilidad de tomar la palabra desde La Retaguardia para contar acerca de nuestro trabajo en materia de derechos humanos.  Más adelante, se entonaron las estrofas del himno nacional argentino y luego, se pasó a uno de los momentos más emotivos de la jornada: la plantación de un árbol de paltas en el patio del CuSam.  La música empezó a sonar en las manos de los “Sale $500” la banda de los pibes del CuSam. “Sale $500, porque acá adentro todo sale $500”, dijo Mauro, uno de los integrantes, entre risas. Se cantó por las y los desaparecidos. Se cantó por la desigualdad. Se cantó por un mundo más justo.  Le siguieron las rimas del Patón Argüello, rapero, liberado del CuSam. “Sueñen alto que a veces los sueños se hacen realidad”, repitió más de una vez a quienes hoy continúan privados/as de su libertad. Al terminar, llegó otro momento muy emotivo, de lágrimas y pieles de gallina: la obra de teatro gestionada por los y las pibas del CuSam: “Sobrevivientes”. Fueron unos 15 minutos para reflexionar sobre la atrocidad de la violencia militar en los 70 y también acerca de la violencia policial de hoy. Como si estuviéramos en un jueves cualquiera de la vieja normalidad, a eso de las 15.30, en la Plaza de Mayo, la obra cerró con un fuerte: “30.000 compañeros detenidos desaparecidos: ¡Presentes! ¡Ahora y siempre!”. Mientras por las mesas circulaban sanguchitos de miga y empanadas, continúo la música a manos de otro rapero, Hugo Paez, “el expresante”,  hijo de desaparecidos/as. Estaba muy nervioso

Este 24 de marzo, a 45 años del golpe, las Madres llegaron a la Plaza de Mayo a través de la pantalla de los medios comunitarios. Ahí las esperaba el pueblo para abrazarlas, una vez más, y para siempre. (Por La Retaguardia) 📷 Fotos: Natalia Bernades/Virginia Chaile/Bárbara Barros

Ayer, luego de la que sería la Ronda de las Madres, amigos, amigas y familiares del Negro Raúl Negro Fernández, “El Indio”, se convocaron para realizar un homenaje a tres semanas de su fallecimiento. Compartimos fotos de la jornada y un breve texto. (Por La Retaguardia) ✍️ Redacción: Eva González 📷 Fotos: Virginia Chaile 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero La convocatoria se hizo a través de un flyer que circuló en redes sociales y así se generó este encuentro. Llenaron el aire de la Plaza de Mayo con baladas, chamamé, mucha poesía, anécdotas, audios de Whatsapp, y la voz del Negro abrazó a todos y todas. Su hija, Daniela, viajó desde Salta y compartió un relato familiar. En la casa de su abuelo, cuando Raúl era pequeño, su padre plantó un árbol que regaba a diario frente a la incrédula mirada del niño, quien se sorprendía de que esa planta pudiera convertirse en árbol. En la actualidad, su sombra alberga a los y las artistas que concurren a la Peña de la calle Balcarce, una de las más frecuentadas de esta ciudad norteña. Carlos ”Sueco” Lordkipanidse habló del compromiso y la militancia del Negro. Recordó su colaboración y apoyo desde la creación del Encuentro Militante Cachito Fukman, y las ideas pendientes conversadas entre Adolfo Pérez Esquivel, Raúl y él sobre la continuidad del trabajo de las Madres en defensa de los Derechos Humanos. Es este punto, es inevitable nombrarlo como el amigo imprescindible del maestro Osvaldo Bayer. Desde lo personal me quedo con tres fotos de sus encuentros: preparando el cuello impecable de la camisa de Osvaldo en su cumpleaños 90. La alegría de cantar, recitar poemas, comer empanadas y beber junto a otros y otras colegas en “El Tugurio” de la calle Arcos. Y la última instantánea: la de la amistad, charlando bajo un paraguas mientras caminan por la porteña placita Alberti y protagonizan “la” Historia.

A 44 años del comienzo de su lucha, las Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora realizan la 40° Marcha de la Resistencia, como siempre en la Plaza de Mayo pero también  de manera virtual. Transmisión conjunta de La Retaguardia/La Colectiva/FM La Tribu y Canal Abierto.

(Por Equipo de Comunicación de Madres Víctimas de Trata para La Retaguardia) De lunes a viernes, a la hora del almuerzo, largas filas de gente desfilan por el pasaje Ciudadela en el barrio de Constitución para recoger, por una ventana del número 1249, su ración de comida: “quinientas cincuenta raciones. Hay personas en situación de prostitución, con graves problemas de salud y con niños chiquitos, me piden leche desesperadamente. Tuberculosis, bajo peso, VIH, etc., etc. …”, revela Margarita Meira, la mujer que lleva adelante este comedor que resulta ser, también, su propia casa. Y es que cuando las cosas se pusieron estructuralmente difíciles para el barrio y la sociedad argentina en general, también se pusieron difíciles para ella. En sus propias palabras, “hacia 1988 comenzó a desembarcar en la Argentina el neoliberalismo” (cuyas lógicas y políticas venían esbozándose desde los tiempos de los sucesivos golpes militares, pero se instalaron con especial y explícita fuerza en la década de los ’90 luego de la asunción de Carlos Menem). Entre otras cosas, la apertura de las importaciones llevó a Margarita a perder su trabajo como costurera y a ver su situación económica seriamente afectada. “Claro que lo mismo que me pasaba a mí les ocurría a mis vecinos. El hambre comenzó a ser un problema cotidiano, por lo que decidí organizar en mi casa un comedor comunitario que se llamó Madres de Constitución”. Actualmente el comedor dispone de un suministro provisto por el gobierno de la Ciudad, aunque lo que acaba sucediendo es que el mismo resulta insuficiente y Margarita y sus colaboradoras se ven verdaderamente desbordadas. Poco o nada sospechaba Margarita que tan solo tres años después de la fundación del comedor, en 1991, su hija Susi (cuyo nombre hoy puede leerse tatuado en su brazo) sería secuestrada por una red de Trata para ser explotada sexualmente. Fue con la compañía y la colaboración de su hija que Margarita inauguró el comedor, y fue, a la vez, el secuestro y posterior asesinato de Susi lo que dio comienzo al  arduo camino de búsqueda y lucha que desembocó en la definitiva fundación de Madres Víctimas de Trata en 2015. Durante todos esos años de dolor por la falta de Susi el comedor siguió adelante, y así continúa en la actualidad. Mucho dista la realidad social de ser una fiesta, y poco tiene que ver la solidaridad con una tarea armoniosa realizada alguna vez a la semana para luego sonreír delante de alguna cámara fotográfica. Bien lo sabe Margarita, que así describía la situación del barrio en su libro autobiográfico que vio la luz el año pasado: “Actualmente se vive pésimo porque tampoco hay trabajo. Quienes más sufren son los de menos edad. El otro día le estaba diciendo a un vecinito que estudie, ya que de otra manera nunca iba a tener un buen trabajo, y muy fresco me contestó que más plata iba a ganar en la esquina, arrebatando celulares o vendiendo droga. Y veo que las nenas, en cuanto se van haciendo señoritas, tienen a los proxenetas rondándoles. No estudian, no trabajan, no están bien en la casa, por lo que no les cuesta mucho a las redes de trata convencerlas”. Experiencias como esta motivaron la decisión de establecer, en la casa del Pasaje Ciudadela, además del comedor, un centro cultural donde se brindara apoyo escolar y se realizaran diversas actividades artísticas para dar a las niñas y niños del barrio un espacio seguro, que contribuyera a su crecimiento en libertad y les alejara aunque sea un poco del acecho de lxs explotadorxs. Actualmente la situación del centro es complicada, esencialmente por falta de recursos y personal para brindar los talleres. Al parecer, Constitución es un barrio abandonado no sólo en los sentidos social y económico, sino también en el sentido cultural y artístico, tan fundamental para acompañar el crecimiento de lxs más pequeñxs en un contexto de extrema vulnerabilidad. A esto hay que agregar la situación actual, en la cual el apoyo escolar y las clases online con motivo de la cuarentena no llegan a la infancia que apenas si come. Al hecho de combatir, como se puede, el hambre desde el barrio de lunes a viernes durante todo el año, con o sin emergencia sanitaria, a Margarita se le añade la dolorosa labor de acompañar a las otras Madres, sus compañeras, en la búsqueda de sus propias hijas, desaparecidas para ser prostituidas por las redes de proxenetas y explotadores. Las Madres no descansan. Ningún día del año, ni cinco minutos, ni treinta segundos. Cuando Margarita no se encuentra entregando viandas desde el comedor, está luchando con sus compañeras que buscan a sus hijas, o brindando asistencia y asilo a jóvenes en situación de prostitución que han sufrido desalojos o se encuentran en situación de calle. Todo en la más dolorosa de las soledades: con una escasez de recursos insostenible, casi sin atención mediática, por supuesto sin financiamiento alguno de parte de grupos de interés económico, y sin demasiado tiempo para andar enorgulleciéndose de sus acciones a través de las redes sociales. Así relataba, en los días previos a Semana Santa, la situación en el comedor: “Fue una odisea, la gente se pone en la cola y cuando llega no son los que están en la lista. Nos parte el corazón y ahí hacemos magia todos los días. Damos en viandas por la ventana y en bolsas descartables, no entramos nada de la calle. Nos tenemos que organizar para poder entregar 1500 viandas por el feriado”. En su célebre obra “Patas Arriba”, Eduardo Galeano expresaba que “A diferencia de la solidaridad, que es horizontal y se ejerce de igual a igual, la caridad se practica de arriba a abajo, humilla a quien la recibe y jamás altera ni un poquito las relaciones de poder (…) La caridad no perturba la injusticia. Sólo se propone disimularla”. Este es un principio que, consciente o inconscientemente, rige toda la actividad de la organización: el objetivo útlimo que Madres Víctimas de Trata

 La principal referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, recordó a su hijo en un nuevo aniversario de su secuestro y desaparición, ocurrido el 15 de abril 1977. Además, se refirió a la importancia de seguir reclamando por todas las injusticias que se viven en nuestro país y reivindicó a la juventud como sostén para continuar con las luchas de los y las 30 mil. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Fernando Tebele/María Eugenia Otero ✏ Redacción: Diego Adur 💻 Edición: Fernando Tebele 📷 Fotos: Natalia Bernades Norita es, sin dudas, un ejemplo inmenso de lucha constante. Ante cada injusticia ella pone su cuerpo y su voz para sostener el reclamo. Nora es solidaridad, amor y también es memoria. Pero antes de todo eso, es la madre de Gustavo Cortiñas, detenido-desaparecido hace 43 años, el 15 de abril de 1977. En este nuevo aniversario de su secuestro, la Madre de Plaza de Mayo recordó algunas de sus luchas y sus historias. También contó cómo se encuentra cumpliendo la cuarentena obligatoria y se refirió a quienes peor la pasan en este contexto: “Yo salí durante más de 40 años a la calle. En el momento en que desapareció Gustavo yo ya no era ama de casa. Hacía lo justo e imprescindible para vivir con la casa limpia. Cuando era joven me gustaba tener todo lustrado. Después, cuando yo tenía que salir a una entrevista o a una marcha no me importaba si quedaba un papel en el piso. Ahora, forzadamente tengo que estar adentro de mi casa y no puedo salir. Lo cumplo religiosamente por mi edad y mi condición de diabética. Todos los días hago algo nuevo. Mantengo una rutina. Eso me hace valorar algo especial yo tengo agua. Abro la canilla y tengo agua. Todos los días pienso en los millones de argentinos que no tienen agua. Cada vez que escucho un testimonio desde alguna villa o algún barrio, me aflige. Una mujer de la comunidad coya dijo hace unos días en el Congreso que a las mineras les permiten usar el agua que necesitan para el extractivismo. Mientras tanto, se llevan las ganancias, nos sacan el agua y nos dejan contaminados. Tienen campo libre”, denunció Norita.Nora retrató los ideales de su hijo desaparecido, compartidos por los y las 30 mil, por sobrevivientes y también por la juventud que hoy mantiene viva esa lucha: “Hoy (por el miércoles) es el aniversario en que desapareció Gustavo, el día en que lo secuestraron. Desde ese momento no supe más nada. Me vino a la memoria su foto; por qué luchaban, el amor al pueblo, mirar hacia al pueblo y sentirse hermano de todos y todas. Empecé a rememorar para saber cuándo vamos a ser un pueblo que respete a todas las comunidades. Somos todos seres humanos. La lucha, no solamente por los desaparecidos, sino de esa juventud tan rica que tuvimos y tenemos, que se preocupa por todos y todas, y vive luchando por logros a favor del pueblo. Todos los días son de recuerdo. Hoy me puse a rememorar la lucha de Gustavo y de los 30 mil. Lo valoro y entiendo que tenemos que volver a ser un país que sea reflejo para el mundo. Un país donde los derechos humanos se respeten en todos los sentidos. Que la gente tenga derecho a la tierra, a la semilla, al agua y a la vida digna. Creo que vamos a tener esos logros. No son triunfos. El triunfo es si hubiésemos podido abrazar a nuestros hijos e hijas; poder tenerlos cerca y verlos criar a sus hijos. Hoy Gustavo sería abuelo: el privilegio de un joven que creció, estudió, se casó y tuvo hijos. La juventud de nuestro pueblo sigue luchando. Tienen esos mismos ideales. Esos ideales que tienen los compañeros que tienen la edad que hoy tendrían Gustavo y los 30 mil. Está en nuestras manos recoger esa bandera de lucha todos los días. No bajar los brazos”, pidió. Macrivirus Cortiñas aprovechó para criticar duramente a la gestión de gobierno anterior: “En los últimos cuatro años, el gobierno anterior dejó arrasada nuestra tierra. Destruyó todo lo que quiso. Si ahora hubiese estado de gobierno, hubiéramos muerto todos los argentinos. Le hubiese importado tres pitos a (Mauricio) Macri y su pandilla, que todavía pululan por ahí tratando de hacer más difícil esta reconstrucción de la República Argentina”, expresó. El último día Norita confesó que no hablaba mucho con su hijo respecto a su militancia y la lucha que llevaba a cabo. Entendía que Gustavo pretendía cuidar a su familia. Sin embargo, contó algunos episodios de esa convivencia y del último día en el que estuvieron juntos: “No teníamos muchas conversaciones con Gustavo acerca de sus ideales. Él era muy introvertido. Iba a la villa y tenía miedo de que no nos gustara. Después se dio cuenta de que estaba orgullosa de él y de sus compañeras y compañeros. No había muchas conversaciones porque los chicos se cuidaban mucho. No querían comprometer a los padres, cuando en el hogar no había una militancia que los impulsara a contar las vicisitudes que pasaban. Pasaban cosas tristes. Cuando venía muy triste era porque, por ejemplo, una monja no quería poner 5 pesos para que una mujer embarazada entrara a un hospital. Sufrían cuando se habían llevado a algún compañero o compañera. En casa se vivía la situación. No éramos indiferentes. Teníamos miedo de que le pasara algo. Y pasó. Para las familias, todos los días son días para recordar algún episodio que vivíamos. El día de la desaparición es especial. El 10 fue el último día que lo vimos a Gustavo. Era el domingo de Pascua. Estábamos en Mar del Tuyú. Pasamos los días de Pascua todos juntos, menos el cuñado que ya era un preso político. Ese día los despedimos porque el lunes tenían que volver a sus trabajos. Nos fuimos a Mar del Plata. Habíamos pasado ese fin de semana familiar”, rememoró.Para Nora, el recuerdo de Gustavo está muy presente, más allá

Eso le dijo Hugo Miedan a su mamá Elia Espen, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, poco antes de que lo secuestraran. Espen reflexionó sobre sus 43 años de lucha en el programa radial Oral y Público y recordó a su hijo, detenido desaparecido. (Por La Retaguardia)🎤 Entrevista: Fernando Tebele✏ Redacción: Andrés Masotto 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto de portada: Natalia BernadesHace varios jueves que las Madres no caminan la ronda debido a la cuarentena obligatoria. Pero la memoria, como ellas enseñaron, nunca se detiene. Para Elia Espen podemos seguir haciendo cosas para alimentar la memoria incluso desde nuestros hogares: “Lo que hay que hacer es quedarnos en casa, pensar y analizar qué se puede hacer o qué podemos hacer muchos y seguir peleando por los desaparecidos, porque nos contesten, para que no se sigan burlando de nosotros. Lo que pienso es que esas baldosas que nosotras pisamos por 43 años están ahí, y que nuestras voces no podrán hacerlas callar. Nadie las va a poder callar, porque me parece que han quedado impregnadas en las baldosas. Y ojalá se elevaran en el aire, traspasaran los edificios y quedaran ahí para siempre nuestras voces de 43 años atrás. Nosotras no olvidamos, no perdonamos y pedimos el juicio y castigo a todos los genocidas y encubridores por los 30.000 detenidos desaparecidos. Eso es lo que creo que, aunque estamos en nuestras casas, seguimos pidiendo”.Elia habla despacio y con pequeños intervalos de silencios, pero siempre se muestra segura de lo que quiere decir. “Pedimos juicio, pedimos que se abran los archivos que no se abren, que mienten y dicen que se han roto. Lo que pasa es que no quieren que esto salga a la luz y se sepa la verdad. Porque acá hay un grupo muy grande que ha estado encubriendo a los genocidas. Es por eso que no sabemos la verdad y es por eso que no van a sacar ni abrir los archivos, que es lo que tendrían que hacer. Esto no se va a terminar nunca mientras las Madres tengamos vida. Vamos a seguir peleándola. No es fácil sobrellevar todo esto porque han quedado secuelas muy dolorosas y ya somos todas muy grandes. Y hasta ahora para mí no han aparecido políticos del gobierno,-de este, del otro, del otro y del más allá, de 43 años atrás, aclara- que realmente hayan puesto las pilas, como dicen los chicos, y digan ‘bueno, vamos a tomar partido por esto, vamos a aclararlo de una vez por todas’, pero pienso que no pueden y no quieren. No quieren porque son también culpables”, denunció. Son 30.000 “Los juicios me parecen mal, ¿sabés por qué? Yo pude declarar, por suerte. Bah, por suerte es una forma de decir. Pude declarar y pude llevar a declarar a mis hijas. Porque en casa ha sido terrorífico todo lo que hicieron con mis dos hijas y conmigo, aparte de haberse llevado a mi hijo. Pero los genocidas siguen sueltos. Quisiera que alguien me dijera cuántos genocidas hay detenidos. Y si hay algunos detenidos, alguien sale diciendo que habría que dar vuelta la página y habría que empezar a… no sé si habrá querido decir perdonar, pero a olvidar un poco. Pero ninguna de nosotras vamos a olvidar nunca jamás porque se han llevado a un hijo. Nosotras tenemos que estar siempre recordando a nuestros hijos, siempre atrás de nuestros hijos. Ellos están adelante, ellos son los que nos ayudan a seguir, a hablar, a hacer cosas que tenemos que hacer. Por ellos tenemos que seguir reclamando hasta que no tengamos más palabras para decir y no podamos hablar. No debemos olvidar nunca a nuestros desaparecidos. No como quisieron decir, que era 2.000 3.000: son 30.000. Y si no son 30.000, son 29.300. Pero son muchos los desaparecidos”, expresó Espen. “Yo estoy tan orgullosa de él”Hugo Miedan tenía 27 años cuando fue secuestrado. Estudiaba arquitectura, era artesano y militaba por un mundo mejor.  “¿Querés hablar de Hugo?”, le preguntamos. Y empezó a recordar: “Hugo fue un chico muy inteligente. En la primaria, bárbaro; la secundaria, otro tanto. Y después estuvo en la Facultad de Arquitectura. Así que yo tengo muy buenos recuerdos de mi hijo. Aparte las charlas que teníamos eran sobre todas estas cosas. Sobre la falta de trabajo, sobre la humillación por la pobreza, por todo lo que ellos lucharon. Porque ellos lucharon por todo eso. Para poder ver si se mejoraba, o si alguien podía entender lo que ellos querían. Pero no, lo que hicieron fue desaparecerlos y se creyeron que eso iba a terminar. No termina. Hay gente como ustedes que la siguen peleando y siguen diciendo lo que piensan. Por eso siempre digo que hay que decir lo que piensan, yo lo aprendí de mi hijo. Teníamos charlas muy interesantes cuando él estaba en la facultad. Yo sabía que había desaparecidos antes de que él desapareciera porque me contaba. Cuando estaba en la facultad yo lo esperaba a la noche porque venía tarde, me contaba cosas de los chicos que habían desaparecido. Y yo le dije un día que me salió la madre, que es lógico: ‘¿Hugo no te querés ir?’ No sé de dónde sacaría la plata para ayudarlo, no tengo la más pálida idea, pero algo iba a hacer. ‘No, mamá’, me dijo. ‘Tenemos muchos compañeros desaparecidos y yo no me voy a ir’. Ese era mi hijo. Yo estoy tan orgullosa de él y tan contenta de que haya siempre hablado así. Y por eso digo que mi hijo está delante mío. Yo no voy a ser una Madre que saca ventaja. No, querido. Primero está él, así debe ser”. Además de sufrir y soportar la desaparición de un hijo, Elia fue espiada por el programa de la inteligencia de Gendarmería “Proyecto X” debido a su constante acompañamiento a distintas causas. “Es lo que yo sentía que había que hacer, eran mis pensamientos, lo que yo sentía”, dijo al respecto. “Se pensaron que con