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Crónicas del juicio -día 6- En círculos, buscando respuestas

Escrito por el mayo 18, 2019


Olga Chamorro dio testimonio por el secuestro y desaparición de Hugo Rogelio Vocouber, su compañero y padre de su hija. Viajó desde Canadá para relatar lo que pudo reconstruir, pero también narró su propia historia. Estuvo presa hasta 1981 y luego se exilió en el país donde reside hasta la actualidad. En su testimonio pasan, casi como apostillas, el nacimiento de su hija en cautiverio o un bandoneón para tapar los sonidos de la tortura. (Por Fernando Tebele para El Diario del Juicio*) 

Colaboración de Valentina Maccarone
Foto de tapa: Gustavo Molfino

—Noni ¿por qué lo mataron al Grandpá Hugo? ¿Dónde está? Yo quiero saber.

Esther tiene apenas 10 años. Nació y vive en Londres, Inglaterra. Está comenzando a incorporar, de a poco, algunos conceptos de español crudo y tenebroso. Genocidio, Terrorismo de Estado, desaparecidos, vuelos de la muerte; quizá deberíamos mencionarlos como argentinismos. De la manera que puede, su abuela, Olga Chamorro, le va contando. “Yo lo que estoy buscando es justicia, quiero saber qué pasó con Hugo, mi hija, mis dos nietas también. Viven en Inglaterra, Esther va a cumplir 10 y Emma 5. Ella sabe que tiene dos Grandpá: Hugo y Dani. Ellos vinieron dos años atrás, fueron al Parque de la memoria. Esther me hizo preguntas la navidad pasada, que estuve en Inglaterra, me llama y me hace esa pregunta. Hace un año, no sé de dónde lo sacó, pero me preguntó si se tiraba gente del avión, si la gente moría cuando la tiraban del avión”, dirá cuando le pregunten si le quedó algo por decir. No habrá nadie que no esté llorando. El presidente del tribunal pedirá pañuelitos de papel. Se le notará un resfrío molesto, pero la escena allí adelante será fuerte. Olga estará por finalizar su testimonio y le quedarán cosas por decir. “Hace por lo menos 20 años que estoy haciendo terapia. Lo que pasé y lo que pasamos es muy doloroso, queda adentro. La angustia de no saber, de no tener conocimiento qué pasó con esa persona que está perdida. En distintos momentos Hugo aparece en mi vida, sigue apareciendo. En sueños, está presente. Quiero saber qué pasó por mí, por mi hija, por mis nietas. Eso es lo que espero, justicia. Espero saber algo, qué sucedió cuando lo detuvieron en Mendoza, qué pasó. Dónde está su cuerpo”.
Está allí por su compañero de aquel entonces, Hugo Vocouber, abogado de las Ligas Agrarias, desaparecido durante la Contraofensiva. Olga vino desde Toronto, su lugar en el mundo al que la indujeron los militares cuando la liberaron de la prisión y “decidió” exiliarse para evitar la persecución permanente. La acompañan su esposo y una amiga. Ambos la siguen como sin poder acostumbrarse al relato que seguramente habrán escuchado otras veces.

Amor militante

“Yo soy de la ciudad de Vera, Santa Fe. Me fui a visitar a unas tías en Villa Berthet y me invitaron a una reunión de la rama femenina peronista. Me dijeron: ‘va a venir un abogado que tiene ideas muy interesantes, es joven’. En esa reunión, que fue a finales del ‘73 y comienzos del ‘74, lo conocí a Hugo”, comienza la historia. Me invitó a reuniones de la juventud peronista, empezamos una relación política. Y luego comenzamos una relación emocional. Ahí empezó mi militancia. Él trabajaba de profesor en la escuela secundaria de Villa Berthet. Enseñaba educación histórica y cívica”. Como buen abogado militante, ponía sus conocimientos al servicio de quienes solo saben de la ley cuando les cae con todo el peso encima. “Representaba a las Ligas Agrarias, a toda persona que económicamente no podía acceder a un abogado. No había juzgado en Villa Berthet…”, cuenta Olga. “Hugo les enseñaba ajedrez a los chicos jóvenes. Mostraba películas en el cine del barrio. Tenía una militancia muy activa. Viajamos seguido a Resistencia. Ahí fui conociendo a otros compañeros. En 1975, en octubre me parece, él fue detenido. Nos allanaron la casa”.

—¿Dónde era eso? ¿Dónde estuvo detenido? —pregunta la fiscal Gabriela Sosti.
—En Villa Berthet, pero él estuvo detenido en Resistencia de octubre a diciembre —responde Chamorro—. Después de eso en una de las reuniones que tuvimos con los compañeros, Hugo nos dijo que la situación estaba mala y que se iban a venir tiempos difíciles, que él no quería volver a la cárcel. Habló mucho sobre la tortura.
—¿En relación a esa detención? —consulta Sosti.
—Él nunca me contó los detalles pero habló mucho de la tortura. Que cuando el tiempo llegara, él quería estar clandestino.
—¿A qué se refería a que la cosa estaba rara?
—Políticamente. Las tres A… Ya había comenzado a aparecer gente extraña, que no pertenecía al pueblo. En un pueblo chico todo el mundo se conoce. Se sentía. Por ejemplo, una de mis tías me dijo “Mirá que Hugo es comunista y a los comunistas los están deteniendo”. Todo el mundo hablaba de lo que se venía políticamente. Otras de las cosas que dijo Hugo en la reunión, especialmente a mí, fue que cuanto menos información tuviera era mejor. Yo seguía apoyando su militancia, sabía que él militaba en Montoneros y estaba organizado. Sí sabía que las Ligas Agrarias eran una organización que estaba en el noroeste, que tenía un tinte católico, que estaban trabajando en Corrientes, Chaco, Misiones. Fui a una reunión muy grande en Sáenz Peña (Chaco) donde había pequeños productores, hacheros, gente del campo. En el Chaco la producción principal es el algodón. Por ejemplo, una de las cosas que hice fue ir a cosechar algodón para aprender cómo era. Es difícil. Tener que estar todo el tiempo inclinados, poner todo en unas bolsas que nos daban. El algodón es muy liviano, entonces hay que sacar suficiente dinero para poder subsistir.

Foto: Gustavo Molfino/DDJ

Aviso y allanamiento

La noche se vino entera, ya se sabe. Y en las ciudades pequeñas, los bandos entrecruzaban gente conocida, incluso familiares. “Después del golpe de Estado del ‘76 empieza a aparecer más gente extraña en el pueblo. Hugo tenía un tío que era el jefe de policía del pueblo de Villa Berthet, llamado Torres. Pertenecía al club donde jugaban a las cartas. Este señor Torres le dijo a mi suegro que a pesar de que él era el jefe de policía era nada más que una figura porque los que estaban a cargo de la policía eran los militares. Entonces le dijo que no iba a poder hacer nada por Hugo si lo llegaban a detener. Una o dos semanas más tarde, los militares allanan nuestro hogar. Venían a buscar armas. Hicieron huecos en las paredes, en el cielo raso. Yo les decía que no había armas, que era un estudio jurídico, mi marido es profesor, yo voy a la escuela enseñando. Estuvieron dos o tres horas.

—¿Ellos se presentaron como del Ejército? —quiere saber la fiscal.
—Sí, estaban vestidos de verde. Tenían los camiones del Ejército, estaban armados. No encontraron nada. Hugo no estaba.

Chamorro responde a las preguntas con cadencia de campo. Pero se le cuelan los modismos de la interacción cotidiana en inglés. Arranca las respuestas con una A sostenida que habitualmente debe estar seguida por su ser canadiense de habla inglesa. Pero aquí vuelve a su andar de campo, que por supuesto nunca abandonó más allá del dolor en el pecho de la geografía.
Recuerda aquel allanamiento. “Aaa… fue antes del día del padre del ‘76, en junio. Yo estaba embarazada e íbamos a festejar el primer día del padre”. Detalla cómo un vecino le dio aviso a Hugo para que no regresara.

Foto: Gustavo Molfino/DDJ

Visita clandestina y cárcel

“En ese momento es cuando Hugo se clandestiniza. Yo no tuve contacto con él hasta agosto. Me fui a vivir con mis suegros, mi casa era imposible de ser habitada. Mi suegro tenía una tienda, Antártida Argentina, y yo lo ayudaba cuando no estaba trabajando. Enfrente había distintos negocitos y podía ver a personas observando la tienda, gente que no pertenecía ahí. Cuando yo me iba a enseñar, iba acompañada. Gente en auto, gente caminando”.

—¿Estaban vestidas de alguna manera? —siempre la fiscal.
—De civil. No eran del pueblo. Era obvio que me seguían, que estaban mirando. Pero como era una tienda, alguien llegó y pidió hablar conmigo. Dijo que venía de parte de Hugo y que había una cita hecha y una lista con determinadas cosas que necesitaba, entre ellas una carpa que mi suegra se la cosió, y ropa. Una persona llegó el 17 de agosto, me acuerdo porque es la fecha de San Martín, y me llevó hasta el lugar donde estaba Hugo. Fue tabicada, con esto quiero decir que me vendaron los ojos, no sé a dónde fui, solamente que era a una hora o dos del pueblo. Ahí lo vi a Hugo, charlamos. Me dijo nuevamente por qué estaba clandestinizado, que había hecho contacto con otros compañeros, que estaba bien.
—¿Él ya pensaba en exiliarse?
—Era como que nos íbamos a encontrar después de que el bebé nazca. A eso de las 3 o 4 de la mañana regresé a la casa. Para el 31 de agosto fui detenida en la casa de mis suegros, cuando estaba durmiendo. Escuché pasos en el techo y ellos se identificaron como del Ejército. Me subieron a un camión de animales. Fueron lote por lote, campo por campo, me habrán detenido a las 4 de la mañana. Llegamos a la Brigada de Investigaciones de Resistencia a la noche, tarde.
—Cuando dicen que fueron lote por lote, ¿que hacían?
—Detenían gente. Cuando llegamos, el camión estaba lleno de gente. Llegaban a un campo y levantaban gente, campesinos, maestros, toda persona que supuestamente estaba en conocimiento de esas personas que estaban clandestinizadas.
—La zona donde estaba clandestino Hugo, ¿qué características tenía? —pregunta Sosti.
—Campo. La noche que yo lo vi, simplemente vi puro campo. No había señales de casas.
Olga no pierde la tranquilidad, pero regresa a la detención sin que le digan nada. “Cuando llego a la Brigada comenzó la tortura. Era en el sótano. Me parece que fue un día o dos, no me acuerdo. Pero sí me acuerdo que me subieron al primer piso y que me encontré con Flores Leyes y con Larrategui. Era un coronel, me parece que su primer nombre era Alcides. Flores Leyes me dijo que Larrategui era una persona muy buena.

Entre el abogado Flores Leyes y el Coronel Jorge Alcides Larrategui, le preguntaban por Hugo Vocouber. Ella no sabía dónde estaba, pero no le creían. “Yo le dije a usted que Hugo iba por mal camino”, le decía Flores Leyes. “En un determinado momento el coronel perdió los estribos y me dijo que iban a matar a Hugo y a todos los guerrilleros, a mi hijo y que me iban a subir a un helicóptero para que reconozca el área”.
Para ese entonces el embarazo de Chamorro iba por el cuarto o quinto mes, según recuerda. “Me bajaron nuevamente al subsuelo y vi cómo torturaban a otra gente, En noviembre me llevaron a la Alcaidía de Resistencia. Hubo un traslado a la cárcel de Devoto, yo me quedé en Resistencia, di a luz a mi hija y después me trasladaron a Devoto, en febrero me parece. En la Alcaidía escuché lo de Margarita Belén, la noche antes del 11 diciembre. Escuché gritos, torturas, nos dijeron que no nos podían abrir la puerta, que teníamos que estar fuera de las rejas pero las celdas contiguas estaban vacías. Traían gente, gemían y después me enteré lo de Margarita”, dice en referencia al hecho conocido como la Masacre de Margarita Belén, una serie de fusilamientos que ya fueron juzgados apenas se reiniciaron los juicios.

Quejas y un bandoneón

Olga recuerda que había mucha gente. “En la Brigada éramos como mínimo 100 personas. En el subsuelo, 40 o 50”. También recuerda la utilización de un instrumento que musicalizaba las torturas. Más que apego al arte, era un intento por ocultar los gritos ocasionados por las torturas. “Se escuchaba el bandoneón, había alguien que tocaba el bandoneón para hacer de base de los gritos porque la Brigada estaba enfrente de la plaza”.
—¿Dónde dio a luz? —interrumpe Sosti.
—Dos veces me llevaron a un hospital, no sé dónde. Di a luz en medio de soldados con armas. Me dejaron ahí. Lo interesante fue que el médico que atendió mi parto fue el mismo que había visto en Resistencia como mi ginecólogo, no sé si fue casualidad. No recuerdo ahora el nombre, lo debo tener anotado en alguna parte. Me llevaron a la Alcaidía dos o tres días más tarde. Después mi mamá la saca a Tatiana. Cuando yo estaba en la Alcaidía estaba como ilegal, mi familia no sabía dónde estaba. La jefa de las celadoras era la esposa o la amante de Pedro, que era el jefe de la Policía de Resistencia. Ella me dijo que el Ejército estaba muy enojado conmigo y con el padre de la bebé y lo que querían hacer era sacármela y llevarla a un orfanato. Ella lo estaba convenciendo a Pedro de que la bebé no tenía nada que ver y que se la tenía que dar a mi mamá. Mi mamá me comentó después que recibió un telegrama para que venga a buscar a la nena, el 20 de enero del ‘77. A finales de febrero fue mi traslado a Devoto. Cuando vi a mi mamá y a mis suegros que vinieron a buscar a la nena, les pregunté si sabían algo de Hugo y me dijeron que estaba en los diarios y la televisión, que lo estaban buscando”. Su madre le contó que recibió alguna carta de Hugo a través de encomiendas. Y que esa fue la única noticia que tuvo. “Cuando salí de Devoto me contó que en una carta le agradece por tener a Tatiana. Que había estado cerca, y hubiera querido visitarlas, pero que era peligroso para ellas”.


La libertad

Chamorro estuvo presa hasta 1981. “Cuando me llaman para decirme que me dieron la libertad, una de las cosas que hacíamos era subirnos a la ventana y gritar nuestros nombres ‘Soy Olga Chamorro, me dieron la libertad’ para que compañeras de distintos pabellones se enteren. Me dieron mis pertenencias, que no eran muchas, y salgo de Devoto y hay personas de civil esperándome. Me meten en el baúl de un auto y me llevan a la calle Moreno, en Buenos Aires. Estuve ahí tres días. Me preguntan qué sabía yo de Hugo, les dije que no sabía nada, me dicen que los había engañado, que les hice creer que era una perejil, ‘vos estuviste todo el tiempo organizada en la cárcel con las montos’. Quieren saber la organización de la cárcel.

Tras los pasos de Hugo

“En el ‘79 me parece que comienzan a recibir llamadas del exterior —dice respecto a su familia, ella todavía estaba presa—. También mandaba regalos para mí y Tatiana, que por ahora no los he recibido porque la familia se aferra a lo único que tiene. Yo sé que él estuvo en España pero además me enteré con el tiempo que Dante y Marisa lo vieron a él dos veces en el ‘79. La primera vez fue en Villa Guillermina o en Villa Ocampo, en enero. La segunda en junio, julio, donde vino a despedirse. Ahí les dijo que iba a salir del país. Ellos después del ‘80 no recibieron más noticias, se cortó la información”, relata.

En el monte

Hugo Vocouber pasó cerca de tres años escondido en el monte chaqueño. “Tengo entendido que Remo Vénica e Irmina Kleiner estaban con él. Había otro grupo de compañeros que también estaban viviendo en cañaverales en Santa Fe. Remo e Irmina me cuentan que salieron, que estuvieron juntos en España. Me comuniqué con Quique Lovey, él también me comentó que estuvo con Hugo en España. Con el tiempo, despacio, fuimos hilvanando esta información sobre Hugo fuera del país. Gustavo Molfino me confirmó que Hugo estuvo afuera. Remo y Irmina me confirmaron que estuvo en Líbano, entrenando y que quería regresar a la Argentina”.
En su testimonio en este juicio, Gustavo Molfino detalló cómo ingresó al país de manera clandestina para entregar una valija con todo lo necesario para salir de Argentina de manera segura. Dejó documentos, sellos, dinero y le dio un curso acerca de cómo utilizarlos a una pareja. Si bien sabe que lo aprovecharon compañeros/as de Ligas Agrarias, nunca supo quiénes recurrieron al kit salvador. Es posible suponer que Vocouver haya sido uno de ellos. De algo no hay dudas: Hugo Vocouber regresó a la Argentina para ser parte de la Contraofensiva.

Chamorro llegó desde Canadá con su marido y una amiga (a su izquierda) (Foto: Gustavo Molfino/DDJ)

Caída y festejo

Vocouber intentó ingresar por Mendoza. Allí los detienen. Olga aporta lo que sabe, sin perder nunca su ritmo pausado. “Quique Lovey solamente me puede confirmar que él llegó a Panamá, ahí es donde pierde comunicación. Remo e Irmina sabían que Hugo iba a regresar pero no tienen información específica. Mis cuñados trataron de buscar información. Hay un tío de Hugo en Resistencia, León Ferreyra, que también era jefe de Policía de pueblo, que le comenta a mi cuñada que a finales del ‘80 hay una fiesta en un restaurante del aeropuerto de Resistencia, donde celebran que a Hugo lo habían detenido. Esa fue la información que despacio fuimos encontrando”.

—¿Le contó dónde fueron detenidos? —interviene la fiscal.
—No, dice que lo habían detenido, que estaba en Buenos Aires, que se comentaba que lo iban a llevar de Mendoza al 601, ahí a Resistencia o a Corrientes, a una estancia. Más adelante lo que me entero es que hay una lista que un preso político, que se llama Víctor Basterra, que pudo sacar una lista donde está Hugo y Luis Fleitas con nombres de guerra, confirmando que había sido detenido alrededor de septiembre del ’80 y que estuvo en Campo de Mayo. Mi cuñada tiene recortes de diario de esa época, ahí decía que se llamaba Miguel y en lo que leí de Basterra, Pato”, agrega citando sus apodos de militancia. Olga vuelve a traer a la escena a Basterra, que si bien no fue parte de la Contraofensiva (ni siquiera era parte de Montoneros), aseguró que su caída producida en agosto de 1979 tuvo que ver con el recrudecimiento de la represión que surgió como respuesta a la acción político-militar de Montoneros. Entre toda la documentación que rescató heróicamente de la ESMA, está ese listado de personas que pasaron por Campo de Mayo, como ya dijo Ana Testa en la audiencia pasada

El exilio 

Olga Chamorro es delgada. Tiene el pelo prolijamente cuidado. En su cabeza predomina el color ceniza, tal vez metáfora perfecta del tiempo de fuego transcurrido. Su voz es suave como el rosa de su chaleco. Vino preparada con una campera inflada para un frío que todavía no es. Está por contar cómo y por qué eligió Canadá para rehacer su vida, sin olvidar jamás. “Aaaa… Cuando estuve detenida en Devoto, nos visitaron representantes de distintas embajadas y nos ofrecían la posibilidad de salir del país. Yo vine a Buenos Aires a tratar de sacar pasaportes y me enteré de que en ese momento la patria potestad la tenía el padre y entonces yo no podía sacar a Tatiana porque necesitaba la firma de Hugo para el pasaporte… Me decían que lo tenía que encontrar a Hugo para que firme. Estuve vinculada con derechos humanos y conocí a Luis Zamora. Él me comentó que la única forma de sacar a Tatiana del país era si tenia un problema médico. Mientras tanto empecé a estudiar enfermería por Palermo, no me acuerdo la escuela. Tenía una especie de beca. Quizás pasaron dos o tres meses, me llama la directora del colegio y me dice que tenía una cita. Me encuentro con personas que me dicen que yo les había mentido a la escuela, que yo era una guerrillera que había estado en la cárcel, que no les había comentado mi pasado y que no podía seguir estudiando. Esto reforzó mi idea de salir del país. Yo quería seguir estudiando, quería hacer algo, reincorporarme. Entonces seguí intentando salir del país, recorrí distintos consulados. Francia me sacaba, sin ningún problema, pero no me sacaba sin hacer los papeles para Tatiana. Los países escandinavos lo mismo, me querían sacar inmediatamente. Yo sabía que si la dejaba a Tatiana no la iba a poder sacar. En la embajada de Canadá me dicen que no hay ningún problema, que haga todos los trámites que tenga que hacer, que me esperaban. Me dieron la posibilidad de pagarme el viaje de avión para mi y mi hija y devolverlo en cómodas cuotas. Así es como salgo del país. Soy asistenta social, estoy trabajando, estoy casada con mi marido que es psicólogo, estoy viviendo en Canadá pero vengo todos los años y cada vez que vengo visito Resistencia, a mi familia, a la de Hugo y voy encontrando información, tratando de conocer qué es lo que pasó”.
Le piden que muestre la foto de Hugo que tiene sobre la mesa. Está conmovida. Ya se tomó toda el agua de la botella que su amiga y su marido le alcanzaron desde atrás. Habla de Tatiana; de Esther, su nieta preguntona. Y como cada año, retornará a su casa, como en un viaje circular, sin tener del todo claro cuál es el punto de partida. Olga pretende alguna vez saberlo todo sobre Hugo, para no tener que enseñarles a sus nietas que en su tierra y en la del Grandpá, algunas cuestiones son particularmente inexplicables.

Foto: Gustavo Molfino/DDJ

*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardiamedio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguimos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

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Opiniones
  1. Jeff. Johanne   /   julio 1, 2019, (11:18 pm)

    Buenos días, saludos a todos, como dice el refrán … 'los lectores son líderes' Me llamo Andrea Maria de Singapur, soy un médico de profesión, hace unos días leí en línea un comentario publicado en un blog de asesoramiento sobre relaciones. una señora de la periodista de Munich revela cómo curó de manera permanente la erección débil y la eyaculación rápida tres semanas después de que su esposa lo abandonó debido a la enfermedad mientras seguía leyendo su historia, dijo … el hombre que la ayudó a lograr todo esto se llama Jefe Sacerdote Oduduwa trajo de vuelta a su ex esposa después de la separación. Tengo la suerte de copiar la dirección de contacto personal de Dr.Oduduwa para comunicarme con él personalmente para obtener ayuda (dr.oduduwaspellcaster@gmail.com)
    Me comunico con el mismo sacerdote Oduduwa porque mis desafíos en la vida matrimonial necesitan ayuda milagrosa.
    Hace siete meses, mi esposo Anderson me miró directamente a la cara y dijo que entre nosotros habíamos terminado con nuestro matrimonio, se llevó a mi hijo Félix y viajó a nuestro país para vivir en España, desde entonces he estado intentando para llamarle y enviarle mensajes a través de teléfonos, medios sociales y correos electrónicos, pero él bloqueó completamente mi línea para que no lo contactara, estaba tan frustrado y necesitaba ayuda para al menos hablar con nuestro hijo Félix, me leyeron para disculparme incluso cuando ambos saben que él me hizo daño, se llevó a mi hijo lejos de mí durante más de 7 meses sin palabras ni letra. esta situación me estaba matando todos los días, estaba deprimido y necesitaba desesperadamente ayuda urgente y una solución para resolver este problema, así que me comunico con la dirección de correo electrónico del Dr. Oduduwa porque creo que solo puede ser una esperanza
    para ayudarme a traer de vuelta a mi esposo a casa con mi hijo. El Dr. Oduduwa me asegura que puede ayudarme a traerlo de regreso a casa, obedezco y sigo sus instrucciones paso a paso, 2 días después de que Dr.oduduwa almorzara un hechizo de amor mágico en mi nombre en su Templo, mi esposo Anslund me llamó Teléfono para disculparme, lamentó todo lo que hizo para herir mis sentimientos y regresó a casa con mi hijo Félix. Hoy estoy muy feliz de que mi familia haya sido restaurada y mi esposo y yo nos queramos más que nunca. ahora. Gracias al Dr. Oduduwa lanzador de hechizos de amor por traer de vuelta a mi esposo a casa. Yo y mi pareja amorosa siempre estamos agradecidos con la asistencia de Oduduwa.
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