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La otra Noche de los Lápices

Escrito por el septiembre 16, 2022


En una historia poco conocida, 10 alumnos y alumnas de un colegio privado de Florencio Varela sufrieron secuestros, torturas y desaparición forzada durante el último genocidio. Habían querido formar un centro de estudiantes en una escuela de un amigo de Videla. La hermana de Silvia Schand, una de ellas, dio testimonio en el juicio Circuito ABO V. La sobreviviente que vio a Schand y a Ángel Iula, otros de los estudiantes, durante su cautiverio.

Redacción: Alejandro Volkind (Radio Presente) / Camila Cataneo (La Retaguardia)
Edición: Fernando Tebele (La Retaguardia)
Fotos: Transmisión conjunta de Radio Presente y La Retaguardia

Edelmira durante su testimonio, reconociendo una foto de Ángel Iula y Silvia Schand, a quienes vio todavía con vida durante su cautiverio (Captura de la Transmisión de Radio Presente y La Retaguardia)

La referencia a La Noche de los Lápices aparece como ineludible. Un grupo de 10 pibes y pibas que estudiaron en el Colegio Santa Lucía de Florencio Varela sufrieron secuestros, torturas y desaparición forzada durante el último genocidio en Argentina. Entre ellos estaban Ángel Iula y Silvia Schand. Estos casos fueron tratados en la séptima audiencia de ABO V, el juicio por crímenes de lesa humanidad del circuito conformado por los Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio “Club Atlético”, “Banco” y “Olimpo”. En esta jornada, declararon por el caso de Silvia Schand y Ángel Iula, Lucia Leonor Schand, hermana de Silvia; y Edelmira Concepción Agüero, sobreviviente, quien estuvo con ellos en el centro clandestino.

La escuela privada que unía a los y las jóvenes que quisieron crear un centro de estudiantes, pertenecía a Modesto Evaristo “Tino” Rodríguez. a quien el alumnado califica como una persona por lo menos autoritaria. Era amigo del dictador genocida Jorge Rafael Videla, a tal punto que lo visitó mientras estaba preso y siempre lo reivindicó públicamente. Rodríguez publicó un libro, “Santa Lucía, el Instituto”, con un capítulo que se llama “Rosas y Ortigas”. Para mostrar las rosas, utilizó imágenes de jóvenes practicando deportes; para representar a las ortigas, eligió volantes de las organizaciones de la época. La hermana de Schand y una sobreviviente volvieron a traer esta historia menos reconocida que La Noche de los Lápices, pero igual de impactante.

“El Banco”

Edelmira Concepción Agüero fue secuestrada en 1978 de una casa de Temperley donde estaba viviendo junto a otras compañeras y compañeros de militancia. “Yo caí un 24 de mayo, no me olvido porque el 25 nos dieron chocolate”, aseguró la sobreviviente.

Cayó junto a Martín “Pocho” Faustarriaga, Andrés, más conocido como “Pericles”, “El cabezón” José Ríos y su esposa. También una pareja con dos hijos: Yanina, de 3 y Emiliano, de 1. Comentó que también lo atraparon a Lucio Leone Edelmira contó que al día siguiente secuestraron a “Cristina, Claudio Jose Lépore, también cayó mi responsable Silvia Schand, Angel Lula, Claudio Memo, Teofilo o Teodoro Acuña, Alejo Zurita. Fueron torturados”, señaló durante su testimonio.

Al llegar al centro clandestino El Banco le picanearon las muñecas y la llevaron a una celda que tenía una camilla. Luego dijo que “estaba en una celda con una señora que se llamaba Olga, y su esposo Hernan, estaba también allí. Un día la sacaron a Olga y cuando volvió me dijo: ‘me pusieron un arma en la cabeza y nos hicieron firmar los papeles de la casa y del auto’. Otra vez nos sacaron afuera e hicieron que nos iban a fusilar”.

“Había detenidos que nos servían la comida una vez por día. Detenidos que colaboraban para llevarnos al baño, porque teníamos grilletes y estábamos tabicados”, manifestó la sobreviviente y afirmó: “Yo estuve ahí 45 días exactos. No sé qué pasó con los otros detenidos que cayeron conmigo”.

Su encuentro con Silvia

“Una vez, yendo al baño, veo que estaba Silvia con el marido, y ahí me dijo que estaba embarazada, y estoy segura que de cuatro meses”, evocó Edelmira e hizo hincapié en que “nos hacían escribir nuestras historias muchas veces, porque si nos contradecíamos, nos torturaban”.

La sobreviviente confirmó que cuando estaba en cautiverio le decían “Loli” y la identificaban como “G-10”. Edelmira puntualizó en que los pisos eran de baldosas blancas y negras. El lugar tenía celdas que estaban enfrentadas y que “no sé si habrá sido una comisaría. 40 compañeros había, eran 2 por celda”,

Antes de ser liberada, contó que la llamaron y le preguntaron si la habían torturado. Ella respondió que sí y le advirtieron: “Te vamos a liberar, pero no cuentes nada porque nosotros vamos a estar pendientes de tus movimientos”. Lla dejaron en libertad en la calle Perito Moreno y le dieron plata para volver. “Tomé el subte y el colectivo y llegué a mi casa”, dijo.

Los torturadores

En un momento de su declaración recordó al “Turco Julián” (Julio Simón) y a uno que conocían como Kung Fu. Coincidió con otros testimonios en que “Colores (Juan Antonio del Cerro) era uno de los represores mas violentos, todos decían que era como un enfermo de la tortura. A otro le decían Sérpico, entre ellos siempre había movimiento cuando caían nuevos detenidos, y ellos se nombraban”.

Luego le mostraron fotos de víctimas del Terrorismo de Estado. “Laura, la ubico en el centro clandestino. La recuerdo porque nos servían la comida. Nos asistían a nosotros. La recuerdo muy bien. La conocí en el Centro. Ella estaba destabicada”.

Sigue mientras van pasando las fotografías: “Lucio Leone, el esposo de la señora que estaba en la casa de Temperley. Alejo Zurita, “Milko”. Él era miembro de la juventud, estuvo en el centro, él cayó pero yo no lo vi. José Claudio Lépore, “El Tano” le decían. Fue al primero que conocí. Era miembro de la Juventud. Claudio Memo, el “Tortuga” le decían. Lo conocí antes del secuestro y no lo vi pero me dijeron que también había sido secuestrado”.

Continúa reconociendo compañeros: “Silvia Schand, ella era mi responsable, mi compañera. “Enana”, “Petisa” eran sus apodos. Tenía 21 o 22 años. Eran todos del colegio Santa Lucía de Florencio Varela”. Además cuenta que “A ellos (Silvia y Angel) los secuestraron en una pensión, estaban como recién casados. Estaban en una celda cerca de mí, los dos juntos. Y ahí me comentó que estaba embarazada. A Ángel creo que le decían “Cabezón”.

También reconoció a “Cuca” y expresó: “la recuerdo, ella nos servía, nos llevaba al baño. Era mayor de edad que Laura. Ellos me dijeron que los habían secuestrado mucho tiempo antes, en el ´77. Cuando llegué me dijo que estaban hace un año. Militaban en el PCML (Partido Comunista Marxista Leninista) de La Plata”.

Respecto a si hubo ataques sexuales, la sobreviviente respondió: “Yo no vi, pero cuando estaba en la casa me dijeron ‘si no colaboras te vamos a violar’ (…) Se escuchaban gritos, pero creo que con todo lo que hicieron…”.

Su vida después del secuestro

“En el 82 cuando iba a volver la democracia, cayó un militar en mi casa haciéndome muchas preguntas. Yo no me di cuenta que era un militar”, remarcó Edelmira. También contó que “cuando salí no tenía a nadie, y yo pensaba que ellos iban a salir, y fui a avisar a la familia de Silvia, y ellos me decían: ´¿por qué te liberaron a vos y no a ellos?´ Después vino a verme y me pidió disculpas, y me dijo que durante 20 años no pudieron hablar de esto”.

“Es posible que sea la última vez que nos encontremos”

Así comenzó el testimonio de Lucía, la hermana de Silvia Schand, al referirse a cómo fue la última vez que supo de su hermana. Recuerda que Angel y Silvia decían “No quiero que los chicos pasen hambre”. El 25 de mayo de 1978 fue la última vez que se vieron. Ese día fueron con su mamá a llevar unas estufas a un hogar de chicos carecientes.

Lucía recordó a su hermana Silvia Schand, durante las preguntas del Fiscal General Alejandro Alagia (Captura de transmisión de La Retaguardia y Radio Presente)

Aseguró que primero “cayó” su cuñado y luego Silvia. A la semana siguiente, un compañero de ella del secundario, llamado Mario, les dijo que los habían secuestrado. Lucia cuenta que la mamá de Angel presentó un habeas corpus en la embajada de Italia.

Por intermedio de un policía de la provincia, que era conocido de la mamá de Ángel, se enteraron de que Silvia estaba embarazada y que la llevaron a parir. El efectivo la vio a ella y a Ángel. “Por eso sabemos que nació, pero no sabemos ni sexo ni quien se lo apropió”, manifestó. El hijo de ambos es parte de centenares de niños y niñas que sufren apropiación de su identidad y todavía no lo saben.

Finalmente contó que, en el 83, un primo suyo recibió un llamado en su lugar de trabajo. Atendió un compañero de él, quien le contó luego que llamaron diciendo que era de parte de Silvia Schand: “díganle que si puedo voy a volver a llamar”. Lucia dijo que no sabe si fue una broma de mal gusto para la familia o qué fue lo que sucedió.


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