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Facundo Jones Huala, el preso político casi invisible

Por LaRetaguardia en Jones Huala, mapuche, Nacionales - publicado el 7 enero 2026

Detenido sin orden judicial, entre otras irregularidades, la causa por la que el Lonko mapuche permanece en un penal de alta seguridad solo parece una demostración de poder, un mensaje para quienes intenten rebelarse ante las injusticias, aunque sea discursivamente. Repasamos la historia de un muchacho de Bariloche al que el Estado solo vio cuando se levantó. 

Francisco Facundo Jones Huala nació el 9 de mayo de 1986 en la ciudad de Bariloche. Se crió en el Centro de Atención y Articulación Territorial (CAAT) N° 4, dentro de un plan habitacional conocido como “Barrio de las 169 viviendas” ubicado en los altos de la localidad más poblada de Río Negro; allí donde el glamour y las bellezas naturales contrastan con la pobreza de miles de migrantes e hijos de esa tierra. 

Jones Huala nació mapuche, pero no lo supo hasta los 11, después de que sus padres se separaron. Fue a finales de los 90, tras la reforma constitucional, que el universo indígena renovó la militancia en reclamo de sus derechos. Desde entonces, casi 2 mil comunidades de unos 40 pueblos originarios comenzaron a gestionar, frente al Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), la devolución de sus territorios ancestrales. Durante esos años, el joven Facundo se fue interiorizando de la historia y cultura de su pueblo. Aprendió el mapudungun (lengua originaria) y comenzó a perfilarse como referente de algunas comunidades (lof) locales.

En 2013, autoridades chilenas acusaron a Jones Huala de haber producido un incendio en Pisu Pisue, en la provincia de Valdivia. Su participación en ese hecho, según afirma su abogada Sonia Ivanoff, nunca fue demostrada. Pero en 2018, durante la presidencia de Mauricio Macri y la gestión de Patricia Bullrich como ministra de Seguridad de la Nación, Facundo fue extraditado a Chile, juzgado, declarado culpable y condenado a 9 años de prisión.

Un tiempo antes, en 2015, Jones Huala había tomado cierta notoriedad pública por la conformación de la Pu Lof en Resistencia Cushamen, donde se inició un proceso de recuperación territorial en los campos adquiridos por la multinacional Benetton. Aunque no lo encontraron en el lugar, se le adjudicó autoría intelectual por la “usurpación” de tierras. Recordemos que allí mismo, pero en 2017, la Gendarmería hizo desaparecer a Santiago Maldonado hasta encontrar su cuerpo en el Río Chubut. Había sido por entonces que, apenas asumido el gobierno del PRO, se inició el trabajo de convertir a Facundo en el símbolo del “indio malo”, apátrida, asesino e incendiario que, para colmo de males, lleva el mismo nombre del gaucho sucio, homicida y despreciable que Sarmiento supo destacar como su principal antagonista y prototipo de la barbarie. Facundo, entonces, fue instituido modelo disciplinante: lo que le ocurra a él le puede ocurrir a cualquier otra persona con militancias similares. Debe reconocerse, de todos modos, que algunas de sus expresiones públicas no le ayudaron demasiado. Pero eso no quita —¡ni justifica!— que continúe siendo objeto de construcción simbólica: se deposita en su persona todo lo malo que puede ser un indio que, además, tiene “el tupé” de reclamar la tierra que le pertenece. Tan malo, que el 17 de febrero de 2025 fue incorporado al Registro Público de Personas y Entidades vinculadas a actos de Terrorismo (RePET).

Su historia de los últimos 14 años está llena de idas y venidas legales bastante arduas de compendiar. La permanente referencia a la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), lo atraviesa como héroe y como villano. Esa velada organización, tan distante de los modelos asociativos tradicionales, que el mismo Facundo habría caracterizado como “un estadio de conciencia del pueblo mapuche”, hace aún más compleja su traza biográfica. No obstante, una certeza emerge con insistente constancia: Francisco Facundo Jones Huala sigue siendo un preso político.

Su última detención fue arbitraria e inconstitucional, afirma su abogado Gustavo Franquet, miembro de la Gremial de Abogados y Abogadas. 

Esto es lo que ocurrió: el 2 de febrero de 2025 Facundo presentó en la Biblioteca Aimé Painé de Bariloche, su libro titulado Entre rejas, antipoesía incendiaria. Fue durante esa presentación que afirmó: «Reivindicamos los sabotajes y yo, particularmente, como miembro de una organización político militar, reivindico los atentados incendiarios y los sabotajes a la infraestructura del sistema capitalista, de las transnacionales, de los terratenientes, con un objetivo político«. Palabras fuertes, por cierto, pero que el mismo Jones Huala intentó suavizar diciendo que su reivindicación no implicaba convocar a la ejecución de esos atentados, sino a la comprensión de que eso pudiera ocurrir en alguna situación extrema.

Casi de inmediato, y tras su incorporación al RePET, el Ministerio de Seguridad nacional ratificó la denuncia contra Facundo “por los delitos de Intimidación Pública, Incitación a la Violencia Colectiva, Apología del Crimen y Asociación Criminal”. Fue en ese marco que, sin orden judicial, la Policía Federal lo detuvo ilegalmente. Recién al día siguiente, el juez Ezequiel Andreani emitió por WhatsApp la orden de detención y, en pocas horas, el jueves 12 de junio, lo trasladaron a la Unidad Penal Federal N° 6 de máxima seguridad, ubicada en la ciudad de Rawson, provincia de Chubut.

Facundo está detenido con prisión preventiva pero no está procesado, sólo está investigado. Y esa prisión, que era por 90 días, ahora puede extenderse hasta dos años, tiempo máximo para que la fiscalía investigue. Mientras tanto, lo tratan como preso peligroso, lo estigmatizan, discriminan y le prohíben el ejercicio de rituales mapuche. 

Los investigadores, por su parte, para dar sustento a la acusación de integrar y conducir una Organización Criminal, necesitan encontrar a otros integrantes. Hace años que dedican tiempo a esa búsqueda infructuosa. Decenas de brutales allanamientos, como los realizados en febrero de 2025, resultaron inconducentes. Tal vez, esa falta de resultados se explique, en palabras del Lonko Mauro Millán, con cierta inesperada sencillez. Cuando las fuerzas federales  destruyeron las casas de la Lof que lidera, la Pillán Mahuiza, el Lonko Millán, que mantiene distancia del modelo estratégico de Facundo, sostuvo: “No pueden simplemente achacarle a todo un pueblo una pertenencia a la RAM: van a tener que demostrar que somos parte de esa organización inexistente”.