VIGENCIA DE LA ESPAÑOLA CONCEPCIÓN ARENAL: «QUIEN GENERALIZA ABSUELVE A LOS VERDADEROS RESPONSABLES»
Por LR oficial en Arte y Cultura, CABA, política - publicado el 28 octubre 2026
Una calle de Buenos Aires recuerda a la primera mujer que estudió Derecho en España. Para poder hacerlo se vestía como si fuera un hombre. Qué diría hoy cuando pretenden extender a todos los argentinos la xenofobia de Javier Milei y sus “libertarios”.
Redacción: Carlos Rodríguez
Cuesta escribir sobre la “campaña antiargentina” que se instaló después de la final del Mundial de Fútbol. El tema molesta desde su título, porque la dictadura militar calificó de “campaña antiargentina” a las denuncias contra el Terrorismo de Estado que se realizaban fuera del país.
Siempre rechacé decir “los” argentinos, “los” chilenos, “los” mexicanos o “los” españoles, entre otros “los y las”, porque eso significa meter a todas y todos en la misma bolsa.
Son obvias las diferencias entre chilenos como Víctor Jara o Violeta Parra, con ese verdugo sanguinario que fue Augusto Pinochet Ugarte. Como son obvias las diferencias entre españoles como Federico García Lorca; Dolores Ibárrauri, la “Pasionaria”; o Miguel Hernández; con sujetos como Francisco Franco, Josemaría Escrivá de Balaguer y, para no ir tan lejos en el tiempo, con Santiago Abascal, líder del ultraderechista partido Vox.
Abascal es amigo personal y mentor de Javier Milei, grotesco títere de detestables líderes mundiales. Abascal y Milei, dos caras, la misma moneda, distinta nacionalidad.
Es cierto que hay xenófobos en Argentina. La peor referencia es el propio Milei, quien desprecia por igual a inmigrantes de países limítrofes, a jubilados a los que califica de “viejos meados”, a las y los discapacitados, a las mujeres que luchan por la igualdad de género, a trabajadores y trabajadoras, a quienes pelean por salud y educación públicas. En su discurso desquiciado, los que se oponen a sus políticas son “terroristas”. Lo mismo decía la dictadura militar.
Mirar hacia adentro
Los argentinos xenófobos y racistas de peso no sólo están hoy en cargos públicos sino también en sectores influyentes del periodismo, entre otros espacios. Los Feinmann, los Leuco, los Majul, los Viale, entre otros y otras, vomitan discriminación cada vez que abren la boca.
Eduardo Feinmann fue repudiado cuando descalificó al pueblo mexicano. Lo hizo, seguramente, porque votó a una presidenta que no es amiga de Donald Trump.
La prédica de Feinmann es permanente. Desprecia con calumnias y violencia verbal a los jubilados y jubiladas que protestan, a los partidos de izquierda y a todas las ramas del peronismo.
Un video desnuda su torpeza cuando quiso amedrentar a una joven estudiante que forma parte de un grupo que se define como “antiimperialista”. Herido en su ideología, el abanderado de la derecha recibió como respuesta un mensaje preciso y contundente sobre el porqué de la protesta estudiantil frente a la política salvaje del gobierno de Javier Milei. La joven le dio una paliza oral y pública que lo dejó sin palabras. Le demostró con datos precisos y rotundos porque su grupo se define como “antiimperialista”.
Algunos porteños siguen llamando “cabecitas negras” o simplemente “negros” a quienes llegan a Buenos Aires desde las provincias, y las y los bonaerenses son defenestrados por el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, o por Patricia Bullrich, siempre dispuesta a seguir aportando a la antología de la torpeza y la represión.
Hay porteños soberbios, pero los hay también en otras ciudades argentinas y del mundo. Como contraste, miles de mensajes de extranjeros que viven o que estuvieron en Argentina, resaltan la hospitalidad, la alegría, el corazón abierto de la mayoría de los argentinos, porteños o no.
La Madre Patria
Mi apellido se lo debo con orgullo a mi padre, Carlos Julio Rodríguez. Él lo había heredado, por partida doble, de mi abuelo paterno mala gente y de mi hermosa y sufrida abuela paterna.
Mi abuelo paterno era “el Rubio”, mi abuela “la Negrita”. No tengo nada en contra de “los” rubios, pero detesto la discriminación que se expresa a partir del viejo parte aguas entre “carapálidas” y “pieles rojas”.
Mi mamá, por su lado, era Cabrera por vía paterna y Oviedo por materna. A mi vieja la bautizaron como Zulema Oviedo, porque su papá, que era anarquista, murió meses antes de que ella naciera.
A pesar de mi descendencia, nunca compartí la idea de España como “Madre Patria”. No comparto el festejo del 12 de octubre como “descubrimiento de América”. En su libro Las venas abiertas de América Latina, el escritor uruguayo Eduardo Galeano describe el saqueo de los mentados “descubridores de América”. Bartolomé de las Casas, en sus escritos sobre la conquista, reconoció el genocidio, el saqueo, la esclavización, la violación de los derechos humanos de millones de habitantes del “Nuevo Mundo”.
En el siglo XX, los españoles que llegaron a la Argentina fueron bien recibidos y sumaron su cultura, su trabajo y su sudor. Ellos enriquecieron al pueblo argentino y pagaron con creces una deuda histórica, aunque no eran ellos quienes debían pagarla. Lo mismo aportaron y aportan el pueblo chileno, uruguayo, judío, boliviano, peruano y de otros lugares del mundo que conviven en paz en Argentina.
Las callecitas de Buenos Aires
En la capital de Argentina existen calles en homenaje a Julio Argentino Roca, gestor del genocidio que se conoce como “Campaña del Desierto”. El monumento a Roca en Diagonal Sur, que el escritor Osvaldo Bayer quería desterrar, es cruzado por la calle Adolfo Alsina. Exministro de Guerra, Alsina fue el hacedor de “la zanja” abierta en el límite con La Pampa. La misión del foso fue marcar el límite entre “la civilización” de los poderosos que se adueñaron de la tierra y “la barbarie” de los pueblos originarios, perseguidos, asesinados y desterrados.
En Buenos Aires hay una estatua que recuerda al Cid Campeador, como se llamaba al militar español Rodrigo Díaz de Vivar. En uno de sus romances satíricos, Francisco de Quevedo describe con ironía a un doctor en medicina que tiene fama de incompetente: “Quien os lo mostró cobarde no lo conoce y mintió, que ha muerto más hombres vivos que mató el Cid Campeador”.
Rodrigo Díaz de Vivar, ejemplo de la barbarie, construyó su poder y su leyenda arrasando poblaciones musulmanas, sumando a sus huestes a guerreros islámicos que formaban parte de grupos del mismo origen enfrentados entre sí.
En una canción que se llama Por las paredes (mil años hace) y que nunca se escucha en las radios argentinas, Joan Manuel Serrat reverencia al cúmulo de civilizaciones que echaron raíces en territorio español. “Mil años hace que el hombre y las guerras dieron lengua y nombre a la tierra, y al pueblo que rindió a sus pies”.
Serrat señala que como consecuencia del avance a sangre y fuego de la iglesia católica “el musulmán lo perdió todo, la casa, el sueño y la heredad, en nombre de la Cristiandad”. Para Feinmann y sus amigos del alma, los únicos malos son los musulmanes. Estados Unidos e Israel defienden el estilo de vida “occidental y cristiano”, lo que para sus mentores justifica el genocidio palestino.
La canción de Serrat reivindica la lucha de los pueblos oprimidos por la violencia de las guerras imperialistas y de las dictaduras. Resalta el valor de esos pueblos que “hacen del llanto un panal, y de su sangre y su derrota, Día de Fiesta Nacional”. Un canto de libertad que, a pesar de las derrotas, los pueblos, con heroica tozudez, “lo están gritando, siempre que pueden, lo andan pintando por las paredes”.
Una reivindicación final
Entre tantas pálidas por el nombre de las calles y los monumentos que son homenajeados en Buenos Aires, hay una maravillosa excepción. En el norte de la ciudad, hay una calle que se llama Concepción Arenal, en homenaje a la primera mujer que pudo seguir la carrera de Derecho en su país, España, en 1840. Para poder hacerlo, se vestía como si fuera un hombre. Esa mujer fue citada por Eduardo Galeano en otro de sus libros.
En una tesis sobre derecho penal, Concepción Arenal sostuvo que “quien generaliza absuelve”. Se refería a las culpas colectivas, cuando se intenta, por ejemplo, “culpar a toda la humanidad por catástrofes globales o ambientales”. Eso es “una forma de dejar libres a los verdaderos responsables”. Como es notorio, la culpa no es de las víctimas comunes, sino de las grandes empresas y de las potencias mundiales. Una verdad vieja como el mundo.
Los dichos de Concepción Arenal dejan al desnudo, una vez más, la torpeza y desidia de Javier Milei, quien afirmó en estos tiempos que “una empresa puede contaminar el río todo lo que quiera (…) porque sobra el agua”.
Todo esto viene a cuenta de que es injusto decir que “los” argentinos son xenófobos y racistas. Si la acusación es contra Javier Milei, Mauricio Macri, Patricia Bullrich y su séquito de aduladores y mafiosos, no queda otro camino que darles la razón porque eso significa condenar a los verdaderos responsables.


