AHORA Y SIEMPRE – 221: VEINTE AÑOS SIN LÓPEZ
Por LR oficial en Ahora y Siempre, Derechos Humanos, Lesa Humanidad - publicado el 21 septiembre 2026
Hubo dos aniversarios fuertes en estas dos semanas —sí, hace dos semanas que no nos encontramos, perdón por la ausencia el pasado lunes—. Y sobre esos dos quiero charlar hoy, con varios trabajos periodísticos que voy a dejarte recomendados porque son de una calidad inigualable. Casi todos, además, desarrollados por medios autogestionados de manera colectiva. Una belleza.
Redacción: Ailín Bullentini

Esta vuelta, la vigilia que desde 2008 lleva a cabo Radio Futura tuvo un peso especial. Se cumplieron 20 años de la segunda desaparición de Jorge Julio López, ocurrida el 18 de septiembre de 2006, el día anterior a que el Tribunal Oral Federal Nº1 de La Plata condenara a Miguel Osvaldo Etchecolatz a prisión perpetua por crímenes cometidos durante la última dictadura.
Desde las ocho de la noche del jueves 17 hasta las ocho de la mañana del viernes 18 de septiembre, la radio comunitaria de Villa Elvira, en La Plata, volvió a abrir sus puertas para mantener despierta una pregunta que la democracia argentina todavía no pudo responder. ¿Dónde está Jorge Julio López?
López había sido uno de los testigos centrales de aquel juicio elemental en la historia del proceso de juzgamiento a genocidas de la última dictadura.
Por los micrófonos de la radio pasaron durante toda la noche familiares, abogados, sobrevivientes, militantes, artistas y jóvenes. Estuvieron Rubén López, Guadalupe Godoy, Aníbal Hnatiuk, Elsa Pavón, Carlos Zaidman, entre muchos otros. Hubo música, intervenciones artísticas, una cronología de estas dos décadas y caminatas por la memoria. Pero, sobre todo, hubo historias. Y de esas doce horas de radio emerge una imagen de López bastante más compleja que aquella con la que solemos recordarlo: la del testigo que señaló a Etchecolatz.
Y entre todas esas voces fue apareciendo también un López que muchas veces queda escondido detrás de la figura del testigo desaparecido.
Su hijo Rubén López contó que su padre había dedicado años a reconstruir por su cuenta el funcionamiento del circuito represivo por el que había pasado. En los años ochenta llevaba a sus hijos a pescar o a cazar pajaritos cerca de algunos de los lugares donde había permanecido secuestrado. Ellos no lo sabían, pero mientras tanto López observaba, reconocía y reconstruía. También pedía libros sobre genocidios. Con quinto grado de escolaridad, estudió e investigó para poder ordenar lugares, tiempos y nombres. Esa tarea explica, según su hijo, la extraordinaria precisión que tendría después su testimonio ante la Justicia.
Rubén lo resumió durante la vigilia como una doble obligación. Una con sus compañeros —Patricia Dell’Orto, Ambrosio De Marco, Norberto Rodas, entre otros—, a quienes había visto asesinados en el Pozo de Arana. La otra, con la sociedad. López entendía que contar aquello de lo que había sido testigo era también un deber ciudadano.
Hay otra imagen que dejó Rubén y que explica, quizás mejor que ninguna, el sentido de la vigilia. Cada septiembre, recordó, La Plata conmemora primero la Noche de los Lápices y dos días después la desaparición de López. Esa sucesión hace que, al menos una vez por año, su nombre vuelva a ocupar las calles, las radios y las conversaciones. Y evita algo que su hijo definió como una tercera desaparición: la desaparición de López de la memoria colectiva.
Porque la segunda sigue sin resolverse. Veinte años después, la investigación judicial no pudo determinar qué ocurrió con López, quiénes participaron de su secuestro ni dónde está. Durante la vigilia, el abogado querellante Aníbal Hnatiuk reconstruyó un expediente atravesado por pistas que parecieron estar a punto de conducir a una respuesta y terminaron agotándose. Algunas, sin embargo, permitieron comprobar que alrededor de los juicios había personas vinculadas con el universo represivo que se organizaban para intentar obstaculizarlos. Hubo allanamientos y pruebas de esas maniobras, pero no alcanzaron para establecer quiénes hicieron desaparecer a López.
Dejo acá también un resumen con claves de la investigación que la Revista MU recogió del trabajo “Los Días sin López”, llevado a cabo por les periodistas Luciana Rosende y Werner Pertot.
Hnatiuk habló también de otra frustración, acaso más difícil: las líneas que pudieron investigarse mejor y no se investigaron. Y planteó que, veinte años después, volver a revisar integralmente el expediente podría abrir nuevas posibilidades. Son decenas de miles de páginas y millones de registros telefónicos. Un equipo dedicado específicamente a releer ese material, con herramientas que no existían en 2006, podría encontrar relaciones que entonces resultaban casi imposibles de detectar. No hay garantías de que allí esté la respuesta. Pero tampoco razones para dejar de buscarla.
La vigilia permitió mirar también qué ocurrió con aquello que la desaparición de López buscó poner en riesgo. Carlos Zaidman, de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos, recordó que el secuestro ocurrió en un momento decisivo: el juicio contra Etchecolatz era el primero después de la caída de las leyes de impunidad. La desaparición de uno de sus testigos fundamentales tuvo un efecto intimidatorio evidente sobre sobrevivientes, familiares, querellas y quienes empezaban a declarar en los procesos que se abrían en todo el país.
Pero veinte años después hay algo que también puede afirmarse: los juicios no se detuvieron.
Etchecolatz murió acumulando condenas. Los hombres que López había señalado fueron llegando a los tribunales y muchos de ellos pudieron ser juzgados, salvo quienes murieron antes. Desde aquel primer juicio, cientos de represores fueron condenados en todo el país y el testimonio de López continuó siendo utilizado como prueba en otros debates por crímenes de lesa humanidad.
Quizás por eso la escena de Radio Futura tiene tanta potencia veinte años después. Mientras afuera transcurría otra noche de septiembre, adentro una radio permanecía encendida. Se escuchaban las voces de quienes todavía buscan, de quienes declararon, de quienes acompañaron los juicios y también las grabaciones de quienes ya murieron.
La Justicia argentina todavía debe responder dónde está Jorge Julio López. La vigilia se ocupa, mientras tanto, de que nadie deje de hacer la pregunta.
Podés escucharla entera acá, un link con cada entrevista.
Y dejo, por último, este LABURAZO de Pulso Noticias, otro Viento y Radio Futura: una cronología sobre la desaparición de López, pero también de la nosotros, de la sociedad: ¿qué hicimos durante estos 20 años para buscarlo, para reclamarlo, para mantener su memoria? ¡felicitaciones a les colegas! Un material para guardar en archivo y tener siempre a mano.
50 años de La Noche de los Lápices

El miércoles, en tanto, se cumplieron 50 años de la Noche de los Lápices, uno de los episodios que condensan con mayor crudeza la persecución que el terrorismo de Estado desplegó contra las juventudes organizadas. Durante septiembre de 1976, grupos de tareas de la dictadura secuestraron en La Plata a diez estudiantes secundarios. Seis de ellos —Claudia Falcone, María Clara Ciocchini, Claudio de Acha, Daniel Racero, Horacio Ungaro y Francisco López Muntaner— continúan desaparecidos.
Durante mucho tiempo, aquella historia quedó reducida a una imagen: un grupo de adolescentes secuestrados por reclamar el boleto estudiantil. El boleto fue parte de sus luchas, pero no explica por sí solo la persecución. Eran jóvenes con participación política y estudiantil —varios militaban en la Unión de Estudiantes Secundarios— que discutían la escuela, se organizaban en sus barrios y aspiraban a transformar la sociedad. La represión contra ellos formó parte de una persecución mucho más amplia contra la militancia juvenil: organismos de derechos humanos registran al menos 349 estudiantes secundarios asesinados o desaparecidos durante el terrorismo de Estado.


