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Martín Balza


El ex Jefe del Estado Mayor del Ejército en los 90 fue citado por la defensa del imputado Ocampo. Minimizó la participación de su fuerza en el genocidio. Admitió que conocía la existencia de El Campito, mientras fue parte de la Escuela de Artillería que funcionaba también en Campo de Mayo. Sin perder nunca su habilidad oratoria, carraspeó en varias oportunidades, titubeó en otras y volvió a automarginarse del esquema represivo de aquellos años, al que calificó como “una indiscriminada cacería humana en manos de muy pocos”. (Por El Diario del Juicio*)  ✍️ Redacción: Paulo Giacobbe 💻 Textuales: Diego Adur/Luis Angió 💻 Edición: Martina Noailles/Fernando Tebele 📷 Foto de portada: Captura de pantalla transmisión de La Retaguardia El ex jefe del Ejército, General Retirado Martín Balza, reconoció que en Campo de Mayo funcionó un Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio, y que lo supo mientras revistaba en esa guarnición. Balza declaró como testigo por parte de la defensa en el segundo tramo del juicio por la represión a la Contraofensiva Montonera y señaló al General Domingo Bussi como uno de los responsables de El Campito, que funcionaba dentro de la guarnición militar. El General Santiago Riveros, acumulador serial de condenas, quien goza del beneficio de la prisión domiciliaria, también fue señalado por Balza como máximo responsable. “En la oportunidad que se han referido yo no estaba en Campo de Mayo, no tengo la más mínima idea de quiénes revistaban en el Destacamento de Inteligencia 201”, se precipitó a aclarar el testigo, que dijo haber estado como Jefe del Grupo de Artillería III en Pazo de los Libres entre diciembre de 1979 y julio de 1982. Dentro de ese período, fueron conducidas a esa ciudad personas secuestradas en Campo de Mayo; la finalidad era que, bajo tortura, identificaran a sus compañeros y compañeras que regresaban al país por esa frontera. Balza luego fue a las Islas Malvinas.   Lisandro Sevillano, el abogado defensor de Mario Guillermo Ocampo, único imputado de este tramo, comenzó el interrogatorio. Martín Balza dijo que desde principios de 1978 fue destinado a la Escuela de Artillería de Campo de Mayo como Jefe del Departamento de enseñanzas hasta agosto o septiembre de 1978. En esa corta estadía fue designado dos veces como Jefe de día. “Es un servicio que normalmente se establece en guarniciones que tienen dos o más unidades, Campo de Mayo tenía muchas unidades. Se designa un Jefe de día, la misión era normalmente entre retreta y diana”, y aclaró el significado de la última frase: silencio y tomar contacto con todas las unidades. Dijo que tomó conocimiento de la existencia de un “Lugar de Reunión de Detenidos (LRD)”, el eufemismo militar utilizado para maquillar los Centros Clandestinos de Detención Tortura y Exterminio. Pero aclaró que no fue mientras era Jefe de día. Carraspeó. Aclaró que era un resfrío y no Covid-19, y dijo que se enteró de la ubicación exacta en la escuela, por algunos comentarios: “no en la zona de cuarteles, bien en el centro del campo, al cual los jefes de día teníamos prohibido entrar. Ese lugar no se podía recorrer ni tomar contacto telefónicamente, por radio, ni mucho menos personalmente”. De ese modo, Martín Balza reconoció la existencia del centro clandestino El Campito, su ubicación exacta, ya sea por comentarios o por la prohibición de acercarse, pero al mismo tiempo se situó ajeno a los crímenes que ahí ocurrían. Tuvo tiempo para las anécdotas y recordó que un Teniente Coronel fue sancionado por haberse acercado a la zona prohibida. Otro Teniente Coronel, que estaba en el Centro Clandestino, le prohibió la entrada: “No me acuerdo el nombre”, aclaró presuroso ante cualquier posible pregunta.  Tampoco quiso decir quién era la persona que insistió en ingresar a El Campito. “Si es necesario doy el nombre pero no quisiera por respeto a la familia, era un sólido oficial”. Sevillano dijo que no era necesario. Entonces intervino el abogado querellante Pablo Llonto diciendo que tenía que dar el nombre.   —Teniente Coronel Lora Díaz —soltó finalmente Balza—, excelente oficial del arma de artillería.  “Esos lugares, esos centros de reunión de detenidos, desaparecieron” fueron destruidos en el año 1979 declaró el ex jefe del ejército, dato que se enteró en el juicio a los comandantes. Un cálculo matemático errado  La fiscal Gabriela Sosti indagó sobre los comentarios que realizaban sobre los lugares de reunión de detenidos. Y se encontró con una declaración matemáticamente a la baja.  Así como se comentaban los partidos de fútbol los lunes, también se comentaban otras cosas, podía ser en la Escuela de Artillería o en una cena. “En esa época, llegó a ser una lucha de clandestinos contra el clandestino porque el Ejército no actuaba como una cosa orgánica. El 80% del Ejército no tuvo la más mínima participación en esto… al contrario, no actuaba encapuchado”. Para Balza, durante el terrorismo de Estado, el grueso del Ejército actuó bien. Incluso dijo que en un control de ruta se pedían los documentos con respeto. Situación por demás increíble Pero luego dirá algo más increíble teniendo en cuenta que fue citado por las defensas: “Hubo un pequeño grupo del área de inteligencia, que tenían actividades clandestinas. No comentaban lo que ahí hacían. Nadie decía que había una patrulla para robar propiedades, robar bebés, torturar, tirar gente viva o muerta desde los aviones, eso no lo comentaban. Estaba totalmente tabulada los que estaban afectados a actividades como esa particularmente en los Centros Clandestinos de Detención”. El imputado en esta causa, Mario Guillermo Ocampo, fue integrante del Destacamento de Inteligencia 201 del Ejército de Campo de Mayo. “No quiere decir que todos los hombres de inteligencia estuvieran en algunas actividades incorrectas, pero sí era el área que tenía responsabilidad primaria. Eran clandestinos contra clandestinos”, repitió.  “¿Para qué se usaba el área de Inteligencia?”, preguntó la fiscal Sosti, y Balza habló de su trabajo en los democráticos años 90, reconociendo que realizaron “inteligencia táctica y estratégica, inteligencia operacional”. Marcó una diferencia en cuanto a la violencia utilizada: “No inteligencia

El ex Jefe del Ejército, Martín Balza, declarará en este juicio convocado por la defensa del imputado Ocampo.

El ex Jefe del Ejército, Martín Balza, declarará en este juicio convocado por la defensa del imputado Ocampo.

La declaración del médico militar Gabriel Salvador Matharan sorprendió a las personas que no venían asistiendo al juicio y pudieron verla en vivo a través de El Diario del Juicio. Para los habitué, fue una más de las varias declaraciones de gendarmes y militares que, alrededor del crimen de Gervasio Martín Guadix, han titubeado o se contradijeron, lo que demuestra la puesta en escena de su supuesto suicidio en el puente fronterizo de Paso de los Libres, Corrientes. Desde Paraná, Matharan repitió sistemáticamente una respuesta: “No recuerdo señor”, aunque le preguntara la jueza Morguese Martín, que le recordó que estaba declarando bajo juramento. La querella familiar pidió su detención. (Por El Diario del Juicio*)  ✍️ Texto 👉 Fernando Tebele/Fabiana Montenegro💻 Colaboración  👉 Diana Zermoglio📷 Fotos 👉  Gustavo Molfino/El Diario del Juicio📷 Documentos 👉 El Diario del Juicio📷 Foto de Portada 👉  Desde Paraná, por videoconferencia,  📷 Gustavo Molfino —La situación de estar en una testimonial lo impone de una obligación, que es la de manifestarse con la verdad, pues si no lo hiciera podría incurrir en el delito de falso testimonio cuyas penas, en algunos casos, alcanzan los 10 años de prisión. Técnicamente, el falso testimonio es afirmar una falsedad, negar o callar la verdad, aunque sea una parte de ella, ¿jura o promete decir la verdad? —informa y pregunta el presidente del tribunal, Esteban Rodríguez Eggers. Lo hace siempre que está por comenzar un testimonio, pero cada vez que participa un gendarme o un médico militar vinculado al fraguado suicidio de Gervasio Martín Guadix -en realidad secuestro y asesinato-, esa información acerca del falso testimonio cobra otra relevancia.—Sí, juro —se escucha una voz tenue que llega por videoconferencia desde Paraná, Entre Ríos.—Señor Matharan, ¿jura o promete decir la verdad? —repregunta el juez, que no lo ha escuchado.—Juro juro —responde más cerca del micrófono el testigo, y muestra ya algo de impaciencia.—Usted es médico, ¿no es así?—Sí, soy médico.—En diciembre del año ‘80 prestaba servicio en el Regimiento 5, ¿o no? —consulta el juez.—En el 5 de Infantería de Paso de los Libres.—¿Qué cargo tenía ahí?—Era el jefe de la enfermería.—¿Su especialidad en medicina?—Geriatría y gerontología.—¿Pediatría?—Ge-ria-tría, con G —aclara el médico, ya sin la paciencia que le tendrán luego a él.—Durante su servicio en el Regimiento 5 de Paso de los Libres, ¿tiene presente haber hecho algunas autopsias?—No recuerdo señor.—¿No recuerda si hizo autopsias, o no recuerda cuántas?—No recuerdo señor —comienza a repetir el testigo, pero casi balbuceando, alcanza a aclarar—, no recuerdo cuántas autopsias hice. Como el juez no reparó en esa respuesta, interviene, desde su casa, la jueza María Claudia Morguese Martín. —Perdón, Doctor —le aclara a Rodríguez Eggers—, el señor dijo que no recordaba cuántas hizo. ¿Usted hizo autopsias? —le consulta la jueza a Matharan con una voz inconfundiblemente femenina, también para el testigo, que da el primer indicio de tener respuesta automática.—No recuerdo, señor —y después de unos segundos se corrige—. Señora, perdón.—¿No recuerda haber hecho alguna autopsia en su vida? —insiste Morguese Martín.—No señora —responde, contradiciendo su propia respuesta anterior. Así se veía la firma que Matharan no pudo alcanzar a ver. Es la autopsia oficial sobre el cuerpo de Guadix. Se les pasó por alto una evidente fractura de brazo que el EAAF (que publicamos más abajo). O no era el cuerpo de Guadix, o estaban ocultando la fractura porque era producto de las torturas.📷 Gustavo Molfino/El Diario del Juicio Gabriel Salvador Matharan aclarará un par de veces que tiene 80 años. “Se lo ve bien”, soltará Rodríguez Eggers en una de ellas. La imagen que llega desde Paraná no es la mejor. El médico militar está lejos. Se le ve la máscara con vincha y se le adivina una camisa celeste, quizá de jean. Su firma aparece en la autopsia oficial que refrendó el supuesto suicidio de Guadix. Cuando el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) realizó una nueva autopsia sobre ese cuerpo, notó una fractura expuesta en su brazo, imposible de pasar por alto, pero que no figura en el análisis oficial; tal vez porque quisieron ocultar el asesinato, o porque no se tratara del cuerpo de Guadix.Matharan irá desde los “No recuerdo señor” hasta culpar por sus olvidos al aislamiento producto de la cuarentena. Cuarenta minutos del mismo modo. El informe del EAFF que da cuenta de la autopsia realizada después de la exhumación delos restos de Guadix. Allí se reporta una fractura en el brazo, que no figura en la autopsiaque firmó Matharan, aunque no haya ratificado que fuera su firma.El Diario del Juicio *** Abruma el calor en noviembre. Es la audiencia número 27. La voz del periodista Carlos Rodríguez, a quien casi nadie deja de llamar Carlitos, resuena en la sala, directa, franca, sin estridencias. Es la voz cuando se piensa en la palabra compañero. Lleva años defendiendo, como delegado, los derechos de los trabajadores y trabajadoras de Página/12. Tiene una extensa trayectoria periodística vinculada a los derechos humanos. Escribió más de 100 perfiles de represores para el diario de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Entre sus investigaciones, además, está el proceso judicial que buscó esclarecer la muerte de Omar Carrasco, el soldado asesinado en 1994 mientras cumplía con la “colimba” en Zapala, Neuquén, y que determinó el final del Servicio Militar Obligatorio.En septiembre u octubre del ‘96, Rodríguez recibió en las oficinas de Página/12 un sobre cerrado sin ninguna identificación. Tenía una nota breve dirigida a él que decía: “Porque usted investiga el caso Carrasco”.“Por la precisión de la información, que yo pude comprobar después”, asegura, que no tiene dudas: era alguien de adentro del Ejército. El jefe del fuerza en ese momento era el General Martín Balza, que en 1980 estaba a cargo del Grupo de Artillería 3 de Paso de los Libres. El informe complicaba a Balza, y también mencionaba un nombre que hasta ese momento no se conocía demasiado: el del coronel Carlos Alberto Roque Tepedino quien, según el documento, organizó el envío de un grupo de Inteligencia a Neuquén para realizar una investigación paralela sobre