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El Hospital Borda no es una cárcel

Escrito por el julio 8, 2024


Personas detenidas en el ámbito de la Ciudad son trasladadas al Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda, lo que pone en riesgo el funcionamiento de la institución y el tratamiento e integridad de las y los pacientes. Daniel Calvo, integrante del Frente de Artistas del Borda dialogó con el programa radial Estás muteadx acerca de esta problemática y explicó cuáles son sus consecuencias.

Entrevista: Pedro Ramírez Otero / Julián Bouvier
Redacción: Agustina Sandoval Lerner
Edición: Valentina Maccarone
Foto: Emiliano Rojas Salinas

De a poco, el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue trasladando personas privadas de su libertad al Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda, debido a la problemática carcelaria, que se traduce en un aumento de personas detenidas sin inicio de un proceso judicial, es decir, de manera “preventiva”, para lo cual no alcanzan las instituciones penales.

Daniel Calvo, integrante del Frente de Artistas del Borda, explicó que “es una clase de limpieza que está haciendo la Ciudad de Buenos Aires, dentro del marco de una campaña llevada adelante por Jorge Macri, donde todo responde a un plan de tener una ciudad blanca y limpia”.

Sin ningún tipo de permiso oficial, disposición o resolución, el hospital se fue convirtiéndo en una cárcel. “El Hospital Borda tiene una guardia en la cual al entrar vas a ver tres o cuatro patrulleros de la Policía de la Ciudad, los cuales ingresan a personas que han levantado de las calles”, dijo Calvo.


¿Derecho a la Protección de la Salud Mental?

Más allá del análisis del problema carcelario, con sus múltiples violaciones a los derechos humanos, ¿qué sucede con las personas que se encuentran habitando el establecimiento por algún tipo de padecimiento mental?

La Ley Nacional de Salud Pública fija su objetivo en “asegurar el derecho a la protección de la salud mental de todas las personas, y el pleno goce de los derechos humanos de aquellas con padecimiento mental”.

Esta norma, que rige también para el ámbito de la Ciudad y las provincias, es fundamental para el abordaje integral del tratamiento de salud mental, además de establecer la aplicación de políticas públicas y, no menos importante, parte de la presunción de la capacidad de todas las personas.

En relación con las internaciones, el principio fundamental es el carácter restrictivo y la brevedad de las mismas. En el marco de la regulación, Calvo dijo: “La Ley de Salud Mental, marca en su artículo 14 que para un ingreso no voluntario a la institución, debe existir la argumentación del peligro, para sí o para terceros. Para sí misma, sería en caso de un intento de suicidio”.

Con la decisión institucional de ingresar a personas privadas de su libertad, estas se encuentran fuera de la órbita de la ley, porque no corresponde asignarles un tratamiento como pacientes del hospital.

Existe una laguna en lo legal, que da lugar a pujas y presiones por parte del Poder Judicial hacia trabajadores y trabajadoras del Borda. A su vez, con el ingreso de estas personas con procesos penales, surgen problemas en la convivencia con los y las pacientes, conflictos y violencia, que ponen en riesgo la integridad de quienes habitan el lugar.

“Lo que están haciendo es chantajear a los médicos de la guardia del Hospital Borda, diciéndoles que si ellos no cumplen con las órdenes de los fiscales, están en situación de ser juzgados por no atender a las personas. Y en caso de que lo hagan, están infringiendo la ley nacional, que dice que, sin tener una evaluación previa, no se puede ingresar a las personas”, contó el integrante del Frente de Artistas.

Además de todas las consecuencias que trae la incorporación de presos comunes al hospital, Calvo explicó cómo se manejan estas personas una vez que ingresan: “Tienen el acompañamiento de un efectivo de la Policía de la Ciudad dentro de los servicios, y ese personal de la policía está armado. En los hechos es muy grave, porque ya ha pasado en el hospital que una persona armada alegara que un paciente lo había atacado con un tramontina, cosa que no es así, porque las personas que están alojadas comen con cubiertos de plástico, y soltó un disparo intimidatorio hacia el techo dentro del servicio”.

Calvo, por último, remarcó que esto no solamente afecta a las personas que tienen padecimientos mentales, “sino también a los trabajadores, porque les resulta imposible trabajar con estos efectivos que disparan al aire por un ‘ataque”.


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