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ANALÍA KALINEC EN PRIMERA PERSONA DESPUÉS DE LA LIBERACIÓN DE SU PADRE GENOCIDA

Por LaRetaguardia en analía kalinec, Derechos Humanos, historias desobedientes - publicado el 23 diciembre 2025


Todavía conmocionada por la liberación de su padre genocida, Analía Kalinec, fiel a su ser parte de Historias Desobedientes, comparte sus primeras sensaciones en este texto escrito para La Retaguardia.
Aún en shock. En carne viva.

Mi mamá me estaría pidiendo que no hable, que no diga nada. El mandato familiar sigue vigente: soy su hija, es mi papá. Pero soy una hija indigna y él es un padre genocida.

Estaba escuchando con atención las palabras de alumnos/as de 5° 10ª del Nacional Buenos Aires. Mi hijo Bruno terminó 5° año (aunque terminó es una manera de decir, ya que quedaron algunas materias). Ceremonia de entrega de medallas y cierre de una etapa. Obvio que estaba llorando, emocionada de verlo tan grande, tan lindo. De escucharlos tomar la palabra con sus 17, 18 años, hablando de etapas de la vida, de certezas, de agradecimientos, de incertidumbres. De esfuerzo, de trabajo conjunto, de educación pública y de calidad.

Vibra el celular en mi cartera, debe ser Gino, pensé. El mensaje me perturbó, no era de Gino: “Ana, largaron a tu viejo”. ¿Qué significa esto? Desconcierto.

En ese momento el egresado orador recordaba a las 108 víctimas del Terrorismo de Estado, alumnos/as y ex alumnos/as del Nacional. Brotes de esperanza.

Aplausos, fotos, el nombre de Bruno en el micrófono; abrazos, más fotos. 

Vuelta a casa, subte. Le cuento a Gino: su abuelo está libre. Le cuento a Bruno, que no conoce a su abuelo.

Empiezan a llegar los mensajes. ¿Qué decir?

No quiero que sea una opción quedarme callada. Es el mandato: no hablar.

Tengo que poder decir algo. Es parte de la desobediencia decir algo.

¿Qué decir?

Lo primero: mi solidaridad con las víctimas y sus familiares. Les acompaño en la búsqueda de verdad y justicia. Conozco sus dolores, me los han compartido, nos hemos abrazado. No hay manera de reparar el daño que mi padre ha causado y sigue causando. Sus crímenes, su falta de arrepentimiento y su silencio respecto del destino de los detenidos/as-desaparecidos/as y bebés nacidos en cautiverio, son hechos imperdonables e imprescriptibles que ofenden la condición humana. Duele.

Su participación activa como querellante en la causa por el atentado en Coordinación Federal que pretenden llevar a juicio es un indicador claro de dónde está parado hoy mi padre Eduardo Kalinec: bien lejos del arrepentimiento y de poder reconocer sus crímenes. Alineado a grupos de poder pro genocidas que reivindican y justifican los crímenes cometidos por parte del Estado. Grupos de poder integrados ampliamente por hijos e hijas obedientes de familias de genocidas.

Le otorgaron la libertad condicional, ya está en su casa. 20 años preso. Cadena perpetua. ¿Cumplió su condena? Esto es aún  muy discutible en términos jurídicos. Debemos dar esa discusión pensando prioritariamente en las nuevas generaciones que integran las Fuerzas Armadas y las de Seguridad. 

No es poco el camino andado: fue juzgado y condenado en tribunales orales y públicos con todas las garantías constitucionales. Sus crímenes no quedaron impunes. La sociedad, sus hijas, nietos y nieta pudimos saber de sus crímenes. Cada quien gestiona estos hechos y el vínculo con el genocida como puede y como decide, pero no podemos ampararnos en la ignorancia. 

Fue dado de baja de la Policía Federal, aunque tardíamente, en el año 2023. Durante muchos años, ya condenado por crímenes de lesa humanidad, continuó en situación de Retiro y, por lo tanto, detentando “estado policial”. Desde Historias Desobedientes siempre denunciamosla necesidad institucional de dar de baja de las fuerzas a los condenados por crímenes de lesa humanidad, insistiendo en que la baja de la institución a quienes cumplieron órdenes criminales es un mensaje claro y necesario para las nuevas generaciones de militares y policías. 

Guillermo Costabel, juez del Tribunal Oral Federal en lo Criminal N°2, no está de acuerdo pero dicta la libertad condicional. Debe cumplir órdenes de la Cámara Federal de Casación Penal. La obediencia debida sigue vigente. 

Este juez consideró, en primer lugar, que hay que tener en cuenta la gravedad de los hechos por los cuales fuera condenado Eduardo Emilio Kalinec, calificados como delitos de lesa humanidad. Argumentó que la Ley de ejecución de la pena vigente al momento de los hechos- que es la que se aplica- exige un pronóstico de resocialización, reforma y comprensión de los crímenes juzgados y condenados. Esto no ocurre con mi padre, tal como se advierte en el informe del Equipo Interdisciplinario de Ejecución Penal: no se arrepiente de sus crímenes. En este informe, consta que mi padre genocida no registra una actitud responsable respecto de los hechos por los que fuera condenado, que no ha realizado ni considera pertinente realizar tratamiento psicológico y que, en síntesis, no ha mostrado una actitud reflexiva. No se vislumbra que hubiera adquirido la capacidad de comprender la gravedad de sus actos (artículo 1° de la ley 24.660). Entiende entonces que se configuran los factores de riesgo incluidos en la ley de ejecución, y es, a su criterio, el motivo fundamental por el que el paso del tiempo no implica el surgimiento de un derecho a la libertad.

Asimismo, hay que considerar también que el delito por el cual fue condenado implicó no solo una violación al ordenamiento jurídico interno que nos rige, sino también al derecho internacional de los Derechos Humanos, y que el Estado Argentino asumió obligaciones internacionales en esa materia, que implican que cualquier transgresión a los principios que caracterizan la naturaleza misma de dichos delitos, configuren una violación a tales compromisos internacionales. 

Por su parte, los jueces de Casación Gustavo Hornos y Javier Carbajo revocaron esta decisión desestimando la falta de arrepentimiento y la falta de colaboración de mi padre respecto del esclarecimiento de los crímenes (el destino de los desaparecidos/as y bebés nacidos en cautiverio) y decidieron dar preponderancia al informe del Sistema Penitenciario Federal que señala que mi padre tiene buena conducta y una buena “adaptación a las normas intramuros”…. bochornoso. 

Me siguen llegando mensajes. “Estoy para lo que haga falta”, respondo ante el mensaje de cariño que recibo de quien tiene a su padre desaparecido. “Hace falta estar y ahí vamos”, me dice. Lloro.

Se hace de noche ya… me quedan un par de conversaciones pendientes con Gino y Bruno.