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Pueblos Originarios

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Santiago Torres despertó y le costó saber si todavía estaba en un sueño. Tardó unos segundos en darse cuenta que no dormía en su cama, sino en un hotel del barrio porteño de Once y recordó que la ciudad lo abruma y le provoca dolor de cabeza. 1500 kilómetros lo separan de su casa en el Barrio 50 Viviendas en Ingeniero Juárez, Formosa. Hasta aquí llegó junto a su papá. Ambos recibirán la atención médica a la que no pudieron acceder en su ciudad. Los dos perdieron uno de sus ojos en diferentes hechos pero por el mismo motivo: disparos de bala de goma de la Policía, que practica tiro al pichón con los hermanos wichí. (Por La Retaguardia) Así como a quienes lo entrevistamos nos impactó verlo tirado en su cama, desahuciado, muchas personas se sensibilizaron con las notas en la que contamos su historia y la de su padre. Una de ellas fue Félix Díaz, referente qom y presidente del Consejo Consultivo y Participativo Indígena. Díaz conoce la realidad de su provincia, obviamente no necesita de estas crónicas para enterarse de nada nuevo; pero, a veces, la visibilización sirve para mover algunas piezas. Unas semanas después de nuestro paso por la zona, el Consejo debía realizar una Asamblea en Ramón Lista, una localidad cercana a Ingeniero Juárez. De paso, una delegación de médicos de ese organismo visitó la casa de los Torres y constató la gravedad del asunto. Por eso decidieron garantizar su traslado y atención en Buenos Aires. El viaje que debieron emprender Santiago y el papá desnuda su realidad cotidiana: no pueden accceder a la salud en su propio territorio. El porqué es terrible.  Los wichí casi no van a los hospitales zonales porque los maltratan. No van allí ni a curarse ni a morirse.Nuestra primera charla sobre la salud fue en una ronda de mujeres. Ellas fueron llegando, para contarnos, a pesar de lo intimidante de la cámara y el micrófono, las situaciones cotidianas en relación a la salud. Una madre nos habló de su hija que dio a luz en su casa y falleció después de haber ido varias veces al hospital, “como no la atendieron tuvo a su bebé en su casa”; otra muerte de una hija muy jovencita que tenía “parásitos y problemas de corazón”. Nos relataron intercambios con la policía camino al hospital. Aseguraron que conseguir turnos en el hospital es muy difícil, y el hospital resulta la única posibilidad poque en el barrio no hay una salita de atención primaria.“Iba, iba, iba, no podía conseguir turno. Hay chicos que a veces están muy enfermos y no lo atienden bien en la guardia. Le ponen un calmante, saca turno, te dicen y turno es muy difícil, entonces el chico no llega y se deshidrata y muere”.* * * “Un chico tenía mucho dolor de estómago, no se podía parar ni sentarse. Lo llevamos al hospital, le pusieron calmantes, y lo trajeron de vuelta. Como no se podía parar lo dejaron tirado en la ruta”. Nos muestran su foto, en el celular. Parece que tuvieran que demostrar que lo que dicen es cierto, y muchas veces lo hacen, porque tienen “pruebas” de las situaciones que cuentan, como esta vez.“Cuando uno está enfermo ya nadie va a llamar una ambulancia, no te atienden como corresponde y no dan remedios. Si te dan la receta, ¿dónde vamos a conseguir plata para comprar?”* * * Luego de visitar la casa de la familia de Agustín Santillán, nos acompañaron hasta otra vivienda del mismo Barrio Viejo. Allí nos están esperando, en la casa de Manuel, como en todos los lugares adonde fuimos. Matilde es una de las personas que están allí. No es wichí. La de Matilde y Manuel fue la primera interacción cariñosa que vimos entre wichí y personas criollas en nuestra estadía en Juárez; por cierto no hubo muchas más. “Soy mucama en el Hospital. Yo siempre dije y lo conversamos con los directivos y  mis compañeros, estamos mal en la salud. La salud está mal. Acá nos falta mucho. Ahora, por ejemplo, no estamos teniendo cirujanos, nos faltan médicos. Se están pidiendo a gritos, esa es la realidad. Eso tiene que entender el Gobierno provincial, nacional y todos. Lo primordial es la salud, la educación, la parte social y la vivienda. Es lo primordial”, aseguró tirándonos un primer pantallazo general. Además Matilde nos contó que, aun cuando el hospital de Juárez tiene tantas necesidades, reciben gente de otros pueblos donde la cosa está peor: “Hay una demanda grande. Es el hospital cabecera el que tenemos. Es una demanda grandísima. El gobierno provincial niega la entrada a un camión sanitariodispuesto por el gobierno nacional. Viene gente del hospital (de El) Potrillo y me comenta, porque yo converso mucho con la gente aborigen; charlo en los pasillos o dónde ellos están lavando y me comentan que allá no hay nada y que les dicen que no hay medicamentos. Por eso los traen para acá. Acá tienen que ser derivados a Formosa (capital).Hay salitas. Hay agentes sanitarios, pero no tienen la sala de primeros auxilios. No tienen sala”, sostuvo con tranquilidad y tristeza.Contrariando lo que sostiene Matilde, el discurso oficial afirma que todo funciona bien con la atención de la salud en este lugar de Formosa. De hecho, en julio de este año rechazaron el envío de un camión sanitario que el gobierno nacional dispuso enviar a El Potrillo porque “resultaba innecesario” ya que, según ellos, tal como se puede leer en la nota cuya imagen reproducimos, esa localidad de 6000 habitantes “cuenta con un Hospital de Primer nivel de atención, 3 médicos, 2 odontólogos, 1 técnico radiólogo, 1 licenciada en obstetricia, 1 partera, 7 enfermeros universitarios y 7 con la beca de médicos comunitarios, 19 agentes sanitarios, y 2 ambulancias atendiendo las demandas de la población”.Cada lector sabrá a quién creerle. * * * Manuel es wichí. Quiere ser médico, nos dirá varias veces en la charla. Quiere poder estudiar. No es un pibe. Tendrá unos 40 años o

Tras la represión a la comunidad mapuche en el Lof Cushamen, hay un desaparecido. Se trata de Santiago Maldonado. Varios testigos indican que en la huída, Santiago no cruzó el río por el que sí escaparon los demás, y fue atrapado por Gendarmería; sin embargo, no existe información sobre su paradero. Mientras tanto, el Lonko Facundo Jones Huala sigue preso y en huelga de hambre. Isabel Huala, su mamá, habló con Fernando Tebele en el programa radial La Retaguardia. Huala pidió la aparición de Maldonado y la libertad de su hijo; contó cómo fueron las represiones de esta semana, se refirió a la demonización de los medios tradicionales y calificó lo sucedido como Terrorismo de Estado. (Por La Retaguardia) Isabel Huala no dudo en calificar duramente a las continuas represiones estatales que los mapuche viene sufriendo hace tiempo y también repasó la historia de padecimientos de su comunidad: “Eso se llama violencia política, institucional y Terrorismo de Estado. No tiene otro nombre. Lo venimos padeciendo desde hace bastantes años atrás. En esta zona, hace más de 130 años que venimos padeciendo el Terrorismo de Estado, con la Conquista del Desierto y después, con el tiempo, con el Operativo Cóndor. Esto no es nuevo. Que se haya dejado un poco olvidado o escondido no quiere decir que no vuelvan a hacer las mismas cosas. Tenemos la certeza que es una persecución política hacia Facundo. Al ir hacia Facundo van a la familia y de ahí al pueblo mapuche”, advirtió. Y enseguida dio sus sensaciones sobre la liberación de sus familiares y compañeros: “Ahora un poco más tranquila porque ya dejaron en libertad a los 9 detenidos de la represión del lunes. Mi hijo Fausto, que fue herido en enero, estuvo preso estos días. También mi sobrino Emilio y mi sobrina Romina, que son hermanos. Mi otro sobrino, Santiago, los lamien y otros cumpitas que también estuvieron detenidos por pedir la libertad del Lonko Facundo Jones Huala, mi hijo mayor”, contó.Entre los acontecimientos, Clarín denunció un incendio en La Trochita, Esquel, adjudicándoselo a los mapuches, pero Huala enunció serias dudas al respecto de la responsabilidad que les atribuyen a los miembros de su comunidad: “Vi las fotos en varios diarios y en varios medios que se quemó. Si fueron los mapuche me quedan mis dudas. Ha habido muchos incendios y le han echado la culpa a Facundo o a los mapuche. La verdad me queda mis dudas. En muchos de los incendios aparecen los panfletos limpitos o los papeles que supuestamente dejan los mapuche limpitos y ordenaditos, donde ha habido lluvia, nieve y helada. Aparecen intactos, sin haberse mojado, en el medio de una pampa. Donde han habido grandes incendios aparecen sin siquiera quemarse. Donde han estado los bomberos tirando agua para apagar los incendios, aparecen los papelitos sin haberse quemado y sin que los bomberos los hayan tocado con el agua. Me quedan mis dudas”, ratificó la madre de Jonas Huala en conversación con Fernando Tebele en Radio La Retaguardia. Santiago Maldonado se encuentra desaparecidoLa desaparición de Santiago Maldonado tras la represión en Lof Cushamen es lo más preocupante dentro de esta oleada de violencia y persecución contra la comunidad mapuche. Huala señaló las implicaciones políticas del grupo Benetton con la Ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, y confirmó que no tienen información sobre el paradero del joven: “No se puede saber todavía. Lo último que se sabe es que Gendarmería se lo llevó. Lo vieron. La gente que iba escapando de las balas de 9 milímetros y los perdigones, vieron que la Gendarmería lo agarró y se lo llevó. Desde ahí no se sabe más nada de él hasta ahora. Han viajado familiares de él a Bariloche para poder hacer la denuncia. Se hicieron presentaciones en Esquel. Se lo está buscando en Esquel, en Bolsón, en Bariloche, en Maitén y en todos los lugares posibles de las comisarías de Benetton o de servicios de Benetton. Hoy están todos a la orden de Benetton, tanto Gendarmería como todas las fuerzas de seguridad. Parece que está con la (Patricia) Bullrich de la mano, porque Benetton manda. Hasta ahora no tenemos ninguna noticia. No quieren decir qué hicieron con él, dónde está, dónde lo llevaron ni dónde lo dejaron. No sabemos nada. Estamos muy preocupados por eso, más allá de que los hayan largado a los 9 detenidos. Se llama Santiago Maldonado. Es de La Plata. Se había venido a vivir a El Bolsón. Cuando supo de la detención del Lonko se acercó a ayudar a la comunidad. En eso estaba. Ahora también es responsabilidad de la Lof encontrarlo porque se lo llevaron de la comunidad”, expresó la madre de Jones Huala. La represión Isabel relató lo que significó el accionar de las fuerzas represivas, una vez más, entre tantas otras. También denunció la persecución en todos los pueblos originarios, como con los wichí en Formosa y dejó un pedido específico: “Lo quemaron todo. Quemaron carpas, casas, muebles, sillas, colchones, frazadas y ropa. Todas las semillas que estaban para sembrar en esta temporada las quemaron. Es preocupante. Se llevaron todas las herramientas y motosierras. Los colchones nuevos que habían donado hace muy poco los cargaron en los camiones y se los llevaron. El martes, en la detención de los lamien, de uno de mis sobrinos acá en Bariloche, la policía de Río Negro le robó el sueldo que había cobrado por su jornada de trabajo. Se lo sacó de la mochila. Aparte de golpearlos, de lastimarlos y seguirlos lastimando, los ponen como violentos a los mapuche. Ahora ¿quién le va a devolver los juguetes a los niños? ¿Quién le va a devolver las herramientas a la comunidad? ¿Quién va a devolver las semillas que estaban para sembrar? Es tiempo perdido de siembra. Es tiempo perdido de hacer cosas por una Ministra que está bastante mal del coco y que no tiene a quién pelear y se la agarra con los pueblos originarios. No solamente nos está pasando a nosotros como mapuches.

El líder wichí de Formosa, que está preso desde hace más de tres meses, podría salir de prisión si el juez López Picabea resuelve de forma positiva un nuevo pedido de excarcelación. Esta chance se desprende de la decisión de la Cámara 1 en lo Criminal de Formosa que declaró nulo el auto de procesamiento. (Por La Retaguardia)Foto: La resolución de nulidad del procesamiento Con la resolución de la Cámara que advierte que falta motivación en el auto de procesamiento de Agustín Santillán, el expediente volverá al juzgado de Las Lomitas, que deberá resolver un nuevo pedido de excarcelación en cuestión de días. La solicitud de Daniel Cabrera, el abogado de Santillán, será el viernes, y ese día también estarán presentes para dar su apoyo una delegación del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia compuesta por: Nilda eloy por AEDD, Margarita Pinto por Colectivo Memoria Militante, Claudia Ferrero por APEL, Miguel Rainieri por Liberpueblo, Silvana di Lorenzo por Resistencia QOM y Alejandrina Barry por CEPRODH. Junto a ellos estarán la infaltable Nora Cortiñas y Pablo Pimentel de la APDH de La Matanza.Con la presentación de un pedido de excarcelación inmediato debería resolverse la libertad de Santillán, aunque no es habitual que la justicia de Formosa sea lógica si se trata de los derechos de los wichís.Agustín Santillán está detenido desde abril de este año en el marco de una causa por un enfrentamiento entre indígenas y criollos en el que el líder wichí asegura, no estuvo, entre una veintena de causas que tienen a cerca de 40 integrantes de la comunidad wichí de Ingeniero Juárez procesadas.. Además, la comunidad apunta al gobierno de Gildo Insfrán, que utiliza a la policía para hostigar a quienes pelean por los derechos de los pueblos originarios, para que puedan cubrir sus necesidades básicas, recuperar sus tierras ancestrales y lograr desterrar la droga de la que son víctimas las personas más jóvenes.También están presos Roberto Frías y Víctor Hugo Delgado.

Ayer se realizó en la Cámara de apelaciones de Formosa la audiencia para resolver el último pedido de excarcelación a favor del referente wichí aún pendiente de decisión. A través de una carta que nos hicieron llegar sus familiares, Santillán pide que lo trasladen nuevamente a la Alcaidía de Las Lomitas para estar más cerca de su familia (pasaría de estar a casi 500 kms. a 180 kms.), y además asegura que teme por su seguridad. Al mismo tiempo, crecen los rumores de remplazos al frente del INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas). Según pudo saber La Retaguardia, Raúl Ruiz Díaz dejaría el cargo de presidente del organismo que debería resolver los problemas de las comunidades. En su lugar llegaría Jimena Psathakis. Pasan los funcionarios al frente del INAI, pero la situación de los pueblos indígenas no se modifica. (Por La Retaguardia) Agustín Santillán está preso desde hace más de tres meses con múltiples causas en su mochila. Una a una fueron siendo concedidas las excarcelaciones aunque los procesos continúan. Si la Cámara resuelve afirmativamente el pedido de sus abogados, debería quedar en libertad. Si en cambio no le conceden la excarcelación, su situación se complicaría mucho.Todo se da en un contexto en que, a cada paso, se hace evidente la persecución política contra el referente de las comunidades wichí de Ingeniero Juárez. La última situación fue su traslado a su actual lugar de detención, la Alcaidía de Formosa, luego de la denuncia de amenazas de muerte recibidas en la Alcaidía de Las Lomitas. La manera de “preservarlo” fue sacarlo de su celda en soledad en Las Lomitas para llevarlo sin siquiera notificar a su abogado hasta la capital provincial, donde ahora está alojado junto al resto de los presos.Aquí el texto completo de su carta. Hola amigos y compañero:Escribo esta carta desde la cárcel de Formosa. Pido la ayuda y que difundan esta carta para que todos se enteren lo que está pasando con mi vida. Inicié huelga de hambre el día lunes. Pido al juez que me trasladen de nuevo a Lomitas por mi seguridad y estoy lejos de mi familia, ellos no pueden visitarme por razones económicas y es muy lejos. Pido mi libertad, siempre digo me acusan de cosas que no hice, pido mi libertad y que me lleven de nuevo a Lomitas porque allí estoy cerca de mi familia.Atte. Agustín Santillán29.011.687

Agustín Santillán no es el único detenido de las comunidades wichí de Ingeniero Juárez. Quedan tres personas que aún no recuperaron su libertad, y hay al menos veinte más procesadas, por supuesto todas wichí y por las mismas causas.Todavía estábamos en la casa del Barrio 50 Viviendas, atragantados de bronca por la situación de Santiago Torres, y al salir al patio delantero nos empezaron a presentar a quienes allí esperaban. “Él es el padre de uno de los otros detenidos”, nos dijo una de nuestras guías. Se llama Felipe Delgado, es un trabajador. Su ropa y sus manos gastadas y ásperas lo certifican. Los padres de Victor Hugo Delgado saben de esperas porque hace meses que aguardan la libertad de su hijo de 21 años que está preso, procesado por los mismos hechos que Agustín Santillán y Roberto Frías. (Por La Retaguardia*) Al momento de la charla, los tres estaban en el mismo lugar de detención, la Alcaidía de Las Lomitas, aunque Santillán permanecía solo en una celda. Ahora que el referente fue trasladado a la Alcaidía de Formosa, seguramente castigado por haber denunciado amenazas, Delgado y Frías permanecen en Las Lomitas.Víctor Hugo Delgado fue detenido el 1 de abril, quince días antes que Santillán. “lo detuvieron por intermedio de un empleado municipal que tiene como nombre Bienvenido Helguera –comenzó relatando su padre-. Lleva como alias Pirulo. Lo buscó de tantas maneras para sacarlo de la casa, mintiéndole de llevarlo a trabajar. Lo llevó a la avenida en el centro y llamó a unos policías que estaban de civil, con pantalón corto, remera y las esposas en los bolsillos. Ahí fueron y agarraron a mi hijo, directamente. De ahí, dice mi hijo, que lo han volteado, le han puesto las rodillas en la espalda y lo han tenido boca abajo hasta que vino el patrullero y lo alzó. Lo trajeron a la comisaría. Después, nos hemos enterado nosotros y hemos ido a la comisaría”, contó Felipe pausadamente. Delgado es criollo, “pero tengo los papeles, ya me hicieron la adopción”, dijo con humor mientras recordó que hace 21 años que vive con su esposa, Delicia Villa, una mujer wichí que asiente y sonríe vergonzosa en el fondo de la escena, apoyada contra una pared. Felipe relató que decidió acompañar a su hijo detenido a Las Lomitas porque temía por su seguridad, pero que no pudo evitar que le pegaran: “sin embargo, después le han pegado a él, más tarde, allá en Lomitas. Igual le han pegado. Él nos avisó a nosotros cuando hemos ido a visitarlo. Le han pegado. Lo han garroteado. La madre fue primero que yo. Tenía todavía lastimado aquí detrás de las orejas, se le hinchaban los dedos, tenía moretones en la espalda… Ahora estamos esperando a ver qué es lo que pasa. Tenemos esperanza”.Las razones de la detención de Delgado son similares a las de Santillán: “A él le adjudican tantas cosas. Por último le adjudican que él quemó esta casa, pero él no estuvo. Justo ese día estaba trabajando para un gendarme, aquí a dos cuadras. No hay forma de que lo comprendan. Le dicen que no. Que él estaba, pero no estuvo en esto”. La casa quemada queda a pocos metros y es del policía Chamorro, a quien los hermanos identifican como quién disparó a corta distancia contra Santiago Torres y le produjo la pérdida de su ojo derecho. Al día siguiente, mientras Torres era atendido en la capital provincial, vecinos del barrio escracharon la casa, que ahora tiene una camioneta policial como consigna permanente. Le preguntamos si no llamaron a declarar al gendarme de la casa en la que estaba trabajando su hijo aquel día: “No, no le piden declarante. No le piden testigo. No le piden nada. Todos los testigos que buscan son los testigos que van en contra de mi hijo como en contra de Agustín Santillán. Testigos a favor de ellos no piden, de ningún lado”, explicó.Durante los pocos días que estuvimos en Formosa, apenas tres, las jornadas se nos hicieron demasiado cortas. Nos levantamos bien temprano pero al final del día, lejos de correr a la cama para descansar, necesitamos quedarnos charlando aunque sea entre nosotros, repasando la tristeza, programando el día siguiente para que no se nos esfumara ni un segundo. Escuchando, aprendiendo. -¿Ya te volviste wichí? –preguntamos para distender.-Y sí, qué va a hacer. Tengo mi niñez que pasé en una escuela aborigen. Estoy bien. Gracias a Dios, a todos lados en donde ando veo buena mirada del aborigen y del criollo. Muchas veces me miran mejor los aborígenes que hasta mi propia familia –respondió Delgado, con simpleza. Delgado padre trabaja como albañil, por día. “Limpio terrenos, construcciones, de todo un poco. Todos los días estoy trabajando. Hoy me estaba yendo a trabajar, pero justo me dice vamos un ratito y enseguida me vine a escucharlos y conocerlos”. La que dice desde atrás continuamente, casi en susurros, es Delicia, la mamá de Víctor Hugo. Le preguntamos si quiere hablar, pero se niega una, dos, quizá tres veces. A la cuarta dio unos pasos hacia adelante. Nosotros acortamos distancia para achicarle la vergüenza, pero en cuanto le acercamos el micrófono la que preguntó fue ella: “¿Cómo pueden hacer para ayudarlo para que salga? Porque él tiene sus dos nenas y su esposa, que está embarazada. Día a día necesitamos para comer. Son tres, y cuatro con el que tiene en su vientre, que necesitan el alimento y todas esas cosas. Si no está él…bueno, estamos nosotros, pero más bien ellos lo necesitan a su papá”, nos dijo señalando a su nuera, que sonríe acariciando su panza.“Espero que él salga lo más pronto posible. Le mienten, le dicen ‘vamos a ver la otra semana’ y otra semana, y pasan y pasan los días y él nunca sale. Eso es lo que tengo para contar y espero sus ayudas, a ver cómo pueden ayudarnos”, cerró Delicia. No supimos qué decir. Nos fuimos yendo cómo pudimos, cuándo pudimos. El silencio se apoderó

En una nueva movida irregular del gobierno de Gildo Insfrán, el referente wichí fue trasladado hoy por la mañana a la Alcaidía de Formosa capital. El trámite no siguió los carriles legales, ya que su abogado no fue notificado, y se produjo apenas dos días después de que se denunciaran amenazas de muerte en su contra. La noticia llegó a través de rumores que recibió la familia de Santillán desde la Alcaidía de Las Lomitas, donde permaneció hasta hoy, y que solo fueron confirmados oficialmente cuando el abogado se acercó al lugar y le dijeron que efectivamente lo habían trasladado. (Por La Retaguardia) Ya nada sorprende en el reino de Insfrán. Cuando los allegados a Santillán consultaron los motivos del viaje, las respuestas se volvieron confusas. Por eso la principal hipótesis es que el traslado sea una respuesta tras la publicación en este medio de las amenazas que Agustín recibió en la Alcaidía de Las Lomitas. De ser así, la excusa oficial sería la de proteger al referente wichí, pero en realidad Santillán ya estuvo en Formosa y pidió expresamente en sus primeras cartas publicadas por La Retaguardia, que lo llevaran a Las Lomitas para estar a tan solo 180 kms. de su familia y no a 300 kms. como estará ahora. Más que protección, parece un nuevo castigo en su estadía como preso político en las cárceles de Gildo, que ya lleva más de tres meses. En esta carta que nos envió para su difusión, Santillán daba cuenta de lo inseguro que se sentía entre los presos comunes de la Alcaidía de Formosa.Pero también el viaje irregular podría suponer una buena noticia. Esta semana será la audiencia ante la Cámara para tratar el pedido de excarcelación en la última causa en la que resta que le sea concedido ese beneficio. Podría tratarse entonces de una movida tendiente a que el propio Santillán sea notificado del rechazo o la concesión de esa excarcelación. De todos modos, en esta opción optimista, no se entendería por qué evitaron notificar al abogado y a la familia. Consultados acerca de cuál de las dos hipótesis parece más probable, todas las fuentes cercanas indicaron que les parecía más una represalia por haber denunciado las amenazas, que un traslado para ser notificado en persona de que recupera su libertad. En Formosa, el músculo del optimismo parece atrofiado.

El referente wichí de Ingeniero Juárez, que lleva más de tres meses preso, sufrió el jueves una visita inesperada: la policía provincial ingresó a su celda de manera violenta. Santillán recibió ayer de manera indirecta una amenaza. Alguien le hizo llegar a la Alcaidía mixta de Las Lomitas, donde está privado de su libertad, un mensaje llamativo y alarmante: “Agustin, cuidate y hablá con tu gente porque los del gobierno te quieren matar”. (Por La Retaguardia) Según pudo reconstruir La Retaguardia, los hechos ocurrieron el jueves por la tarde. No es habitual que la policía provincial ingrese a la Alcaidía a realizar una tarea que bien pueden hacer las autoridades del lugar. Quizá sea el juego del bueno y el malo. Lo cierto es que el ingreso no fue pidiendo permiso. Entraron, lo insultaron y le desordenaron todas sus cosas, las pocas que se pueden tener en un lugar de detención; una escena de las que se podría ver en cualquier película yankee de cárceles. Formosa tiene un toque cinematográfico rodando en su cotidianeidad. Eso sí, el guionista es de cuarta.Pero la requisa no fue el final. Cuando ya los policías se habían ido, a Santillán le acercaron una advertencia: “Cuidate y hablá con tu gente porque los del gobierno te quieren matar”. También le dijeron que mientras estuviera preso se cuidara, fundamentalmente de noche. En un Estado policial y de persecución sistemática como Formosa, es difícil saber cuándo se trata de una advertencia amigable o si es una amenaza directa en formato amigable.A Agustín Santillán, preso político del gobierno de Insfrán, le dicen que no les alcanza con verlo preso y aislado, le aseguran que lo quieren muerto. Por lo que pudimos ver en nuestra corta recorrida, a los que no están presos, también los quieren muertos. Eso tiene una sola definición que podrá sonar exagerada y que no es una novedad para quienes conocen la realidad de los pueblos originarios en Argentina. La definición duele, pero no queda otra que aplicarla en este caso. Esto se nombra de una sola manera: genocidio.

Mataco sucioMataco hediondoVieja cochinaEso escucha Claudia cuando camina por las calles de Ingeniero Juárez. Matacos es la manera despectiva de nombrarlos tras la conquista; la que muchos aprendimos en la escuela. En ese rincón de Formosa, la provincia con más población originaria del país, mujeres y varones wichí se tienen que aguantar cosas como estas todos los días. (Por La Retaguardia) Eso, o aún peor, soportan que los baleen, como hacen los policías en algunas ocasiones. Todavía no habíamos podido procesar la indignación que sentíamos al ver a Santiago, con sus 19 añitos, tirado en la cama después de perder el ojo por una bala de goma policial disparada a poca distancia, cuando su mamá nos contó que a su marido también le habían hecho lo mismo el año anterior: “el papá de Santiago también no tiene ojo. Lo balearon. Se había ido a buscar leña. Cuando vino dijo que se paró en el asfalto y el alguacil le pegó ahí”. El papá de Santiago también perdió un ojo por una bala policial No nos atrevemos a hablar de casualidades, sería demasiado inocente pensar que a dos miembros de la misma familia les puede ocurrir lo mismo con idénticas consecuencias en tan solo un año. Claudia dice que es sistemático, aunque lo diga con sus palabras, haciendo un gran esfuerzo por hacerse entender en español mientras su hijo mayor le susurra frases en su lengua para que no se olvide de contar nada. “Después tengo un changuito que tiene bala, acá en el collar”, agrega esta mujer originaria, grandota y morocha, señalándose el cuello y haciendo gestos para que su hijo mayor nos mostrara la ropa que llevaba puesta otro de sus cinco hijos, el que aún conserva las balas de goma bajo su piel, porque su hermana no pudo quitárselas cuando lo auxilió.Solemos decir que el Estado está ausente cuando vemos personas, familias y comunidades viviendo en esas condiciones, pero estos episodios sistemáticos dan cuenta de la presencia constante del Estado a través de su aparato represivo garantizando que los wichí sientan miedo cada día de su vida. “Acá la policía no nos respeta a nosotros. A mi no me gusta denunciar. No respetan a las mujeres y le hacen así el dedo (levanta su dedo medio imitando el gesto) y le tratan de todo. Nos tratan mataco sucio, mataco hediondo y a nosotros no nos gusta eso porque nosotros no molestamos a nadie. Nosotros queremos casa. No tenemos nada. Hay veces que mi hijo se va al retén de policía porque tienen que balear, lo tiene que balear el policía. Casi se muere, pero Dios es grande. Dios es grande. Yo quiero que nos respeten a nosotros la policía. No se puede pasar, ni salir para buscar leña ni para comprar carne, nada. Nos dicen mataco sucio, mataco hediondo, vieja cochina, todo te dicen. No sé, yo no puedo entender eso también. Nosotros somos cristianos”.Claudia nació en el monte, y desde muy niña comenzó a trabajar. Luego se mudaron a Ingeniero Juárez –ciudad a la que la sabiduría popular nombra Ciudad Juárez- y desde hace diez años vive en el barrio 50 viviendas, desde que la comunidad wichi decidió, en 2007, tomar las casas que el instituto de la vivienda de Formosa había construido en sus tierras sin su consentimiento, para que fueran habitadas por familias criollas.“Yo soy lavandera de todo el pueblo. Soy una mujer que le gusta trabajar de chiquitita: planchar, lavar, carpe, palear. Nosotros tenemos intendente, pero yo nunca le pedí algo al intendente. No, nada. Te tratan mal, patean, todo hacen. No sé, yo no tengo mamá y no tengo papá. Yo soy una mujer solita y tengo que trabajar para darle de comer a mis hijos”.La voz de Claudia se quiebra y llora sin consuelo, parada junto al marco de la puerta de la habitación de la que su hijo no sale desde hace meses, porque apenas puede incorporarse de la cama. “Yo veo a mis hijos que están tirados, mi marido también que le sacaron el ojo”, insiste.Como en el resto de las casas que visitamos, nos preguntamos cómo hacen para sobrevivir. Claudia ya no trabaja porque tiene una hernia que se lo impide. “Yo tengo pensión de $700. Con esito compro para comer”, explica casi con resignación.Todas las personas que viven en esa casa están shockeadas todavía por los ataques que sufrieron y asustados por la presencia policial: “todas las noches caminan, caminan y caminan con caballos. Así se va a la esquina. Gritan. Los chicos se sientan. Hay veces que yo quiero salir y ahí gritan mujer y no nos respetan a nosotros. Salgo afuera y ya me chiflan. Me silban, todo hacen. No puedo pasar. No es lindo que hagan así con nosotros. No se puede vivir así. No sé cómo terminará.”.Las comunidades wichí de Ingeniero Juárez están más desamparadas desde que Agustín Santillán está preso, por su solidaridad cotidiana que Claudia rescata: “Hay otro que está preso. Nada que ver con el problema que hacen. No tiene que estar preso. No es él. Lo culpan. Él es el cabecilla de toda la comunidad de nosotros. Trae alimentos, trae de todo. Ahora no hay nada, porque él no está. Se lo llevaron porque dicen que es él que hace, pero no, no es él. No sé por qué está preso. La policía no nos respeta a nosotros”. DESCARGAR

Sabíamos quién era y qué le había sucedido porque publicamos su foto de aquel día en que un policía lo baleó en el ojo, antes de la detención de Agustín Santillán, para ilustrar una charla con Gabriela Torres, la esposa del líder wichí. (Por María Eugenia Otero y Fernando Tebele para La Retaguardia) La numerosa familia nos esperaba con ansiedad en el Barrio 50 viviendas, una construcción en tierras wichí recuperadas hace unos diez años. A partir de nuestra llegada, la fila comenzó a hacerse más extensa porque otras personas se acercaban para que escucháramos lo que querían denunciar. Nos pasó eso todo el día en Ingeniero Juárez. Su mamá nos saludó con mucha calidez y nos acompañó hacia el interior de la casa precaria en la que viven, porque él no podía esperarnos afuera como los demás. Lleva una especie de turbante enorme sobre la cabeza, tiene la piel oscura, los ojos grandes y una mirada de desesperanza que, sabemos, no vamos a poder consolar.Santiago Torres, su hijo, tiene 19 años y está tirado en su cama. Apenas puede incorporarse. Forzado por su hermano mayor que le dice algo en su lengua, queda casi sentado sobre el colchón raído del que no se mueve desde que ocurrieron aquellos hechos que están intactos en la memoria de todos los habitantes de la casa. Relatan una y otra vez la escena del momento en que traen a Santiago ensangrentado con el disparo en el ojo. Nos llevan por la casa para mostrarnos el recorrido que hicieron “cuando se lo traíamos a la mamá”. Van a buscar la remera que su otro hermano llevaba puesta aquella vez, completamente agujereada por las balas de goma. Luego lo veríamos también a él, que tiene perdigones de goma todavía bajo la piel, porque su hermana no pudo quitarle todos cuando lo curó.Santiago es la imagen de la desprotección. Yace a la espera de mejor no saber qué, sin atención médica, con un pañuelo enrrollado alrededor de la cabeza que juega el papel de un parche, pero que no llega a tapar la herida. Alcanzamos a ver cómo supura. Él dice que también ve poco con el otro ojo. Decidimos no fotografiarlo. Cero en periodismo, pero nos resulta invasivo para con una persona que no tiene muchas ganas de hablar. -La Retaguardia: ¿Qué fue lo qué pasó esos días antes de la detención de Agustín Santillán?-Santiago Torres: Yo me iba a defender nomás. (Quería) sacar a los changos para que no hagan problema. Por defenderme terminaron disparando. Por eso, por sacarlos para que no hagan problema-LR: ¿Quién disparó?-ST: Un policía. Uno solo era.LR: ¿Podés identificarlo?-ST: Sí, lo conozco. Chamorro se llama. Es su nombre.-LR: ¿Costó que te atendieran en algún hospital?-ST: No, no costó nada. Me atendieron bien. En Formosa (Capital) me atendieron.-LR: ¿Te detuvieron?-ST: Quedé herido nomás. No podía ver nada. Recién estoy viendo un poco. Perdí un ojo. Estoy viendo poco, por la mitad nomás.-LR: ¿Se sabe con qué te pegaron?-ST: Bala de goma era. Me sacaron la bala que tenía ahí adentro.-LR: ¿A qué distancia estaba el policía cuando te tiró?-ST: Acá nomás, de esa puerta, más allá (6, 7 metros). Yo le he mirado bien los ojos y el me disparó viéndome a los ojos. Ahí caí y ya no supe más nada.-LR: ¿Qué estaba pasando ese día cuando fuiste a sacar a los chicos?-ST: No sé nada yo. Yo iba a sacarlos nomás para que no hagan nada. Ahí adentro estaba yo. De ahí había escuchado los tiros y me he ido corriendo a sacar a los changos para que hagan nada. -LR: ¿Eso fue el día que quemaron la casa de aquí enfrente?-ST: No, después (quemaron la casa). Estábamos en Formosa con mi papá.-LR: ¿Estos problemas con intervención de la policía vienen hace tiempo?-ST: Sí.-LR: ¿Y cómo sigue tu vida ahora?-ST: Mejor. Estoy acostado y sentado acá adentro nomás.-LR: ¿Estás bien atendido? ¿Te están viendo médicos?-ST: No, nada. No me atienden. -LR: ¿Antes de que te pasara esto ibas al colegio?-ST: No, nada. No sé nada–LR: ¿Terminaste la secundaria? -ST: No.-LR: ¿El primario?-ST: No, nada. No sé leer, nada.-LR: ¿Cuántos hermanos son?-ST: Cinco somos.-LR: ¿Pensás que esta situación de impunidad de la policía va a cambiar? -ST: No sé nada. No sé qué pienso. Nada. Después vendrá un diálogo acongojado con su mamá, la del turbante, que nació en el monte y toda su vida trabajó como lavandera. Ahora no sabe qué hacer, no sabe cómo proteger a su familia. La del incendio de la vivienda de Chamorro tras haber herido a Santiago y a varios más, es una de las tantas causas que tiene Agustín Santillán. Chamorro, en cambio, no tiene ninguna.  DESCARGAR

No sabemos por donde empezar. Si por la historia del pibe de 19 años baleado en el ojo por la policía y que apenas puede levantarse de su cama; por las condiciones de vida precarias en la que viven las comunidades wichí de Ingeniero Juárez; o si quizá sea mejor comenzar por la angustia con la que nos fuimos de Juarez luego de lo que vimos y por no saber qué hacer para aportar a modificar esa realidad triste. (Por María Eugenia Otero y Fernando Tebele por La Retaguardia) Fotos: María Eugenia OteroNo sabemos si para comenzar esta serie de notas deberíamos narrar la necesidad de hablar que tienen, que se tradujo en filas de personas esperando para que registráramos sus testimonios en cada barrio al que fuimos, casi como si fuéramos una campaña de vacunación, que seguramente también haría falta; tal vez sería conveniente volver a contar en detalles cómo es andar por todos lados con la policía rondándonos todo el tiempo para ver dónde íbamos y con quién hablábamos, pero no queremos tampoco que esa situación sepulte lo más importante: cómo viven las personas que sobreviven allí. Entonces volvemos a pensar si no conviene arrancar por el agua turbia que tomaban los niños y niñas para paliar lo que para nosotras era calor, y para ellos un invierno aliviador; o por la bronca que sentimos cuando confirmamos lo que ya sabíamos: que el juez Marcelo López Picabea, que debía estar de feria pero decidió subrogarse a sí mismo, ni siquiera respondió al pedido formal que hizo el abogado Daniel Cabrera para que pudiéramos ver a Agustín Santillán, que expresaba allí su voluntad por atendernos. No tiene ese derecho, uno más de todos los que le vulneran cada día que pasa en prisión, en su celda en la que ahora tiene el privilegio de contar con un baño, y ya no tener que juntar la mierda y la orina en un balde, como hasta hace unas semanas. No nos da el alma para narrar la mirada de esa mujer a la que se le murió su hija por una enfermedad evitable, como casi todo lo malo que ocurre en las comunidades; o por la indignación que da ver cómo el cementerio ancestral está alambrado, porque tiene “dueño”, y si se te muere un bebé, que quizá no tenga DNI, lo tengas que enterrar en el fondo de tu casa porque en el cementerio municipal es un nadie.Nos dan ganas de iniciar cualquier relato de nuestra corta pero inolvidable estadía en Formosa con el cariño, las empanadas y el dulce de naranjas agrias con que nos recibieron las compañeras y compañeros de la APDH; o por la preocupación constante que nos demostraron cada una de las hermanas y hermanos wichí, conociendo el peligro que implicaba pretender contar lo que vimos. O con las hermosas artesanías que no nos dejaban comprarles porque nos las querían regalar. Podríamos empezar sonriendo por el recuerdo de las mujeres riendo como niñas cuando le pusieron a uno de nosotros el apodo de Polé, mientras nos explicaban que en su lengua quiere decir pelado.Como no sabemos por dónde comenzar la serie de notas que iremos publicando, les dejamos la carta que nos envió Santillán cuando supo que ya no podríamos charlar cara a cara. Carta de Agustín Santillán Hola amigos y hermanos. Les escribo esta carta desde la Alcaidía mixta de Las Lomitas por cumplir en esta fecha 3 meses de mi detención, solo pido a la gente que siempre están atentos a mi situación que me sigan ayudando en la difusión. Solo pido mi libertad me acusan de cosas que no hice. El gobierno de Formosa me mete preso porque para ellos soy una amenaza. Al tenerme encerrado ya hacen lo que ellos quieren con las comunidades. Al que pide o reclama le dicen calmate o calla o te vamos a meter preso. Pido mi libertad porque si me pasa algo, Gildo y todos sus funcionarios son culpables. 3 meses cumple la guerra santa wichí y la policía de Gildo Insfrán. No como dicen los medios oficiales aborígenes contra criollos. Es la guerra santa wichí con policías de Gildo Insfrán. Atte. Agustín Santillán DNI 29011687