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La Retaguardia

CRÓNICA DE UN JUEVES GRIS

Por LR oficial en CABA, represion, Represión del día, represión estatal - publicado el 12 agosto 2026

Redacción: Sergio Zalba
Foto: Bárbara Barros

Jueves 6 de agosto. La Ciudad de Buenos Aires amaneció gris, tormentosa, desapacible. El clima no invitaba a salir, proponía guardarse en cualquier interior seco y calefaccionado. Sin embargo, la propuesta llevaba quince días de lanzamiento: concentrarse en la zona del Congreso para reclamar por la llamada “Ley de inviolabilidad de la propiedad privada”. Título ampuloso para un deshecho legislativo que en esa jornada se discutiría (y se votaría) en el Senado de la Nación. 

La redacción original llegó amputada. El capítulo que ponía a la venta, de manera indiscriminada, todo el territorio nacional, sucumbió fuera del palacio legislativo. La sábana de hotel con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas” blandida al final del partido contra Inglaterra en el Mundial había producido un efecto inesperado. “La patria no se vende” se convirtió, viralmente, en la frase más dicha en las conversaciones, más cantada en las calles y más escrita en las redes.

El Gobierno nacional creyó que quitando ese apartado de la ley podría licuar la manifestación popular. No fue así. El jueves desde el mediodía, bajo una llovizna persistente que cada tanto se convertía en chaparrón, miles de personas se fueron concentrando en la Plaza de los Dos Congresos. 

Llegaban con banderas de organizaciones y con banderas de Argentina. Muchas camisetas de la Selección y un infinito popurrí de cartelitos escritos a mano: “Patria si, vendetierra no”, “La Pacha no se vende” y muchos otros por el estilo.

Cerca de las tres de la tarde, la plaza estaba repleta: organizaciones sociales, partidos políticos, sindicatos y cantidad incontable de “personas sueltas” caminado solas, con amigos, con familias, con adultos y adultas mayores y con muchos niños y niñas. Alrededor de las dieciséis, la Avenida de Mayo se había convertido en un río de gente que avanzaba desde la 9 de Julio hacia el Congreso. La gente no sólo había llenado la plaza, estaba colmando todos los accesos en un clima generalizado de protesta. Mucha bronca se veía, pero no se presentían disturbios ni actos de violencia. Tampoco estaba la policía semblanteando corridas ni represiones.

En el borde oeste de la plaza, justo frente al Palacio Legislativo, se había montado un escenario por delante del vallado. Para las dieciocho estaba previsto un festival de música. Mientras tanto, algunas personalidades de la política pronunciaban discursos y exponían razones para permanecer en la plaza mientras en el recinto seguía la sesión. Pero el final fue otro. Cuando la tarde empezaba a caer, pasadas las diecisiete, los camiones hidrantes, los  lanza gases y los perdigones de goma iniciaron su dramática rutina. Desde atrás de las vallas colocadas sobre Avenida Callao casi esquina Bartolomé Mitre la represión se puso en escena.

En menos de una hora comenzó la cacería que se prolongó hasta casi media noche. Primero fueron las fuerzas federales: Policía y Gendarmería. Enseguida llegaron los uniformados de la Ciudad: Infantería y motorizada. Todos unidos para un mismo fin: “Limpiar la zona de manifestantes”.

Una docena de detenciones, muchísimas personas con lesiones por balas de goma y cientos de rostros agobiados por el efecto de los gases. Una fotoreportera que cayó desvanecida con traumatismo de cráneo, gente corriendo atemorizada, mucha adrenalina, mucha angustia multiplicada. Y en el fragor de un anochecer que se posaba en el centro de Buenos Aires, el extraordinario fotorreportero Kaloian Santos, hace clic sobre un personaje de civil, sin identificación, que portaba un arma larga apuntando hacia los manifestantes que ya estaban en retirada. Hoy, pasado el fin de semana, se supo que ese policía, el que infringió todos los reglamentos posibles en actitud persecutoria, sería el comisario inspector Gustavo Antonio Gauna, quien se desempeña como titular de la Dirección General de Organizaciones Criminales de la PFA y anteriormente fue jefe del departamento de Investigaciones Nacionales. Esperamos que se realicen las investigaciones correspondientes.

Aún no lo sabemos, pero hay sensación de quiebre. Es posible que el jueves 6 de agosto, día en que la persecución represiva superó lo esperable, se convierta en bisagra. Quizá haya un antes y un después. Lo sabremos en  breve.