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Autor: contraofensiva

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Fernando Vázquez Pereda, defensor oficial, finaliza su alegato en defensa de Jorge Eligio Bano. 

Alegato de la defensa del imputado Jorge Bano, a cargo del defensor oficial, Fernando Vázquez Pereda.

*Este diario del juicio por la represión a quienes participaron de la Contraofensiva de Montoneros, es una herramienta de difusión llevada adelante por integrantes de La Retaguardia, medio alternativo, comunitario y popular, junto a comunicadores independientes. Tiene la finalidad de difundir esta instancia de justicia que tanto ha costado conseguir. Agradecemos todo tipo de difusión y reenvío, de modo totalmente libre, citando la fuente. Seguinos diariamente en https://juiciocontraofensiva.blogspot.com

El alegato de la defensa de Jorge Norberto Apa, el único imputado con una condena anterior a prisión perpetua por el crimen de Ana María Martínez, ocurrido en 1982.

Declaró el único imputado, Mario Guillermo Ocampo.

El ex Jefe del Estado Mayor del Ejército en los 90 fue citado por la defensa del imputado Ocampo. Minimizó la participación de su fuerza en el genocidio. Admitió que conocía la existencia de El Campito, mientras fue parte de la Escuela de Artillería que funcionaba también en Campo de Mayo. Sin perder nunca su habilidad oratoria, carraspeó en varias oportunidades, titubeó en otras y volvió a automarginarse del esquema represivo de aquellos años, al que calificó como “una indiscriminada cacería humana en manos de muy pocos”. (Por El Diario del Juicio*)  ✍️ Redacción: Paulo Giacobbe 💻 Textuales: Diego Adur/Luis Angió 💻 Edición: Martina Noailles/Fernando Tebele 📷 Foto de portada: Captura de pantalla transmisión de La Retaguardia El ex jefe del Ejército, General Retirado Martín Balza, reconoció que en Campo de Mayo funcionó un Centro Clandestino de Detención Tortura y Exterminio, y que lo supo mientras revistaba en esa guarnición. Balza declaró como testigo por parte de la defensa en el segundo tramo del juicio por la represión a la Contraofensiva Montonera y señaló al General Domingo Bussi como uno de los responsables de El Campito, que funcionaba dentro de la guarnición militar. El General Santiago Riveros, acumulador serial de condenas, quien goza del beneficio de la prisión domiciliaria, también fue señalado por Balza como máximo responsable. “En la oportunidad que se han referido yo no estaba en Campo de Mayo, no tengo la más mínima idea de quiénes revistaban en el Destacamento de Inteligencia 201”, se precipitó a aclarar el testigo, que dijo haber estado como Jefe del Grupo de Artillería III en Pazo de los Libres entre diciembre de 1979 y julio de 1982. Dentro de ese período, fueron conducidas a esa ciudad personas secuestradas en Campo de Mayo; la finalidad era que, bajo tortura, identificaran a sus compañeros y compañeras que regresaban al país por esa frontera. Balza luego fue a las Islas Malvinas.   Lisandro Sevillano, el abogado defensor de Mario Guillermo Ocampo, único imputado de este tramo, comenzó el interrogatorio. Martín Balza dijo que desde principios de 1978 fue destinado a la Escuela de Artillería de Campo de Mayo como Jefe del Departamento de enseñanzas hasta agosto o septiembre de 1978. En esa corta estadía fue designado dos veces como Jefe de día. “Es un servicio que normalmente se establece en guarniciones que tienen dos o más unidades, Campo de Mayo tenía muchas unidades. Se designa un Jefe de día, la misión era normalmente entre retreta y diana”, y aclaró el significado de la última frase: silencio y tomar contacto con todas las unidades. Dijo que tomó conocimiento de la existencia de un “Lugar de Reunión de Detenidos (LRD)”, el eufemismo militar utilizado para maquillar los Centros Clandestinos de Detención Tortura y Exterminio. Pero aclaró que no fue mientras era Jefe de día. Carraspeó. Aclaró que era un resfrío y no Covid-19, y dijo que se enteró de la ubicación exacta en la escuela, por algunos comentarios: “no en la zona de cuarteles, bien en el centro del campo, al cual los jefes de día teníamos prohibido entrar. Ese lugar no se podía recorrer ni tomar contacto telefónicamente, por radio, ni mucho menos personalmente”. De ese modo, Martín Balza reconoció la existencia del centro clandestino El Campito, su ubicación exacta, ya sea por comentarios o por la prohibición de acercarse, pero al mismo tiempo se situó ajeno a los crímenes que ahí ocurrían. Tuvo tiempo para las anécdotas y recordó que un Teniente Coronel fue sancionado por haberse acercado a la zona prohibida. Otro Teniente Coronel, que estaba en el Centro Clandestino, le prohibió la entrada: “No me acuerdo el nombre”, aclaró presuroso ante cualquier posible pregunta.  Tampoco quiso decir quién era la persona que insistió en ingresar a El Campito. “Si es necesario doy el nombre pero no quisiera por respeto a la familia, era un sólido oficial”. Sevillano dijo que no era necesario. Entonces intervino el abogado querellante Pablo Llonto diciendo que tenía que dar el nombre.   —Teniente Coronel Lora Díaz —soltó finalmente Balza—, excelente oficial del arma de artillería.  “Esos lugares, esos centros de reunión de detenidos, desaparecieron” fueron destruidos en el año 1979 declaró el ex jefe del ejército, dato que se enteró en el juicio a los comandantes. Un cálculo matemático errado  La fiscal Gabriela Sosti indagó sobre los comentarios que realizaban sobre los lugares de reunión de detenidos. Y se encontró con una declaración matemáticamente a la baja.  Así como se comentaban los partidos de fútbol los lunes, también se comentaban otras cosas, podía ser en la Escuela de Artillería o en una cena. “En esa época, llegó a ser una lucha de clandestinos contra el clandestino porque el Ejército no actuaba como una cosa orgánica. El 80% del Ejército no tuvo la más mínima participación en esto… al contrario, no actuaba encapuchado”. Para Balza, durante el terrorismo de Estado, el grueso del Ejército actuó bien. Incluso dijo que en un control de ruta se pedían los documentos con respeto. Situación por demás increíble Pero luego dirá algo más increíble teniendo en cuenta que fue citado por las defensas: “Hubo un pequeño grupo del área de inteligencia, que tenían actividades clandestinas. No comentaban lo que ahí hacían. Nadie decía que había una patrulla para robar propiedades, robar bebés, torturar, tirar gente viva o muerta desde los aviones, eso no lo comentaban. Estaba totalmente tabulada los que estaban afectados a actividades como esa particularmente en los Centros Clandestinos de Detención”. El imputado en esta causa, Mario Guillermo Ocampo, fue integrante del Destacamento de Inteligencia 201 del Ejército de Campo de Mayo. “No quiere decir que todos los hombres de inteligencia estuvieran en algunas actividades incorrectas, pero sí era el área que tenía responsabilidad primaria. Eran clandestinos contra clandestinos”, repitió.  “¿Para qué se usaba el área de Inteligencia?”, preguntó la fiscal Sosti, y Balza habló de su trabajo en los democráticos años 90, reconociendo que realizaron “inteligencia táctica y estratégica, inteligencia operacional”. Marcó una diferencia en cuanto a la violencia utilizada: “No inteligencia

El ex Jefe del Ejército, Martín Balza, declarará en este juicio convocado por la defensa del imputado Ocampo.