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Segunda jornada del alegato del Ministerio Público Fiscal a cargo del fiscal general Alejandro Alagia, el auxiliar Agustín Vanella y la auxiliar Berenice Timpanaro.

Comienzo del alegato del Ministerio Público Fiscal a cargo del fiscal general Alejandro Alagia, el auxiliar Agustín Vanella y la auxiliar Berenice Timpanaro.

Los jueces Jorge Gorini, Rodríguez Giménez Uriburu y Nicolás Toselli rechazaron el pedido de ampliación de casos y cargos contra quienes están imputados en el juicio que investiga los crímenes de lesa humanidad ocurridos en el circuito de los ex Centros Clandestinos de Detención, Tortura y Exterminio “Club Atlético”, “Banco” y “Olimpo”. 200 hijos e hijas deberán seguir esperando ser tomadas como víctimas directas. Redacción: Camila Cataneo / Fernando TebeleEdición: Pedro Ramírez OteroFoto: Transmisión de La Retaguardia Hace algunas semanas, el Ministerio Publico Fiscal pidió al TOF N°2 de la Ciudad de Buenos Aires sumar más de 200 nuevos casos de niños y niñas que estuvieron en los centros clandestinos “Club Atlético”, “Banco” y “Olimpo”, o que fueron afectados por la desaparición de sus padres o madres. Por otro lado, pidieron incorporar los delitos sexuales cometidos contra mujeres en sus cautiverios.  Tras darse a conocer la decisión de los jueces, tres imputados ampliaron sus indagatorias en la instancia final antes de los alegatos. Comenzó Miguel Pablo Lugo, quien se victimizó y afirmó que no cometió ningún delito. También exigió “que se haga justicia con quienes son los responsables”, aunque se ubicó realizando “cinco guardias” en El Olimpo. Al comenzar su declaración expresó que no iba a responder preguntas.  Continuó Miguel Victor Pepe, quien declaró que no había presenciado ni visto nada. Luego dijo que alguna vez señaló “al subversivo como el enemigo, quizás por rencor”. Finalizó Sergio Raúl Nazario, quien aseguró: “No estuve jamás en ese destino y no conozco a las personas que han sido nombradas en este sumario”. Luego, el abogado defensor Nicolás Armando le consultó sobre los cargos que tuvo en el período de tiempo que se toma en este quinto tramo.  Al finalizar la audiencia, Berenice Timpanaro, fiscala auxiliar, se sumó a la transmisión conjunta de La Retaguardia y Radio Presente. Allí habló sobre la decisión del tribunal frente al perdido de sumar nuevos delitos. “No son casos aislados”, planteó y comentó que el tribunal argumentó que los casos de violencia contra mujeres en cautiverio ya formaban parte de la causa. Además, advirtió a las defensas que las partes acusadoras podrían acusar por delitos diferentes a cómo llegó la causa desde la Instrucción. En el caso de los niños y niñas que fueron víctimas en aquella época, los jueces rechazaron la incorporación en este juicio que se realiza, porque no fueron casos tomados durante el período de Instrucción tramitado en el juzgado de Daniel Rafecas. Los niñas y niñas fueron víctimas de la dictadura El 12 de octubre de 1978, Iván Troitero tenía 15 años. Vivía junto a sus padres y sus hermanos en un departamento en Lugano I y II.   Una patota de aproximadamente 35 personas allanó su casa. Solo estaban los hermanos. Cada uno fue llevado a una habitación diferente. Sufrieron violencia física y psicológica mientras esperaban la llegada de los padres. Uno de sus hermanos intentó escapar y fue asesinado. Luego de dos horas, llegaron Alfredo Troitero y Martha Tilger a su domicilio. Allí fueron secuestrados. Los niños fueron amenazados por la patota. “Si bajan, los matamos”, les aseguró uno de ellos. Al llevarse a sus padres, Ivan le pidió a uno de sus hermanos que bajaran por las escaleras. “Pasamos uno por uno a los chicos y llegamos a la casa de un compañero a las siete de la mañana. Luego estuvimos en la casa de mi abuela”, contó Iván durante la transmisión del juicio a través del canal de YouTube de La Retaguardia.  La historia de Ivan es una de las miless de historias de hijos e hijas de personas que fueron secuestradas en la época de la dictadura. En 2019 comenzaron a organizarse quienes habían estado en el Circuito ABO para visibilizar sus casos. “A nosotros nos convocan como testigos, pero somos víctimas”, aseguró Ivan Troitero. Tambiénn dijo: “Nuestras vidas fueron invisibilizadas por el Poder Judicial”.  Durante la dictadura, los niños y niñas han sido violentados desde el momento que secuestraron a sus padres. Muchas y muchos fueron llevados a centros clandestinos. “Solo estar ahí tendría que ser considerado un tortura”, dijo Ivan. También hubo hijos e hijas que sufrieron violencia física y psicológica cuando entraban a las casas. . Además de los bebés robados que recuperaron sus identidades, o aquellos a quienes se continúa buscando. Todas y todos fueron víctimas.  La deuda de la Instrucción  Iván interpeló al juez Daniel Rafecas, a cargo de la Instrucción de la Megacausa Primer Cuerpo de Ejército: “Tuvimos en la Ciudad de Buenos Aires un Juzgado Federal que fue vanguardia en esta política en  las presentaciones sobre el terrorismo de Estado. Los colectivos de H.I.J.O.S en Mendoza ya hicieron presentación y fueron aprobadas, en Córdoba y Santa Fe también. En Tucumán ya se presentaron”. Y agregó: “¿Qué pasó con quien en algún momento fue vanguardia y todavía no lo está haciendo?”. Rafecas tiene en su juzgado la voluminosa Instrucción, que en varias ocasiones ha sido señalada por víctimas y sobrevivientes como defectuosa. Las críticas se hicieron habituales en los últimos años, ya que en los primeros, tras la caída de las leyes de impunidad, se lo tomaba como un buen ejemplo de avance de las causas.

Los jueces Jorge Gorini, Rodríguez Giménez Uriburu y Nicolás Toselli darán cuenta de si aceptan o rechazan el pedido de ampliación de cargos y casos contra los imputados.

Pedido de ampliación de cargos y casos por parte del Ministerio Público Fiscal.

La reflexión es de la psicóloga Ana María Careaga acerca del testimonio sobre la mamá de Wado de Pedro y el acercamiento a la verdad cuando es tan cruel. La opinión de Pablo Llonto acerca de por qué los guardias que declararon lo hicieron como testigos y no como imputados. Todo fue parte del programa Oral Y Público de Radio La Retaguardia.

En un par de audiencias tan extensas como durísimas, declararon dos personas que pertenecían a Gendarmeria Nacional y fueron guardias en El Olimpo durante la última dictadura. Se trata de Omar Eduardo Torres y Federico Talavera. Torres reveló que hicieron con el cuerpo de Lucila Révora, la mamá de Eduardo Wado de Pedro. Redacción: Alejandro Volkind (Radio Presente) / Camila Cataneo (La Retaguardia)/Edición: Fernando Tebele (La Retaguardia)Foto de portada: Transmisión conjunta de Radio Presente y La Retaguardia Omar Eduardo Torres se desempeñó como gendarme durante toda la dictadura cívico militar. Entre agosto de 1978 y febrero de 1979, fue destinado a hacer guardias externas en el ex Centro Clandestino de Detención Torura y Exterminio “Olimpo”. En la audiencia 21 declaró como testigo y detalló los delitos de todo tipo que cometieron allí quienes eran sus jefes. Confirmó la existencia de un registro donde se anotaban los operativos y el nombre de las personas secuestradas. Dio detalles sobre los traslados a los Vuelos de la muerte y brindó escabrosos pormenores del operativo en la calle Belén en el que fue secuestrada y asesinada Lucila Révora y del que fue testigo su hijo Eduardo “Wado” de Pedro, de tan solo dos años.  Por su parte, Federico Talavera dependía del Comando 1 del Ejército de Campo de Mayo y fue enviado al centro clandestino El Olimpo para cumplir diversas funciones, entre ellas, ser el chofer asignado para trasladar a las personas que estaban en cautiverio hacia los aeropuertos donde se realizaban los Vuelos de la muerte. Antes de estar en El Olimpo, participó del Operativo Independencia y del Mundial 78. “El subcomandante era Luis Medina y nos convocaba para todos los operativos”, dijo al comienzo de la audiencia. Medina es uno de los acusados en este juicio. La importancia de sus testimonios se notó desde el inicio de las dos jornadas, cuando los abogados defensores de los represores, notablemente incómodos, solicitaron dejar sin efecto el testimonio ante el peligro de posibles autoimputaciones. Durante su declaración, quisieron intimidar a Torres y a Talavera planteando que su propia declaración los ubicaba a la par de otros imputados como partícipes de los delitos que relataban y, a la hora de las preguntas, por primera vez en lo que va del juicio, tuvieron una participación sumamente activa, que contrastó con las ausencias de preguntas a casi todas las víctimas y familiares que pasaron por las audiencias. La historia de Lucila Révora y Carlos Fassano El 11 de octubre de 1978 se llevó adelante un operativo del Batallón de Inteligencia 601 en el domicilio de Belén 335. Allí vivían Carlos Fassano y Lucila Révora, quien estaba embarazada, junto a su hijo pequeño Eduardo Enrique De Pedro. Al ingresar a la vivienda se los llevaron secuestrados. Torres recuerda perfectamente aquel operativo. “Esa noche yo estaba de guardia. Nazario insistió varias veces por teléfono con que necesitaba hacer un ´asadito´”, tal como le decían en la jerga concentracionaria a la quema de cuerpos. “A Fassano lo llevaron a la Escuela de gendarmería y lo quemaron ahí”. En cambio, según relató Torres, el cuerpo de Lucila lo quemaron en un “tacho de 50/100/200 litros en El Olimpo”. Recordó que “Lucila Révora estaba embarazada de seis o siete meses. Y mientras la quemaba, Rosas agujereaba el tambor para que saliera el líquido que iba quedando adentro. Todos los que estaban de guardia ahí lo vimos”. Y continuó: “Había un chico de 4 o 5 años, debajo del brazo, era Wado de Pedro. No lo estaban conteniendo. El chico lloraba desconsoladamente, que se había salvado de ese enfrentamiento de casualidad”. Dijo que mucho tiempo después supo que aquel niño era el actual Ministro del Interior: “Miren…”, agregó sin completar la frase. ¿Qué vieron? “Nunca se me ocurrió tener doble identidad, si yo nunca acepté ni cometí ningún delito, a pesar de que los veía constantemente”, dejó en claro Omar Torres en los primeros minutos de la audiencia y explicó que “no me gustaba ver torturas, asesinatos (…) Tampoco lo podía hablar con nadie, aquel que se oponía a una orden, ya te miraban medio raro”.  Torres contó que trabajan un día entero y luego tenían dos de descanso. Él hacía las guardias internas donde estaban las personas en cautiverio. Nombró a varios de los imputados como por ejempolo a Miguel Lugo: Él me vio en El Olimpo. Él era guardia interno. Sacábamos a los detenidos de un calabozo para llevarlos a interrogar cuando pedían los que hacían tortura. Después había que sacarlo. Estas personas salían mal, calcule que les pasan electricidad y se los golpeaba. Los sacaban sin conocimiento de los calabozos, se lo llevaba a su celda y se lo dejaba ahí”, señaló.  Entre julio y agosto, cuando terminó el Mundial 78 realizado en medio de la dictadura, Torres dijo que lo “mandaron” al Olimpo y que a los tres días llegaron los detenidos. Los registros Durante su relato confirmó la existencia de un registro donde se anotaban los operativos y los secuestrados, y señaló con nombre y apellido a los militares que están en el banquillo de acusados. “Hugo Medina, segundo escuadrón de Campo de Mayo –móvil 1– tenía un libro de guardia, de como 200 hojas, y ahí se anotaban la salida de personal. Todos esos libros figuraban, eso se guardaba, todo. Ahí ponían quienes salían a tal lado, no ponían operativo olimpo, pero si había siglas”, dijo Torres y continuó: “Había registro de las personas secuestradas, sí. Les daban un apodo o un número. Dentro de los detenidos venía el Turco Julián y decía ´tráigame el número 10 , el 20´. Había dos grupos de tareas constantes, más dos grupos al otro día. Cuatro autos, y en cada auto iban cuatro, y eran dos grupos por día, diez por grupo, y así eran sucesivos los tres días. Y cuando había algo importante, venían todos”. Los torturadores Torres repasó represores con apellidos y apodos: “Sergio Raul Nazario se hacía llamar Estevez, el comisario Rosas le decían clavel, el oficial de

Declaran: Federico Eric Fabián Talavera y Mercedes Salado Puerto.