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Coronavirus

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Estuvimos en el control policial de la General Paz y San Martín, uno de los principales cruces entre CABA y el conurbano, para registrar el tránsito vehicular y los controles efectuados por personal de la Policía de la Ciudad. Durante la tercera fase del aislamiento social, preventivo y obligatorio -o cuarentena administrada, en palabras de Alberto Fernández- se incluyeron más rubros habilitados a la circulación y se promulgó un único permiso. Además, en los últimos días se publicó la obligación de usar barbijo tanto en CABA como en Provincia de Buenos Aires. (Por La Retaguardia)✏ Texto: Andrés Masotto📷 Fotos: Andrés Masotto

 La principal referente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, recordó a su hijo en un nuevo aniversario de su secuestro y desaparición, ocurrido el 15 de abril 1977. Además, se refirió a la importancia de seguir reclamando por todas las injusticias que se viven en nuestro país y reivindicó a la juventud como sostén para continuar con las luchas de los y las 30 mil. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Fernando Tebele/María Eugenia Otero ✏ Redacción: Diego Adur 💻 Edición: Fernando Tebele 📷 Fotos: Natalia Bernades Norita es, sin dudas, un ejemplo inmenso de lucha constante. Ante cada injusticia ella pone su cuerpo y su voz para sostener el reclamo. Nora es solidaridad, amor y también es memoria. Pero antes de todo eso, es la madre de Gustavo Cortiñas, detenido-desaparecido hace 43 años, el 15 de abril de 1977. En este nuevo aniversario de su secuestro, la Madre de Plaza de Mayo recordó algunas de sus luchas y sus historias. También contó cómo se encuentra cumpliendo la cuarentena obligatoria y se refirió a quienes peor la pasan en este contexto: “Yo salí durante más de 40 años a la calle. En el momento en que desapareció Gustavo yo ya no era ama de casa. Hacía lo justo e imprescindible para vivir con la casa limpia. Cuando era joven me gustaba tener todo lustrado. Después, cuando yo tenía que salir a una entrevista o a una marcha no me importaba si quedaba un papel en el piso. Ahora, forzadamente tengo que estar adentro de mi casa y no puedo salir. Lo cumplo religiosamente por mi edad y mi condición de diabética. Todos los días hago algo nuevo. Mantengo una rutina. Eso me hace valorar algo especial yo tengo agua. Abro la canilla y tengo agua. Todos los días pienso en los millones de argentinos que no tienen agua. Cada vez que escucho un testimonio desde alguna villa o algún barrio, me aflige. Una mujer de la comunidad coya dijo hace unos días en el Congreso que a las mineras les permiten usar el agua que necesitan para el extractivismo. Mientras tanto, se llevan las ganancias, nos sacan el agua y nos dejan contaminados. Tienen campo libre”, denunció Norita.Nora retrató los ideales de su hijo desaparecido, compartidos por los y las 30 mil, por sobrevivientes y también por la juventud que hoy mantiene viva esa lucha: “Hoy (por el miércoles) es el aniversario en que desapareció Gustavo, el día en que lo secuestraron. Desde ese momento no supe más nada. Me vino a la memoria su foto; por qué luchaban, el amor al pueblo, mirar hacia al pueblo y sentirse hermano de todos y todas. Empecé a rememorar para saber cuándo vamos a ser un pueblo que respete a todas las comunidades. Somos todos seres humanos. La lucha, no solamente por los desaparecidos, sino de esa juventud tan rica que tuvimos y tenemos, que se preocupa por todos y todas, y vive luchando por logros a favor del pueblo. Todos los días son de recuerdo. Hoy me puse a rememorar la lucha de Gustavo y de los 30 mil. Lo valoro y entiendo que tenemos que volver a ser un país que sea reflejo para el mundo. Un país donde los derechos humanos se respeten en todos los sentidos. Que la gente tenga derecho a la tierra, a la semilla, al agua y a la vida digna. Creo que vamos a tener esos logros. No son triunfos. El triunfo es si hubiésemos podido abrazar a nuestros hijos e hijas; poder tenerlos cerca y verlos criar a sus hijos. Hoy Gustavo sería abuelo: el privilegio de un joven que creció, estudió, se casó y tuvo hijos. La juventud de nuestro pueblo sigue luchando. Tienen esos mismos ideales. Esos ideales que tienen los compañeros que tienen la edad que hoy tendrían Gustavo y los 30 mil. Está en nuestras manos recoger esa bandera de lucha todos los días. No bajar los brazos”, pidió. Macrivirus Cortiñas aprovechó para criticar duramente a la gestión de gobierno anterior: “En los últimos cuatro años, el gobierno anterior dejó arrasada nuestra tierra. Destruyó todo lo que quiso. Si ahora hubiese estado de gobierno, hubiéramos muerto todos los argentinos. Le hubiese importado tres pitos a (Mauricio) Macri y su pandilla, que todavía pululan por ahí tratando de hacer más difícil esta reconstrucción de la República Argentina”, expresó. El último día Norita confesó que no hablaba mucho con su hijo respecto a su militancia y la lucha que llevaba a cabo. Entendía que Gustavo pretendía cuidar a su familia. Sin embargo, contó algunos episodios de esa convivencia y del último día en el que estuvieron juntos: “No teníamos muchas conversaciones con Gustavo acerca de sus ideales. Él era muy introvertido. Iba a la villa y tenía miedo de que no nos gustara. Después se dio cuenta de que estaba orgullosa de él y de sus compañeras y compañeros. No había muchas conversaciones porque los chicos se cuidaban mucho. No querían comprometer a los padres, cuando en el hogar no había una militancia que los impulsara a contar las vicisitudes que pasaban. Pasaban cosas tristes. Cuando venía muy triste era porque, por ejemplo, una monja no quería poner 5 pesos para que una mujer embarazada entrara a un hospital. Sufrían cuando se habían llevado a algún compañero o compañera. En casa se vivía la situación. No éramos indiferentes. Teníamos miedo de que le pasara algo. Y pasó. Para las familias, todos los días son días para recordar algún episodio que vivíamos. El día de la desaparición es especial. El 10 fue el último día que lo vimos a Gustavo. Era el domingo de Pascua. Estábamos en Mar del Tuyú. Pasamos los días de Pascua todos juntos, menos el cuñado que ya era un preso político. Ese día los despedimos porque el lunes tenían que volver a sus trabajos. Nos fuimos a Mar del Plata. Habíamos pasado ese fin de semana familiar”, rememoró.Para Nora, el recuerdo de Gustavo está muy presente, más allá

En varios Centros de Formación Profesional (CFP) de la Ciudad de Buenos Aires se fabricaron más de mil máscaras protectoras para prevenir el contagio del virus COVID-19. Son repartidas en distintos centros de salud o instituciones hospitalarias de manera gratuita. Sergio Lesgueberis, director del CFP N°24 de Flores, habló de esta iniciativa en la mañana de Radio La Retaguardia, durante el programa Hasta que vuelvan los abrazos.  (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/Fernando Tebele ✏ Redacción: Diego Adur 💻 Edición: Fernando Tebele Los CFP son lugares que dependen de la Ciudad de Buenos Aires y, en condiciones normales, brindan una amplia oferta de talleres y cursos gratuitos a cualquier residente de la ciudad. Frente a la crisis sanitaria provocada por la pandemia, trabajadores y trabajadoras de esos Centros de Formación Profesional decidieron poner sus conocimientos y su trabajo a disposición del sistema de salud. Así es como ya llevan fabricadas por lo menos mil doscientas máscaras protectoras construidas con impresoras 3D, que son repartidas en hospitales o salas de atención médica de forma totalmente gratuita. Sergio Lesgueberis, director del CFP N°24, del barrio de Flores, uno de los sitios donde se realizan estas vinchas, contó por qué nació esta idea y cómo es llevada a cabo: “Varios directores de distintos Centros de Formación Profesional nos juntamos a partir de pensar cómo podría la educación acompañar esta crisis sanitaria que nos aqueja. Los Centros de Formación tienen infraestructuras y saberes instalados que pueden poner a disposición en determinados contextos para ayudar en esta pandemia. Constituimos dos nodos de producción. Uno en el propio Centro de Formación N°24, acá en Flores, y otro en el Centro N°1, de Barracas. Actualmente tenemos veinte máquinas de impresión 3D que hacen las vinchas. Después cortamos los acetatos, los agujereamos y los armamos. Las distintas instituciones nos van pidiendo y vamos proveyéndolos, obviamente de manera gratuita”, señaló. A todo vapor El director del CFP se refirió a las posibilidades de producción de las mascaras: “Hicimos más de seiscientas, ya entregadas, y ahora tenemos otras siescientas más por entregar en estos días. Tenemos una producción diaria de ciento cincuenta máscaras. La producción es lenta, no es en serie. Las impresoras tiran una vincha por hora. Es una producción que va lenta pero sostenida, gracias al esfuerzo de todos los centros de formación involucrados, a los docentes y colaboradores. Se armaron centros de producción muy importantes”, destacó Lesgueberis y detalló acerca del acceso a los insumos: “Empezamos a pedirlos al Gobierno de la Ciudad, a partir de la gerencia operativa. Hoy nos los están proveyendo ellos”, dijo. La lógica de desmercantilizar algunos bienes y serviciosLas máscaras protectoras requieren de distintos materiales, ocupan cierta maquinaria para ser fabricados y precisan del conocimiento del trabajador o trabajadora para realizarse. Sin embargo, Sergio indicó que ese trabajo no es rentado y las vinchas se reparten gratuitamente. El director del centro opinó sobre la necesidad de no rentabilizar ese trabajo: “Ojalá podamos contribuir en desmercantilizar parte de nuestras vidas que están totalmente tomadas por la lógica mercantil. Cada vez más. Como trabajadores y como instituciones públicas que no perseguimos fines de lucro, tenemos saberes y cosas a disposición que no son inmediatamente comercializables como todo en este mundo. Ojalá que a partir de esta crisis empecemos a poner en cuestión otras cosas además del dinero. Estos son gestos que contribuyen a desmercantilizar la vida en la que estamos todos. Hay cosas que es necesario sacarlas de la lógica del mercado y ponerlas como bien común. Una es la educación y otra es la salud. Son bienes y valores no inmediatamente mercantiles. Ojalá que después podamos continuar problematizando estas cuestiones. Venimos de procesos largos donde la salud, la educación y los bienes públicos se vienen mercantilizando y privatizando”, recordó.En la misma lógica, remarcó la idea de cooperación entre las y los trabajadores de la educación que producen las máscaras, y las y los trabajadores de la salud, que son quienes están exponiéndose día a día para enfrentar el virus: “Somos trabajadores y trabajadoras del Gobierno de la Ciudad que nos organizamos para cooperar con trabajadores y trabajadoras de la salud. Hay distintas capas y distintas tensiones. Está bueno que demos una mano a otros trabajadores que están en primera línea haciéndose cargo de este virus. Dentro de la lógica de desmercantilizar, también poner en valor la lógica de cooperación horizontal entre trabajadores. Es importante romper los discursos más evangelizadores o verticales que nos vienen dados y que, en el fondo, despolitizan nuestra tarea. Estamos pidiendo que se saquen una foto con la máscara en el centro de salud. Más que para agradecernos, para reconocernos como trabajadores que estamos cooperando. Es bueno que la educación esté colaborando también. Como trabajadores nos reconocemos y nos damos fuerza. Ojalá que quede instalado en el imaginario y en el ánimo social las ganas de seguir reconociéndonos como trabajadores que contribuyen a mejorar las condiciones de vidas comunes de la población”, expresó Lesgueberis. Por último, el director del CFP 24 se refirió a la utilización mediática o propagandística que algunos sectores del gobierno porteño le dieron a este proyecto de los Centros: “El Gobierno de la Ciudad también hace uso de esto. Son planos distintos. Estamos dentro de una lógica que es compleja. Son las reglas del juego que nos toca jugar. Dentro de esas distintas capas, esta es una iniciativa que surgió de abajo hacia el costado, hacia los trabajadores mismos. Mi discurso intenta desromantizar todo esto. Somos trabajadores, no voluntarios. Es fundamental tratar de torcer un poco el discurso dominante”, cerró.

El diputado nacional Juan Carlos Alderete, referente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC), presentó un proyecto en el Congreso para crear un impuesto a las grandes fortunas destinado íntegramente a la salud pública para ayudar a combatir la pandemia del coronavirus. Alderete contó acerca de esta propuesta en el programa Hasta que vuelvan los abrazos de Radio La Retaguardia. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/Fernando Tebele ✏ Redacción: Diego Adur 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero/Fernando Tebele Varios proyectos de ley para cobrar un impuesto a las grandes fortunas de nuestro país fueron presentados en el Congreso por el Frente de Todos. La idea es consensuar uno entre las diferentes fuerzas que lo componen. El más osado, seguramente, es el que presentó Juan Carlos Alderete, referente de la Corriente Clasista y Combativa (CCC). Busca recaudar por única vez una suma que alcance los 60 mil millones de pesos que serían destinados en su totalidad a enfrentar la crisis sanitaria producida por la pandemia de COVID-19. El diputado explicó por qué es importante recurrir a las grandes fortunas para auxiliar a los sectores populares que más padecen la crisis sanitaria, económica y social: “Todos sabemos cómo ha quedado nuestra salud pública en estos últimos 4 años: totalmente destruida. Por lo tanto, hay que reconstruir cantidad de salas que están abandonadas en todo nuestro territorio. Muchas de ellas están metidas en el medio de los barrios populares. Funcionan a medias y ni siquiera tienen medidas de seguridad. Uno se pregunta de dónde tiene que salir la plata para salvar vidas. Hay que acondicionar las salas para enfrentar esta pandemia. Cuántos respirados se necesitan en el Gran Buenos Aires, cuántos en la Ciudad de Buenos Aires y cuántos en cada provincia. La salida de la cuarentena va a ser escalonada. En algunos barrios es muy difícil hacer la cuarentena. Cómo hacen las familias que viven sin agua potable o tienen una canilla cada dos manzanas. Cómo hacen las familias que viven en una sola habitación. Es muy difícil si no se apoyan en las organizaciones del lugar. Los medios comunitarios y barriales cumplen un rol fundamental en la comunidad. La plata que precisamos para salvar vidas no tiene que pagarla siempre el pueblo, la producción, los obreros. Somos los que siempre tenemos que pagar las crisis económicas y sociales en nuestro país”, argumentó. Alderete propuso un impuesto escalonado a las grandes fortunas del país. Explicó que quienes más tienen más pagarían y avisó que el proyecto excluye a la clase media del tributo: “En esta oportunidad tenemos que buscar a las grandes fortunas, que las han hecho a consecuencia de los negocios que hicieron con el Estado. Si se los pedimos, no nos lo van a dar nunca. Sería un bono patriótico. Por eso yo le llamo Impuesto Extraordinario a las Grandes Fortunas, que sería también un fondo patriótico solidario. Tiene que ser una contribución gradual: El 1% al que tiene 10 mil millones de pesos, el 2% al que tiene 20 mil millones y así. De esta manera, se van a recaudar 60 mil millones de pesos. Tienen que ir exclusivamente a la salud pública, a la emergencia sanitaria que hoy estamos viviendo. Es la manera en que se van a salvar vidas. De otra manera, no hay forma de que sobrevivan a esta pandemia aquellos que hacen changas, los pequeños comerciantes de los barrios, los obreros de producción, etc. La tenemos que enfrentar entre todos. Esta ha sido la intención de este proyecto. Hay otros proyectos que también están aportando otros legisladores. Tiene que ser un proyecto serio y no para la tribuna. No hay que pegarle a la clase media. Tenemos que separar lo que es la clase media con aquellos que han blanqueado fortunas. Estoy hablando de las grandes, grandes fortunas. No podemos tratar de igual manera al que blanqueó 500 mil pesos con el que blanqueó millones y millones”, diferenció.El sector que estaría afectado a este impuesto extraordinario “son 50 familias de nuestro país. Tienen nombre propio. Una de ellas es la de Paolo Rocca”, expresó Alderete. Represión en el frigorífico PentaSobre el cierre, el diputado se manifestó en contra de la represión que sufrieron trabajadores y trabajadoras del frigorífico Penta por parte de la policía, que dejó más de 20 heridos. Alderete repudió el accionar del empresario Ricardo Bruzzese, gerente de Penta, y pidió que se tomen las medidas necesarias contra el responsable que dio la orden de la represión: “Repudio enérgicamente lo que ha pasado con los compañeros del frigorífico Penta. Yo creo que tiene que sufrir una sanción ese empresario, que está acostumbrado a hacer lo que hizo, salvar su capital. Los obreros que le han dado ganancias ya no le sirven. Tiene que haber una sanción a ese empresario. Voy a proponer que en todos los frigoríficos que están parados, municipales y privados, se pueda faenar a precios populares”, adelantó y pidió que se tomen medidas para con el responsable de comandar la acción represiva: “Se tiene que ser duro para sentar un precedente. Cómo puede ser que nadie dio la orden. Los que tienen apetencias políticas y la mirada para el 2021 que se dejen de joder. Son muchas las vidas que están en juego en nuestro país. Yo no puede creer que nadie haya dado la orden. El que dio la orden tiene que tener nombre y apellido y también tiene que sufrir las consecuencias. No es momento para especular políticamente, no es momento para el internismo. Hay que tener en cuenta lo que está en juego en nuestro país. No sabemos cuánto va a durar esta situación. La emergencia sanitaria ha profundizado la necesidad de resolver la emergencia social. Esto va a ser una lucha larga. No termina con la salida de la cuarentena. Vamos a tener que trabajar mucho más de lo que veníamos trabajando para poner de pie a nuestro país”, finalizó.

Betania Álvarez Aráoz nos invita a reflexionar acerca de las personas que, en plena cuarentena por la pandemia del COVID-19, tienen que salir a trabajar. En muchos casos, para facilitar que otros y otras puedan quedarse a resguardo en sus casas. (Por La Retaguardia) ✏ Texto: Betania Álvarez Aráoz  💻 Edición: Pedro Ramírez Otero La cuarentena obligatoria sembró el miedo en las calles, en especial en quienes se ven obligados a romper el aislamiento para ir a trabajar. Por un lado, están los empleados y empleadas de la salud, comerciantes o integrantes de algún otro eslabón del rubro productivo, totalmente amparados por el Decreto firmado por presidencia. Pero otra es la realidad de las y los trabajadores informales o de los deliverys, quienes paradójicamente se encargan de preparar, llevar y traer pedidos a las personas que le temen al afuera, que sí se pueden quedar en casa.La precarización laboral es uno de los síntomas que ha aflorado con la propagación del COVID-19 en Argentina, no porque haya surgido ahora, sino que el coronavirus y sus medidas de reclusión estricta fueron un chispazo de luz en la cueva de la informalidad. Nunca hubo interés de parte de los gobiernos en ponerle fin a estas prácticas laborales inhumanas que para muchos/as son la clave de su enriquecimiento. La pandemia laboral abarca desde monotributistas hasta trabajadoras y trabajadores directamente no registrados.Matías, quien pidió ser rebautizado para evitar represalias, trabaja desde los 17 años frente a la terminal vieja de Mar del Plata. Hace 10 veranos que cocina, limpia y atiende al público en un local que lo mantiene “en negro”. Dice que con lo que gana le alcanza y que el jefe es bueno: “Como soy separado y tengo una nena, cuando cobro voy al mayorista y hago una compra grande para que dure, este mes se le sumó lo de la escuela. Ahora, no sé qué va a pasar”.El local que atiende Matías hace días que está vació, con el estallido de la pandemia no hubo turistas, ni locales que se acercaran a comprar. A él la situación lo preocupa, tanto que sale a la vereda a intentar convencer a las pocas personas curiosas que miran las exhibidoras repletas de comida. “El jefe me dijo que por lo pronto sólo termináramos el stock, que se suspendían los pedidos a los proveedores. Y que cuando se acabe lo que tenemos veremos cómo seguir”. Desde la vereda, Matías dice que cree que va estar todo bien, porque hace años que trabaja ahí. “Espero”. Preso por trabajar Pero, ¿qué pasa cuando trabajar también obliga a circular? Ese es el caso de quienes trabajan para  aplicaciones de delivery como Rappi, PedidosYa y Glovo. Arriba de una bicicleta y con un cubo de color naranja, amarillo o rojo colgado a los hombros, recorren las ciudades llevando comida y medicamentos a otras personas que no quieren romper su aislamiento. En su mayoría son monotributistas de la categoría mínima, aunque otro tanto son trabajadores/as informales que buscan atajos ya que emigraron desde otros lados del mundo y se suman a la tarea de los mandados para sobrevivir hasta contar con la documentación necesaria que les permita buscar un “empleo digno”.Un video viral prendió la alerta. En plena cuarentena obligatoria uno de ellos fue parado por la Policía de la Ciudad que patrullaba el barrio de Villa Crespo. Lo hicieron bajar de la bicicleta a la fuerza, le rompieron la mochila de trabajo, lo maltrataron y se lo llevaron detenido. Frente a la mirada de los vecinos, el trabajador de Rappi gritaba sin consuelo: “Tengo que seguir laburando. No me pueden hacer esto”.“Tengo acá el barbijo y los guantes”, fue la última suplica que pronunció el trabajador. Quería convencer a los uniformados que cumplía con las medidas sanitarias para prevenir y cuidar a los otros del coronavirus, pero nada sirvió a la hora de convencer a las fuerzas que hoy dominan la calles.

Lo dijo Pamela Gallardo, Promotora de Salud y vecina de la Villa 31, ubicada en Retiro, al norte de la Ciudad de Buenos Aires, en diálogo con el programa radial A mi no me importa. Desde su trabajo en el Centro de Salud y Acción Comunitaria (CeSAC) 47 ubicado en el barrio, Pamela ofrece una mirada del aislamiento social muy lejana a lo que aparece en los medios tradicionales y ciertos discursos oficiales. (Por La Retaguardia) 🎤 Entrevista: Pedro Ramírez Otero✏ Redacción: Rodrigo Ferreiro 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero El aislamiento social, preventivo y obligatorio está instalado en todo el territorio de nuestro país. Desde el gobierno nacional, empiezan a plantearse cómo flexibilizar la cuarentena, al menos en algunas provincias. La realidad es que, ya en la cuarta semana de aislamiento, el Estado sigue sin atender las necesidades básicas de muchos sectores de la población que no pueden simplemente quedarse en su casa. La Promotora de Salud Pamela Gallardo, explicó cómo se vive en la Villa 31, ubicada en la Ciudad de Buenos Aires. —La Retaguardia: ¿Querés contarnos qué es ser Promotora de Salud? —Pamela Gallardo: Somos un grupo de personas que estamos trabajando hace cinco años a partir de un programa, nos dividieron en los Centros de Salud del barrio, y articulamos y generamos vínculos con la comunidad, somos un nexo entre la comunidad y los Centros de Salud, coordinamos con organizaciones, comedores que hay en el territorio. Es importante en esto aclarar que cuando nosotras hablamos de Salud lo hacemos desde una concepción integral, no solo biológica, que aborde lo social, lo cultural, lo económico también. Entonces generamos una conexión entre el sistema de salud y la comunidad. —LR: Los medios de comunicación le hablan a la clase media cuando se dice “quedate en casa”, ¿qué pasa en un barrio como la 31? —PG: Una de las cosas que estamos haciendo los trabajadores de salud es transformar ese mensaje, esa sugerencia que se baja, a la realidad del barrio. Se vive otra realidad, en otro contexto, para nosotras la calle es nuestro espacio libre, recreativo, las casas son chicas y salimos a encontrarnos con los vecinos en la calle, en la plaza, en la vereda. También están los comedores, la violencia de género, la asistencia en lo que es la salud, nosotras trabajamos en un CeSAC donde la estructura es muy precaria, donde por ejemplo en lo que respecta a lo respiratorio esta cuestión nos puede afectar mucho. —LR: ¿Cómo está viviendo el barrio la cotidianeidad de la cuarentena? —PG: Es complejo. Por ejemplo, acá en el barrio hay mucha gente que trabaja de modo independiente. Salen a vender a la feria, se dedican a la actividad comercial. Se está tratando de articular con los comedores, pero lo real es que la asistencia del Estado a los comedores no se está cumpliendo, no mandan alimentos. Cumplir la cuarentena también es difícil, los lugares son pequeños, se tratan de hacer actividades de modo virtual, para hacer más ameno el aislamiento, pero es difícil. —LR: ¿Qué rol está cumpliendo el Estado, tanto en la salud como en el día a día? —PG: Y, hace unos días, por la ausencia del Estado, se ha creado un Comité de Crisis en base a la urgencia, a la vivienda, a la salud, a la comida. Eso te demuestra que está difícil, que el Estado está ausente. Los comedores no tienen los elementos necesarios, no llegan. En el CeSAC hay elementos que tampoco llegan, además que el espacio también no es apto. —LR: ¿Qué preocupaciones tienen hoy los y las vecinas de la 31? —PG: Lo real es que los vecinos no están preocupados como en otros lugares por el coronavirus. Les preocupa, por ejemplo, no tener un ingreso, no tener comida. Tenemos adultos mayores en el barrio que no tienen comida, no se pueden mover mucho, no llegan a los comedores. Tuvimos casos de cuestiones emocionales también, vecinos con ataques de pánico, de parálisis facial, por las medidas que se tomaron. Podemos decir que están bien las medidas para evitar la propagación del contagio, pero tenemos que pensarlas de un modo en que no afecte a los vecinos de la 31. Pensarlas en su contexto. —LR: ¿Hubo algún acercamiento por parte del gobierno porteño? —PG: Y, en la 31 hay un organismo que es la Secretaria de Integración Social y Urbana, ellos suspendieron todas las actividades, incluso el área que ellos manejan de salud. No se dio respuesta, no contestan. Y por eso mismo se formó el Comité de Crisis, para pedirle al Estado que responda. Ellos vienen en campaña, pero luego en este contexto no aparecen. Y eso genera bronca. También está la policía, que te pide que hagas lo que ellos te dicen en muy malos términos. También estamos teniendo muchos problemas con respecto a la violencia de género. Existe la línea 144 pero hemos tenido casos donde llamaron y no les dieron una respuesta satisfactoria, no hubo estrategia salvo aconsejarles que hagan la denuncia. —LR: ¿Cómo está el CeSAC 47 ahora? —PG: El CeSAC tuvo modificaciones con respecto a la organización. Ahora se atienden a personas con síntomas de COVID-19 o de Dengue, aunque el Dengue fue dejado un poco de lado. Se está empezando a notar el reclamo que venimos haciendo con respecto a la estructura, no previeron lo que les decíamos durante años y ahora quieren que atendamos una demanda grande, y la ausencia de infraestructura aparece más a la vista que nunca. Al día de la fecha, el colectivo de Promotores y Promotoras sigue exigiendo que se trate en la Legislatura porteña la ley que formaliza su situación como Agentes de la Salud, reclamo que lleva más de cuatro años.

Eso le dijo Hugo Miedan a su mamá Elia Espen, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, poco antes de que lo secuestraran. Espen reflexionó sobre sus 43 años de lucha en el programa radial Oral y Público y recordó a su hijo, detenido desaparecido. (Por La Retaguardia)🎤 Entrevista: Fernando Tebele✏ Redacción: Andrés Masotto 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto de portada: Natalia BernadesHace varios jueves que las Madres no caminan la ronda debido a la cuarentena obligatoria. Pero la memoria, como ellas enseñaron, nunca se detiene. Para Elia Espen podemos seguir haciendo cosas para alimentar la memoria incluso desde nuestros hogares: “Lo que hay que hacer es quedarnos en casa, pensar y analizar qué se puede hacer o qué podemos hacer muchos y seguir peleando por los desaparecidos, porque nos contesten, para que no se sigan burlando de nosotros. Lo que pienso es que esas baldosas que nosotras pisamos por 43 años están ahí, y que nuestras voces no podrán hacerlas callar. Nadie las va a poder callar, porque me parece que han quedado impregnadas en las baldosas. Y ojalá se elevaran en el aire, traspasaran los edificios y quedaran ahí para siempre nuestras voces de 43 años atrás. Nosotras no olvidamos, no perdonamos y pedimos el juicio y castigo a todos los genocidas y encubridores por los 30.000 detenidos desaparecidos. Eso es lo que creo que, aunque estamos en nuestras casas, seguimos pidiendo”.Elia habla despacio y con pequeños intervalos de silencios, pero siempre se muestra segura de lo que quiere decir. “Pedimos juicio, pedimos que se abran los archivos que no se abren, que mienten y dicen que se han roto. Lo que pasa es que no quieren que esto salga a la luz y se sepa la verdad. Porque acá hay un grupo muy grande que ha estado encubriendo a los genocidas. Es por eso que no sabemos la verdad y es por eso que no van a sacar ni abrir los archivos, que es lo que tendrían que hacer. Esto no se va a terminar nunca mientras las Madres tengamos vida. Vamos a seguir peleándola. No es fácil sobrellevar todo esto porque han quedado secuelas muy dolorosas y ya somos todas muy grandes. Y hasta ahora para mí no han aparecido políticos del gobierno,-de este, del otro, del otro y del más allá, de 43 años atrás, aclara- que realmente hayan puesto las pilas, como dicen los chicos, y digan ‘bueno, vamos a tomar partido por esto, vamos a aclararlo de una vez por todas’, pero pienso que no pueden y no quieren. No quieren porque son también culpables”, denunció. Son 30.000 “Los juicios me parecen mal, ¿sabés por qué? Yo pude declarar, por suerte. Bah, por suerte es una forma de decir. Pude declarar y pude llevar a declarar a mis hijas. Porque en casa ha sido terrorífico todo lo que hicieron con mis dos hijas y conmigo, aparte de haberse llevado a mi hijo. Pero los genocidas siguen sueltos. Quisiera que alguien me dijera cuántos genocidas hay detenidos. Y si hay algunos detenidos, alguien sale diciendo que habría que dar vuelta la página y habría que empezar a… no sé si habrá querido decir perdonar, pero a olvidar un poco. Pero ninguna de nosotras vamos a olvidar nunca jamás porque se han llevado a un hijo. Nosotras tenemos que estar siempre recordando a nuestros hijos, siempre atrás de nuestros hijos. Ellos están adelante, ellos son los que nos ayudan a seguir, a hablar, a hacer cosas que tenemos que hacer. Por ellos tenemos que seguir reclamando hasta que no tengamos más palabras para decir y no podamos hablar. No debemos olvidar nunca a nuestros desaparecidos. No como quisieron decir, que era 2.000 3.000: son 30.000. Y si no son 30.000, son 29.300. Pero son muchos los desaparecidos”, expresó Espen. “Yo estoy tan orgullosa de él”Hugo Miedan tenía 27 años cuando fue secuestrado. Estudiaba arquitectura, era artesano y militaba por un mundo mejor.  “¿Querés hablar de Hugo?”, le preguntamos. Y empezó a recordar: “Hugo fue un chico muy inteligente. En la primaria, bárbaro; la secundaria, otro tanto. Y después estuvo en la Facultad de Arquitectura. Así que yo tengo muy buenos recuerdos de mi hijo. Aparte las charlas que teníamos eran sobre todas estas cosas. Sobre la falta de trabajo, sobre la humillación por la pobreza, por todo lo que ellos lucharon. Porque ellos lucharon por todo eso. Para poder ver si se mejoraba, o si alguien podía entender lo que ellos querían. Pero no, lo que hicieron fue desaparecerlos y se creyeron que eso iba a terminar. No termina. Hay gente como ustedes que la siguen peleando y siguen diciendo lo que piensan. Por eso siempre digo que hay que decir lo que piensan, yo lo aprendí de mi hijo. Teníamos charlas muy interesantes cuando él estaba en la facultad. Yo sabía que había desaparecidos antes de que él desapareciera porque me contaba. Cuando estaba en la facultad yo lo esperaba a la noche porque venía tarde, me contaba cosas de los chicos que habían desaparecido. Y yo le dije un día que me salió la madre, que es lógico: ‘¿Hugo no te querés ir?’ No sé de dónde sacaría la plata para ayudarlo, no tengo la más pálida idea, pero algo iba a hacer. ‘No, mamá’, me dijo. ‘Tenemos muchos compañeros desaparecidos y yo no me voy a ir’. Ese era mi hijo. Yo estoy tan orgullosa de él y tan contenta de que haya siempre hablado así. Y por eso digo que mi hijo está delante mío. Yo no voy a ser una Madre que saca ventaja. No, querido. Primero está él, así debe ser”. Además de sufrir y soportar la desaparición de un hijo, Elia fue espiada por el programa de la inteligencia de Gendarmería “Proyecto X” debido a su constante acompañamiento a distintas causas. “Es lo que yo sentía que había que hacer, eran mis pensamientos, lo que yo sentía”, dijo al respecto. “Se pensaron que con

Lo dijo Juan Manuel Moreno, condenado a 14 años por una causa armada. Su voz saltó los muros de doce metros que rodean el Complejo Penitenciario de Florencio Varela para contar en Hasta que vuelvan los abrazos cómo es atravesar un aislamiento social en el lugar donde la sociedad aísla. (Por La Retaguardia)🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/Fernando Tebele✏ Redacción: Andrés Masotto/Leda Martyniuk 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 🖍️ Ilustración: Juan Manuel Moreno por Lorenzo DibiaseJuan Manuel Moreno es otra víctima más de las causas armadas: en diciembre de 2016 fue condenado a 14 años por un asesinato que, como se pudo probar en el juicio, no cometió y ni siquiera estuvo en el lugar donde ocurrió. La explicación es otra: junto con su espacio de militancia, Resistencia Unida y Popular, denunciaba y escrachaba a las fuerzas de seguridad y los dirigentes políticos de Lomas de Zamora.“Hubo una pelea entre dos bandas de hermanos que termina en un tiroteo y la policía me viene a buscar a mí. Después de haber sido torturado en la comisaría delante del secretario de la privada de Darío Giustozzi, que era el intendente de Almirante Brown y el jefe de toda la distrital departamental deciden que yo iba a ser juzgado por ese homicidio. En el juicio se comprueba que yo nunca estuve en el lugar, pero la fiscal me reconoce por haber estado en varias oportunidades en la puerta del juzgado de Lomas de Zamora acompañando a distintas familias, también víctimas del sistema, donde los policías matan a los pibes en los barrios”, explicó Juan Manuel sobre su situación. Y agregó: “Las víctimas no me reconocen a mí. Es más, dicen que yo nunca estuve en el hecho. Pero la policía sigue sosteniendo con una testigo plantada que yo a cien metros del lugar entregué dos bolsas con treinta armas de fuego. No hay un arma secuestrada. La causa ahora está en casación a la espera de que esta justicia de alguna manera resuelva algo. Es paradójico lo que espero: la misma justicia que me arma la causa me tiene que resolver algún tipo de beneficio o la absolución”. Privados de todo La emergencia sanitaria en la que nos encontramos inmersos de manera global no es novedad para quienes se ven transitando sus extensos días en los centros de detención. Es de público y notorio conocimiento el hecho de que la mayoría de las cárceles poseen una higiene casi nula que pone en riesgo la vida tanto del personal penitenciario como de detenidos y detenidas frente a este contexto. Dentro de los muros todo es más precario: la comida, el acceso a los medicamentos, el acceso tanto al área de educación como al de trabajo resulta obstaculizado en la mayoría de los casos e incluso algo tan básico como la  atención médica y la contención psicológica es escasa. Todo esto generó motines en varias unidades penales, siendo los de Coronda y Las Flores, ambos en Santa Fe, los más graves.“La situación es calcada a los cincuenta y pico de penales que hay en el ámbito de la Provincia de Buenos Aires, donde si bien ya veníamos acarreando distintas problemáticas, ahora con el tema de la pandemia se hace más peligroso y pesado el encierro. Se vive día a día, con temores como afuera, pero peor porque te juega mucho en contra psicológicamente no poder ver a tu familia, la mala alimentación, la falta de sanidad, la falta de todo tipo de recursos. Prácticamente se vive de a cuatro o cinco personas en un baño de dos por dos”, relató Moreno. Y continuó: “Hubo protestas pacíficas, no somos locos ni nada parecido. Somos humanos igual que los de afuera, nada más que algunos pagando algún error que han cometido y otros que, como en mi caso, somos juzgados por ser netamente organizadores o agitadores en contra del sistema. Las protestas fueron fundamentadas, obviamente, y no por el tema casual de la pandemia: esto ya viene colapsando hace varios años. La justicia tiene un retardo total y es inoperante para resolver en tiempo y forma distintas causas. Causas muy chiquitas, hay pibes que vienen por boludeces y se podría evitar el contexto de encierro y buscar otras opciones. Sin embargo, abarrotan y hacinan acá adentro y nos encontramos totalmente colapsados. La cárcel no reinserta a nadie a la sociedad, al contrario: te devuelven peor”. La preocupación por evitar que el virus se propague intramuros está latente ya que podría causar una (otra) masacre. Pero la crisis habitacional alimentada por un sistema judicial punitivista que favorece la superpoblación y la falta de políticas orientadas a mejorar las condiciones de encierro sumergen a los internos en muchos otros riesgos: “En una unidad donde hay 1200 presos y con gente del Servicio Penitenciario que va y viene todos los días, que se maneja afuera con total libertad, tiene que haber alguno. Pero más allá del coronavirus nosotros lo que planteamos es que está bien, pongámosle que no haya entrado el virus, acá se mueren todos los días dos o tres pibes de tuberculosis, por falta de medicamentos, por estar bajos de defensas por comer la basura que nos traen que no lo comen ni los animales. Adentro el problema es mucho más profundo que la pandemia del coronavirus”, denunció.“El Estado supuestamente nos debería garantizar la salud, la comida y la estadía dentro de las unidades para reinsertarnos. El tema del dengue es muy particular. Nosotros denunciamos que se mueren pibes de otras cosas, no de coronavirus. Pero acá llueven dos gotitas y tenés la unidad toda tapada, todas las cloacas rebalsando y por una semana tenés todo el foco de propagación del dengue ahí, a la vista. Es peligrosísimo. Se muere más gente de dengue que de coronavirus. O de femicidios. Se están tapando muchas otras cosas con la psicosis del coronavirus”, insistió Juan Manuel. El lugar de encierroMuchas personas nunca han visitado un complejo penitenciario. Quizá ni siquiera hayan hecho el ejercicio de imaginar cómo es. Juan Manuel Moreno

Mara Puntano, abogada y periodista cofundadora de la agencia COPENOA, dialogó con Hasta que vuelvan los abrazos, el programa de La Retaguardia durante la cuarentena. Puntano se refirió a la situación de la población wichí en Salta, sin recursos para cumplir con los pedidos del gobierno nacional durante la pandemia de coronavirus. (Por La Retaguardia)🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/Fernando Tebele✏ Redacción: Nicolás Rosales 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto de portada: Rodrigo Caballero/La Garganta PoderosaEn plena pandemia de coronavirus, en nuestro país se vive la cuarentena de formas muy diferentes. La realidad de los pequeños pueblos no es igual a las de las grandes ciudades; el aislamiento social obligatorio también se vive de otra manera en las poblaciones con situaciones de vulnerabilidad. De todas formas, el Estado le exige a todas las personas por igual: quedate en tu casa, lavate las manos, tosé en el pliegue del codo. La abogada y periodista Mara Puntano contó cómo vive esta situación la población wichí en Salta: “Una cosa es que ese mensaje lo escuche la gente que tiene naturalizado que el agua potable es de tenencia obligatoria, y que es simplemente abrir una canilla. La higiene como un deber. Y otra cosa es cuando no se tiene agua potable. Y encima la poca agua que hay es la recogida en un bidón de glifosato. Y no porque los pueblos originarios elijan eso, sino porque el Estado los condena a eso. Que el Ministerio de Salud les diga que se laven las manos es una burla, con que se las van a lavar si no hay agua. Y si se fijan en el mapa, hay ríos poderosos que rodean al pueblo wichí, como el Bermejo y el Pilcomayo. Sobra agua, pero es utilizada para otros fines, para actividades industriales a las que el gobierno exime de impuestos y que contaminan esas aguas. Entonces, la pandemia sigue siendo el hambre, la sed, la falta de recursos y el abandono total de las obligaciones por parte de del Estado para con los pueblos originarios”. La desidia del Estado en ese territorio es anterior a la llegada del COVID-19 al país: “Se sabe que de lo que va del año, ya son 18 los niños muertos en Salta. Mueren de sed y de hambre por las sucesivas políticas aplicadas por el gobierno en la provincia contra los pueblos originarios. Esto es un genocidio”, denunció la periodista. Negación a los pueblos originarios “La situación en la provincia de Salta sigue siendo terrible para los pueblos originarios, especialmente para el pueblo wichí. 18 muertos es una cifra gigante para la Argentina y para una región rica en todos los recursos, con agua. En realidad los pueblos originarios no existen en la historia oficial de Salta. No se estudia su cosmovisión, tampoco su cultura, por lo tanto es totalmente lógico lo que está pasando. Lo que hace la pandemia del coronavirus es simplemente tapar la situación de los pueblos originarios que sigue siendo un drama. Día a día, los niños entran en un estado de desnutrición extrema”, expresó. Al referirse a la promesa de ayuda de funcionarios y funcionarias estatales y de algunas figuras públicas, Puntano dijo: “Es una foto. Por ejemplo, máquinas perforadoras que llegaron a Santa Victoria Este, con una comitiva de funcionarios que llegan en helicópteros y que están horas, como con (Marcelo) Tinelli, para estar todos en la foto”.Por último, la periodista mencionó el estado de situación de las salitas de salud de las comunidades: “algunas comunidades las tienen, las hizo el gobierno de la provincia. Allí se ha puesto un cartel con indicaciones sobre el coronavirus, pero hacen faltan enfermeros, médicos y agentes sanitarios”.

Lo dijo Florencia Guimaraes García, activista travesti y principal referencia de la Casa de Lohana y Diana, en diálogo con el programa radial Hasta que vuelvan los abrazos. Guimaraes se refirió a la realidad que vive la comunidad durante la pandemia de coronavirus y denunció una vez más la situación crítica que atraviesan cada día. (Por La Retaguardia)🎤 Entrevista: Giselle Ribaloff/María Eugenia Otero ✏ Redacción: Andrés Masotto 💻 Edición: Pedro Ramírez Otero 📷 Foto: Valentina MaccaroneLas palabras de Florencia Guimaraes nunca son ensayadas. Detrás de su verborragia aguda no hay un libreto: es pura elocuencia cocinada al fuego de la lucha en la calle. “La población travesti trans en este momento está en un grito de auxilio. El 90% de las compañeras subsiste de prostitución, entonces el único recurso que tienen es ir todas las noches a buscar el peso a la esquina. Estamos en esta cuarentena obligatoria y lógicamente las compañeras tienen que quedarse encerradas y no pueden ir a buscar esos pesos para sostenerse, para pagar la pieza, el alquiler, simplemente para comer”, apuntó la activista desde el principio.La enumeración de la falta siguió: “Nos encontramos con muchas ausencias. Si bien tenemos el nuevo Ministerio de la Mujer, Género y Diversidad que ha demostrado que viene trabajando con la población y les han acercado varias cosas a las compañeras, son cosas paliativas y momentáneas. Tiene que haber un Estado presente que tome cartas sobre el asunto. Se están haciendo relevamientos porque las compañeras, al ver que se abren nuevos planes sociales, van desesperadas a anotarse y ahí van teniendo dimensión de la cantidad enorme de compañeras que no tienen trabajo, que no tienen acceso a nada. Y esto también tiene que ver con la ausencia del Estado tantas décadas, tantos años. Cuatro años y medio de una Ley de Cupo Laboral que nunca se llegó a cumplir, que recién se implementó a fines del año pasado, pero nunca se aplicó. Porque si las compañeras hubieran podido acceder a esta ley, muchas situaciones serían diferentes. Porque el acceso al trabajo significa que puedas tener una obra social, que puedas tener algo tan básico como un sueldo fijo y mensual. Todo eso hoy no sucede y está puesta sobre la mesa la situación terrible de las compañeras. Compañeras que a través de las redes sociales piden auxilio, piden una bolsa de mercadería. Están pidiendo comida, en ese punto estamos”. Florencia sabe la importancia del calor de un abrazo a tiempo y por eso se puso al frente de La Casa de Lohana y Diana, un refugio para travestis y trans. Pero la pandemia y la posterior cuarentena preventiva y obligatoria potenció el aislamiento que la mayoría de estas personas padecen históricamente. Acerca de esto, Guimaraes contó: “Es duro porque estábamos acostumbradas a estar dos, tres o cuatro veces por semana juntas, compartir el almuerzo y con eso compartir muchas otras cosas: risas, tristezas, alegría, esperanza, abrazarnos y contenernos entre nosotras. Lógicamente eso se vio interrumpido. Pero nosotras seguimos en contacto con nuestras compañeras a través de las tecnologías. También estamos entregando bolsones de mercadería que hemos podido armar gracias a la ayuda de un montón de personas independientes. Es impresionante la mano que siempre nos ha dado la Asociación Civil Infancias Libres, sumado a lo que mandó el Ministerio de la Mujer y Géneros, y un puchito que pudimos obtener del municipio, pudimos armar unos bolsones bien potentes para patear el hambre de las compañeras”.A la segregación sufrida se le agrega otro factor: la violencia y el abuso de las fuerzas de seguridad sobre sus subjetividades. Violencias que se intentan romper manteniendo fuertes los lazos de solidaridad. “Tenemos que tener en cuenta que nosotras somos un grupo de riesgo por nuestras condiciones de salubridad. Entonces venimos tratando de ir una vez por semana a la casa de las compañeras a acercarles esto porque tampoco queremos que se expongan a salir a la calle por todo lo que está pasando. Además está toda la zona militarizada, que era de esperar. Hace mucho que La Matanza está militarizada, pero ahora más fuerte que nunca. Notamos cómo la policía está reprimiendo constantemente, abusando, torturando, humillando. Entonces para nosotras eso da mucho temor porque estamos acostumbradas históricamente a salir a la calle y tener que pagar con nuestro cuerpo, ser abusadas, pagar coimas a la policía, a la gendarmería o a quien sea del brazo armado del Estado. Entonces las compañeras tienen pánico hasta de salir a un comedor del barrio a buscar un poco de comida porque no sabés qué te puede pasar cuando te cruces con la yuta. Como siempre no estamos ayudando entre nosotras, y con ayuda de personas que donan y nos escriben todo el tiempo. La verdad que el abrazo nosotras lo sentimos desde el primer día como Casa de Lohana y Diana”, expresó. Los cuerpos travestis La comunidad travesti está inserta en una sociedad y un sistema que espera y exige ofrendas a cambio de la pertenencia, pero que no garantiza las condiciones materiales para acceder a servicios básicos como la salud.  “Nuestros cuerpos están intervenidos para encajar en el estereotipo que se espera. Porque como a las mujeres se les exigen cánones y estereotipos de belleza a seguir, a las travas también. Entonces para poder llegar a tener esas corporalidades, para poder ‘parecer’ lo que la sociedad espera, que parezcamos mujeres, para que no molestemos y no tengan que estar pensando ‘¿qué es eso?’. Para intentar llegar a esa ficcionalidad de ser mujer tenemos que recurrir a intervenciones clandestinas: aceite industrial, silicona, aceite de avión. Y en este momento donde muchas estamos en nuestras casas y no podemos salir vemos cómo esos dolores que padecemos todo el año, se incrementan. Por tener que estar sentadas mucho tiempo y que te duelan todas las siliconas, que te duela la cola. Es muy preocupante porque estamos en esta cuarentena y no podés ir al hospital”, explicó Guimaraes.El desborde que sufre actualmente el sistema de salud es anecdótico en comparación